sábado, 3 de enero de 2015

Capítulo 46: Wonderland.

[Antes del capítulo, quiero decir que, a quién le guste eso de las bandas sonoras, yo soy mucho de escribir con una canción en bucle y he pensado en deciros siempre esa canción, por si alguien quiere (o puede) escucharla mientras lee y pueda sentirse más dentro de la historia. En este caso, como sospecharéis posiblemente, la canción ha sido "Wonderland", de Taylor Swift. Espero que os guste el capítulo :) ¡Nos leemos de nuevo al final!]


-¡Estuve apunto de caerme!
-¿En serio?-inquirí, preocupada.
-¡Sí! Buah y estaba alto aunque no demasiado pero tampoco me habría hecho gracia caerme, ¿sabes?
-Me puedo imaginar, ¿se puede saber quién te manda subirte a una roca en medio del monte tan alejada del suelo?
-No sé Cris, sólo buscaba inspiración...
-Eso y una forma original de matarte.
-Bueno ya sabes que me va el riesgo.
-Y tanto.
-¿Y tú qué tal? ¿Cómo lo llevas?
-Yo, bueno...
Me mordí el labio.
¿Le contaba la verdad o qué? ¿Acaso iba a mentirle? Bueno, ciertamente, ocultar cierta información no estaba considerado como mentir... ¿No?
¿O de verdad quería que se enterara de lo que hacía en su ausencia?
-Bueno, yo como siempre.
-¿Y eso cómo es?
-Pues, ya sabes, con Sara, el loco del loro, el perro y eso... Bueno, aunque tengo novedades.
-¿Si? Cuenta.
-He estado quedando con unos amigos de la uni.
-¿Amigos?
-Había amigas también.
-¿Amigos?
-Bueno más bien son compañeros, no los considero amigos.
-Ya me extrañaba a mí.
-Jajajaja ya sabes que soy una anti social.
-Lo sé. Mm, el curso está apunto de empezar si mal no recuerdo, ¿no?
-Sí, en un par de días empieza o así. No sé.
-¿No sabes?
-No.
-Tampoco se te nota muy preocupada.
-Es que no lo estoy jajajaja
Estoy mucho más preocupada por saber cuándo te volveré a ver.
-Bueno, espero que tus nuevos amiguitos te informen bien.
-Sí, sí, tranquilo. Estoy que no pierdo ojo al grupo de clase.
-Perfecto. ¿Qué más cosas?
-Bueno, he cambiado de móvil. Gracias al sudor y esfuerzo de mi duro trabajo con vosotros este verano, he podido costearme un iPhone igualito al tuyo.
-¿En serio? Así podré darte el cambiazo sin que te des cuenta porque el mío ya chochea...
-¡Sí, cómo que no me voy a dar cuenta!
-Jajajajaja me alegro de que tengas ya tú tan deseado móvil.
-Tan deseado no, el otro lo tenía mordido por Choco y sabes que es verdad así que deja de reírte...
-Jajajajaja tienes razón.
-Y bueno, pues por lo demás, no hay mucho nada más que contar. Sara y yo estamos deseando veros.
-Ya queda menos.
Suspiré.
-Sí, ya queda menos.
Este era ya el tercer día desde aquella patada que le metí a la maleta (que sigue tirada en el suelo de mi cuarto) En teoría, si todo seguía como me habían dicho, los chicos tenían que volver en cuatro días. Cuatro interminables días con sus interminables veinticuatro respectivas horas.
Era demasiado tiempo. Simplemente, era demasiado tiempo.
Como me prometió, Carlos llamaba todas las veces que podía o me mensajeaba, pero ni todos sus mensajes y llamadas juntas terminaba de llenarme el vacío que sin él sentía. Cuando hablábamos, intentaba no decirle continuamente todo lo que le echaba de menos o cuánto me dolía su ausencia, ya que eso no lo haría ningún bien. Así que, aunque en mi mente no cesase de repetirlo, las palabras que expresaba eran otras.
Busqué distracciones. Organizar y meter en cajas mis cosas para la mudanza no era una opción, ya que mis ganas de seguir con ello eran nulas por el momento por mucho que se lo hubiera prometido a Carlos. Él también me había hecho una promesa que no había cumplido (vale que él no tenía la culpa de ello, pero aún así dolía) aunque de vez en cuando estuve en casa haciendo que hacía algo y en verdad algo hice. Pero no me distraía. Ni cocinar (que ya estaba dando primeros pasos importantes en la cocina), ni hacer la compra, ni pasear al perro ni nada de lo que hacía parecía distraerme.
Con motivo del comienzo de las clases, para lo cual quedaba relativamente poco (y de las cuales mis ganas eran cero) el grupo de clase, creado el primer año y al que nunca hice el menor caso, comenzó a echar humo y, de repente, me pareció de lo más interesante. Quizá el año pasado debí de haberme intentado integrar un poco más con mis compañeros, ya que, aparte del nombre de uno o dos, pocos me sonaban.
Entonces, cuando sugirieron ir a tomar algo unos cuantos, les puse que contaran conmigo, cosa que sorprendió ya que nunca había hablado en el grupo, aparte que era como la rara de clase (y desde todo lo de Auryn seguro que me había vuelto más rara aún) no era normal que me relacionara con ellos.
Fue mi “querido amigo” Pedro. Ese que me robaba los bolis y se llevó un puñetazo por tocarme el gorro.
-¡Hombre, Pedrito! Cuánto tiempo macho, ¿qué tal todo?
Quizá no debí haberle preguntado, porque se ve que se emocionó de que pareciera interesarme por su vida (que no fue así, yo sólo lo dije como un acto de cordialidad y educación) y se puso a rajar lo que no había rajado en su vida.
Qué rollo.
Mis compañeros tenían pinta de majos, aunque eran un poco tontos o al menos eso me pareció. Pero no parecía que fueran malas personas, que era lo que importaba. Quizá consiguiera llevarme medio bien con alguno (entiéndase medio bien por “no matarme con nadie”)
Había dos que no paraban de darse mimos todo el rato como si estuvieran solos en el mundo. Le pregunté a Pedro por la historia de los dos tortolitos esos.
-Ah, pues se conocieron el primer día de clases y a la semana ya estaban saliendo.
-¡Válgame Dios! ¿Y cómo no me enteré yo de nada?
Él se encogió de hombros.
-Pues fue lo más comentado durante bastante tiempo...
Fruncí el ceño.
-... Hasta que se comenzó a hablar de ti.
Le miré y después miré al resto, los cuales me devolvieron la mirada.
-La cola para los autógrafos empieza allí, por si os interesa-dije, señalando a mi derecha.
Se rieron de la gracia, pero no entiendo por qué, sino lo hice con intención de hacerles reír, sino de mandarles a la mierda.
Yo como siempre cargándome toda posible relación social con el mundo. Y luego me preguntaba que por qué no tenía amigas.
Con la bromita caí bien y no me hicieron preguntas al respecto, bueno, sólo una, de un tal Antonio, que me preguntó sino me cansaba eso de llevar una doble vida en plan Hannah Montana,por un lado era una estudiante ejemplar (no sé de dónde se sacaría eso de ejemplar, pero fue de agradecer que usara ese adjetivo conmigo) y luego me codease con estrellas (también fue todo un detallazo que calificase a Auryn como estrellas)
Ese día decidí que podría sobrevivir a los dos años de carrera que me quedaban junto a estas personas.
Cuando ya me iba, Antonio me persiguió.
-¿Y tú qué quieres?-le dije amablemente con el tono más borde que pude poner.
Me tendió una servilleta y un boli.
-¿Un autógrafo estaría bien?
En ese momento decidí que ese chaval me caía bien.
Quedé con él un par de veces en los siguientes días, mientras sacaba a Choco y eso. Era bueno tener a alguien con el que apenas tenía relación y que no sabía nada de mí. Que me podía descubrir poco a poco.
Le conté la situación que estaba viviendo con Carlos y que esta era la única razón por la que había aceptado a ir a esa quedada de clase y socializar un poco.
-Te entiendo, yo estoy viviendo algo parecido. Mi... Bueno. El caso es que sólo podemos vernos dos veces al año.
-¿De verdad?-dije, con el corazón encogido.
-No, pero ¿a que lo tuyo ahora no te parece para tanto?
Le miré mal.
-Cada minuto sin él son años.
Y me dio la respuesta que me abrió los ojos.
-Entonces no dejes que esos años pasen.
Ese día mientras cenaba con mi amiga, le conté mi plan.
-Mañana vamos a ver a los chicos.
-¿Ya vienen mañana?
-No, no. Aún no.
-¿Entonces?
-Vamos a ir nosotras.
Y así fue como a la mañana siguiente íbamos camino del reencuentro en mi coche.
Conducía yo. Y estaba nerviosa. No sabía por qué, pero lo estaba.
Para sorpresa nuestra, no nos costó llegar (es decir, que no me perdí)
Dejamos el coche en el aparcamiento.
-Genial ¿y ahora cómo sabemos dónde están?-dije, fastidiada.
-¿Y si les llamamos?
-Nooo, que es una sorpresa.
-Es verdad, es verdad.
-Echemos a andar y preguntamos a alguien si los ha visto.
-A falta de una idea mejor...
Apenas llevábamos cinco minutos andando cuando vi a Carlos de espaldas.
El corazón me dio un bote tan grande que pensé que se me escapaba del pecho y mis piernas fueron más rápidas que mis labios ya que, antes de que pudiera pronunciar palabra alguna o llamarle siquiera, ya estaba corriendo a su encuentro.
Le abracé por detrás y él gritó, asustado.
-¡Hola!-le dije, simplemente.
Carlos se giró y me miró.
-¡Cris!
Me abrazó, me levantó del suelo y empezó a girar.
Al final se cansó, me dejó donde estaba y entonces le besé. Dos. Tres. Mil veces. Como si no existiera nada más en el mundo que nosotros y mis ganas de besarle.
Incluso me olvidé de que mi amiga estaba ahí.
-¡Sara, muchacha! ¿Qué tal? Cuánto tiempo.
-Ya ves.
-Ah, sí. Los demás están en el descampado. Iba para allá, pero...
-Tranquilo, dime por dónde queda y ya voy yo.
-Menuda sorpresa se van a llevar, yo... Wow, estoy sorprendido.
-Es lo que tienen las sorpresas, Carlos, que te sorprenden-dije, poniendo los ojos en blanco.
Él se rió.
Carlos le indicó el camino a Sara y, mientras se iba, rezamos un par de Padre nuestros para que no se perdiera. Cuando pareció que tomaba el camino correcto, Carlos me cogió de las manos, se puso a bailotear, a dar vueltas otra vez y a abrazarme.
-¿Cómo has venido hasta aquí con el coche? No puedo creerlo.
-Lo que supongo que no puedes creer es que no me haya perdido. Bueno, he tenido una pequeña ayudita... Ese GPS es ideal.
-Blas se va a volver loco de contento cuando oiga eso.
-Jajajajaja
-¿Sabes? Te confesaré algo.
Le miré.
-Mañana mismo iba yo a ir a verte. No sé si alguien iba a llevarme o si habría tenido que ir haciendo auto stop, pero mañana iba a ir a verte como fuera. Esto es todo muy bonito, con mucho campo y todo eso, pero nada es igual sin ti.
-Oh.
Sonrió.
-No me lo esperaba, la verdad. Te agradezco que hubieras pensado en hacer eso, pero ya estoy yo aquí, vine para evitar que hicieras cualquier locura.
-Las mejores locuras se hacen por amor.
-Cállate-dije, enrojeciendo.
-Ay, echaba de menos hacerte de rabiar. Es tan divertido.
Gruñí.
Echamos a andar y dijo que íbamos a dar una vuelta para que viera cómo era el sitio y que luego nos reuniríamos con los demás.
-Así que bueno, dime ¿qué tal con tus amiguitos?
-Deja de llamarlos así, son compañeros nada más. Bueno, menos uno.
-¿Eing?
-Se llama Antonio y es un gran chico. Estoy segura de que te caerá bien.
-Sí, ya, bueno.
-¡En serio! Además, está loco. Me comparó con Hannah Montana y me pidió un autógrafo.
Carlos enarcó una ceja.
-Ya, yo tampoco lo entendí muy bien pero bueno... Estampar una firma inventada en una servilleta no creo que sea muy grave.
-Ya veo. ¿Y por qué dices que es amigo tuyo si sólo sois compañeros?
-No, a ver. Con los compañeros sólo quedé un día, pero a él le he visto más veces.
-Ah.
Me detuve y le solté la mano.
-¿Ah? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
-¿Y qué es lo que quieres que te diga? ¿Que mientras yo estoy aquí alejado del mundo tú estás por ahí con amigos nuevos?
-No, no quiero que digas eso. Te recuerdo que lo de que te quedases aquí fue decisión tuya, vuestra, de quién fuera. No mía. Yo sólo he hecho lo que consideraba que era bueno para mí.
-¿Y qué es según tú, bueno para ti?
-Distraerme. Necesita distraerme de tu ausencia.
-¿Un clavo saca otro clavo?
Me estaba empezando a enfadar y no quería perder los estribos.
-No sé qué tonterías estás diciendo, Carlos.
-Quizá no sepa lo que digo, pero digo lo que parece.
-Tú has estado aquí casi dos días rodeado de chicas y no se me ha ocurrido ni un sólo instante desconfiar de ti. ¿Y tú a la mínima desconfías de mí? ¿Es por lo de Blas, verdad? Como le hice eso a Blas piensas que te puedo hacer lo mismo a ti también, ¿no?
-No...
-No, déjame seguir. ¿Esa es la imagen que tienes de mí? ¿Que sino me estás vigilando todo el rato, extenderé mis alas y volaré con otro? Porque Carlos, puede que no sepa lo que estoy diciendo, pero digo lo que parece que insinúas.
-Por supuesto que no pienso eso.
-Pues entonces dime por qué no confías en mí.
-Confío en ti.
Estaba llegando a mi límite.
No podía aguantarlo más.
-Pues demuéstrame que confías en mí.
-No sé cómo hacerlo ahora mismo, sólo sé que estoy siendo sincero cuando digo que confío en ti más que en mi mismo.
Él siguió hablando, pero dejé de escucharle.
Lo necesitaba.
Eché mano a mi bolsillo, saqué un paquete de cigarrillos, saqué uno, lo encendí y, por fin, tras unas horas sin hacerlo, fumé.
-¡¿Qué estás haciendo?!
Del susto casi se me cae el cigarro.
-¡¿Desde cuándo fumas?!
Suspiré.
-Digamos que desde hace un par de días.
-¿Pero estás tonta? ¿Sabes que eso mata?
-Eso dicen, pero por un poco no creo que pase nada... A mi me mata más rápidamente el estar sin ti.
-¿Desde cuándo fumas?
-Ya te lo he dicho. Un par de días.
-¿Por qué?
Me encogí de hombros.
-No podía estar más sin ti. Ya no sabía qué hacer... ¡Me estaba volviendo loca!
-Loca tienes que estar para hacer eso.
-¡Tú no estabas para decirme qué o no hacer! Y cuando Antonio me ofreció, no pude decirle que no...
-¡Y encima ese! ¡Ha sido ese! ¿Hay algo más que hayas hecho con él y no me hayas dicho?
Le crucé la cara de un guantazo.
-Es gay, Carlos.
Acto seguido me saqué el cigarrillo de la boca y le solté el humo en la cara.
Me di media vuelta, dispuesta a irme, pero él me agarró del brazo y tiró, atrayéndome hacia él.
-Podrías haber empezado por ahí.
Sonreí, sarcástica.
-Quería comprobar si confiabas en mí.
-Confío en ti.
Di otro calada.
-Sólo tengo demasiado miedo a perderte.-dijo.
Volví a soltarle el humo en la cara e hice ademán de soltarme.
Entonces él me quitó el cigarro.
-Prométeme que vas a dejarlo.
-¿Por qué iba a hacerlo?
-Te diría que por tu salud, pero como veo que eso te importa poco, hazlo por mí.
Se lo arrebaté.
-Te prometo que lo haré en cuanto cures el daño que me han hecho hoy tus palabras.
Me giré y ya me iba, cuando vi que seguía.
-No me sigas. Quiero estar sola.
Fui hasta el coche.
No me siguió.
Me dejé caer en el asiento y me agarré al volante.
Y entonces derramé todas las lágrimas que no había querido que él viera.
-Carlos-
No podía dejar que se fuera así, por lo que fui tras ella.
-No me sigas. Quiero estar sola.
Por un momento, dudé si hacerla caso o no, ya que no quería dejar las cosas así, pero supe que aquello, al menos hoy, no tenía arreglo, y que seguirla no nos iba a hacer ningún bien.
La vi marcharse, hasta que desapareció, con el corazón en un puño, aún sin dar crédito a lo que había pasado. ¿Cuándo había cambiado tanto? ¿Y cómo le había dado por tal locura? La chica que dejé en Madrid hace días distaba mucho de la versión con la que hoy me había encontrado.
Me di la vuelta y me dirigí donde estaba el resto, en contra de dónde a mí me hubiera gustado ir. Por cada paso hacia delante que daba, quería dar dos hacia atrás, hacia el aparcamiento donde sabía que ella estaba y tratar de recuperar la versión anterior. Mi versión.
¿Era culpa mía este cambio? Por teléfono no noté nunca nada extraño o fuera de lo común en ella. ¿Fue porque le fastidié los planes? No, no creo que ella le diera tanta importancia a eso... Entonces, ¿qué había pasado?
Me vieron llegar desde lejos. No pude verlos, pero imaginé su sorpresa al verme solo.
Estaban sentados alrededor de un árbol. Bueno, menos Dani, que estaba apoyado en el tronco de pie.
-¿Y Cris?-preguntó David.
-En el aparcamiento, supongo.
-¿Supones?
Me encogí de hombros.
-Sí, nos hemos peleado.
-¿Qué? ¿Y eso?
En vez de contestarle, me giré y miré a Sara.
-¿Desde cuándo fuma?
-¿Qué?
-Que desde cuándo fuma.
-¿Quién? ¿Cris? Eso es imposible, ella no...
-Sí, ella sí fuma. Me ha echado el humo en la cara dos veces, así que puedo asegurarte que lo hace.
Las caras de todos eran de verdadera sorpresa.
No quería ni imaginarme cómo sería la mía.
-Pues no lo sé Carlos, yo nunca la he visto hacerlo... Como no haya empezado con esos amigos nuevos.
-¿Amigos nuevos?-preguntó Dani.
-Son compañeros de la uni -aclaré- Bueno, menos Antonio.
-¿Antonio?
-Es gay.
-Ah, gran información que nos despeja grandes dudas.
Nos quedamos en silencio. Uno muy incómodo. Nadie sabía qué decir y yo no quería decir nada. Al menos, no a ellos.
-Creo que será mejor que me vaya con ella-dijo Sara.
-Te acompañamos.
Mientras caminábamos rumbo al aparcamiento, Dani me dio unas palmaditas en el hombro.
-Vamos tío, que no es el fin del mundo.
-No lo será de tu mundo, del mío...
-Si siempre os estáis peleando y tirando los trastos a la cabeza. Es normal en vosotros.
-Ya, pero esta vez es distinto.
-¿En qué?
-Esta vez nos hemos dicho cosas horribles y además ella... Bueno.
-David también fuma y mírale, no le pasa nada. Bueno, cada día es más tonto, pero no creo que eso tenga que ver con el tabaco.
David giró la cabeza.
-¡Te he oído!
Ambos nos reímos.
Llegamos al coche y la vi ahí, con el móvil. Y fumando.
No me hizo falta fijarme mucho para darme cuenta de que había estado llorando.
Blas le dio unos golpecitos en el cristal y ella bajó la ventanilla.
-¿Está libre este taxi?
-Bueno, para ti puede.
Eso consiguió hacerla reír un poco.
Fue a dar una calada y Blas le dio en la mano sin apenas fuerza.
-Eso es caca, mujer. ¿Hay que decírtelo como a los niños pequeños?
-¿De repente te has convertido en mi padre o qué?
-Algo así.
Cris gruñó y Blas la revolvió el pelo.
-Hay formas más inteligentes de matarse.
-Sí, como haciendo eso-dijo ella, dándole un manotazo para apartarle del pelo.-¿Nos vamos, Sara?
-Sí, ya nos vamos.
-Nos vemos pronto-dijo Blas.
-Sí, eso espero.
Subió la ventanilla y, sin mirarnos siquiera, arrancó y se marchó.
Blas me puso la mano en el hombro y me apretó.
-Chico, lo tienes jodido.
-Cris-
No le dirigí a mi amiga palabra alguna en el camino de vuelta.
Encendí la radio y me limité a fumar y a conducir.
Supuse que ya estaría al tanto de todo.
Una vez en casa y tras haber comido algo, mientras recogía, mi amiga pronunció las primeras palabras.
-¿Por qué no me dijiste nada?
Suspiré.
-Puedo dejarlo cuando quiera.
-Ese no es el caso. Ni siquiera debiste haber empezado.
-Ya, ya lo sé. Regañarme ahora no os va a servir de nada.
-Ya, pero...
-Es igual.
¿Sales?”
Miré el mensaje de Antonio sin muchas ganas.
No me apetece, he tenido movida...”
Un Frappe si me lo cuentas”
Hecho”
No iba a negarme a un Frappe si me invitaban. Seguían siendo mi perdición.
-Así que eso es lo que pasó.-dije, soltando el humo.
Antonio chascó la lengua.
-Eres una bruta. Y una diva. Eso de echarle el humo en la cara...
-¡Es que me sacó de quicio!
-Ya lo veo.
Estábamos en un banco del parque de los perros (bautizado así en honor a Choco nada más porque era su sitio favorito en el mundo cuando salía de casa)
-Y encima vas y le dices que soy gay.
-¿No lo eres?
-Sí, pero jolín ¿tanto se me nota?
Asentí con la cabeza.
-Vaya por Dios.
Le palmeé el hombro.
-Me caes muy bien.-dije.
-Pues menos mal.
-Jajajajaja.
-¿Y qué piensas hacer? Porque tus últimas palabras sonaron muy extremas.
-Pues no sé, la verdad. Soy muy, ¿cómo era? Ah, sí. No me acuerdo.
-Vaya cabeza.
-¿Espontánea puede ser? No, eso no, aunque también. ¡Impulsiva! Sí, eso es. Soy muy impulsiva, me dejo llevar por la situación y digo cosas que luego bueno...
-Entiendo.
Un perro se me acercó y le acaricié.
-Así que bueno, supongo que le debo una disculpa y él tenía razón en la mayoría de las cos.. ¿Choco?
Al fijarme bien en el perro, me di cuenta que no era otro que mi inseparable pastor alemán.
-Tú debes de ser el famoso Antonio.
Alcé la cabeza al reconocer la voz.
-Y tú el famoso Carlos.
-Sí, famoso soy un rato, la verdad.
No quería reírme, pero lo hice.
Carlos sólo sonrió.
-¿Qué haces aquí?-le pregunté.
-Sacar al perro-dijo, señalando a Choco como si fuera la cosa más obvia del mundo-¿No lo ves?
-No, joder, que qué haces aquí en Madrid. ¿No estabais por ahí componiendo?
-Ah, sí, bueno.
Enarqué una ceja.
-Bueno-dijo Antonio, adelantándose a toda respuesta posible de Carlos y levantándose del banco-Veo que se avecina algo grande y creo que sobro. Macho, un placer.
Le dio la mano, una palmada en el hombro y, haciendo una reverencia, se fue.
Carlos me miró estupefacto.
-¿Me ha llamado macho?
-Sí.
-¿Pero eso...?
-Es Antonio. Es demasiado especial. Como la reverencia al final. Según él soy una diva, ¿sabes? Y hay que tratarme como tal.
Él asintió, aún asimilando todo lo de Antonio. No le culpaba por su cara de estupefacción, yo los primeros ratos con él había tenido la misma cara.
-¿Qué haces aquí?-repetí.
El cigarro se me consumió, lo tiré al suelo y lo apagué.
-Como si no lo supieras.
-Sórprendeme. Choco, eso no se come joder.
El tonto del perro trataba de comerse la colilla que había tirado al suelo. Le aparté la cabeza con el pie, la cogí y, apuntando, la encesté en la papelera de al lado.
Me aplaudí interiormente por mi hazaña.
-He venido por ti.
-¿Tú solo?
-No, los demás también.
-¿Los demás también han venido por mí?
-Más quisieran, pero no. Para ti sólo he venido yo.
-¿Por qué razón? Aún os quedaban un par de días para componer, si mal no recuerdo.
-No podía dejar las cosas como las habíamos dejado esta mañana.
-¿Por?
Me miró mal.
-¿Tú sí?
Ahogué un suspiro.
Antonio había sido listo. Había huido ante el peligro.
-No, yo tampoco.
-Pues ya que tú te fuiste, me tocó venir a mí.
-No, si te parece me doy una vuelta por el bosque hasta que se me pase el cabreo y luego vuelvo para hablarte, ¿no? Quizá tendría que haber hecho eso. Si es que no pienso.
-¿De dónde habrás sacado ese genio que te gastas últimamente?-dijo, cruzándose de hombros.
-De la desesperación de estar sin ti-dije, poniéndome las manos en la cara.
Tras un momento, las retiré.
-Aunque ya tenía mala ostia antes de conocerte.
-Y que lo digas.
Nos miramos y nos reímos, aunque fui la primera en serenarme.
-Aunque me esté riendo ahora, sigo brutalmente molesta por tus palabras esta mañana. Te has comportado como un verdadero imbécil.
-¿Yo? ¿Yo?-dijo, mirando al perro-¿Yo?-dijo a una mujer que pasaba por su lado en ese momento y le miró mortalmente asustada- ¿Yo siendo un imbécil? Perdona pero no soy el que a la mínima se pone a jugar con su salud porque está triste.
-¿Ya estás otra vez con lo de que fumo? David también lo hace y...
-¡Otra como Dani! A ver, aprecio mucho y quiero y todo a David, pero ya es mayorcito para decidir qué hace con su vida y a mí me importa lo que hagas tú con la tuya porque estoy saliendo contigo, no con él.
Me levanté del banco.
-No creo que debamos seguir con esto aquí en medio del parque.
-¿Adónde vamos entonces?
Pensé por un momento.
-Vamos a mi casa. O la que lo era antes.
-Bien.
Mi amiga Sara recogía la casa ya que no habíamos estado por la mañana y ella iba en camino de ser una de esas maníacas con el orden, la limpieza y todo eso. O, al menos, eso le decía yo siempre, medio en broma medio en serio.
Estaba preocupada por mí. Al igual que el resto de mis amigos, no se esperaba tal cambio en mí ni mis nuevos gustos, pero para ella era peor ya que era la que había estado aquí conmigo, como que me habían dejado a su cargo y, de alguna manera, me había rebelado y ella había fallado en su cometido.
No hacía mucho rato que me había ido con Antonio, sino me habría tocado limpiar también. Lo odiaba.
Cuando acabó, se tumbó en el sillón y se puso a leer un rato, queriendo despejar la mente y desconectar un poco del mundo, aunque Paco no paraba de hablar y de quejarse, así que a él le puso la tele, aunque bajito, para que la dejase en paz. Funcionó.
Llamaron al timbre cuando apenas había leído dos capítulos.
Choco fue corriendo a la puerta, ladrando.
-Cris, ¿cuántas veces te diré que te lleves las llaves en...? Oh.
-Hola, Sara.
-Oh, Carlos. No te esperaba.
-Me lo imagino, así como me imagino por lo que acabas de decir que Cris no está en casa.
El perro, loco de contento, no hacía más que meterse entre las piernas de Carlos mientras montaba un escándalo ladrando. Algo muy típico en Choco.
-No, no está. Se fue con ese tal Antonio hace un rato.
-Bueno, entonces sacaré al perro y a ver si la veo.
-Voy a darte la correa. ¿Qué tal estás?
Carlos se encogió de hombros.
Mi amiga le dio la correa y enganchó a un muy alegre Choco.
-Ah, sí. Yo que tú me vestiría, quizá en un rato tengas visita.
-¿Qué?
Pero antes de que pudiera preguntarle algo más, niño y perro ya estaban bajando las escaleras.
En fin”, pensó, “a saber si es cierto. Este chico a veces se entera de la mitad de las cosas o las entiende como quiere, pero, si fuese cierto, ¿quién vendría? Espero que no... No creo”
Negó con la cabeza y volvió al sillón y a su libro.
De nuevo, dos capítulos y medio esta vez, llamaron al timbre.
Abrió.
-¡Hola!
-Ah, Blas, eres tú.-suspiró, aliviada.
-¿Es que esperabas a alguien que no fuera yo?
-Para serte sincera, no esperaba a nadie, aunque Carlos me había dicho algo al respecto.
-¿Ya ha venido?
Sara asintió.
-Pero Cris no estaba, así que cogió el perro y fue a buscarla.
Blas puso los ojos en blanco.
-Qué raro en él.
-Ya ves.
-¿Por qué habéis venido ya? No me ha dado tiempo a preguntarle a Carlos antes.
-¿Puedo pasar y te cuento o te cuento aquí en el rellano?
-¡Ay, perdón no me he dado cuenta! Pasa, pasa.
Cuando pasaron al salón, Paco giró la cabeza y se le quedó mirando.
Por suerte, no le dijo nada. Blas le caía bien.
-¿Te apetece ir a dar una vuelta? He estado desconectado de la ciudad unos días.
-Oh, sí, claro. Tenía pensado irme con Cris al Fnac a mirar unas cosas, pero ella hizo otros planes.
-A mí me parece bien.
-Entonces espera un momento que me visto.
-No hay problema.
En un rato, ya estaban en la sección de libros del Fnac.
-Pues sí hija, nos tuvimos que venir porque Carlos no paraba de lloriquear por las esquinas como un perrito abandonado.
-Ay,pobrecito.
-Para pobrecitos nosotros que le tuvimos que aguantar.
-¡Qué malos sois!
-Los peores, ¿no lo sabías?
-Jajajajaja.
-¿Y querías mirar un libro en especial?
-Pues la verdad es que no. Me encantan los libros y de vez en cuando me dejo caer por aquí.
-Tú mira tranquila que prisa no tengo.
Tras casi una hora de acá para allá, salieron del Fnac y se toparon con Dani de frente.
-¿Y vosotros dos de dónde venís?
-Del Fnac-dijo Blas señalando sin girarse el edificio.
-Ah, pues tiene sentido si os he visto salir de ahí ahora mismo.
-Jajajajaja ¿y tú adónde vas?
-Al Fnac que iba a mirar unos cd.
Blas y Sara se miraron.
-¿Le acompañamos?
-Venga, vale.
Veinte minutos después, salían los tres del Fnac y se fueron a tomar algo por los alrededores, mientras discutían sobre la música internacional y los cd que Dani se había comprado.
Dejamos al perro en casa de Sara. No quería ningún tipo de distracciones mientras hablábamos.
-Mm, ¿no está Sara?
-Creo que está con Blas.
-Ah, eso es perfecto.
Bajamos a mi casa.
Pasé yo primero y él cerró la puerta.
Me detuve en el pasillo para mirarle.
Carlos estaba mirando el salón, observando la pila de cajas (hay que ver la cantidad de cosas que he podido acumular en un solo año en aquella casa y no quería desprenderme de nada) que allí había.
Pasó la mano por encima de la que tenía más cerca.
-No sé dónde vamos a meter todo esto en casa.
-Encontraremos sitio, ya lo verás.
Mi respuesta le iluminó la cara.
-¿Te puedo decir una cosa? Bueno te la voy a decir igual. Cuando sonríes así, tan de oreja a oreja, te pareces al gato de Cheshire, el de Alicia en el país de las maravillas.
-Lo que me faltaba, encima te metes con mi sonrisa.
-No, si adoro a ese gato. Tiene una sonrisa bonita, aunque perturbadora.
-¿Así que te perturbo cuando sonrío?
-Es agradable para mí.
Él rió.
-Sólo tú eres capaz de encontrar parecidos entre sonrisas.
-Será porque estoy enamorada de tu sonrisa y no dejo de verla por todas parte, incluso cuando cierro los ojos. Quizá sea por eso y porque, cuando sonríes y sé que esa sonrisa la he provocado yo, es como si flotara, como si no estuviera aquí, como si estuviera...
-¿En el país de las maravillas, Alicia?-aventuró él, con la tan famosa sonrisa del gato en la cara.
-¡Eres tan perturbador!-dije, con un suspiro, aunque sin poder disimular una sonrisa.
Aunque la sonrisa se me borró de la cara al entrar en mi cuarto y ver todas las cosas a medio meter en las cajas y la maleta aún tirada en el suelo y toda la ropa desperdigada. Recordé entonces qué habíamos venido a hacer a casa y por qué se había liado todo.
Él apareció tras mi espalda.
Su roce fue como una descarga eléctrica.
-Pero, ¿qué ha pasado aquí?
Entré y recogí la maleta del suelo.
-Digamos que no me tomé muy bien lo de no poder verte en una semana.
Metí la ropa del suelo dentro sin miramientos, sin importar si se arrugaba y me senté en el borde de la cama.
Le miré y le extendí la mano.
Él agarró y se sentó a mi lado.
Creí que no sabía cómo empezar la conversación, cuando lo hizo.
-Hueles a ya sabes qué.
Puse los ojos en blanco.
-Bueno, al menos yo no voy apestando a desconfianza, ¿sabes?
Hizo una mueca ante mi contraataque.
-¿Es que te crees que te vas dos días y ya te voy a reemplazar? Esa idea ni siquiera existe para mí desde que acepté que te quiero y que lo voy a seguir haciendo dándome igual todo. Y, no, no digas lo que estás pensando porque ya lo sé. Este es tu trabajo, viajar de acá para allá y no siempre puedo acompañarte, lo sé. Y sé que piensas que si sólo por una semana se ha líado todo esto, ¿qué pasará cuando sea un mes? ¿O incluso más?
Carlos fue a decir algo.
-No, espera déjame terminar. Me da igual cuánto tiempo tenga que esperar para verte y cuánto me duela la espera. Lo esperaré. Y es mi elección. No voy a dejar que la mierda de la distancia se interponga también entre nosotros. Si te vas meses, los esperaré. El tiempo que te vayas no será nada comparado a cómo sería un sólo minuto sin tenerte. Y sí, dejaré de fumar. Puedo hacerlo, es fácil. No hay nada que me guste más que tú.
Él rió ante esto último.
-¿Lo prometes?-dijo.
-Lo prometo. Esto sólo ha sido una tontería. Todo fue tan inesperado... Pero gilipolleces así sólo las cometes una vez en la vida y, para que te quede claro, quiero estar contigo. Siempre. En esta vida y si hay otra, también en esa. Nunca te atrevas a volver a dudarlo.
-Me estás clavando las uñas.
Aflojé la presión que le hacía en la mano.
-Ay, perdón, la emoción, ya sabes.
Me estaba riendo cuando me besó.
Fue un beso que hablaba por él, respondía a cada cosa que le había dicho a su manera. Había que decir que me gustaba que respondiera así.
Y de nuevo esa sensación de elevarme por encima del cielo, de que no tenía los pies en el suelo aunque sabía que estaban ahí, de que, de alguna manera, estaba flotando por el aire. De que estaba en el país de las maravillas. Con él.
Podía oír a Taylor Swift dulcemente en mi mente cantar:
But darling, we found wonderland
You and I got lost in it
And we pretended it could last forever
We found wonderland
You and I got lost in it
And life was never worse but never better”
[Pero cariño, encontramos el país de las maravillas
Tú y yo nos perdimos en él
Y pretendimos que podía durar para siempre.
Encontramos el país de las maravillas
Tú y yo nos perdimos en él
Y la vida nunca más empeoró pero tampoco mejoró]
-Prométeme una cosa-dijo, separándose unos milímetros de mí, hablando sobre mis labios, haciendo que aterrizase en mi cuerpo de nuevo.
-Lo que quieras.
Estaba sorprendida. Normalmente yo siempre le hacía prometer cosas a él, pero raramente era al revés.
-Prométeme que jamás vas a desaparecer de mi vida.
-Prometido-dije, besándolo.

Sin embargo, no pude cumplir del todo mi promesa.


¡Hola de nuevo! ¿Qué tal el capítulo? Espero que os haya gustado tanto como a mí me gustó  escribirlo. Lo primero de todo, como siempre últimamente, lamento haberos hecho esperar para subir. La vida auryner y universitaria te quita mucho tiempo para todo. Deciros también que muchas gracias a todas aquellas que me léeis y habéis tenido la bendita (y he subrayado bendita para recalcarla) de esperar a que pudiese subir. En serio, muchas gracias.
Dos años ya de esta novela. Cómo pasa el tiempo... Sí, sí. La empecé en enero de 2013, el sábado 5 de enero de 2013 para ser más exactos y ya estamos a 3 de enero de 2015. DIOOOOOOOS. Flipo. Y flipo más sabiendo que hay gente que me leyó desde el principio y sigue haciéndolo el primer día. Sois eternas (más que esta novela) Por supuesto gracias a las que descubrís mi novela por algún casual, la léeis y os gusta. Tanto nuevas como viejas incorporaciones son bien recibidas, ¡cualquiera que gaste tiempo leyéndome es bien recibido!
Por último (pero no menos importante) decir que estoy publicando en Wattpad esta novela (podéis encontrarme bajo el nombre de Crisvila7 sigo de vuelta) por si a alguien le resulta más cómodo leer desde allí y que seguramente, en breves, empiece una nueva novela (lo cual no quiere decir que vaya a terminar esta) ¿Qué os parece?
¡Y por dios! ¡¡Feliz año 2015!! (Qué cabeza la mía...)
Ya os dejo que esto es más largo que el capítulo, dios santo.
Para cualquier cosa, podéis comentarme en el blog, en twitter (@CrisSombrerita) o en ask (CrisBieberHoranStyles)
¡¡MIL GRACIAS!!