domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 7: Paseos nocturnos

-Cris-
-¿En serio?
-De verdad.
Me tapé la boca con las manos para ahogar la risa que me entró, aunque con frustrantes resultados.
Carlos suspiró por abajo.
Normal, estaba en el suelo.
-¿Os vais a callar o esperáis que nos durmamos con vuestras voces de ruido de fondo?
-Siéntete ahora como nos sentimos a todas horas contigo-le dijo Blas, haciéndome reír de nuevo.
Lo que supuse sería una almohada, ya que estábamos a oscuras y no veíamos prácticamente nada, voló y aterrizó en mi cara.
-¿Te di?-preguntó Carlos.
-A mí no.-dijo Blas.
-No, me has dado a mí.-dije, quitándome la almohada de la cara.
-Ahí va, lo siento. Es que estáis arriba y no veo.
-Sí, eso, y que la puntería no es lo tuyo...-le dijo Blas.
-Lo próximo soy yo y no una almohada lo que va a subir ahí, eh.
-Por favor a mi cara no.-dije, tirando la almohada por el suelo.
Eso nos hizo reír a los tres.
-¿Qué hacéis vosotros?-dijo Sigrid, medio dormida, medio viva.
-Carlos, que le dan cosas raras por la noche y me tira almohadas-le dije, intentando buscar a mi amiga, ya que Blas le había cambiado el sitio para que pudiéramos hablar sin molestarla a ella, que estaba en medio, pero no la vi entre tanta oscuridad.
-¡Qué ha sido sin querer!-dijo el otro, desde el suelo.
-¡Ya, claro! ¡A ver qué me vas a decir!
-Bueno, si os queréis matar, mataros, pero dejad dormir-dijo ella.
Lo dicho.
Amigas traidoras.
Hazte del fanclub.
-Eso, vosotros, los de arriba. Os calláis.
-Y tú deja de tirar almohadas.-le dije.
-Yo no tiraría almohadas si no hablárais.
-Osea, ¿quieres decirme que cuándo tú no te calles, voy a tener que tirarte una almohada?
-O dos-dijo Blas.
Sigrid gruñó.
-Bueno, venga, ya nos dormimos.-dijo Blas, para no despertar la furia de mi amiga.
Mucho diría ella de mí, que si me despiertas o algo podías morir, pero como no la dejaras dormir a ella, era mortal. Ahí sí que podías morir y parecía ser que Blas se había dado cuenta.
David y Dani ya hacía tiempo que se habían dormido, ellos los primeros. Estaban en la parte derecha de la cama, luego estaba Sigrid, que había estado hablando con Dani (David era el que primero que se había dormido. Tocó la almohada y le perdimos ipso facto), Blas y yo, que estaba en, prácticamente, el borde de la cama. 
Si por algún casual rodaba y me caía, mataría a Carlos o a Álvaro, dependiendo de quién tuviera la mala suerte de dormir debajo.
Para prevenir eso, me acerqué un poco más a Blas.
-Que me caigo-le susurré.
-Nooo.
Me reí otra vez y Carlos carraspeó.
-Lo siento, lo siento, ya.-susurré.
Me llevó algo de tiempo dormirme, ya que no estaba acostumbrada a dormir con tanto chico en una habitación. Y más si a estos les había conocido unos días atrás, pero al final me acabé durmiendo.
Desperté.
Aunque todo estaba oscuro, sabía que aún no era por la mañana. Tenía que ir al baño. Como tantas otras noches, me despertaba para eso.
Suspiré.
¿Qué hora sería?
Seguro que las cuatro o cinco de la mañana, no me sentía como si llevara mucho tiempo dormida.
Me di cuenta entonces de que tenía un brazo sobre Blas, que me daba la espalda. Procedí a retirarlo con cautela para no despertarle.
No veía absolutamente nada, ya que, Álvaro, creo recordar, había corrido las densas cortinas mientras decía que él no podía dormir con absolutamente nada de luz. Ninguno nos opusimos.
Yo no recordé que a veces tengo que levantarme.
Mi móvil estaría en la mesilla de noche o quizá en el bolso y no podía encontrar ninguna de las cosas ahora, así que tendría que ir, a oscuras, al baño.
Sería difícil, pero podría hacerlo.
Me senté con cuidado en la cama, intentando no hacer movimientos bruscos que pudieran despertar a los demás.
Me giré y puse ambos pies en el suelo.
Sonreí.
No podía ser tan difícil.
Intenté dar un paso y pisé algo.
-Tú písame, si te parece bien.-dijo en un susurro la voz de Carlos.
Inmediatamente retiré el pie.
-¡Perdón!-exclamé, en bajito, dando un paso hacia atrás y pisando algo de nuevo.
-Au.
-¿Te he vuelto a pisar? ¡Perdóname! Es que no veo nada...
-¿Adónde vas? ¿Se puede saber por qué estás levantada?
-¿Y tú para qué quieres saber?
-Hombre, estaba durmiendo cuando me has pisado...
-Lo siento, de verdad. Quiero ir al baño, pero no veo.
-Ah. Un momento.
Le oí que cogía algo y, acto seguido, la luz de un móvil le iluminó la cara.
-Toma-dijo, tendiéndomelo.-Así ves.
-Oh, gracias-dije, cogiendo el móvil e iluminándome el camino.
-De nada.
-Bueno... Pues ahora vengo-dije, encaminándome al baño.
-No tengas prisa.
Le pisé a posta.
-¡Eh!-se quejó.
-Uy, perdona, no te vi.
Entré al baño y, cuando salí, le vi ahí, de pie, apoyado en la pared.
Le tendí el móvil.
-Gracias.
-De nada.
Y nos quedamos así, hasta que la luz del móvil nos abandonó y nos quedamos a oscuras.
-¿Quieres salir a dar una vuelta?-sugirió, encendiendo de nuevo la luz del móvil.
-Son las cuatro y media de la mañana.
Sabía la hora porque obvio la miré en el móvil.
-¿Tienes algo mejor que hacer?
-Mm... Pisarte.
Sonrió.
-No, en verdad no.
Sabía que, después de esto, ya no sería capaz de conciliar el sueño.
Él abrió la puerta.
-Después de ti.
-Oh, qué amable.
Salí al pasillo, él salió tras de mí y cerró la puerta.
-¿Vamos?-dijo, indicándome el pasillo con la cabeza.
Suspiré.
-Sí, vamos, total... Son las cuatro y media de la mañana, vamos en pijama y descalzos. Ya qué más da todo.
Echamos a andar por el pasillo.
-Siento haberte despertado pisándote. ¿Te he hecho daño?
-¿Qué? Ah, no. Además, ya estaba más o menos despierto. De hecho, no llegué a dormirme del todo.
-¿Y eso?
-No sé, tenía cosas en las que pensar.
-Serían los remordimientos por haberme tirado la almohada antes.
-Tienes razón, va a ser eso.
Nos reímos, quizá demasiado alto, nos dimos cuenta y bajamos la voz.
No queríamos que apareciera el señor loco de antes, más que nada, porque ahora éramos dos y, si nos mataba, no volveríamos al cuarto y los demás se preguntarían qué fue de nosotros.
-El caso es que esto es raro-dije, así de repente.
-¿El qué?
-Esto. Voy andando por los pasillos desiertos de un hotel de Paris con una celebridad española a unas horas un tanto extrañas, descalza y en pijama. ¿No es raro?
Él se rió en modo mudo.
No quería despertar al señor loco, porque creíamos que estábamos pasando por su puerta. Bueno, en realidad ninguno de los dos teníamos idea de dónde estaba dicha puerta, pero podría ser cualquiera.
-Yo tampoco tengo por costumbre pasear de esta manera y a estas horas con nadie, si te sirve.
-Me sirve, gracias. Así que esto es igual de nuevo para ti que para mí.
-Sí. Sobre todo que me despierten pisándome.
-Ya te dije que lo sentía. Igual que siento lo de haberte tirado el gorro a la piscina.
-¿Cómo era...? Ah, sí. "Deja de disculparte conmigo, cada vez que me hablas, es para pedirme perdón"
-No me copies las frases.
Se rió porque intenté sonar autoritaria, pero fracasé miserablemente.
-Pues tú no me tires los gorros a la piscina.
-Pues tú no me quites el sitio en el restaurante.
-Pues tú no me pises.
-Pues tú no duermas en el suelo.
-Pues tú...
-Para, que nos podemos tirar así toda la noche y parte de mañana.
Llegamos a la sala común, que estaba a oscuras.
Como todo el hotel, prácticamente.
-¿Vemos algo en la tele?-preguntó.
-Dudo mucho que lo que echen a estas horas sea algo que no nos traumatice seriamente.
Aquello le hizo gracia.
Fui saltando de sillón en sillón hasta que salimos de la sala común.
Pasamos por el bar donde nos escondimos con David cuando jugamos al escondite. Estaba cerrado, obviamente.
-¿Sois así siempre?
-¿Qué?-dijo, mirándome.
-Digo Blas y tú. Siempre estáis ahí... No sé. Como lo de antes.
-Ah, sí, bueno... Podría decirse que sí. ¿Y tú y Sigrid? ¿Sois siempre así?
-No sé... Dimelo tú. ¿Cómo me ves?
-En pijama.
Le di un golpe en el brazo y se rió.
Pasamos por la piscina.
-¿Un baño?-sugirió, señalando con la cabeza la puerta de entrada a la piscina.
-Claro, y luego me secas tú el pelo, ¿no?
-Bueno, si es necesario...
-Ven aquí, la piscina no va a estar abierta. Volvamos, estarán preocupados.
-Ellos lo que están es durmiendo. No saben que nos hemos fugado.
-Oh, sí, fugado...
Empujó la puerta y esta, sorprendentemente, se abrió.
-¿Decías?-dijo, mirándome triunfante.
Acto seguido entró.
Si le seguí dentro fue porque no quería quedarme fuera sola con un loco suelto y el camamero ese del restaurante andando por allí y porque Carlos estaba loco y necesitaba alguien que le parara los pies.
Entré y le vi sentado en una hamaca.
-Ya creí que no entrabas.
-Estoy loca, pero no lo suficiente como para quedarme sola con toda la gente rara que hay en este hotel. Aunque bueno, tú no eres precisamente normal...
-Oh, primera vez que te oigo decir algo más o menos bueno de mí.
-Sí no fueras tan... Conmigo algunas veces, quizá diría algo más.
-¿Tan cómo?
-Da igual. ¿No te ibas a bañar? Vamos, entonces.
Se rió y se oyó el eco de su risa por toda la piscina.
Me dio miedo.
-Ah, ¿tú también?
-¿Qué? No. Yo miro como nadas. Es decir, ejerzo de socorrista.
-Pues entonces nada, no me apetece nadar solo. ¿Seguimos paseando?
-¿Cuánto tiempo tienes pensado dormir hoy?
Él fingió que lo pensaba y, para ello, puso una cara bastante graciosa. Lamenté en ese momentos no haberme traído la cámara.
-La verdad es que no tenía pensando dormir nada. ¿Seguimos?
-¿Quieres otro halago? Estás loco.
-¿Sabes un secreto? Las mejoras personas lo están.
-Ah, qué frase más propia. El Sombrerero Loco.
Ambos nos reímos y salimos de la piscina.
Me tendió el móvil y le miré.
-¿Qué?
-Quiero una foto de esto.
-¿Quieres que me ponga a hacer fotos a las cinco de la mañana?
-Creí que te gustaba hacer fotos.
-Anda, trae.
-Ah, no, pero ponte conmigo en la foto. Quiero recordar esto.
-Tengo unos pelos y una cara que no están para fotografiar ahora mismo.
-No importa, la foto es para mí.
-Y luego veré la foto en Twitter o Facebook y a miles de personas con ella de perfil. Sí, vale, si me da igual.
Echamos unas fotos y, cuando estuvo feliz, seguimos.
-¿Salimos fuera?-sugirió.
-Hará frío.
-Pues volvamos entonces. Quizá noten nuestra ausencia.
-Es lo que llevo intentando decirte desde hace rato.
Emprendimos el regreso a la habitación.
-¿Se duerme bien en el suelo?-pregunté.
-¿Por qué? ¿Quieres probar?
-Ah, no sé. Preguntaba.
-¿O quieres dormir con Álvaro?
-Ah, me pillaste.
-¡¿En serio?!
-¡Carlos que era una broma!
Ambos nos reímos.
-Ah, bueno, yo ya pensaba que querías quitarme mi trozo de suelo...
-Ah, no, yo ahí con Blas y los demás estoy bien.
-Ah.
Llegamos a la habitación y él sacó la llave de la puerta del bolsillo.
-Gracias por esta vuelta-dije, antes de que abriera la puerta-Al final me lo he pasado bien.
-Ya saldremos a dar vueltas a estas horas más a menudo.
-Lo mejor ha sido que hemos podido hablar normal, quiero decir, sin pelearlos. Al menos, no demasiado. Sigrid tenía razón. No eres tan payaso como pensaba.
-Voy a emocionarme al final, de verdad, qué cosas más bonitas me estás diciendo esta noche...
Reí.
-Abre la puerta, anda, que tengo sueño.
Entramos en la habitación.
Él iba primero, iluminando el cuarto con el móvil.
Se tumbó en el suelo, al lado de la cama, justo debajo de mí. Es decir, que él hubiera sido el que hubiera muerto si me hubiera caído.
Yo me tumbé en la cama y me tapé.
Blas había cambiado de postura y ya no me daba la espalda.
-Bueno... Pues buenas noches-le dije.
-O buenos días ya, porque para las horas que son...
Nos entró la risa y le tapé a él con una mano la boca y con la otra me la tapé yo, mas cuando nos tranquilizamos, la quité.
-Duérmete.
-Duérmete tú.-me dijo.
-No, tú.
-¡Tú!
-¿Ya peleando otra vez?
-Yo no peleo, intento dormir.
Reí y negué con la cabeza.
-Eres imposible.
Y le di la espalda, mirando a Blas. Me dispuse a dormir.
-Hasta mañana.-dije, dando por finalizada la conversación.
-Querrás decir hasta ahora mismo, cuando estos se despierten...
Me giré y le di un golpe con la mano.
-¡Calla! Que me río y no me duermo.
Se rió en bajito.
-Está bien. Qué descanses.
Le gruñí y, para mi sorpresa, no tardé en dormirme.
-¡Arriba todo el mundo!-dijo Álvaro, corriendo las cortinas y haciendo que la luz del sol se colara dentro del cuarto.
Ellos ya llevaban un tiempo despiertos, ya que llevaban un rato hablando.
Adivinad quiénes seguíamos durmiendo.
-Eh, Cris...-dijo Sigrid, moviéndome.
-Ehdhgff No estoy.-dije, dándole la espalda.
Todos me miraban.
-Siempre le cuesta mucho levantarse.-me disculpó mi amiga.
-Carlos tampoco se despierta-dijo Álvaro, el cuál estaba agachado en el suelo al lado de Carlos, tirado sobre el suelo cuál largo era-Eh, Carlos. ARRIBA.
Este gruñó y empujó a Álvaro, que cayó al suelo de culo.
-Siempre liándola. ¿Veis lo que digo? Siempre son los mismos-dijo Dani.
-Déjadles, tendrán sueño-dijo Blas.
-¿Y por qué? Todos nos dormimos a la misma hora.-dijo David y todos le miraron.
-Tengo que decir algo.-dijo mi amiga-Me desperté porque creí oír algo y ninguno de los dos estaba.
Oh, no.
Al final Sigrid se había percatado de la "fuga".
-¿Qué?-dijo Blas.
-Pues eso. En algún momento de la noche, los dos se fueron.
-Uhhhh.
-¿Os calláis?-dijo Carlos.
-¿Por qué? ¿Tienes sueño, eh, Carlitos? 
Le gruñó a David.
-Vamos a ir a desayunar.-intentó Dani, pero sin resultado.
Ninguno de los dos nos levantamos.
-Bueno, pues vayamos nosotros. Dejémosles a ellos durmiendo y luego ya que nos cuenten lo que hicieron-dijo Blas.
-Como que nos lo van a contar.-dijo David.
Se rieron y yo gruñí.
-¿Y les dejamos aquí, solos?-dijo Álvaro.
-Sí, están dormidos.
-O lo aparentan.
Carlos y yo gruñimos a la vez.
Quedaron en que irían a su cuarto a vestirse y se pasarían por Sigrid en unos minutos para bajar juntos.
Les oí cerrar la puerta y a mi amiga buscar algo de ropa y entrar al baño. Una vez vestida, salió, trasteó con algo y echó las cortinas, cosa que le agradecí infinito.
-Ah, que te piso.
-No sería la primera vez, ah. ¿Qué hora es?
-Van a ser las diez y media. Nosotros vamos a bajar a desayunar, pero Cris se queda durmiendo. ¿Vienes?
-No, estoy muerto.
-Está bien. Súbete a la cama entonces, ya no tienes por qué dormir en el suelo.
Le sentí tumbarse y tirar de la sábana para taparse, pero yo la tenía agarrada, así que tuvo que tirar un poco hasta que solté un trozo.
Dieron unos golpes en la puerta.
-Me voy. Que durmáis bien.
Carlos bostezó.
-Eh, sí, vale, gracias.
Y oí la puerta cerrarse.
-Pensé que no se callarían nunca.-dije.
-¡Ah! Si estás despierta.
Me di la vuelta, ya que le había estado dando la espalda.
-Sí, pero estoy hecha polvo... Ya te avisé que esto pasaría.
-Pero valió la pena.
Le sonreí mientras se me cerraban los ojos y él bostezaba de nuevo.
-Sigrid-
Cerré la puerta y ahí estaban, los chicos esperándome.
-¿Vamos?-me dijo David.
-Si, por favor, me muero de hambre.
-Oh, no, ya se está pareciendo a Carlos.
Yo le miré mal.
-Nunca, David, yo soy yo y Carlos es Carlos. ¿Quién es más tonto de los dos?
-Carlos.-dijeron todos al unísono.
-Solo a él se le ocurre irse en medio de la noche.-dijo Blas.
-Con Cris.-dije.
Ellos asintieron.
-Más tonto y no nace.-dijo Dani.
-Eh, pobrecillo, no os metáis tanto con él. Un día, de tanto vacilarle, os meterá una paliza.
Ellos pusieron cara de “¿Qué has dicho?”
-¿Ese? ¿Una paliza?-dijo Blas.-Soñar es gratis.
Yo suspiré. Era increíble.
Llegamos al restaurante y nos sentamos en nuestra mesa.
-Qué silencioso esta todo esto sin Cris y Carlos.
Todos me dieron la razón.
-¿Qué creéis que habrán hecho?-dijo Álvaro.
-De todo menos cosas buenas. Con Carlos nunca se sabe.-dijo Blas.
Todos nos reímos.
Vino el camarero amigo de Cris.
No teníamos ganas de coger nada de desayuno nosotros mismos así que David, el cuál llevaba su amado diccionario español-francés, fue el encargado de comunicarse con el camarero en ausencia de Cris.
Después de quince minutos para pedir el deseado desayuno,tuvimos que esperar otros quince para que nos lo trajeran.
-Venga, vamos a barajear ideas de adonde han podido ir.-dijo David.
Todos le miramos, con una cara diciendo “Qué malo eres” pero nos pusimos a pensar.
-Ah, yo creo que Carlos la ha querido secuestrar y Cris le ha pegado, han tenido una pelea, han venido rotos y por eso ahora no pueden levantarse y tienen que descansar.
Todos nos reímos de la estúpida idea de Dani.
Al rato se me ocurrió a mi algo.
-Yo recuerdo que Carlos le dio su teléfono... Pues creo que igual Cris quería llamar a la policía y no sabía cómo, por eso Carlitos, tan majo él, le dio el suyo sin saber verdaderamente el motivo.
Todos se rieron de mí.
Como si ellos tuviesen ideas mejores.
-Anda, vamos a comer...-dijo Álvaro.
-¡Eh!-dije yo porque me ignoraban.
-A ver, no te ignoramos porque tu idea sea mala, todo lo contrario, era tan bueno que no la vamos a hacer caso.
Yo miré mal a David.
-Tu uso del sarcasmo es frustrante.
-JAJAJAJAJAJA-se rieron a carcajadas.
Yo hinché los mofletes.
Mientras ellos me decían que no me enfadase, (que verdaderamente no estaba enfadada), bajaron Cris y Carlos.
-¡ALELUYA!-gritamos todos cuando les vimos.
Ahora, nos tenían que dar explicaciones.
-Cris-
Abrí un ojo y le vi ahí, despierto.
Al darse cuenta de que le miraba, giró la cabeza y me miró.
-¿No te duermes?
-No puedo.-le confesé.
-Ni yo. Es frustrante.
-Pues sí, porque estoy muy cansada... ¿Por qué cuándo más necesito dormir no puedo?
-Yo tengo sueño y hambre. Pero más hambre.
Suspiré.
-Pues bajemos. Eso sí, nos preguntarán dónde estuvimos.
-¿Y eso?
-Sigrid dijo que se despertó y no nos vio.
-Oh. Bueno, da igual. No hicimos nada malo.
-No, claro. Bueno... Pues me voy a vestir.-dije, destapándome y levantándome de la cama.
-Vale-dijo él, cogiendo el móvil y mirando algo.
Cogí algo de ropa, entré al baño y me cambié rápidamente.
Me hice una coleta baja colocada de forma que el pelo me cayera por el hombro derecho, ya que no era capaz de tener unos pelos decentes.
Salí del baño y él seguía tirado en la cama.
-¿A qué esperas? ¿A que te lleve en brazos?
-Sería un detalle, la verdad.-dijo, levantándose.
-Te toca de nuevo ir en pijama y descalzo por el hotel.
Se rió.
Cogí la llave que había sobre la mesa, la cual creo que había dejado ahí Álvaro para Carlos.
Salimos del cuarto.
Iba a decirle que me bajaba yo y que, cuando se vistiera, bajara él, pero él habló antes.
-Ven conmigo, será mejor que nos enfrentemos a sus preguntas juntos, no vaya a ser que nos falle la coartada.
Me reí.
-Está bien.
Nos metimos en el ascensor con una vieja y un hombre altísimo y cuadrado.
La vieja miró raro a Carlos (no es muy normal ver a alguien recién levantado, despeinado, en pijama y descalzo en un ascensor. Al menos, no en los ascensores que yo frecuento) y los dos nos reímos.
Nos bajamos y andamos por el pasillo.
-Qué mirada más inquietante la de la señora, de verdad-dijo.
-Te desvestía con los ojos.
Me miró con miedo.
-¡Era broma!
-Ah, no me asustes de esa manera.
Se paró delante de una puerta y empezó a buscar por los bolsillos del pantalón del pijama.
Le tendí la llave.
-¿Buscabas esto?
La cogió.
-Dios, ya creí que tendría que bajar a desayunar así. Gracias.
Abrió la puerta y me dejó pasar primero.
La habitación era igual que la nuestra, solo que un poco más grande, para que ellos entraran.
-¿A qué adivino cuál es tu cama?-dije, mientras él buscaba algo de ropa.
-Venga.
-Esa-dije señalando una que, en el cabecero de la cama, tenía un sombrero.
-Ah, pues sí. Bueno, voy a vestirme.
-Claro.
Mientras él se vestía en el baño, yo estuve intentando adivinar a quién pertenecía cada cama y, cuando salió del baño, vestido, peinado y, sobre todo, con zapatillas, decidí preguntarle a ver si había acertado.
-Y esas son de Álvaro, David, Dani y Blas.
-Casi, la de la derecha es la de David.
-Ah, vaya por Dios. Bueno, ¿vamos?
Salimos al pasillo.
-Y ahora hay que hablar de la coartada-dijo él.
-Vale.
-Si preguntan dices que no podías dormir, te pusiste a hablar sola hasta que te contesté, me cogiste el móvi y saliste corriendo, por lo que te perseguí.
Le pegué en el brazo.
-¡No voy a decir eso!
-¿Por qué? Es algo creíble.-dijo, riéndose.-O quizá prefieres decirle que me pisaste cruelmente.
-No te hagas ahora la víctima, que antes me dijiste que no pasaba nada por eso.
Volvió a reírse.
-Todo era broma. Les contaremos lo que hicimos para darles envidia. Y tenemos las pruebas-dijo, mostrándome el móvil.
-Uy, sí, ya verás qué envidia, ellos durmieron el rato que nosotros no.
-Pero nosotros nos lo pasamos mejor.
No le discutí eso.
Entramos en el restaurante o lo que fuera eso y nos dirigimos a la mesa de siempre.
Cuando íbamos a llegar, oímos que gritaban "¡ALELUYA!" y que se ponían a aplaudir.
Nos miramos sin entender nada.
-Aún estamos a tiempo de huir-le dije, por lo que se rió.
Nos sentamos los dos en la mesa.
-Buenos días-dijimos.
-Claro, ahora-dijo Álvaro.
-Mejor tarde que nunca-dije yo.
-Eso-secundó Carlos.
Todos nos miraban, pero nadie decía nada.
-Bueno, hablad-dijo Dani.
-¿Dónde estuvistéis?-dijo David.
-¿Qué hicísteis?-inquirió Álvaro.
-¿Qué hora era?-preguntó mi amiga.
-¿A qué hora volvísteis?- dijo Blas.
-¿Es esto una entrevista?-dije yo, con los que nos reímos.
-Venga, hablad. Si no queréis confesar, vamos a entender entonces que no hicistéis nada bueno...-dijo Álvaro.
-¡Eh, no!-salté-A ver, eran las cuatro y media de la mañana...
-¡Las cuatro y media!-dijo Dani, y nos reímos.
-Sí, y me desperté para ir al baño, pero, como no veía nada, pisé a Carlos y le desperté.
-Me pisaste dos veces, para ser exactos.
-Sí, bueno, las veces que fueran... Me prestó el móvil para que me iluminara el camino y, cuando salí del baño, Carlos estaba ahí y sugirió ir a dar una vuelta.
-¿Una vuelta? ¿A las cuatro y media de la mañana? Ya sabíamos que estabas loco, pero esto ya es...-dijo Blas.
-Eso le dije yo. Pero no tenía nada que mejor que hacer, así que nos fuimos y no sé... ¿Qué hicimos?-le pregunté a Carlos, mirándole.
-Mm... Estuvimos andando por los pasillos, hablando, nos pasamos por la sala común. Sugerí ver la tele, pero al final no lo hicimos y fuimos a la piscina.
-¿Qué fuisteis adónde?-dijo Dani.
-A la piscina-seguí yo-Le dije que estaría cerrada, pero no lo estaba. Quería que nos bañáramos.
-Pero no querías y solo no tenía gracia, así que seguimos con el paseo.
-Me hiciste hacer fotos a las cinco de la mañana.
-También es cierto.
-¿A ver?-dijeron todos.
Carlos les pasó el móvil.
-Dais miedo-dijo David.
Yo miré mal a Carlos y él se rió.
-Bueno, ¿y qué más?-nos apremió Álvaro.
Nos miramos, intentando recordar.
-Emm...
-Pues...
-Ah, ya. Sugeriste que saliéramos fuera, dije que haría frío y volvimos a la habitación a dormir. Y nos dormirmos. Hasta que nos despertásteis. Y ya está.
-Ahhh-dijeron todos.
-Vale, nosotros ya estábamos barajeando otras teorías-dijo Álvaro.
-Sobre todo la de Sigrid. Esa era la mejor.
-¡Eh!-dijo mi amiga, golpeando a David mientras este se reía.
Preferí no saber qué clase de teorías habrían barajeado.
-Bueno, ¿qué quieres?-le pregunté a Carlos-Que yo lo pido y así saludo a mi amigo.
-Qué servicial estás hoy, ¿no? Que si me llevas en brazos, que si me pides el desayuno...
Le pegué y todos se rieron.
Me lo dijo y me levanté a buscar al camarero.
Después de una conversación de más de cinco minutos y medio con él, volví a la mesa.
-¿Se puede saber qué le has dicho para tardar tanto?-preguntó Dani.
-No sé, yo le dije lo que queríamos, hablamos de lo de la cocina y luego dijo que había oído risas por los pasillos de madrugada y que si yo sabía algo, pero le dije que no.
Todos nos reímos de eso.
Estábamos desayunando (obvio solo Carlos y yo, los demás ya habían termiando hacía rato) cuando me sonó el teléfono.
-Es Alberto-informé.
-Anda-dijo Sigrid.
Los demás nos miraban con cara de incertidumbre al no conocer la identidad del tal Alberto.
-Es mi hermano-dije, mientras lo cogía-¿Si? Eeeeeeeey, ¿qué pasa?
Y me puse a hablar con él.
-Si yo te contara lo que nos ha pasado aquí...-dije, mirando a los chicos-Sí, es una lástima que mañana tengamos que volvernos. ¿Cómo que por qué? Porque te voy a tener que volver a ver la cara...
Al oír lo de "mañana tengamos que volvernos" los chicos nos miraron a las dos.
-Ah, ¿vienes tú a buscarnos? Perfecto, entonces mañana te cuento todo, sí. Adiós, feo.
Y le colgué.
-¿Os vais mañana?-dijo David.
Álvaro fingió echarse a llorar sobre la mesa y todos nos reímos. Él al principio no, porque eso echaría por tierra su actuación, pero luego también.
-Sí-dijo Sigrid-No podemos quedarnos más tiempo aquí, vinimos únicamente para estar algo fuera de España y que Cris pudiera echar fotos. 
-¿Y cuándo nos lo íbais a decir?-preguntó Carlos.
-No creíamos que tuviese mucha importancia-dije yo, mirando al plato.
-Bueno, no hagamos de esto un drama-dijo Blas- Tenemos los números. Estaremos en contacto.
-¡Claro!-dijo Sigrid.
Cuando Carlos terminó de desayunar, dijeron que debían irse, ya, por fin, a terminar el vídeo. Último día de rodaje.
Nos despedimos y prometimos que luego nos veríamos.
-¿Y ahora qué hacemos?-me preguntó Sigrid, una vez que se marcharon.
-Podríamos devolver el coche que alquilamos y después, comprar algún regalo. Mi madre está empeñada en que quiere que le traiga una miniatura de la Torre Eiffel. Si no se la llevo, quizá me desherede.
A Sigrid le pareció buena idea, así que eso hicimos.
Llevamos el coche y se lo devolvimos al señor bigote considerable y después estuvimos de tienda y tienda, buscando regalos.
Yo iba canturreando "Die Young", de Kesha, todo el rato.
-¿Por qué estás tan feliz hoy?-me preguntó Sigrid mientras mirábamos un puestecillo de la calle.
-¿Yo? ¿Feliz? Qué va.
Encontramos la deseada figura de mamá de la Torre Eiffel y proseguimos nuestro camino.
-¿Sabes? Tenías razón. Carlos no es tan payaso. Es majo.
-Siempre tengo razón.
-Sí, bueno... No la tuviste cuando dijiste que aprobarías el examen de conducir porque el señor Mateo te dijo que eras buena en ello. Suspendiste.
-¡¿Me lo vas a recordar toda la vida?!-dijo, intentando darme una colleja mientras yo reía, corriendo por la calle.
Después de unas cuantas compras, en las cuales compramos recuerdos para todo aquel de quién nos acordamos, comimos en un restaurante de por ahí y nos dirigimos al hotel a hacer las maletas.
En ello estábamos cuando nos sonó el teléfono a las dos.
"Tengo sueño".
No era más que un WA de Carlos, hablando por el grupo.
"Pues haber dormido, tío", le dijo David.
"Si te sirve de consuelo, yo también tengo sueño", dije yo.
"Me sirve, gracias"
"¿Sabes a quién nos hemos encontrado, Carlos?"
"¿A quién?"
"A tu amiga, la vieja del ascensor."
"NOOOOOOOOOOOOOOOOO".
"¿Qué vieja? ¿Qué decis? ¿Por qué hablaís en vuestro idioma?" dijo Blas.
Era cierto, al entrar Sigrid y yo al hotel, en el hall, nos habíamos topado de lleno con la vieja del ascensor. Yo le había contado a Sigrid el suceso con Carlos y ella se rió bastante.
"Una señora, que desvestía a Carlos con la mirada"
"CARLOS HA LIGADOOOOOOOOOO" dijo Dani.
"JAJAJAJAJAJAJAJA" dijimos todos.
Nos dijeron que ellos aún tardarían en venir al hotel, así que, para no quedarnos en el en nuestro último día, salimos a pasear otra vez mientras hablábamos de nuestras cosas, ya que, desde que el destino decidió cruzar nuestros caminos con los de Auryn, no habíamos tenido tiempo para nosotras mismas.
Aunque ya tenía suficientes fotos, no pude resistirme a hacer algunas más. Ya no por el simple placer de hacerlas, sino porque cada paisaje recogido en ellas, cada calle... Guardan recuerdos y, al verlas, me ayudarían a recordar este viaje del cual no querría olvidar ni el más mínimo detalle.
"¿Dónde estáis?" preguntó Álvaro.
"Bajo la Torre Eiffel".
"No os mováis, vamos para allá".
Al rato, aparecieron por allí, cuando ya oscurecía.
-¿Ya estás con la cámara?-me dijo David.
-Lleva toda la tarde con ella-dijo Sigrid.
Me empeñé en hacerles fotos a todos y, después de eso, dimos una gran vuelta, en la cual les contamos los sucesos de aquel día.
Tras la vuelta y tras que Carlos casi se quedó dormido apoyado en una fuente, volvimos al hotel porque había hambre (adivinad quién la tenía).
Cenamos mientras mi amigo el camarero nos miraba casi con pena, como si supiera que ya no nos vería nunca más en la vida (quizá estaba exagerando un poco).
-¿Y cómo se llama?-preguntó entonces David.
-¿Cómo se llama quién?-dije yo.
-El camarero.
-Ah, pues... No sé.
-¿Es tu amigo y no sabes cómo se llama?
Nos reímos.
-No sé, jamás me he parado a preguntárselo. Para nosotros es camarero y punto.
-Pobre señor...
-De pobre nada-saltó Álvaro-Ha tardado media hora en traernos el desayuno hoy.
Después de cenar, Dani y Álvaro no querían quedarse en el hotel y se pusieron pesados con que saliéramos otra vez.
Nosotras, ya que era el último día y tal, aceptamos ya, que, ¿cuándo volveríamos a tener una oportunidad así?
Caminábamos por el hall cuando de repente señalé a un punto y grité:
-¡Mira Carlos! ¡Es tu amiga!
En efecto, la vieja se encontraba allí, en recepción.
-¡Ah, no! ¡ESCONDEDME!-dijo él, tratando de ocultarse tras Dani, pero con resultados nada provechosos, puesto que Dani era más bajito que él.
Nos reímos de ello y salimos fuera.
Después de unas cuantas vueltas, acabamos tomándonos algo en un bar (adivinad quién tuvo que pedirle las bebidas al camarero. En efecto. David y su diccionario español-francés).
Estuvimos hablando de que no importaba que nos fuéramos, que ellos regresarían un par de días después y que ya quedaríamos alguna vez, que esto no era una despedida para toda la vida como la del camarero (eso lo dije yo).
Largo fue el tiempo que pasamos en ese bar, hablando de todo, como si temiésemos que esa sería la última vez que pudiéramos contarles cosas. Como si fuera la última vez que estuviéramos juntos. Por alguna razón que desconocía, aquella simple idea me quitaba de golpe el sueño que, por culpa de Carlos, tenía.
Decidimos volver al hotel, aunque nos daba pena, ya que lo estábamos pasando muy bien, cuando Carlos prácticamente se durmió encima de Blas.
Una vez de vuelta en el hotel, cuando ya nos íbamos a dirigir cada uno a nuestro cuarto, Dani tuvo una revelación divina (es decir, una idea bastante buena, ah).
-¿Y si hacemos como ayer?
-¿Robar Coca Cao?-dijo Carlos, despertándose de repente.
-No, paso de que me echen otra bronca. Digo lo de dormir todos juntos. Es su último día aquí-dijo, mirándonos.
Sigrid y yo nos miramos.
-Por mí bien.
-Perfecto.
-¡Bieeeen!
-Llego a sugerirlo yo y me pegan.-dijo Carlos, por lo que nos reímos.
Acordamos que, como yo ya sabía dónde estaba su cuarto porque fui esta mañana con Carlos, nos pondríamos los pijamas y subiríamos.
Mientras nos dirigíamos a su habitación, fuimos hablando.
-Les voy a echar de menos.-dije yo.
-Y yo. Jamás pensé que podría coger cariño a alguien en tan poco tiempo como a ellos.
-Si es que se hacen querer, ah.
Llamamos a la puerta y Blas abrió.
-Pasen, señoritas.
Vimos a Carlos y a David peleando salvajemente, uno con la camiseta del pijama y el otro con los pantalones. Las prendas les iban ganando la batalla.
-Creo que vinimos en mal momento...-dijo Sigrid y a mí me entró la risa.
Al final, ambos ganaron.
-Hemos estado hablando-dijo Álvaro-Y hemos pensando que podríamos dejaros una cama a vosotras dos, la de Carlos mismo y él y yo dormimos en otra.
-Carlos duerme en el suelo, ahora Carlos se queda sin cama...-dijo Carlos, haciéndonos reír a todos.
-Pobre Carlos-dijo Sigrid, apiadándose de él y de su alma.
-Bueno, pues vale entonces. Con tu permiso, Carlos-dije, tirándome sobre su cama.
-¿Y cómo sabías que era esa?-me preguntó mi amiga y todos me miraron.
-Por el sombrero-dije, señalando el sombrero de la cabecera.
Todos se rieron.
Nos tumbamos todos en nuestras respectivas camas y apagamos las luces. Tras eso, siguieron unos minutos de silencio.
-¡BLAS! ¡¿Dónde estás?! ¡No te veo para hablar!-dije.
-¡Nada de hablar!-dijo Carlos.
-Nada de salir a las cuatro y media por ahí-le dijo entonces Blas.
Nos reímos de eso.
Hablamos largo tiempo, como ayer.
David fue, de nuevo, el primero en caer en las garras del sueño, seguido por Dani, que dejó a Sigrid hablando sola hasta que Álvaro la contestó que Dani había caído en batalla, pero que él podía cogerle el relevo.
Blas, que estaba en la otra punta y yo hablábamos, hasta que de pronto, me dio otra almohada en la cara y me calló para siempre (de nuevo, volvemos aquí a ver una exageración).
-¿Quién ha sido?-dije, quitándome la almohada de la cara.
-Quién va a ser-dijo Blas.
Me levanté, me encaminé con cuidado a la cama de Álvaro y le di con la almohada a Carlos.
-¡Ah!
-Ahora vas y la tiras otra vez.
-JAJAJAJAJAJAJAJA-se rieron Blas, Álvaro y Sigrid.
Parecería imposible, pero conseguimos dormirnos. Fue toda una proeza, pero sí, nos acabamos durmiendo.
Llevaba, lo que a mi parecer eran minutos dormida, cuando alguien me movió.
-Mamá, cinco minutos más.
Oí una risa.
Risa muda inconfundible.
Abrí los ojos, lo cual me costó bastante, y vi una cabeza al lado mía. La amplitud de esta me hizo saber que era Carlos.
-¿Qué haces?-dije.
-Es o ahora o nunca. Hoy es el último día que podremos hacer esto hasta sabe Dios cuándo.
-¿Qué hora es?
-¡Hora de aventuras!
Me reí, aunque quería no hacerlo.
-En serio.
-Las tres. Bueno, casi. No llega.
Suspiré.
Por un lado tenía sueño, pero por otro, él tenía razón. Si no me levantaba, luego estaría toda mi vida lamentándome de aquel craso error (quizá estaba volviendo a exagerar, porque I love exageración).
-Está bien.
-Síiiiii.
Me levanté y me dirigí al baño.
-Déjame lavarme la cara, si no, me dormiré por los pasillos.
-Sí, hazlo, porque yo te dejaría ahí tirada.
-Mala persona, en serio.
Se rió.
Una vez que me hube lavado la cara, salimos de nuevo al pasillo.
-Pues aquí estamos de nuevo, como ayer, descalzos, en pijama y caminando por los pasillos de un hotel desierto con un camarero sin nombre, un loco suelto y una vieja que te quiere violar.
-¡Nooo!
Me reí.
-Al menos, hoy es más pronto que ayer.
-Sí y hoy no me has pisado.
-Puedo hacerlo, si quieres...
-Déjame un rato para que me lo piense.
Hicimos la misma ruta que ayer, pasando por el bar, la sala común envuelta en oscuridad y, finalmente, la piscina.
Me le quedé mirando.
-Ah, no, ya sé por dónde vas.
Se rió.
-Oh, vamos.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-Bueno vale, está bien.
-JAJAJAJAJA.
-Ahora que esté cerrada y me río.
Empujó la puerta y esta se abrió.
-La suerte me sonríe. Es la suerte de Auryn-dijo, pasando.
Puse los ojos en blanco y le seguí.
-Hoy te ha costado entrar menos que ayer.-observó.
-Será porque hoy sé a lo que vengo. ¿Qué haces con el móvil?
-Avisar a los demás. A ver si se atreven a venir.
-Sigrid-
Estábamos todos dormidos cuando, de repente, todos nuestros móviles sonaron (Cris y yo nos habíamos subido los nuestros e, incluso, hubo un momento en el que ella y Blas hablaron por WA para que Carlos no tirara más almohadas) y nos despertamos.
-¡EL FIN DEL MUNDO!-dijo Dani.
-No, solo son los móviles-dijo Blas.
-Ah, vale-y se volvió a dormir.
-¿Y Cris y Carlos?-observé, ya que mi amiga no estaba por ninguna parte.
-Ya se volvieron a ir. Siempre liándola-dijo David.
"Estamos en la piscina. Veniros"
-¿Vamos?-dijo Blas.
-Por supuesto que vamos-dijo David mientras Álvaro despertaba a Dani.
-Cris-
-Vendrán, seguro. Aunque sea para espiar, vendrán. No sé si se tragaron del todo la coartada de esta mañana.
Carlos se rió.
-Ellos verán, les contamos la verdad.
Dejó el móvil en la hamaca más cercana.
-¿Cómo estará el agua?-pregunté, acercándome al borde y metiendo el pie.-Uh.
-Bien, ¿no?
-Algo fría, diría yo.
-Bueno... Las damas primero.
-¿Qué?
Y me empujó.
Vi toda mi vida pasar ante mis ojos rápidamente antes de caer al agua.
Estaba fría hasta decir Dios mío.
Saqué medio cuerpo fuera, tirándome sobre el bordillo.
-¡TE MATO!
-AJAJAJAJAJA Vale. Anda, ven que te ayudo.
-Qué amable, gracias-dije, con sarcasmo.
Me tendió una mano y, en cuanto la cogí, tiré hacia atrás y, aunque yo caí al agua de nuevo, él cayó conmigo.
-¡DIOS MÍO!-gritó.
-JAJAJAJAJAJAJA Sufre.
-Diooooooooooooos. Está helada.
-¿Qué hacemos?
-Nademos para entrar en calor.
-Eso en Titanic no funcionó. Casi todos murieron.
-Ala.
-¡Te echo una carrera!
-¡Perderás!
-¡Eso si me dejo!
En esto estábamos cuando entraron los demás.
-¡¿Qué hacéis, pedazo de locos?!-dijo David, al vernos.
-Echamos una carrera-dijo Carlos-Venga, apuntáos.
-Ah, qué bien que nos interrumpieran, porque ibas perdiendo-dije yo.
Me sacó la lengua.
-Venga, meteros, que el agua está caliente, ¿verdad Cris?-dijo, mirándome.
-Por supuesto. Está genial.
-¡Vale, os creo!-dijo Dani, tirándose al agua.
Quizá, después de esto, no nos volviera a creer jamás en nuestras vidas.
-¡AH SEÑOR!-dijo, sacando la cabeza.
-Creo que yo voy a pasar...-dijo Sigrid.
-Tienes razón, yo también.-dijo Blas, siguiéndola a la hamaca.
Atrapó a mi amiga.
-¡AHORA ÁLVARO, AYUDA!
Entre los dos la agarraron y se tiraron los tres.
Una vez todos en el agua, empezamos a jugar y a hacer el cabra.
-Chst, un momento, callad-dijo Blas.
En ese momento, oimos la voz de mi querido amigo el camarero, que preguntaba, en su idioma, si había alguien ahí.
Oh.
Pillados.


¡Hola! Aquí estoy yo, @CrisSombrerita, que he escrito el capítulo. ¿Qué tal? ¿Os gusta? Dios quiera que sí.
Besosss


domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo 6: Misión: Cola Cao.

-Sigrid-
Cómo Carlos no callaba, fuimos a cenar, porque si no, como dijo, recurriría al canibalismo, y no quería morir comida por un Carlos.
Fuimos al restaurante del hotel, y Cris saludó al camarero, que cómo ella había dicho eran amigos.
-¿Desde cuándo sois amigos?-dijo Carlos.
-Desde que tú me abandonaste por el helado, desde ese momento, traidor.
Todos reímos, Cris no era rencorosa (bueno, en realidad un poco), pero eso iba en broma, porque en seguida se les pasaban los enfados así que...
El caso es que nos sentamos en una mesa, en la de siempre, y esta vez, Carlos se sentó en el que ya era el “lugar de Cris”, como lo llamaba ella.
-FUE. RA. DE. AHÍ.-le dijo Cris silabeándolo.
-¿QUÉ? ¿Por qué? Ahora no he hecho nada.
-He dicho que fuera, no me vas a quitar el sitio ahora.
-No me voy a quitar.-dijo Carlos con la mirada desafiante.
-Sí te vas a quitar.-dijo Cris, segura.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
Estuvieron así unos 10 minutos, hasta que Cris se cansó, se levantó y se sentó, sola y enfadada en otra mesa. Yo le dije varias veces que viniera, pero ella se negaba y se negaba, cabezota, era un rato.
-Joder Carlos,-dijo Blas.-Cómo la lías en un momento.
-Es que tú también…-dijo Álvaro.
Yo le miré y me miró, cómo si en mi mirada fuese a encontrar todas las respuestas. Pues no, majo, pues no.
-Vete dónde ella y dile que venga, solo a ti te hará caso.
-¿Por qué yo?-dije.-Es Carlos quién la ha liado esta vez, bueno, como siempre.
-¡Eh!-yo le miré mal a Carlos.-Esta bien, esta bien.-dijo.-Iré.
Yo le asentí con la mirada como diciéndole “Buen chico” y se fue donde Cris. 
Se oía su conversación perfectamente, ya que estaba en la mesa de al lado, y no había mucha distancia.
-Cris…-dijo Carlos.
Esta le ignoraba.
-Cris.
Otra vez le ignoraba.
-¡Joder Cris, que quiero arreglarlo!
Esta vez Cris se giró y, al momento, se echó a reír. Carlos estaba con una cara de incertidumbre qué no podía con ella.
-¿QUÉ PASA CONTIGO?-dijo Carlos.
Y Cris se seguía riendo.
-¿Qué? ¿Bien?-le dije.
Se me quedó mirando un momento.
-Oh, tú lo sabías.
-¿Yo? Que ostias lo voy a saber. ¿Pero tú eres tonto?
Los demás chicos se rieron. Pasados unos minutos vino Cris y se sentó en mis piernas mientras los chicos se reían.
-¿Es cómoda tu butaca?-le dijo Álvaro.
-¡Sí, mucho! Aunque tiene bultos.
-No soy la única que tiene bultos, eh Cris.
-Oh, eres una mala persona.-dijo mientras se levantaba.
-¿Ves? También se enfada conmigo, Carlos.
Carlos no hablaba a Cris, ¿por qué? Porque según él, había jugado vilmente con sus sentimientos. Tampoco me hablaba a mí, todo hay que decirlo, porqué le había engañado e insultado.
-Oh, no te preocupes, en seguida se le pasará.-dijo David.
-¿Qué?-dije volviendo al mundo real.-Ah, no estoy preocupada, es un caso y para mañana estará hablando con Cris y conmigo de nuevo.
Nos fuimos de la cafetería, porque en el rato que habíamos estado allí, habíamos cenado, por lo que Carlos no recurrió al canibalismo.
Cada uno por su lado, bueno, nosotras por el nuestro, ellos por el suyo, nos fuimos a la habitación, esperando que mañana nos viésemos.
-Cris, ¿por qué te has ido antes?
-Porque…-se quedó callada.-No lo sé, me apetecía.
-Ya. Claro.
-Que sí, jolín, es un payaso, no sé cómo te puede caer bien.
-Porqué ese payaso es majísimo, deja de ser así con él.-ella me miró.-Por favor, hazlo por mi.-dije haciéndole pucheros.
Ella suspiró y se dio la vuelta en la cama, poniéndose de lado, sin responderme, se durmió.
Una de dos, o no quería responderme o no tenía respuesta y, he de decir, que me decantaba por la primera.
A la mañana siguiente, después de una noche de descanso, empecé a molestar a Cris. No sé porqué, pero me apetecía, y como no sabía otra manera, empecé a cantar.
-¡DALE A TU CUERPO ALEGRÍA MACARENA! ¡QUÉ TU CUERPO ES PA’ DARLE ALEGRÍA COSA BUENA! ¡DALE ALEGRÍA A TU CUERPO MACARENA, EHHH, MACARENA, AY!
-¡SIGRID! CA. LLA. TE.
Y yo seguía cantando.
-¡SIGRID! ¡CALLA, QUIERO DORMIR!
Me callé.
-¡Gracias!-dijo enfadada.
Y cómo la última vez, salté encima de ella, gritando, por supuesto.
-¡DESPIERTA! ¡DESPIERTA!
Estuve así cosa de cinco minutos.
-¡VALE YA! Me levanto, me levanto.-dijo entre enfadada y cansada.
Yo sonreí victoriosa.
Salimos fuera y nos encontramos con los chicos.
-¿Nos seguís o qué?-dijo Dani.
-¿Nosotras? Por favor,-dijo Cris.-Acabamos de salir por la puerta tío.
Cris y Dani se empezaron a pelear.
-¡EH! Venga, ya vale.-dije.-Parecéis críos.
-Tonterías aparte,-dijo Blas.-¿Qué planes tenéis para hoy?
Cris y yo nos miramos.
-Ninguno.
-Oh, entonces podemos ir a ver el museo del Louvre.-dijo Álvaro.
-¡GUAY!-dijo Cris.-Llevaré la cámara y sacaré fotos de los cuadros.
Todos nos reímos.
Nos encaminamos a la salida del hotel.
-Espera, ¿no desayunamos?-dije.
Nos miramos.
-No,-dijo Blas.-no tenemos hambre.
Miramos a Carlos.
-¿Qué?
-¿No tienes hambre?-le dijo Cris.
-No, además, tengo el bolso de Cris.
-Ya, y tú que lo veas.
Nos dirigimos al museo del Louvre y nos encontramos con un par de francesas en la entrada. Nos hablaban, bueno, hablaban a Cris que asentía y asentía.
-¿Qué te dicen?-le dijo Carlos.
-No lo sé.
Las francesas se fueron, riéndose.
-¡EH!-las francesas se giraron-¡TU MADRE, POR SI ACASO!-gritó Cris.
Todo el mundo se giró y nos miró.
-Dios, Cris, te mato, te juro que te mato, que vergüenza...-decía yo por lo bajo.
Los chicos se reían.
-JAJAJAJAJAJAJA.-se reía Carlos.-¡Qué buena! JAJAJA
Con tanta risa, daba miedo.
Paró de reírse y entonces, entramos al museo.
Vimos una señal que ponía “NO SACAR FOTOS CON FLASH” y Cris al momento casi se puso a llorar, pero entonces la dijimos que quitase el flash, que no pasaba nada.
Saco más de 200 fotos, de los cuadros, de nosotros con los cuadros, de las estatuas...
Nos cansamos del Louvre y nos fuimos.
-Nosotros vamos a por algo de comer y nos vemos en la torre en una hora.-dijo Blas.-¿Os parece?
-No nos parece porque nosotras somos dos, y vosotros cinco, además os conocéis París más que nosotras y no es que destaquemos por nuestro sentido de la orientación...-dijo Cris.
-Simplemente no destacamos.-dije yo, terminando la frase de Cris.
-Pues os venís...-dijo Dani suspirando.
Cris y yo nos encogimos de hombros.
Fuimos a un restaurante con una fachada preciosa del cual no recuerdo el nombre.
Nos sentamos en la primera mesa que vimos y esperamos al camarero, que no venía, no venía y le estuvimos esperando cosa de diez minutos.
-¿DÓNDE ESTA EL CAMARERO?-dijo Cris, en español.
Todo el mundo la miró, pero nadie la respondió y siguieron a lo suyo.
Entonces David lo preguntó.
-Où est le garçon?
Todos nos quedamos mirándole.
-¿Desde cuándo tú sabes francés?-le dijo mi amiga.
-Desde que tengo un diccionario español-francés.-dijo mientras nos lo enseñaba.
-Oh.
Todos nos reímos.
Era divertido comer con los chicos, pues, no hacían más que tonterías.
-¡Sigrid! ¡Mira lo que hago! ¡Mira, mira!
-¿Qué haces Dani?
-¿No lo ves? Estoy haciendo una torre con los cubiertos.
-Si que lo veo, no estoy ciega, pero se te van a...
Se le cayeron los cubiertos por todas partes.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA-se reía David.
Este si que daba miedo.
Mientras Dani recogía los cubiertos, los chicos miraban a David asustados.
Ellos rieron por lo de Dani pero, mientras ellos reían, David carcajeaba.
Era increíble que alguien se pudiese reír más que Carlos y, por eso mismo, asustaba.
-¿Y ahora que hacemos?-dijo Álvaro.
-JAJAJAJAJAJAJA.-se reía Carlos junto con David.
Les ignoramos totalmente y seguimos a lo nuestro.
-Podemos ir a un parque.
-Oh, buena idea.-me dijo Álvaro.
-Lo sé.-dije.
Nos fuimos al parque más cercano que había (éramos unos vagos) y vimos un árbol bastante grande, en el que nos podíamos tumbar.
-Voy a escalar un árbol, como los monos.-dijo Carlos.
-Cada uno hace lo que es.-dijo Cris.
Carlos la miro tan mal que Cris se escondió detrás de Dani.
Carlos se caía, miraba al árbol mal y volvía a subir. Así durante 10 minutos. Cuando se canso de caerse, se tumbó a mi lado.
-¡OH NO! ¡LA CÁMARA! ¡ME HE OLVIDADO LA CÁMARA!
-Dios... Cris, por un día no pasa nada.
-Que si pasa Sigrid, si pasa, jolín... Mi cámara... ¿cómo se me ha podido olvidar?
-Cris, no es por nada,-le dijo Dani.-pero la tienes ahí.
Ella miró donde Dani le dijo y ahí estaba la cámara.
-¡MI CÁMARA! ¡MI CÁMARA!
Y se puso a echar fotos a todo lo que pillaba.
Estuvimos un rato hablando de nosotras, de ellos, del mundo, los gorros, nosotras y ellos...
Hubo un momento en el que una paloma se descargó en el hombro de Carlos y después se llevó el sombrero.
Parece ser que la “descarga” de la paloma le importo poco, porque se puso a gritar por todo el parque.
-¡MI SOMBRERO! ¡ESTÚPIDA PALOMA, VEN AQUÍ! ¡DEVUÉLVEMELO!
La paloma igual le entendió, porque volvía hacía él y lanzo el sombrero, que, gracias Dios, solo se le cayó en el agua.
El pobre Carlos se puso a llorar.
Dani se seguía riendo. Ala, otro que daba miedo. ¿Pero que eran, Auryn o Los Risitas?
Entonces, una paloma vino y le hizo otra descarga, esta vez a Dani.
Ahora el que se reía era Carlos.
-¡TOMA!-decía Carlos.-¡POR LAS VECES QUE ME LLAMAS CABEZÓN!
El pobre Dani tenía una cara de asco total. Normal, le había cagado una paloma.
-¡CRIS, CORRE! ¡ECHA FOTOS! JAJAJAJAJA ¡RÁPIDO!-le decía David a mi amiga.
Después de que Cris echase mas de veinte fotos de Carlos y Dani, nos echamos la siesta debajo del árbol.
Al rato nos despertaron los chicos.
A ver, les quería mucho y todo eso, pero podrían habernos despertado un poco más tarde.
Les miramos muy mal, tanto, que Álvaro y Blas se echaron a reír.
-JAJAJAJAJAJAJAJA
-Chicas, vamos.
Eran muy majos pero nos podrían haber dejado un poco más.
-Nosotros nos tenemos que ir.-dijo Carlos.
-¿Qué? ¿Por qué?-dijimos Cris y yo a la vez.
Nos reímos por lo que acababa de pasar.
-Tenemos que terminar de grabar y eso.-dijo David.
Nosotras pusimos cara de pena.
-¡ABRAZO DE GRUPO!-dijo Blas.
Y nos cogió a todos con los brazos, cómo si nos quisiese fusionar con él.
Después de que los chicos se fuesen, Cris y yo nos quedamos en el mismo sitio, mirándonos.
-¿Y que hacemos ahora Cris?
-Pues no lo sé... ¿Vamos al hotel?
-¿Qué opciones tenemos?
-Pues... quedarnos aquí y morirnos de aburrimiento o ir al hotel y morirnos de aburrimiento.
-¿En las dos nos morimos de aburrimiento?
Ella asintió.
Pues que bien.
-Vamos al hotel.
Nos fuimos de ese parque y nos encaminamos al hotel.
Entramos y nos dirigimos a la habitación a dejar las cosas.
-¿Vamos a cenar?-dijo Cris.
-No hay nada mejor que hacer.-dije mientras me encogía de hombros.
Bajamos al restaurante, para cenar, por supuesto, y nos sentamos en la mesa en la que nos sentábamos con nuestros amigos.
-Qué vacío esta esto sin ellos...-dijo mi amiga.
-Si...
Suspiramos.
Nos miramos y nos reímos, porque habíamos echo una soberbia tontería.
El camarero o lo que fuese, no me acuerdo de lo que era, pero tampoco me importaba.
Me metí en mis pensamientos, al igual que Cris. Sé que ella estaba haciendo lo mismo porque había empezado a mirar a un punto fijo.
Si recordaba bien, habíamos llegado a París para el trabajo de Cris, y para pasar tiempo fuera de España. ¿Quién nos iba a decir a nosotras que íbamos a conocer a Auryn, un grupo del que no sabíamos ni su existencia? Éramos demasiado suertudas.
-Sigrid. ¡Sigrid!
-¡AH! ¿Qué? ¿Qué pasa?
-¿Quieres cenar algo?
La miré.
-Emm... Sí, por supuesto. Lo que sea, pide por mi.
-Esta bien.
Se levantó de la mesa y fue donde su amigo el camarero.
Empezó a hablarle. No sabía que Cris sabía francés... Aunque, espera... Me dijo que sabía inglés... Esta niña tenía demasiada suerte.
Al rato, vino con dos bandejas llenas de comida.
-¿Hamburguesas y patatas?-dije.
-Sep. También un batido de chocolate.
-Oh, guay.
Empezamos a comer.
-¿Y tú desde cuando eres tan amiga del camarero?
-Ya te dije, desde que Carlos me dejo sola ese día.
-Oh, es una mala persona.
Las dos reímos.
Desde que habíamos llegado a París, no habíamos tenido un momento para nosotras, ya que conocimos a los chicos y casi no estábamos solas.
Terminamos de cenar y Cris me dijo que estaba cansada.
-Normal, tanta foto que sacas... Además, no sabes estarte quieta.
Ella me pegó una colleja.
-Eh, hacía tiempo que no me dabas una.
Ella me miró como si fuese lo mas normal.
-No me mires así, siempre me estas dando collejas.
Ella río. Era cierto.
Estábamos por el pasillo nos quedaba un cacho, pero no nos apetecía hacerlo andando, así que recorrimos el cacho de pasillo que nos faltaba rodando como croquetas, pero a los minutos, nos acabamos mareando y lo dejamos.
Llegamos a la habitación como si estuviésemos borrachas, pero no lo estábamos.
-Me duele la cabeza.-dijo Cris.
-Y a mi, no te jode.
Nos miramos y ella se río de mi respuesta. Nos quitamos los zapatos y nos tumbamos en la cama sin siquiera quitarnos la ropa y nos dormimos profundamente.
Me desperté sobresaltada, había oído ruidos en el pasillo y risas.
Juraría que había oído las risas de los cinco elementos que Cris y yo sabemos.
Miré el reloj y eran las dos de la mañana. Juro que cómo fuesen ellos, iban a volar ostias.
Desperté a Cris con cuidado, porque si la despertabas a altas horas de la madrugada (o a cualquier hora) se ponía a bufar y lanzar cosas y no había quién la parase.
-Cris, despierta.
-¿Quehhrn qunfjsierksds?-dijo hablando contra la almohada.
-Que te levantes joder.
-¿Qué quieres?-dijo enfurruscada.
-Levanta, que oigo ruidos fuera. Creo que son Álvaro, Blas y los otros.
Se levantó de mala gana, se puso las zapatillas, y salió.
Abrimos la puerta, con miedo. Bueno, ella tenía un palo (qué no se de dónde lo había sacado) y yo estaba detrás de ella. Veíamos la escena, intentando no reirnos.
-Corre Carlos, joder.-decía la voz de Álvaro.
-Álvaro, cállate.
-¡Joder, quiero cola cao!
-¡Que te calles! No sé ni porque te estamos ayudando.
-Porque me queréis.
-Si, lejos de nosotros.
-Joder, vamos.-dijo Blas.
-¿Y tú porque grabas, eh?-dijo Dani.
-Porque es gracioso, ¿te parece?
Entonces nos miraron.
-¡AHHHH!-gritaron Dani y Álvaro.
Salieron corriendo con los brazos en alto, gritando, pero al metro de haber corrido, se cayeron.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA-nos reímos los demás.
-¿Qué se supone que hacéis?-dije.
-Pues...-empezó Dani.
-Carlos quiere Cola-Cao.-dijo Blas.
-Pretende ir a la cocina.-terminó Álvaro.
Cris y yo nos miramos, intentando no reir.
-Vamos con vosotros.
-Eso.-me secundó mi amiga.
-Pues vamos, entonces.-dijo David.
Andamos unos metros y entonces Cris se paró.
-Lo que no entiendo-empezó mi amiga.-es porque vais con los pantalones bajados.
Ellos se miraron.
-Es mas divertido.
Fuimos por el pasillo andando a hurtadillas. Bajábamos las escaleras con cuidado, hasta que, por fin, llegamos al restaurante.
Nos metimos en la cocina, pero claro, si tienes a Cris y Blas hablando todo el rato detrás, es imposible concentrarte.
-Vale, ya hemos llegado.-dijo Dani.
-¿Y que hacemos?
-¿Jugamos a tinieblas?-dijo Cris.
-Venga va.
Me la quedé yo, porque nadie quería, además, todos se empeñaron en que fuese yo.
-Vale, estamos, ¿no?-dijo Blas.-Pues apagar las luces.
Apagaron las luces y yo me dediqué a intentar adivinar a quién tocaba.
Había encontrado a alguien, era uno de los chicos, pero no sabía quién.
-¡Au!-gritó la voz.
-Oh, lo siento... David.
-Me has pillado.-dijo saliendo de su escondite.
Parece ser que le hice daño en el ojo.
Estaba intentado, otra vez, descubrir más escondites y de repente alguien gritó.
-¡ESPARTACO!
Y la risa de Cris.
Me moví hacía donde había oído el ruido. Ahí había una persona. Empecé a tocarle la cabeza.
-Oh, es Carlos. Su cabezón es inconfundible.-dije.
-JAJAJAJAJAJAJA.-se oían las risas de Cris y Blas.
Vale, estos dos estaban escondidos juntos.
Empecé a dar vueltas por la cocina, pero justo cuando iba a por los otros que quedaban, el camarero amigo de Cris encendió las luces y nos empezó a hablar en su idioma incomprensible.
Nos fuimos después de diez minutos de bronca.
-Guau. La primera bronca francesa que me echan.-dijo Carlos.
-Si, la primera y la última.-dijo Blas.
-Nos estaba diciendo que nos amaba.-dijo entonces Cris.
-Claro, sería a ti, como es tu amigo...-dije.
Fuimos por los pasillos, haciendo tonterías todo el rato.
-¡AH!-gritó Carlos.
-¡AHHHH!-gritó David más fuerte.
-¡AHHHHHHHHHHHHHHHH!-gritamos Cris y yo.
Se ve que estaban haciendo un concurso de gritos. ¿Por qué no íbamos a unirnos?
Estábamos gritando cuando, de una de las habitaciones, salió un hombre gritando en su lengua incompresible.
Nos metimos en nuestra habitación corriendo. Es que, ¡el señor había cogido su cachaba!
Al rato de que los chicos estuviesen en la habitación, les dijimos que se fuesen.
-Venga, iros ya.-les dije.
-Pero... ¿qué pasa si el señor sigue fuera?-dijo Carlos.
-Le pego una ostia.
-Ala, pobre señor.
-O se lleva la ostia él o te la llevas tú.
-Emm... No, gracias, estoy bien así.
-Pues eso.
Todos los demás se estaban riendo de la escena que acabábamos de hacer yo y Carlos.
Nos dimos cuenta de que Cris y Blas habían estado todo el rato juntos. Bah, ellos sabrían lo que hacían.
Veíamos que los chicos no se iban, así que les ofrecimos la oportunidad de quedarse a dormir con nosotras.
-¿Queréis dormir aquí, por si acaso el señor sigue fuera?-dijo mi amiga, retóricamente, claro.
-Oh, gracias.-dijo Álvaro.
-¿Cómo dormimos entonces?-dijo Blas.
-Yo puedo dormir con vosotras.-dijo Carlos.
Inmediatamente, le metimos una ostia.
-Parece ser que tenías hambre.-dije.-Tanta, que como sigas así, te comerás otra ostia.
-Carlos, te estas llevando más ostias con ella que en toda tu vida con tu madre.
Nos reímos todos con eso.
-¿Y si lo echamos a suertes?-dije.
-¿Cómo?-dijo Blas.
-Bueno... Cris tiene un dado con vuestras caras.
Se nos quedaron mirando.
-¡Me aburría mucho!-dijo esta.
-Bueno, a lo que iba. Está más que claro que Cris y yo dormiremos en la cama que para algo es nuestra habitación.
-Podemos juntar las camas, y que tres duerman en la cama con nosotras y los otros dos en el suelo.-continúo mi amiga.
-¿Os parece bien?-dije.-Os daremos mantas.
Ellos asintieron. No podían hacer otra cosa.
Juntaron las camas. (Ellos, no nosotras, porque no teníamos casi fuerza)
-Venga, Cris, tira el dado.
Tiró el dado.
-Blas.-dije.
-¡Bien! Me toca cama, me toca cama...-dijo cantando.
Cris tiró otra vez.
-David.
-¡TOOOOOOOOOMA! Me toca cama con Blas, me toca cama con Blas.-dijo yendo a la cama.
Cris tiró por última vez el dado.
-Dani.
-¡VIVA LA VIDA!-gritó.-A mi me toca cama, a mi me toca cama.-dijo cantando al ritmo de la conga.
-Chicos,-les dijo Cris a Carlos y Álvaro.-me parece que os toca en el suelo.
-Osea, que yo me ofrezco voluntario para dormir con vosotras, me pegáis ¿y a ellos no? NO es justo.
-Nadie dijo que lo fuese.-dije.
-Bueno, pues vosotros en el suelo.-dijo Cris.
-Jo.-dijeron ellos.
-Y vosotros en la cama con nosotras.
-¡Bieeen!-dijeron Blas, David y Dani.
Les di un par de mantas y unos cojines que había por ahí.
Carlos, resignado, se tumbó en el suelo con la manta que le dí.
-No quiero oír nada raro ahí arriba, eh.
Y le di con la almohada en la cabeza.
-Oh, al fin alguien le calla.
Todos nos reímos del comentario de David y nos dormimos. Bueno, todos no. Cris y Blas no dejaban de hablar.