sábado, 20 de abril de 2013

Capítulo 18: Sonríe, por favor.

-Sigrid-
Después de que Carlos dijese lo de sacar al perro, no callaba.
-¡Vamos, rápido!-decía.
-Joder, que no se va a morir de hambre.-le dije, algo cansada.
Seguía hablando y hablando y hablando.
-¡Carlos, que te calles!-le gritó Cris.
No miraba por donde iba, pues iba hablando con Dani y David sobre el impacto de los rotuladores de pizarra en el mundo, y me caí al suelo.
-¡AU!
Dani vino donde mi.
-¿Estás bien?
-Sí, sí, gracias.-dije, cogiendo la mano que me tendía.
-¿Ves, Carlos?-le dijo Cris.-Dani no se ha reído de mi amiga.
-Por una vez que no hago nada...
Todos nos reímos.
-¿Jugamos a algo?-dijo Álvaro.
-¿A que pretendes tú jugar en la calle?-dijo mi amiga.
-Yo sé un juego, pero es un poco estúpido.-dije riéndome.
Todos me miraron, esperando a que explicase el juego.
-Solo se puede hablar con preguntas, ¿vale?
-¡AH! ¡Ya sé como se juega!-dijo David.
-Pues nosotros no.-dijeron el resto, un tanto perdidos.-Explicad.
Se lo explicamos y empezamos a jugar.
Llevaríamos como 10 minutos jugando y el primero que perdió fue Blas.
-¡Tengo posibilidades de ganar!-gritó Dani.
Recordemos la habilidad de Dani para ganar siempre. (O casi siempre, porque perdió jugando en nuestra casa)
Seguimos jugando, y la gente ya nos empezaba a mirar raro.
El segundo en perder fue David.
-Vaya...-dijo.-Bueno, no pasa nada. Yo sé que tú puedes ganar.-me dijo.
El orden en el que perdió la gente fue: Carlos, Cris y Álvaro.
Solo quedábamos Dani y yo.
-¡Venga Sigrid, que tú puedes!-me decían todos.
Al final gané yo.
Normal, había jugado toda mi vida con mi hermano mayor.
Y como era de esperar, Dani se hundió en la miseria.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!-decía.-¡¿CÓMO HA PODIDO OCURRIR?!
Álvaro y David le daban palmaditas en la espalda... para luego burlarse de él.
-¡TOMA, JÁ, JÁ Y MÁS JÁ! ¡POR FIN HA PERDIDO!
Y se pusieron a bailar.
Al estar bailando, se chocaron con una señora mayor y casi la tiran al suelo.
-Uy, lo sentimos señora, fue sin querer.
Pero la señora se lo tomó a broma. Incluso les dio caramelos.
-No es justo. ¿Por qué os da caramelos a vosotros y no a nosotros?-se quejó Cris.
-Anda, tomad, envidiosos.-dijo David.
Y nos dieron unos poquitos.
Llegamos a casa y Carlos subió corriendo las escaleras (con mis llaves en la mano, me las había mangado. Maldito.) y abrió la puerta.
Cogió la correa (se paseaba como si fuese su casa) cogió comida (por comida me refiero a chocolate) y bajó.
Nosotros le estábamos esperando abajo.
-¿Y ese chocolate?-dije.
-Ah... he ido a la cocina y lo he cogido.
-Pero si no hay chocolate en casa.
Carlos miró a Cris.
-Da igual...-dije suspirando.
Carlos y Cris andaban por delante de nosotros (si andaban detrás se iban a perder, seguro) comiendo el chocolate y yo llevaba a Choco con Dani.
-¿Puedo llevarlo, por fa plis, puedo?-dijo Dani.
-¡NO! ¡LO LLEVO YO!-dijo Carlos.
-Cállate y come el chocolate.
Cuando dije chocolate Choco se lanzó hacía delante, arrastrando al pobre Dani.
-PUAJAJAJAJAJAAAAAAAAAAAAJAJA.-nos reíamos David, Álvaro, Carlos y yo.
Blas y Cris ni se enteraron, todo el rato dándose besitos.
-¡Prestad algo de atención!-les dijo Carlos.
Se giraron y vieron a Dani en el suelo.
-¿Qué hace Dani en el suelo?-dijo Blas.
-JAJAJAJAJA
Ayudamos a Dani a levantarse y a quitarse el polvo de la ropa y nos fuimos a casa por donde habíamos venido.
Llegamos al portal y no encontraba las llaves.
-Esto... Carlos,... ¿las llaves?
Se empezó a rebuscar por todo el pantalón, hasta que las encontró en la chaqueta.
-Toma.
Abrí la puerta y Choco entro como una exhalación.
-Bueno, nosotros nos vamos.-dijo Álvaro.-Vamos a empezar la grabación del disco y hay que trabajar mañana bastante pronto.
-No pasa nada, existe el WA.-dije, riéndome.
En cambio Cris no se lo tomó como yo.
-¿Entonces mañana no nos veremos en todo el día?
-Existe el WA.-dijo Blas, sonriendo.
Se fueron a la habitación y, a partir de ahí, no sabemos que ocurrió.
-¿Tú no nos vas a echar de menos?-pregunto Dani.
Le miré.
-Por supuesto, sois parte de mi vida ahora.
-¿Y antes no?-dijo David.
-Antes no os conocía.
-Creo que dice en París.-dijo Álvaro.
-Exacto.-dijo David.
-A los pocos días ya os cogí cariño, supongo.-dije.-Mas de una vez Cris y yo lo hemos dicho, sin estar vosotros.
-ABRAZO.-dijo Carlos, en un arranque de felicidad.
Y nos fundimos en un abrazo los cinco. (Cris y Blas estaban en la habitación)
-Bueno, ¿nos vamos ya?-dijo Blas, asustándonos a todos.
-Si, venga. Hasta luego pitufas.-dijo Carlos riéndose.
Cris le lanzó una zapatilla y le dio a Carlos.
-¡ME VENGARÉ!-dijo éste.
Fuimos al salón y me senté.
Cogí mi diario (Si, escribía uno) y me puse a escribir lo que había pasado en el día y lo bien que me lo pasaba con ellos.
-¿Qué haces?-dijo Cris.
-Escribir mi diario.
-¿Tienes uno?
-Desde hace casi dos años.-dije.-Si te lo dije.
-Ah.-dijo.-¿Me enseñas lo que pone?
-Si se llama Diario Personal-le enseñé la portada.-será por algo.
Me miró terriblemente mal.
Dejé el diario y me puse a hacer la cena.
Como estaba cocinando tortilla (Álvaro me había enseñado) me puse con el teléfono y me metí al Twitter y vi un tuit nuevo de Carlos.
“Loveo mucho a @ChocoOfficiall”
Y decidí contestarle.
“@CarlosAuryn Claro, y a mí y a @Cris_Jbieber nada, ¿no? Ya hablaremos tú y yo.”
Claro, a Cris le llegó mi mención y le contestó a Carlos.
“@CarlosAuryn @SigridOneD Me da igual que no me lovee, pero me sé de uno que se va a quedar sin chocolate cuando venga a casa.”
La respuesta de Carlos fue inmediata y un poco... estúpida.
“@Cris_Jbieber @SigridOneD ¿Te refieres al chocolate o al perro?”
No le respondió más, porque nos fuimos a cenar.
-¡BIEN! Te ha salido la tortilla.
-Si.-dije con orgullo.
-Espero que no me mate.
Yo la pegué una colleja.
-Pues estaba muy rica.-dijo cuando acabo de engullir, digo, comer la tortilla.
-Lo sé. Sino, te hubieses muerto.
Esta vez la colleja me la pegó ella a mi.
-Bueno... tengo sueño.-dije.
-¿Sigrid? ¿Estás bien? ¿Te han cambiado por alguien?
-Si, estoy bien. Y no, a no ser que mientras hayas ido al baño me hayan cambiado por otra.
-Yo no he ido al baño.
-Pues entonces no me han cambiado por nadie.
Le dio la risa largo rato por eso.
-Pues si te encuentras mal... Buenas noches.
-Si, buenas noches.
Me puse mi pijama de One Direction (ya dije que los amaba) y me eché a la cama.
Cris me notaba rara, me lo había dicho más de una vez.
Siempre me preguntaba que qué narices me pasaba, pero nunca se lo decía.
Una vez me dijo que si no se lo decía, se pondría a cocinar. Pero... ¿qué le digo yo? Si yo tampoco sabía nada.
Me dormí al momento, pero tuve el sueño más raro de toda mi vida.
Estaba en un pequeño parque, (quizás era El Retiro, ¿quién sabe?) con Carlos, hablando de todo y de nada.
También estaba Choco, muy normal si estaba Carlos. Pero no había nadie más y, de repente, me besó como Blas besó a Cris.
Y justo en ese momento, me desperté.
Pensé que era el reloj, pero no, era el timbre.
Me levanté, me miré al espejo y estaba totalmente despeinada. Habría sido por el sueño, qué sabía yo.
Abrí la puerta y adivinad quién era.
Exacto, los chicos.
¿Qué hora sería?
-Las doce de la mañana y en la cama todavía.-dijo David.-Muy mal.
Yo me reí por no llorar. Justo en ese momento me acordé de la cita de la otra noche.
“Soñar que besas a alguien y luego tener que verle.”
¿POR QUÉ A MÍ? No, si el mundo, como podéis ver, estaba en mi contra.
-¿Ni un abrazo ni nada?-dijo Dani.
-Oh, venga.-dije.-Ven aquí.
Y le dí un abrazo muy largo.
Entonces Blas nos dio sus muy famosos (quizás no, pero para mí sí) abrazos de oso.
-¿Y yo qué?-dijo Cris.
Y nos dimos los 7 un abrazo.
Nos separamos y miramos a Cris.
-¿Os dais cuenta que, cada vez que os abrazáis yo no estoy en el abrazo, verdad?
-Si no te durmieses tendrías abrazo a la misma vez que los demás.
-¡Será posible...!
Vino dónde mi y me dio una colleja con la que me tiró al suelo.
-¡PERO SERÁS CACHO BESTIA! Casi me matas.
-¿Estás muerta?-dijo ella, como si fuese obvio (que lo era)-No, ¿verdad? Pues ya está.
Amigas que te intentan matar delante de tus amigos pero después lo niegan.
No te hagas fan.
Los chicos se divertían de lo lindo.
-Y... esto... Sigrid.
-Dime Dani.
-¿Qué te ha pasado?-me dijo, señalándome.
-Es verdad-dijo Álvaro.-Menudas pintas que llevas.
Me molestó pero era verdad. ¿Y que les iba a decir yo? “Nah, es que he soñado que me besaba con Carlos, uno de tus mejores amigos y me he despertado sobresaltada del susto pero nada más.”
Les decía eso y me cortaban al cuello, que ya me los conocía.
-Esto... yo...-ellos me miraban.-He tenido una pesadilla, nada más.
-¿Pero estás bien ahora?-dijo David.
-Sí, sñi. Perfectamente. ¿Queréis comer algo?-dije, cambiando de tema.
-¡SI!
-Siempre esta dispuesto.-dijo Blas, refiriéndose a Carlos.
Cogí unos bombones que compré unas semanas atrás y los dejé en la mesa.
Me giré y vi a Carlos con, lo menos, 7 bombones en cada mano.
-Te va a dar un empacho.-le dije.
-Ya verás como no, mamá.
-JAJAJAJAJAJAAAAAAAJAJAJA.
Después de que todos desayunásemos, fuimos al salón.
-Me aburrooooooooooooooooooooooooo.-dije.
-¿Cuántas veces tengo que decir que te compres un burro?-dijo David.
-Pero si ya te tengo a ti, con eso basta.
-¡Serás...!
Y me empezó a hacer cosquillas.
-¡PARA JAJAJAJA PARA JAJAJA POR JAJAJA POR FAVOR DAVID!
No podía parar de reírme. Las cosquillas eran mi punto débil.
Cuando vio que ya no podía más, dejo de hacerme cosquillas.
-Uf, uf... Yo te mato.
Nos reímos bastante.
-¿Qué hacemos?
Justo cuando Álvaro pregunto eso le sonó a Cris el teléfono.
Un WA.
-Cris-
Al instante, salté de entre los brazos de Blas, donde me hallaba, intentando protegerme de Dani que me quería despeinar el pelo (y lo había conseguido en gran medida).
-¡OH NO! ¡Y MIRA QUE LE DIJE QUE NO DIJERA NADA! ¡YO LO MATO!
-¿A quién vas a matar?-preguntó mi amiga.
Carlos intentó esconderse tras un cojín.
-AY DIOS, AY DIOS, AY DIOS. TENÉIS QUE IROS.
Acto seguido, cogí a Blas de un brazo y a Dani de una pierna y tiré de ellos.
-Pero Cris, ¿qué pasa?-inquirió Blas, visiblemente preocupado.
-¡Mis padres vienen de visita!
-¿Y qué tiene eso de malo?-preguntó Carlos, sacando un poquito a la luz la cabeza del cojín (bueno, es que este no llegaba a taparle el melón del todo).
-Carlos, cariño mío, no sé si eres consciente de la situación. Le conté a mi hermano lo de Blas y le pedí que no le dijera nada a mi madre y al día siguiente la tengo aquí. Y no solo a ella, sino a mi padre también, ay Dios...
-Huyamos ahora-dijo David.
-¡Yo no quiero irme!-protestó Carlos.
-Ni yo.
-Ni yo.
-Ni yo.
David se les quedó mirando a todos y se encogió de hombros.
-Bueno vale, pues nos quedamos.
-No sabéis lo que decís, no sabéis lo que hacéis...
-Yo es que tengo curiosidad por cómo serán tus padres-dijo Carlos.-Para ver cómo saliste tú así.
-Pero serás sinvergüenza, Sigrid dile algo.
-Algo.
-JAJAJAJAJAJA.
Y los dos chocaron los cinco.
Traidores. Malditos. Conspiradores.
-Como queráis. Luego no os quejéis.
-Nooop.-dijeron todos.
Sigrid y yo fuimos a vestirnos.
Choco quiso entrar conmigo en la habitación.
-No Choco, que luego estás tú y entra la gente. Fuera, vamos. Vete a seguir a tus miles de seguidores en Twitter.
-Guau.
-¡Carlos, llévatelo!
-A ver... Ven con tu tío.
Y, haciendo un uso de una fuerza desconocida hasta entonces por mí y por toda la especie humana, cogió al perro en brazos y se lo llevó cual bebé, mientras Choco me miraba como diciendo "¿Cómo llegué yo aquí?".
Me puse unas mayas negras y una camiseta azul de Superman, la cual me remangué las mangas, me peiné un poco y salí.
Como estaban todos en el salín, allí me dirigí, al sillón donde estaba Blas y le abracé por detrás.
-Aún estás a tiempo de huir, piénsatelo...
Me miró.
-Creo que me quedaré.
-Cabezotas que sois, leches.
Carlos y Choco estaban jugando (bueno, cuando yo fui al salón, Carlos estaba intentando que Choco siguiera gente con su Iphone) y Choco le soltó una patada (porque le dio con la pata) en la cara.
Todos nos reímos escandalosamente mientras Carlos soltaba insultos de todo tipo contra el perro, que le miraba inocente.
-Eh, tú, con mi perro menos. Que será un traidor, pero es mi hijo.
-Yo me meto con quién me la gana. Y si es tu hijo, pues más aún.-me respondió el tío.
-Uy qué chungo te has puesto, ¿no? Toh malote.
-Eh, tú con Carlos menos, ¿eh?-dijo Sigrid.
-Iros los dos al churro.
No tenía ganas de discutir, aunque eso luego acabara en risas o en golpes para Carlos, porque estaba verdaderamente nerviosa.
Iba a matar a mi hermano, de verdad.
Sucio traidor.
¿Es que no me era nadie fiel en este mundo?
Miré a Blas.
Bueno, me quedaba él. A Dios gracias.
Llamaron al timbre.
Todos se me quedaron mirando.
Bueno, menos Carlos, que sólo me miraba con un ojo. El otro lo tenía cerrado por el puñetazo de Choco (bueno, al menos él también me era fiel a veces).
-Iré. Pero como sean ellos, no abro.
Álvaro y Dani se rieron bastante de eso.
-No, mejor Sigrid ve tú que me da miedo.
-Valeeeeeeee.
Fue y volvió.
-Cris, te buscan.
-¿Quién me busca?
-¡Yo!
-¿Y tú quién...? ¡Ah, Pedro! ¿Qué haces aquí?
-¡Pedroooo!-dijeron Auryn por detrás nuestra, imitando a Heidi.
Pedro se les quedó mirando raro.
-Mis apuntes.
-Ah, sí, claro un momento que te los doy.
Fui a mi cuarto a buscarlos.
-Así que tú eres el famoso Pedro.-dijo David.
-Emm... Sí.
-El mismo que le hace fotos a Cris a escondidas.-dijo Blas.
-Yo no...
-Y el que la quitó el sombrero una vez.-dijo Carlos.
-Esto yo...
-¿Chicos? ¿Por qué habéis rodeado a Pedro?-dije, volviendo al salón con los apuntes.
Hasta Choco le gruñía.
-¡Nada, mujer! Sólo queríamos saludar a Pedro, ¿verdad?-dijo David, dándole a este un golpe en la espalda.
-Sí, claro.
-Ah, qué majos. Toma, tus apuntes. Y ahora desaparece y fuera de mi casa y de mi vida.
Salió corriendo con viento fresco.
-¿Qué le habéis hecho al chaval?-pregunté.
Sigrid, Álvaro y Dani aún se seguían riendo en el suelo.
-Nada, de verdad.
-Carlos, de ti no me fío un pelo.
Instantes después, llamaron de nuevo al timbre.
-Sigrid, ve tú.
-¿Y si es Pedro?
-No creo que sea...
Ella fue.
-No, no es. Son tus padres y Alberto.
-AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH PENSÉ QUE ERA UNA BROMA DE MI HERMANO.-dije, corriendo por todo el salón.
-¿Les abro, no?
-¡CORRE BLAS!-dije-¡POR LA VENTANA!
-Pero si vivís en un cuarto piso...-observó Álvaro.
-Bueno, yo abro-dijo mi amiga.
-¡SENTÁOS Y PARECED BUENOS CHICOS!-les ordené.
-Ah, ¿qué no lo somos?-dijo Dani, poniendo ojitos.
-Tú de los peores.
-Ostia.
-Tras de Carlos.
-Siempre yo, tíos. Siempre yo.
-¡Hola, Sigrid! ¡Cuánto tiempo!-oí que decía mi hermano desde el hall.
-Ey, Alberto. Es como si te hubiera visto ayer... ¡Ana! ¡José! ¡Pasad!
Pasaron al salón y mi madre abrió los ojos desmesuradamente al ver tanto chico allí metido.
Choco ladró y fue corriendo a saludarla.
Alberto entró el último, riéndose.
-¿No nos presentáis o qué?
-¡Pero si tú ya les conoces, imbécil!
Sigrid hizo las presentaciones.
-Un placer-dijeron ellos.
Parecían muy formales, pero a ver cuánto nos duraba aquella farsa.
En cualquier momento David se dormiría en el sillón, yo le daría una paliza a Carlos, Dani se pondría a cantar en alto alguna canción sin venir a cuento o algo así y ya se acabó.
No podíamos aparentar ser normales cuando no lo éramos.
Nos sentamos todos en el salón.
Les dejamos a ellos uno de los sillones y nosotros nos sentamos en el otro pero, como no cabíamos todos, Carlos se tiró al suelo con Choco.
Nos miramos intensamente los unos a los otros en el más puro silencio, hasta que mi padre lo rompió.
-Pues si no os importa, hay Fórmula Uno y yo no me la pienso perder.
Cogió el mando y la puso.
Mi madre le miró como diciendo "Hemos venido aquí a conocer al novio de nuestra hija, no a ver carreras de coches" pero a mi padre le importó tres pimientos.
Todos estaban embobados con las carreras.
-Y, bueno... ¿Quién es el novio de mi hija?
-Mamá...-protesté.
-¿Eres tú? Porque eres un niño monísimo. Qué guapo.
-No me mienta, señora-le dijo Dani.
Nos entró a todos la risa.
-No te miento, es la verdad, Álvaro.
-Soy Dani.
-Mi madre siempre está contantemente cambiándole el nombre a todo el mundo, no te preocupes. Si te ha llamado Álvaro, serás para siempre Álvaro para ella.-le informé.
-¿Entonces no es él?
Dani y yo negamos con la cabeza.
-Frío, frío, mami...-dijo Alberto, riéndose.
-Pues entonces eres tú, ¿a qué sí?-dijo, mirando a Carlos- Con esa cara que tienes que dan ganas de achucharte, estoy segura de que eres tú.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Carlos se empezó a reír.
-¡MAMÁ NO, CARLOS NO!
-Pero yo pensaba que te gustaban los rubios.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
-Igualmente, Carlos es teñido.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.
-Se va a ahogar-observó mi madre.
-Ya, lo hace a menudo.
-¿Pues entonces quién es?
Blas levantó la mano.
-¡Ah, David!
-No, mamá, Blas.
-Ah, claro, Blas. Ya me aprenderé los nombres.
Mi padre apartó la vista de la tele y le miró.
-No nos vengas con discursos raros, tipicos de padres de "cuida a mi hija blablabla" ni cosas de esas, ¿eh?-le avisé.
-¿Eres de Alonso?
-Emm... Sí.
-¿Y del Real Madrid?
-Emm... ¿También?
-Entonces pase. Bienvenido a la familia.
Y siguió viendo la tele.
Empezó entonces una conversación entre mi madre y los niños. Ella les preguntaba sobre todo cosas de París, qué tal nos portamos allí, les dio las gracias por recogernos...
Carlos y Alberto se fueron juntos a sacar a Choco, Sigrid no fue por no abandonarme sola ante el peligro, pero casi preferí que hubiera ido con ellos dos porque ellos tenían más peligro que otra cosa.
Dedujimos que se iban a quedar a comer, así que Sigrid y mamá fueron a la cocina y nosotros nos quedamos en el salón, viendo la carrera.
Blas al rato decidió ir también a la cocina para ver si podía ayudar en algo y, mientras, yo jugaba a tirarme sobre Dani y a despeinarle, en venganza por lo sucedido anteriormente.
Pasado un tiempo fui a la cocina a averiguar por qué diantres no me habían devuelto a mi Blas, es decir, por qué este no volvió al salón.
Estaba ayudando a elaborar la comida.
-¿Sabes cocinar?-le preguntó mi madre.
-Más o menos, digamos que algo sé, sí...
-¡Mi hija está salvada! Ella es un desastre, ¿sabes? No tiene ni idea en la cocina, ni limpia, ni...
-Vaya, mamá, qué bien hablas de mí, ¿eh?
-Me limito a decir la verdad.
-Al churro tú también, mami.
-¿Y qué haces aquí sino vienes a ayudar? Ah, como no sabes...
Mi madre, a veces, era un ser cruel.
Abracé a Blas por detrás y apoyé la cabeza sobre su espalda.
-Venía a ver por qué no volvía. Pensé que me lo habíais secuestrado.
-Qué bonito, Sigrid. Creo que voy a llorar.
-Será por las cebollas, Ana.
Ellas dos se rieron.
Se oyeron gritos desde el salón, vete a saber qué pasó en la carrera.
Tras eso, se oyó la puerta de la calle y a Choco ladrar.
Carlos y Alberto aparecieron en la cocina.
-¿Qué se os perdió aquí, eh?-dije yo.
-Nada, pero aquí venimos.
-Ohh, qué bonito, mira, Carlos.-dijo mi hermano, señalándome a mí.
-Oh, precioso. Tan bonito que voy a llorar.
-JAJAJAJAJAJAJAJA.
-¿Por qué nos os vais a dar otra vuelta pero, no sé...Que quizá esta os dure toda vuestra vida?-dije.
-Porque entonces no podríamos reírnos de ti. Por eso.
Salí corriendo detrás de ellos y les alcancé a los dos.
A Carlos le pegué por su última frase.
A mi hermano le pegué por traidor.
-¡Me dijiste que no se lo dirías!
-¡Ah! ¡Yo sólo quería lo mejor para ti!
-¡Ya, claro!
Tras eso, volví a la cocina, dejándoles a los dos, tirados en el sillón, doloridos en algunas partes, pero aún riéndose.
-Sigrid-
Con esto de que sus padres estaban, teníamos que aparentar ser normales pero, ¿cómo hacíamos nosotros eso? Éramos de todo menos normales.
Yo estaba con Ana en la cocina, haciendo la cocina.
Blas también estaba con nosotras pero Cris decía que se lo habíamos secuestrado y que lo quería de vuelta.
-Jo Sigrid, voy a llorar-me dijo Ana.
-Ya te dije que será por las cebollas, seguro.
Estábamos sirviéndolo en los platos cuando oímos gritar a Carlos.
-¡NO SÉ COMO ERES HIJA DE TU MADRE!
Nos acercamos al salón.
-¡PUES PORQUE ELLA ME PARIÓ!-le contestó mi amiga.
-PUES NO TIENES EL CÁRACTER DE ELLA.
-SI HOMBRE, Y TÚ QUE LO DIGAS.
El padre de Cris, José, estaba mirando la escena, pero no decía nada.
-Les podrías decir algo, ¿no?-protestó Ana, refiriéndose a su marido.
-Lo pueden resolver solos, según Alberto están así siempre.
Nos fuimos a la cocina y le dije a Dani si podía ayudarnos a poner la mesa.
-Faltaría más.-dijo.
Y se fue feliz con dos platos al comedor.
-Sin ti Cris estaría perdida.-dijo Dani mientras se iba.
Vaya hombre, lo llega a oír Cris y no se lo que le haría. Le respondí:
-Sabría vivir sola.
Mentira, ella misma lo decía.
Estaban sentados en la mesa, esperando a la comida.
-Ten cuidado mamá, que Carlos come mucho.
-¡Serás traidor...!-le iba a contestar Carlos.
-No pasa nada.-le cortó Ana.-Hay de sobra.
-Ñañañañañañañañaa
Cris le sacó la lengua a Carlos.
Era como una comida familiar, ah.
Y bastante tranquila (algo raro en nosotros, ya sabéis como somos)
José, nada más comer, fue al salón y se puso a ver la tele.
Cómo ya no había formula uno, se puso a ver las noticias.
Todos en el comedor estábamos en silencio.
Hasta que Carlos habló.
-Tengo hambre.
Ana le miró, dado que habíamos terminado de comer no hacía quince minutos.
-Es así siempre.-dijo Cris, recalcando la última palabra.
-Serás traidora.-dijo Carlos.-Sigrid, defiéndeme.
Yo me negué.
-Sabes perfectamente que tiene razón.
-¡TRAIDORA!-gritó Carlos.
-Yo te avisé.-le dijo mi amiga.-Te avisé que ella era así, que te podía traicionar en cualquier momento.
-Y qué razón tenías.
-¡¿Os calláis?!
Los niños no hacían más que reírse.
-Haya paz chicos, haya paz...-dijo la madre de Ana.
Fuimos al salón, entre gritos y risas.
-Ya, pero que yo me quedó sin comer.
Carlos y sus comentarios sobre la comida.
-¿No has comido?-le dijo José.
-Sí, si que ha comido.-respondí.-Pero siempre se queda con hambre.
-Pues será como las vacas, con tres estómagos.
-JAJAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJA.
Nos estuvimos riendo del comentario del padre de Cris como cosa de media hora.
-Bueno...-dijo Cris.-¿No tenéis cosas que hacer? Ir de compras, por ejemplo.
-Cris, que han pillado la indirecta.
-Cállate, traidora.-me dijo en respuesta.
-Si, nos iremos ya, llevamos aquí un rato.-dijo Ana.
-Además, tenemos que hacer compras.
Y después de ese comentario, nos despedimos.
-¡Volveremos pronto niñas!-dijo Ana.
-¡Claro, cuando queráis!-les dijo mi amiga con un sarcasmo bastante obvio.
Volvimos al salón.
Y Blas dijo:
-¿A dónde van a ir si es domingo?
-Qué más da. La cosa es que se fueron. Y menos mal que se han ido...-dijo mi amiga, haciendo que nos riéramos.
Estuvimos hablando de su disco, que, en poco tiempo, había tenido bastantes ventas y eso, que había salido bastante bien, vamos.
-Eso es gracias a nosotras-dije.
-Pero si no nos conocíais.-dijo Carlos.
-Somos Dios y todo es gracias a nosotras.
Eso hizo que nos riéramos bastante.
-Y... ¿qué hacemos?-dijo Cris.
-Tú no sé-dije-Pero yo me voy a pasear a Choco. ¿Alguien viene?
Carlos se levantó.
-Pero que preguntas haces hija mía, que preguntas.
-Lo siento mamá, se me olvida.
-¡AH! Así que te olvidas de mí, eh, vale vale.-dijo Carlos.
Nos reímos y cogí la correa de Choco.
-¡Anda, vamos melón!
-Ya estamos,-dijo el aludido-ya estamos.
Y cogimos puerta y nos fuimos.
-Podemos ir al parque para que juegue con algunos perros.-dije.
-Es buena idea.
-Pues como todas.
-Tú tienes el ego muy subidito.
-Ya dije que era Dios.
-Uhhhhhhhhh. Que chunga se pone la Sigrid.
Le miré terriblemente mal.
Tanto, que le pidió ayuda a Choco.
-Choco, defiende a tu tito.
-¡No le pidas ayuda al perro, gallina!
Fuimos al parque, a ver si había algún perro con el que Choco pudiese jugar.
Estábamos sentados en un banco (y Choco correteando y ladrando) cuando vimos como saltaba y cogía un frisbee.
 “Ese frisbee no es nuestro, ¿de dónde lo ha sacado?”
Entonces vimos a una chica, corriendo tras de Choco y esté, que venía donde nosotros con el cacharro en la boca.
-Jo Choco, las lías como tu tío, de verdad...-dije, quitándole el frisbee de verdad.
-¡EH!
-Lo siento, de verdad-dije cuando estaba la chica.
-Oh, tranquila, me ha pasado varias veces.-dijo, sonriendo.
Entonces caí en quién era.
Ashley.
Ni si quiera la había reconocido, la verdad. Sin tanto maquillaje como llevaba.
-Bueno, esto... Ashley, nos tenemos que ir, nos vemos el lunes.
Ella me dijo que vale, que ya nos veríamos y eso.
-No te cae bien.-observó Carlos.
-No me había dado cuenta.
Sarcasmo puro y duro.
-¿Quieres ir a tomar algo para tranquilizarte?
-Yo estoy tranquila.-le contesté-Vamos a casa antes de que piensen que estamos muertos.
El se rió bastante.
Nos encaminamos a casa, corriendo, pues era bastante tarde.
En verdad iban a pensar que estábamos muertos.
Por el camino, Carlos me dijo:
-En casa os tengo que decir algo.
Y lo dijo serio. Me preocupé.
Llegamos a casa y estaban todos riéndose pero cuando vieron mi cara de “aquí pasa algo” se dejaron de reír.
Carlos tomó la palabra.
-Cris-
-Joder, ¿pero dónde se han ido estos dos a sacar al perro?-preguntó Dani.
-Lo mismo se les ha escapado y están corriendo tras de él...-dije yo.
Todos nos reímos imaginando la escena y, justo en ese momento, los susodichos, junto con Choco, entraron por la puerta y nos vieron riéndonos, pero nos callamos cuando vimos la cara de circunstancia de Sigrid.
¿Habría pasado algo?
-Tengo una buena noticia y otra mala-dijo Carlos.
-¿Os ha pasado algo?-preguntó Blas.
-¿Qué? ¡Ah, no!-dijo Carlos-No, no tiene nada que ver con eso.
-Bueno, nos hemos encontrado con Ashley...-dijo Sigrid, por lo bajito.
-Oh Dios tía, eso es muy fuerte.
Ella y yo nos reímos.
-Bueno, jo, hacedme caso-dijo Carlos, que vio que perdía autoridad por momentos.
Le prestamos toda nuestra atención.
-Dispara, vaquero-le apremié.
-¿Cuál queréis antes, la buena o la mala?
-Déjate y dilo ya.
Él suspiró.
-La buena noticia es que he conseguido casa aquí, en Madrid. La mala noticia es que debo volverme a Alicante.
-¿Y esa es la mala noticia?-dije yo.
Todos nos reímos, pero él no.
-¡Qué bien!-dijo Sigrid-¡Así te tendremos más cerca! ¿Oíste, Choco?
Choco ni oyó, ni quiso oír, porque no estaba en el salón.
Había venido seco el pobre y se había ido derecho a la cocina a beber.
-Así yo tendré paz en mi casa, así como silencio. Y la nevera llena.
-Oh, cállate, Dani.
Tras el gran anuncio, ambos se sentaron en uno de los sillones y comenzamos a hablar menos Carlos, que no pronunciaba palabra, hasta que Dani se puso a jugar con la cadena de música y Álvaro gritaba que apagara eso, que no oía la tele.
Ni el uno apagó la música, ni el otro quitó la tele.
Pasaba el rato y Carlos no hablaba.
Eso era preocupante, es decir, no hablaba.
Estaba en silencio.
Eso es como ver Telecinco sin que te echen anunciones cada dos minutos de programa (yo no lo veo, pero me cuentan que hacen eso...).
Le di un beso a Blas.
Dos, tres.
-Iros a un hotel.-dijo David, tirándonos un cojín.
Se lo devolví con fuerza y casi se cae del sillón.
-Qué bestialidad.
Nos reímos.
Carlos se levantó del sillón y se fue a la cocina.
Nadie se dio cuenta, ya que Sigrid y Álvaro estaban jugando a los anuncios, David se recuperaba del impacto del cojín, Dani seguía mirando nuestros discos y Blas me estaba tocando el pelo y con el móvil, así que me levanté del sillón y le seguí para hablar con él y ver qué hacía en mi cocina, que lo mismo la prendía fuego con algo.
Entré en ella y le vi con la cabeza en la nevera (es decir, estaba hurgando en ella).
-¿Qué buscas en mi nevera?
Al oírme, se dio la vuelta, la cerró y se me quedó mirando.
-Tenía sed-dijo, señalando la Coca Cola que llevaba en las manos.
-Ah, claro.
Se apoyó en la encimera, la abrió y echó un trago, tras ello, me ofreció.
-¿Quieres?
-Mm, claro.
Bebí y se la devolví.
No me gustaba esta nueva versión de Carlos.
Estaba callado, serio.
Eso no era habitual en él.
Estaba acostumbrada a verle con una sonrisa en la cara y siempre, siempre hablando.
Nos quedamos mirándonos por un rato.
Y él ni hablaba, ni sonreía.
Y eso me hacía pensar que algo iba mal.
-Sonríe, por favor-le pedí.
-¿Por qué?
-Porque serio estás muy feo.
-¿Cómo? ¿Así?

-¡Así no, bobo! Así estás peor aún.
Nos reímos los dos.
-Es sólo que no me gusta verte serio. ¿Qué te pasa?
-Oh, nada...
-A mí no me engañas. Te lo noto. ¿Y bien?
-¿No deberías estar por ahí dándote abracitos con Blas?
Fruncí el ceño, le quité la lata, bebí y se la tendí de nuevo.
-Puede, pero mira, estoy aquí, preguntándote qué demonios te pasa porque no has vuelto a decir palabra desde que hiciste el gran anuncio y eso en ti no es normal. Pero empiezo a pensar que preocuparme por ti ha sido un error.
Me di la vuelta para irme, dejándole ahí por imbécil.
-Es sólo que pensé que os importaría más que me fuera.
Me quedé clavada en el sitio.
-¿Y qué te hace pensar que no nos importa?
Le miré.
Dios mío.
Estaba teniendo una conversación seria y normal con Carlos.
El mundo estaba cambiando.
Él se encogió de hombros y se quedó mirando al suelo.
Quién sabe, quizá pensaba o quizá contaba las baldosas.
-Pues tú eres tonto.
Tras mi bello y halagador adjetivo para calificarle, me miró.
-Si tú te vas, ¿con quién me voy a pelear yo? ¿Y a quién voy a pegarle? ¿Y con quién me voy a escapar cuando estén todos dormidos?
Se rió y yo me acerqué un poco a él.
-Mira, puede que te pegue un poco...
-¿Un poco?-dijo, enarcando una ceja.
-Que te calles y escuches. Sí, un poco. Y puede que te grite más que a nadie mil cosas y te pegue patadas y te tire cosas que siempre esquivas... Pero yo te quiero igual que a los demás. Sin ti, no somos los mismos.
Yo no sé si no sabía qué decirme o si le dejé sin palabras con mi discurso, así que tomé ejemplo de él y seguí hablando.
-Cuando no estabas, nos fallaba algo. Y no veíamos el día en que volvieras. Sigrid tenía muchas ganas de volver a verte y, si me preguntan directamente diré que no, pero como nadie nos está escuchando y tú te vas a callar, te diré que hasta a mí me apetecía que volvieras.
Tomé aire para continuar, porque, a diferencia de él, no estaba acostumbrada a los discursos largos y me ahogaba.
-Así que ya te puedes ir quitando de la cabeza la tontería esa de que no te vamos a echar de menos porque te vamos a petar el WA los días que no estés y, si hay que ir a buscarte en mi nuevo y maravilloso coche a Alicante para traerte de vuelta, vamos por ti.
Le puse una mano en el hombro con tono muy, muy dramático.
-Y además, te confesaré una cosa. Yo quería con toda mi alma ese disco de Falete. Lo deseaba.
-Lo sabía, ya te lo dije.
Los dos nos reímos.
-Después de todo lo que he hablado y de todas las cosas tan bonitas que te he dicho, las cuales no volverás a oír porque dudo que vuelva a hablar tanto... ¿Un abrazo? Pero no te acostumbres.
-Eso lo harás tú.
-¿Perdona? Oye que... Mira, no peleemos más.
Volvimos a reírnos y nos abrazamos.
Era raro.
Estaba acostumbrada a abrazar a prácticamente todo el mundo (bueno, aunque ese, el de los abrazos, era Blas) y a los nenes, pero a Carlos, la verdad, poco.
Él se llevaba más golpes que otra cosa y ahora, estar estrechándole entre mis brazos resultaba algo muy... Extraño.
Nos soltamos y nos separamos.
Yo diría que él había pensado exactamente lo mismo.
-¿Entonces no puedo decirle a nadie que me echaste de menos?-preguntó.
-No.
-¿Y de lo que me has dicho aquí?
-De eso un poco, pero nada más.
-No eres tan mala como pensaba.
-Ya te dije que te llevaste una imagen equivocada de mí, yo soy amor.-dije, guiñándole un ojo, y él se río.
-Entonces... ¿Lo decías en serio?
-¿El qué exactamente? He dicho mucho.
-Todo.
-Por supuesto.
-¿Y lo de ir a buscarme?
-Hablaba en serio. Tenemos que visitar a la madre de Sigrid. Quizá podamos aprovechar el viaje e ir por ti.
-Podemos hablarlo.
-Claro. Y ahora vamos, Blas se preguntará dónde estoy.
Iba a salir de la cocina, cuando él dijo "Gracias".
-Ni lo menciones-dije, sonriéndole.
Y entonces me di con el marco de la puerta.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.
-¡NO TE RÍAS!
Volvimos al salón.
-¿Qué pasó?-preguntó Dani.
-QUE ESTABA JAJAAJAJAJAJA Y LA PUERTA JAJAJAJAJAJA Y GOLPE JAJAJAJAJAJAJAJA
-¡VA A IR A BUSCARTE A ALICANTE EL PAPA!-le dije mientras me tiraba sobre Blas.
-Como vaya con su papamovil, tarda ocho vidas en llegar...-dijo Sigrid mientras todos se reían.
-PERO JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.
Cogí un hueso de juguete medio mordido de Choco y se lo tiré.
Qué poco nos había durado la paz, pero ese período breve de tiempo me había bastado para conocer una nueva versión de Carlos, la cuál creía desconocida.
Él también sabía dejar de sonreír.
-Sigrid-
La noticia de Carlos era... inesperada.
Lo peor de todo es que después, estuvo todo el rato callado.
Se fue a la cocina, me imagino que a por algo de comer y Cris le siguió.
Se tiraron hablando un rato y después volvieron.
-¿Qué ha pasado?-le dije a mi amiga en bajo.
-Nada, ya te contaré si eso.
Yo asentí, conforme.
Si algo le pasaba a Carlos o a cualquiera de los chicos, moriría.
-¿Y cuándo te vas?-le dije.
-El lunes.
Nos miramos entre nosotros.
-¿El lunes?-él asintió.
Genial.
-Bueno...-dijo Álvaro.-Nos tenemos que ir.
-Pues eso...-dijo Cris.
-Pues bien...
-Ya vale Sigrid.
-Jo.
Todos nos reímos.
Se fueron todos a la puerta saliendo Carlos el último.
Cris y yo nos miramos y le cogimos del brazo.
-Te echaremos de menos.-le dije.
-Recuerda lo que te dije. Cuando vayamos a La Rioja, después, pasaremos por Alicante.-le dijo mi amiga.
Nos dimos un abrazo muy largo y se fue.
-Vamos a cenar, anda.
Fui a la cocina y preparé algo de cenar. Hacía mucho, mucho calor, así que hice unos sándwiches.
-Vaya. Me sé de una que no tiene ganas de cocinar.-dijo Cris cuando me vio llegar con la “cena”.
-No, es que estamos casi en verano y hace mucho calor, algo como esto vendrá bien-dije-Espera que voy a por las cokes.
Fui a por las coca-colas y comimos, hablando de que haríamos cuando fuésemos a La Rioja.
Era un viaje que queríamos hacer desde hace bastante tiempo.
-Le dije a Carlos que aprovecharíamos el viaje para ir a buscarle a Alicante.
-Ah, pues bien. Ahora que tienes coche.
-Sip.
Cris dijo que se iba a descansar, que tenía sueño.
-No te fastidia, ya tienes el estómago lleno.
Me pegó una colleja.
-¿Tú no te vas todavía?-dijo.
-Nope. Voy a terminar de leer el libro. Me quedan unas pocas páginas.
-Pues que te cunda.
Cogí el libro, En llamas, y lo seguí leyendo.
Ahora tenía otra opinión de Finnick.
Si ya me dijo Cris que Finnick no era así, que era uno de los mejores personajes de la saga...
Me terminé de leer el libro (bastante rápido, a decir verdad) y me fui a dormir.
Estaba demasiado cansada.

sábado, 13 de abril de 2013

Capítulo 17: I miss you.

-Cris-
Abrí los ojos y al principio no identifiqué dónde estaba.
Tras un par de parpadeos, reconocí nuestro salón.
¿Es que nos habíamos dormido aquí? Menudos éramos nosotros.
Levanté la cabeza para observar el panorama.
Vi a Sigrid tumbada en el otro sillón, dormida mitad sobre Álvaro, mitad sobre Dani, al cual le colgaba la cabeza del sillón y a David que estaba tirado en el suelo.
No recuerdo si se tumbó ahí a ver la película o si rodó del sillón durante la noche y acabó en el suelo.
Entonces... Me faltaban dos.
Yo estaba echada sobre Blas, el cual tenía puesto un brazo sobre mí.
Le miré, dormido.
Si no me diera miedo despertarlo, le daría algún que otro beso.
Recordé lo sucedido ayer en mi cuarto, las palabras que me dijo en él, luego, más tarde, durante la película...
Qué íncreible me parecía todo.
Reparé entonces en algo que no me cuadraba demasiado en aquella bella escena entre Blas y yo. Carlos había decidido usarme como almohada y estaba tirado sobre mí, aplastándome.
Refunfuñé, molesta.
Si me lo quitaba de encima, le despertaría y tendría que soportarlo, pero si no me lo quitaba, tendría que soportarle igualmente (aunque fuera su peso).
Lo pensé durante unos segundos.
Si se despertara, que se despertase, a mí no me usaba para dormir.
Con cuidado (para no despertar a Blas) le retiré el brazo que tenía sobre mí y sostuve como pude a Carlos (que dormido me hacía más gracia que despierto y tuve que aguantarme un ataque de risa mortal) mientras me levantaba del sillón.
Chocolate, que estaba justo debajo del sillón, se apartó para evitar que le pisara y me asustó.
Maldito perro oportuno.
Dejé a Carlos de cualquier manera en el sillón, pero me dio lástima (a ver, si es que yo en el fondo mala no era) así que le puse un cojín bajo la cabeza (lo mío me costó levantarla, sin despertarle, digo), cogí el móvil de la mesa y me fui a la cocina, feliz de haber completado mi misión con éxito sin que nadie se hubiera despertado, con Choco tras de mí.
-Nada de hacer ruido, ¿me entiendes? No queremos despertarlos.
Choco, por toda respuesta, no dijo nada (como era de esperar)
Yo y mi extraña manía de hablarle al perro.
Una vez en la cocina, le puse algo de agua, ya que el pobre no tenía y yo, mientras tanto, me estiré.
Me dolía un poco la espalda de haber estado durmiendo toda la noche en aquella postura, pero merecía la pena.
Oh, sí, por Blas, aquello merecía la pena.
-Buenos días, eh.
Me giré y vi a Carlos en la puerta, restregándose un ojo con la mano como un niño pequeño.
-¿Se puede saber qué haces despierto?-le dije, a modo de buenos días.-Se supone que deberías estar durmiendo.
-¿Eres tan alegre por las mañanas?
-Contigo, sí.
-Mm, me he despertado cuando te has ido. ¿Por qué lo hiciste? Estaba muy agusto.
-Si quieres me quedo ahí sin moverme sólo para que tú estés cómodo.
-Sería un detalle de tu parte, la verdad. Eh, Choco, buenos días, ya que tu madre no me los quiere dar...
-Vete al churro.
Le entró la risa con eso.
-Baja la voz, ¿quieres?-le pedí, poniéndole la mano en la boca-Eres un escandaloso.
-Aksljdkhjfjkggkhlkgjkgt.
-¡No me manches de babas!-dije, quitándole la mano y limpiándome en él.
Carlos se seguía riendo, aunque más bajito.
Al menos, a veces hacía caso.
Me senté en la encimera de la cocina.
-Bueno, ¿qué hacemos?
Él se encogió de hombros.
-Tenemos dos opciones. Una, nos quedamos aquí y morimos, dos, les despertamos y morimos.
-¿Tenemos que morir en las dos?
El pobre Carlos no sabía lo que mis opciones siempre suponían.
-Es inevitable.
Carlos y Choco se miraron.
-Está loca-dijo este, llevándose la mano a la cabeza y haciendo un gesto, indicando que se me fue la pinza.
Le hice una mueca con la cara y se rió.
Recordé algo, así que hice ademán de bajarme de la encimera.
-¿Te ayudo?-dijo riéndose, viendo que tenía el suelo lejos.
-Eres tonto, pero así te lo digo.
Rebusqué por los cajones de abajo de la encimera hasta que di con algo y se lo enseñé.
Chocolate.
-Sigrid dijo que te lo acabaste ayer.
-Sigrid no sabe que a veces lo escondo como reserva.
Volví a sentarme de nuevo en la encimera y desenvolví lo poco que quedaba de la tableta de chocolate.
Hice una bola, apunté y la tiré a la papelera.
Encesté.
-¿Quieres?-dije, ofreciéndole.
No tuve que decírselo dos veces.
Se apoyó en la encimera, a mi lado y le tendí la mitad del chocolate.
Me apoyé en su hombro.
-Cuéntame algo.-le dije.
-¿Qué?
-Eso, cuéntame algo.
-¿Cómo qué?
-No sé, si vamos a esperar a que despierten, mejor que hablemos o algo, si no, será muy aburrido.
-No sé qué decir...
-Para una vez que te pido que hables, no sabes qué decir. Íncreible. ¿Y si me hablas de Alicante?
Y así lo hizo.
Cuando se le acabó su trozo, le di lo que quedaba del mío.
No por nada del otro mundo, sino porque vi que lo estaba mirando con ganas y que podría meterme un mordisco en la mano.
Le cogí la mano y la examiné.
-¿Qué haces?-preguntó, curioso.
-Dios mío, si me tapa toda la cara-dije, poniéndomela en la cara.
Y era cierto, por lo que nos entró la risa y casi me caigo de la encimera.
Siempre tenía tendencia a medir mis manos con la gente que conocía, porque estaba acomplejada de tener la mano bastante pequeña (aunque muy grande a la hora de soltar ostias) así que puse la palma de mi mano contra la suya.
-Qué diferencia-le dije, sorprendida.
Su mano era, sin lugar a dudas, el doble que la mía. Sin exagerar.
Tanto, que dobló los dedos y me quedé sin mi mano.
-Yo Tarzán, tú Jane.
-¿Y por qué yo tengo que ser Jane?-protestó.
-Porque la tontería se me ocurrió a mí. Y ahora, devuélveme mi mano.
Y así lo hizo.
Cogí el móvil y miré Twitter.
-¿Qué hora es?-preguntó.
No tenía reloj, así que cogió mi muñeca, vio que tampoco tenía reloj, me quitó el móvil, lo que provocó un "¡Eh!" mío de protesta, miró la hora y me lo devolvió.
-Hay que sacar a Chocolate.
-Vale.
-¿Te vas a venir?
-Pues claro, yo de ti no me fío, te llevarías mi perro y mi felpudo a Alicante.
Se rió.
-Cómo me conoces...
-¿Les traemos algo de desayuno? Porque yo paso de hacerles nada.
Él asintió, riendo.
Fuimos en silencio al salón.
Dani le tenía puesto a Álvaro los pies en la cara, David había rodado un metro en el suelo y Blas estaba tirado cual largo era en el sillón.
Nos hizo gracia, pero no queríamos reírnos, así que nos empujamos porque nos gusta hacer el idiota y fui a mi cuarto a buscar algo para calzarme.
Me metí de un salto en mis manoletinas y cogí el cepillo del pelo.
Lo tenía algo enredado porque Blas me lo había estado tocando durante toda la película y luego a Carlos y a David les pareció gracioso empezar una guerra de cojines durante esta y los golpes volaron. Sobre todo, a mi cabeza.
La verdad, debimos de haberlo sospechado.
Carlos es un experto tirador de almohadas. Ya lo había comprobado en París y aquí no iba a ser menos.
Me peiné, cogí algo de dinero y me giré, para ver a Carlos apoyado en el marco de la puerta, con Choco atado.
-¿Qué esperabas ver, eh?-le dije.
Él se rió.
-Eres tonta.
-Me habló el listo.
Volvimos al salón, donde cogí la chaqueta de Blas y me la puse.
Le di el dinero para que él lo custodiara y administrara.
-¿Nos vamos?-dijo, susurrando.
-Sí, espera, las llaves.
-Vale.
Fui a la mesa del salón y cogí las llaves de una fuente extraña que nos regaló mi madre (la cual no habíamos tirado porque cada vez que venía a casa nos preguntaba por esta y seguro que, si no la veía, nos mataba), salté a David por encima, fui hacia Blas, le dejé un beso en la mejilla y me reuní con Carlos en el hall, que me miraba inexpresivo.
-¿Por qué me miras así? ¿Es que tú también quieres uno? Choco, dáselo.
-Nah, creo que paso.
Salimos a la calle.
-Bueno, pues esta es la tercera vez ya que me escapo contigo cuando esta gente está dormida.-dije, a modo de observación.
-Es cierto, aunque ahora son las once y media de la mañana.
-Y no estamos en un hotel con un camarero raro y una vieja que te quiere violar.
-Gracias a Dios, no. ¿Vamos al Starbucks?
-Por supuesto. Es el único lugar al que sé ir...
Ambos nos reímos y pusimos rumbo hacia allí.
-Carlos, de qué te ríes, a ver.
-Es que me hace gracia.
-¿El qué?
Él negó con la cabeza.
Pero mira que era raro el tío.
-Tú lo sabías-le dije, de repente.
-Oh, yo sé muchas cosas.
Se llevó un golpe.
-Ya sabes a qué me refiero. Tú me diste el número de Blas, tú dijiste que lo que pasaba en París no se quedaba allí. Tú lo sabías.
Se encogió de hombros.
-Yo sabía lo suyo, pero lo tuyo no. Qué sorpresa nos llevamos ayer.
-¿Y no ibas a decirme nada?
-Consideré que era cosa suya.
Y el niño, lo elegante que podía hablarte a veces.
-¿Alguien más lo sabía?
-No, sólo me lo dijo a mí.
-Me extraña, con lo que tú hablas...
-Ya te dije que, cuando es necesario, sé guardar un secreto. Lo que me contaste ayer no lo he contando, ¿eh?
-Aún. Aunque de todas maneras, qué más da ya.
-Igualmente, no lo voy a contar.
-Qué cuqui eres a veces-dije, tirándole del moflete.
Soltó un mordisco al aire y temí por mi vida, pero todo quedó en un susto.
Al llegar al Starbucks, entramos nosotros y dejamos a Choco atado en un lugar donde pudiéramos verle, no porque temiéramos que huyera, sino, porque si nos daba por matarnos, que tuviéramos testigos.
Salimos con las bebidas y entonces nos encontramos con un debate.
Yo era una patosa, entonces, quién sabe qué podría pasar con las bebidas si yo las llevaba, pero por otro lado, Choco podría llevarme volando. Fuera el caso que fuera, yo salía perdiendo siempre.
-Si es que a ver, si no fueras tan poca cosa...
-Oye, cari, a veces, cómo te pasas.
Se rió a carcajadas.
Al final acabé llevando yo a Choco, para demostrarle que podía hacerlo y él, llevaba las bebidas.
-¡Ey! ¿Qué es eso?-dije, señalando a un punto aleatorio.
-¿El qué?-dijo, mirando.
Y en ese momento, le toqué el pelo.
-Ah, es como el de Justin cuando era más pequeño.
-¿Qué?
-Es que este tipo de pelo puede conmigo, de verdad. ¿Puedo hacerlo otra vez?
-Emm... ¿Vale?-dijo, mirándome raro.
Y así lo hice.
-En casa, más.
-Dile a Blas que se ponga el pelo igual.
-Me gusta su pelo y me gusta el tuyo. Punto. Y no le menciones que le echo de menos.
Puso los ojos en blanco y yo me reí.
Pasamos a una pastelería (dejamos a Choco fuera, también. Es un buen guardaespaldas)
-¿Qué les llevamos?-le pregunté a Carlos.
-No sé-dijo él, mirando todo lo que tenía chocolate en la tienda.
-¿Cómo no vas a saberlo si son tus amigos?
-Creo que podría decirte lo mismo. Y más aún, porque Blas es...
-Oh, cállate, ¿quieres?
Se rió.
-Bueno, pues... Esto, y esto y esto.
-Y esto, esto, y esto.
-Sí, me parece bien-dije, estando de acuerdo.
-Y esto.
Salimos de la pasteleria y Choco ladró al vernos.
-Si al final tenías que llevarte algo-le dije, mirándole, tan feliz él con su palmera de chocolate.
-No iba a llevarles el desayuno sin llevarme algo yo. ¿Quieres?-dijo, aunque no me dejó muchas opciones puesto que la partió por la mitad.
-Oh, claro que sí. Muchas gracias.
Él llevaba de nuevo las bebidas y yo en una bolsa lo que habíamos comprado y al perro (el perro por supuesto no iba en la bolsa).
La palmera me dio sed.
-¿Cuál es el mío?
-Este.
Y me dio mi Franpuchinno (Dios, qué haría yo sin él. Sin el Franpuchinno, digo)
-Mira, saluda.
-¿Qué?-dije, sin entender.
-Nada, que mires para la foto.
-¿Qué foto?
-Las que nos están haciendo desde allí-dijo, señalando a tres niñas que sacaban fotos con sus móviles.
-Ojalá luego me recorten a mí-dije y Carlos se río.
-No creo que lo hagan. O quizá sí...
-Bueno, mientras que no se acercen a nosotr... Mierda. Vienen.
-Tranquila, no van a comerte.
-No, en todo caso, te comen a ti.
-Tú se lo impedirías.
-¿Eso crees?-dije, enarcando una ceja.
Las chicas se acercaron y nos saludaron.
Incluso acariciaron a Chocolate.
Creí que me libraría, pero no.
-¿Nos haces unas fotos?
Yo quise llorar, pero no delante de Carlos, que luego me echaría fotos, las subiría por ahí y yo llorando estoy muy fea, así que acepté y les hice fotos a Carlos y a ellas. E incluso a Choco con ellas.
Iba a tener un perro famoso con la tontería.
Me sorprendió incluso que se quisieran echar una foto conmigo.
No sabrían quién era, pero eh, una foto es una foto.
Carlos se rió y echó una foto y luego echamos otra en la que salió él también.
Nos depedimos después de eso y emprendimos el regreso a casa.
-Ha sido de las cosas más raras que me han pasado en la vida-le confesé.
-¿Más que quedarte tirada en una carretera fantasma en París y que te recogan un grupo de hombres hechos y derechos como nosotros?
-Casi. Pensé que iban a matarme por lo de Blas.
-Qué cosas tienes.
-Sigrid es directioner y yo voy por ahí también. Sé de lo que hablo.
-Las auryners no son así.
-Ah, menos mal...
-O quizá es que aún no lo saben...
-¡CÁLLATE!
Entramos en el portal.
-¿Crees que se habrán despertado ya?-le pregunté.
-Lo más seguro.
-¿Y nos habrán echado de menos?
-Eso siempre.
-¿Y si nos hacen preguntas?
-¿Y si Blas me quiere meter una paliza por secuestrarte?
-¿Y si dejas de hacer suposiciones idiotas?
Nos reímos y subimos a casa.
Choco entró corriendo, seguido de mí y finalmente, Carlos, que cerró la puerta de casa que yo me dejé abierta.
-¡AL FIN!-exclamó Sigrid-¿Dónde estábais?
-Trajimos el desayuno.-dije yo, enseñándoles la bolsa.
-Y sacamos a Choco-añadió Carlos.
Le di la bolsa a Álvaro para que hurgara en su interior y fui a abrazar a Blas.
-¡Buenos días!-le dije, con voz cantarina.
-Ah, claro, a él si, ¿no?-dijo Carlos, fingiendo indignarse.
Me quité la manoletina y se la tiré, pero la esquivó. 
Maldito.
Blas me rodeó con sus brazos y me dio un beso en la mejilla, susurrándome, después un "Buenos días".
-Me ha hecho venir corriendo-dijo Carlos.
-¡Mentira!
-¿Por qué?-preguntó David, bostezando.
-¿Tú qué crees?-dijo, mirando a Blas.
-Mentira, no hemos venido corriendo, hemos venido andando deprisa.
-Lo mismo da.
-Oh, pero si ya estáis vestidos y todo, qué monos.-dije, cambiando de tema.
-Sí, menos yo-dijo mi amiga, fiel amiga de los pijamas.
Como Carlos y yo ya habíamos desayunado (recordemos la palmera de chocolate) cogimos nuestros Franpuchinnos (el mío lo que quedaba de este) y nos fuimos a sentar al sillón mientras ellos se mataban en la mesa del comedor por los bollos (bueno, quizá no matarse, pero algo simliar).
Al principio, nos estuvimos peleando diciendo que si este era mi sitio, que si este era el mío, mentira, ahora te empujo, ahora te empujo yo, ahora viene Choco y te ladra (fue a mí. Maldito perro traidor. Salió a Sigrid) que no, que quita tu culo de ahí, no me hagas como en el restaurate, toma una patada que vuela, uy que lo esquivé...
Finalmente, nos sentamos en el sillón sin discutir más porque estábamos hasta las narices.
Los de la mesa no habían empezado a desayunar porque se habían entretenido viendo el espectáculo.
Cogí el mando de la tele para poner algo y puse la 2 porque a veces echaban cosas que molaban, pero Carlos me quitó el mando y empezó a husmear en los canales, lo que provocó una lucha a muerte por el mando hasta que me hice con él y puse "Bag Dog", un programa sobre mascotas que rompían casas y hacían mil dos travesuras.
Nos reímos con un perro sonámbulo, que corrían en círculos dormido, un mono que soltaba puñetazos y un loro que insultaba a todo Dios.
Nos lo pasamos bien hasta que acabó el programa (lo pillé casi al final) y casi lloramos, pero todo quedó ahí, en el casi.
Como Carlos había estado entretenido viendo el programa, pude tocarle el pelo sin problemas, ni quejas, ni mordiscos al aire y luego le dejé unos pelos que el pobre parecía que le había atacado un loco, pero no pasaba nada. No se dio cuenta.
-No sé qué da más miedo, si cuando están regañando todo el rato o cuando están en plan amigos-dijo David.
La mesa del desayuno se río.
-Damos miedo siempre-solucioné yo, para despejar toda duda.
-Así alomejor te recortan en las fotos.
Le pegué y Carlos intentó protegerse, aunque sin mucho éxito.
-¿Qué fotos?-preguntó Sigrid.
-Ah, es que nos encontramos con unas auryners. Se hicieron fotos conmigo, con Choco e incluso con Cris.
-Me daba miedo decir que no. Carlos dijo que a lo mejor se me comían.
Le dejamos a Carlos que contara lo sucedido aquella mañana mientras recogíamos la mesa y yo iba a mi cuarto, cogía los apuntes que Sigrid le pidió a Pedro (odiaba a Pedro pero eh, tenía buenos apuntes y se enteraba de las tareas) y, resignada, me dejé caer en la mesa mientras todo el mundo atacaba los sillones y me dispuse a copiar.
Para mi sorpresa, no era mucho, pero había ciertas cosas de francés.
Maldición.
Qué soledad más solitaria sentía en aquella mesa. Qué desesperación más grande.
Aunque no tuve que desesperarme mucho, puesto que Blas no tardó en sentarse a mi lado. (Si es que era todo un amor, ah.)
-¿Necesitas mi ayuda?
-Tu ayuda... Y a ti.
Carlos se echó a reír y yo le tiré un cuaderno (que volvió a fallar y no le dio. Tenía unos reflejos envidiables el niño).
Pasado un rato, esta era la situación en nuestro salón.
Blas y yo sentados en la mesa del comedor, con los apuntes desparramados en esta. Él tenía un brazo sobre mis hombros, el otro estaba sobre la mesa. Por mi parte, escribía con mi mano derecha mientras que, con la otra, le pasaba los dedos suavemente por el brazo que tenía sobre la mesa.
Los chicos y Sigrid estaban viendo la Mtv, apostando a que al siguiente vídeo salían ellos y comentado los vídeos que iban saliendo. Bueno, eso al menos hasta que Carlos, que estaba más con el móvil que a otra cosa, le dijo a Sigrid que mirara una cosa, se pusieron los cascos y se empezaron a reír como si les pagaran por ello.
-¿Por qué no me sale esta frase?-le pregunté a Blas con suma frustración.
-Has conjugado mal el verbo, ¿ves?
-Soy un desastre.
En ese momento, me sonó el teléfono y Blas me lo alcanzó, ya que me lo había quitado anteriormente porque se lo quise tirar a David por algo que dijo.
"En un ratejo estoy en tu casa, ¿vale, enana? :)"
-Oh, no...-dije.
-¿Qué pasa?-preguntaron todos.
-Es mi hermano. Que dice que viene.
-Al fin vamos a conocer al famoso Alberto-dijo Carlos.
-¡Ah, no! ¿Por qué ahora? Maldito oportuno... ¿Y qué le digo?-dije, mirando a Blas, dándole a entender lo que quería decir.
-No se lo digas-sugirió Álvaro.
-Díselo-aportó Carlos.
-Díselo cuando se vaya a ir-opinó David.
-Espérate antes de decirlo-dijo Dani.
Todos nos quedamos mirando a Blas.
-Pues no lo sé. Haz lo que quieras.
-¿Se lo tomará mal?-preguntó David.
-¿Qué? No, no es por eso. Es porque se va a cachondear de mí todo el rato. Es como vosotros, ¿sabéis? Igualito. Podría ser vuestro sexto miembro, incluso.
-Guay-dijo Carlos.
-Y además se parece mucho a Álvaro-dijo Sigrid.
Puse los ojos en blanco.
-Ya te dije que no.
-Que sí, ya veréis-insistió ella-Será como mirarte a un espejo, Álvaro.
-Oh, eso quiero verlo yo. Estoy impaciente-dijo él.
Todos nos reímos.
-¡Pues si va a venir, tengo que vestirme!-dijo mi amiga, y salió corriendo rumbo a su cuarto.
-Me quiere tanto que se casará con mi hermano para hacerse de mi familia, lo sé-dije, y todos nos reímos.
-¿Qué dijiste?-dijo ella.
-Nada, que te quiero mucho y eres muy guapa.
-Ya lo sabía.
Nos entró la risa tonta con aquello.
Sigrid volvió, vestida y sonó el telefonillo.
-Iré yo-dije, con gran pesar.
En esto que Sigrid y Carlos se miraron y les entró la risa.
Aquello no podía ser bueno.
-¿Qué os hace...? Bah, contesto y me lo contáis.
Abrí a mi hermano el portal y me dirigí al salón.
-A ver, pequeños traidores, ¿de qué os reíais?
Sigrid le dio un codazo a Carlos.
-¿Se la cantamos?-le dijo por lo bajito.
-No, que nos va a matar-le dijo este.
-Bah, seguro que no.
-¿Entonces cantamos?
-¿Cantar qué?-dije yo.
Ellos se rieron y empezaron a cantar gritando, a dúo.
-¡CHIQUITITA SABES MUY BIEN QUE LAS PENAS VIENEN Y VAN Y DESAPARECEN! ¡CHQUITITA NO HAY QUE LLORAR, LAS ENTRELLAS BRILLAN POR TI EN...!
-¡SERÁ POSIBLE OS VOY A...!
Llamaron al timbre.
-Cuando vuelva, estáis muertos.-les amenacé.
Quizá cuando volviera les habría dado algo de la risa, porque vaya carcajadas que se oían desde el salón.
Y sé que las risas no venían por la canción, sino porque esta me había sacado los colores de la cara.
Le abrí la puerta a mi hermano.
Pues oye, al final iba a tener razón Sigrid, se parecía a Álvaro.
-Ey, enana, ¿qué tal?
Le di un abrazo y un beso en la mejilla.
-Bien, ¿y tú?
Se oyeron las carcajadas de Carlos desde el salón, seguidas de la risas de Dani y Álvaro.
-¿No estáis solas?
-No estamos con esto... ¿Te acuerdas de Auryn, ese grupo que conocimos? Bueno, pues están en casa.
-Ah, así que no era una invención de Sigrid.
-No, ella está loca, pero de momento no le ha dado por inventar cosas. Vamos, te los presentaré.
Pasé junto con él al salón e hice las presentaciones pertinentes.
-Vaya, pues yo pensaba que érais una broma de las pitufas.
-¿Pitufas? JAJAJAJAJAJA.
Le di un golpe en el hombro a Carlos.
-¿A ti también te pega?-le preguntó mi hermano, visiblemente interesado.
-No sabes cuánto...
-Te comprendo. Creí que estaba solo en esto.
-Dejaros de hacer las víctimas, anda-les recriminé a los dos.
Mi hermano y Carlos me olían a peligro. Eran la misma clase de persona, solo que una de ellas era mi hermano y la otra... Era Carlos.
-¿Ves, Álvaro, como os parecéis?-dijo Sigrid.
Todos tuvimos que darle la razón al final, porque les hizo ponerse a los dos juntos para compararlos y, la verdad, tenía razón.
-¿Y ahora cuál es mi hermano?-dije yo, fingiendo confusión.
Choco ladraba, infeliz él de que le hiciéramos caso a mi hermano y no a él, hasta que Carlos le dijo no sé qué y se calló.
-Así que este es el famoso perro.-dijo Alberto.
Carlos y yo nos miramos y nos reímos.
-Sí, famoso, sí.
-Creí que a estas alturas de la vida, de vivir con vosotras, se habría escapado ya.
-¿En qué estima nos tienes, eh?-le dijo Sigrid.
Tras un rato de hablar, acerle de rabiar a Choco, a David, a Carlos, a mí, a Sigrid, a mí otra vez, a Choco y a mí, finalmente le dije a mi hermano que si podíamos hablar un momento en la cocina.
-¿Qué has hecho ahora, eh? ¿En qué lío te metiste?
-¿Yo? En ninguno que no pueda salir.
-Siempre estás igual, enana.
Carlos se rió y pude adivinar porqué.
Mientras mi hermano esquivaba un último golpe de Sigrid, yo saqué el móvil y le dije a Carlos "Crees que la presencia de mi hermano ha hecho que me olvide de que tengo que mataros, pero no es así".
La respuesta fue inmediata.
"Piedad por favor"
Llegamos a la cocina.
-Tú dirás.
-Bueno, tengo que decirte algo.
-¿Bueno o malo?
-Bueno.
-¿Entonces por qué no me lo dices con ellos? Me han caído bien. Parecen buenos chicos. Aunque el rubio ese está loco. Y se ríe raro.
-Es Carlos pero bueno, es un caso aparte. No te lo digo allí porque no sé cómo vas a reaccionar.
-Me asustas.
-No, no es nada es sólo es que... Blas, ¿sabes quién es?
-Sí, claro, me lo acabas de presentar hace como cosa de diez minutos. ¿Qué le pasa?
-Pues pasa que él...Yo...Mm... A ver si me entiendes...
-Oh, ohhhhh. Ya lo entiendo.JAJAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJA.
Y se empezó a reír en mi cara.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-Nada, nada, es que... ¿Y cómo lo has hecho?
-¿Cómo he hecho qué?
-Ya sabes.
-¿Es que acaso mi físico despampanante no es lo suficientemente atractivo o qué, eh? Tengo mis encantos.
Ahí nos entró la risa a los dos.
-¿Y tú opinión es...?
-Tú verás lo que haces con tu vida, ya te dije que me parecen buenos chicos. Al menos no es el duende loco ese.
-¿Quieres dejar a Carlos en paz? ¿Y qué si fuera él?

Le entró la risa y no dijo más sobre ello.

-Y ni una palabra a mamá o la tengo aquí en seguida. Y de momento, por eso no paso.

-Descuida, no diré nada.

Volvimos al salón.

Carlos y Sigrid estaban mirando al techo, intentando pasar desapercibidos.

Me acerqué a ellos remangándome las mangas de la chaqueta de Blas, que aún llevaba puesta, Dios sabe por qué y les pasé a ambos los brazos por los hombros.

-Creo que nosotros tres tenemos algo pendiente...-les cogí a los dos, cada uno de un moflete y tiré.

-AHHHHHHHHHH.-Se quejaron ellos.

Tras eso, volaron un par de golpes más.

-Blasjfakhuihrgw Blaudfhsafkksafjsa-dijeron, tratando de que Blas saliera en su defensa.

Pero claro, de qué parte iba a estar si no era de la mía.
Él no era un traidor.
-¿Has visto?-le dijo mi hermano a Blas-Sabe defenderse.
-Ya veo.
Consideré que con aquello al menos por ahora, tenían suficiente, así que les dejé ahí, medio muertos (a ver, estamos exagerando. Nadie murió aquel día) eché a mi hermano de la silla en que estaba sentado y volví a sentarme junto a Blas a terminar de una vez los dichosos deberes.
Choco fue y se puso a darle besitos a Carlos (entendamos que le chupaba la cara, pero así queda más fino y romántico, ah).
Qué monos, así que les hice una foto.
Mi hermano y los chicos hablaron por bastante rato, tanto, que me dio tiempo a acabar (tampoco es que me quedara mucho por hacer, pero lo alargaba por estar sentada con Blas así un rato más).
Ellos le estuvieron contando todo sobre París y lo sucedido aquí recientemente.
Se rió con lo de que Carlos se perdió en el bosque, la vieja y otras chorradas varias.
-¿Y cómo es que mi hermana volvió?
-Porque la trajo Sigrid-dijo Dani.
-Ja.Ja.Ja.Ja. Dejaros de meteros conmigo ya que me estoy empezando a parecer a Carlos en esto.-protesté.
-Entonces te estás volviendo en una persona guapa y sexy.-dijo Carlos.
-Sí, o en una cabezona. Más bien diría que es esa opción.
Tras esto, dijeron que tenían que marcharse.
Blas se levantó de la silla y le cogí del brazo, con dramatismo (el que sentía en ese momento).
-No te vayas-dije, haciendo un puchero.
-Primera angustia por la separación-dijo mi hermano.
-Esperemos que no se ponga a llorar.-añadió Carlos.
-Es capaz.
-¡CALLAROS LOS DOS LA BOCA!
Mientras todos intentaban despedirse en el salón y Carlos corría tras Choco que le quitó el sombrero (ah, ¿qué se lo había traido? Pues esta mañana no lo llevaba puesto. ¿Y ayer? La verdad, no me fijé) yo cogí a Blas y me lo llevé al hall.
Me apoyé contra la pared y le pasé los brazos por el cuello, acercándolo a mí.
-No te vayas-le repetí.-Que se vayan ellos. Tú quédate.
Él sonrió.
-Si pudiera, lo haría. Pero alguien tiene que cuidar de ellos.
-Pues tienes razón. Son unas causas perdidas.
-Pero volveré pronto.
-¿Cuándo es pronto?
-Esta tarde.
Le sonreí y se acercó más a mí.
-¿Qué dijo tu herman...?
Le interrumpí besándole, soltándome al fin todo lo que me había reprimido por la presencia de mi hermano. Que no era porque sintiense vergüenza, en absoluto, sino porque, como ya dije, se hubiera empezado a reír y eso cortaba un poco el rollo, quieras que no.
Me separé un poco para contestarle.
-Que menos mal que no eras Carlos.
Me reí sobre sus labios y volví a besarle.
-¡QUÉ BONITO, QUÉ BONITO, QUÉ BONITOOOOOO!
Nos giramos y vimos ahí a nuestros amigos y a mi hermano, cantando y dando palmas.
Abrí la puerta de la calle.
-¡Fuera de mi casa inmediatamente!
Ellos salieron riéndose.
Blas fue el último, se despidió, me dio un beso en la mejilla y salió.
Una parte de mí se fue con él.
-Vosotros dos... ¿Sois tontos o qué?-le dije a Sigrid y mi hermano.
Ellos se reían.
-Oh, vamos, enana, no te enfades.
-Sí, porque...
-¡CHIQUITITA SABES MUY BIEN, QUE LAS PENAS VIENEN Y VAN Y DESAPARECEN!
-No me digas que Carlos también te ha enseñado a ti la canción...-dije.
-Sí-dijo mi hermano, muy orgulloso.
Suspiré y me tumbé en el sillón.
-Tengo hambre.
-Pues ahí tienes la cocina.
-No me has entendido.
Sigrid miró el reloj y consideró que ya era hora de ponerse a hacer la comida, así que fue a la cocina, dejándonos a Alberto y a mí en el salón.
-¿Vendrás más veces?-le pregunté.
-Siempre vengo a verte.
-Me refiero a con los niños.
-Supongo que sí, me han caído muy bien y son buena gente. Si me queréis por aquí, no tenéis más que decírmelo.
-Mm. Lo tendremos en cuenta.
-¿Y qué es eso de esconderse para darse besitos, eh, eh?
Le tiré un cojín.
-¡Oh, cállate!
Se fue a ver si podía ayudar en algo en la cocina y yo me aburría, así que cogí y eché mano al móvil para entrar en Twitter.
"A @CarlosAuryn le muerden los patos"
Tenía hambre de verdad, la palmera compartida con Carlos de aquella mañana se veía muy lejana, así que decidí preguntarle a Sigrid qué tal iba la comida.
"@SigridOneD ¿Y aquí en esta casa cuándo se come? Att: Una amiga con hambre"
Empecé a jugar con Choco a tirarle un zapato mío de estar por casa que Dios sabe dónde lo encontró porque se me perdió hace meses hasta que me llegó una mención.
"@Cris_Jbieber Aquí se come cuando la comida está hecha y, si la quieres más rápido, aprendes a hacerla. Att: Una amiga que te lovea"
Ya, claro. Cuánto amor.
Choco se emocionó con el juego y me tiró el móvil al suelo.
-Jo Choco, así no, eh.
Quiso coger mi móvil.
-¡No te lo comas! ¡Maldita sea! ¡No te comas el móvil!
Al final pude quitárselo a tiempo de ver otra mención.
"A @Cris_Jbieber la odian los perros"
Maldito sea Carlos.
Se acordaba de cuando me mordió el chucho ese por el parque aquel. Qué memoria.
Iba a responderle, pero olí a comida y fui a la cocina.
Comimos en paz, armonía y tweets contra Carlos porque la batalla de Twitter continuó y acabaron hasta Sigrid, Dani, Álvaro y mi hermano metidos en ella. Acabamos en empate a uno.
-Bueno, debo irme ya.-dijo Alberto.
-Claro, ahora que ya has comido, no te digo...-le dije, por lo que nos reímos.
-He quedado con Jose y estos, no por otra cosa. Si no, me iría con Auryn y vosotras dos. Que tengo que vigilarte a ver qué haces, ¿eh?
Le pegué.
-Pero mira que eres idiota.
Se despidió de nosotras y se fue.
Sigrid fue a la cocina a fregar (pobre, a ella le tocaba hacer de todo. Qué mala ama de casa era yo. Mi madre siempre decía que pobre el que viviera conmigo) y yo la seguí y me senté en la encimera, a su lado.
-Tú y yo tenemos que hablar-me dijo.
"I miss u"
-Pues habla.
-¿Cuándo ibas a decirme lo de Blas? Creí que no había secretos entre nosotras.
"I miss u too"
Sonreí y levanté la cabeza del móvil.
-Es que no lo sabía.
-¿Qué no lo sabías?
-No.
-¿Te enamoras de alguien y no lo sabes?
-Pues no, no es algo como un dolor de cabeza, que te levantas una mañana y dices "Vaya, qué dolor de cabeza tengo". No te levantas y dices "Vaya, me enamoré".
-¿Y cuándo te diste cuenta?
-No lo sé con certeza... Pero lo sé.
-Ya se te ve en la cara.
"Venid prontito :3"
-De verdad, Sigrid, si lo hubiera sabido, te lo hubiera dicho.
Me sentí algo mal, porque había pensando en no contarle lo que le conté a Carlos.
"Estaremos allí antes de que te des cuenta :)"
-Lo sé.
-Pero sí que pasó algo que no te conté.
Y se lo dije.
Volvimos al salón.
-Blas dice que estarán aquí en un rato.
-Bien. Iré a ducharme.
-¡Oh, yo también quiero! Pero bueno, tú antes. Pero no te tires tres horas, eh.
-Que noooo, tranquila. Qué fama tengo.
-La que tú misma te has creado.
Se fue a duchar y yo me quedé en el salón, hablando con Blas con WA, contando, básicamente, los minutos que quedaban para que volvieran.
Encendí la cadena de música y subí algo el volumen, aunque no demasiado para no despertar a algún vecino en caso de que durmiera la siesta y me puse a bailar y a cantar por todo el salón.
Choco estaba tumbado en el suelo, echado en la parte dónde solía ponerse Carlos, mirándome, lloriqueando.
-¿Qué te pasa, cari? ¿Echas de menos al tito Carlos? No te preocupes, que vendrá pronto. No sé cómo le has podido coger tanto cariño. Si fueras tía, te diría que te has enamorado. No, no me mires así. No me digas que con Blas es lo mismo porque no, tú eres un perro y... ¿Por qué te estoy diciendo esto?
Vi que tenía algo entre las patas, que pronto reconocí como el sombrero de Carlos.
¿No era el que se "cayó" accidentalmente a la piscina?
Se lo quité, se lo puse en la cabeza, le eché una foto y se la envié a Carlos por WA.
"Lloraba con el sombrerito porque te echa de menos. Pero el perro, no yo, no te vayas a pensar cosas raras. Así que venid pronto".
"JAJAJAJAJAJAJA Está muy guapo con el sombrero. ¿Qué Choco llora por mi ausencia? Podías aprender de él un poco, la verdad. Estaremos allí pronto, hay que sacarle. Dios, qué foto más buena. Me la quedo".
"Claro que está guapo, salió a mí en eso. JAAAAAAAAAAAAAA Las ganas que tienes tú, majo. Sí, eso. Ven a sacarlo. Una pregunta, ¿ese sombrero... Es el que te tiré a la piscina? ¿Por qué lo has traído?".
"Claro, claro. JAJAJA Qué mala eres. Sí, es el mismo. Te lo iba a dar ayer, para que tuvieses un recuerdo de que eres una ejem, asesina de gorros, pero como te fuiste a tu cuarto y luego pasó lo de Blas, pues... No vi el momento".
"Yo no soy mala, eh. No te lleves impresiones erróneas de mí. Oh, ¿un regalo? QUÉ CUQUIIIIIIIIIIIIIIIIS. Te lo agradezco aunque ahora está un poco mordido, así que creo que Choco y yo lo compartiremos..."
Dejé el móvil en la mesa y seguí cantando y bailando, hasta que Sigrid apagó la música.
-PARTY IN THE USA UHHHHH.
-Cris, ¿qué haces?
-¿Eh? ¿Oh? ¿Yo? Nada, cantaba y eso... ¿Has visto qué mono está Choco?
-¿Y ese sombrero?
-¿No lo reconoces? Es el de Carlos, que se bañó en la piscina. Nos lo ha regalado.
-Ya. Bueno, tú turno.
-VOYYYYYY.
Una idea me había estado rondando la cabeza desde esta mañana, así que, cuando entré al baño, me dirigí al mueble que había bajo el lavamanos y rebusqué. 
¡Síiiiiiiii! ¡Aquí estaba!
Gel de chocolate.
Sigrid me lo tenía escondido porque si no, me lo comía. (A ver, no soy tan tonta como para comerme un bote de gel, pero... HUELE TAN BIEN QUE... Dejémoslo).
-Sigrid-
Cris se metió en la ducha, para estar preparada cuando viniesen los niños.
Yo estaba esperando en el sofá, leyendo el libro de “En Llamas” que todavía no lo había terminado, me quedaban unas pocas páginas.
Iba por la parte en la que Peeta casi se muere pero que luego viene Finnick (que no me caía nada bien, la verdad, le veía un malvado) y, justo en ese momento, me habló Carlos por WA.
“¿Va a sacar Cris a Choco hoy?”
“No lo sé, igual lo saco yo hoy”
“Yo hoy no lo saco” dijo Cris, vaga ella.
“Pues lo sacaré yo hoy”
“¡BIEN! Te acompaño”
“Eso, así le enseñas tus dotes de César Millán a Sigrid” le contestó Cris.
En esas, llamaron a la puerta.
Me levanté a abrir y eran los chicos.
-¡SORPRESA!-dijeron ellos, riéndose.
-¡Hoooooooooooooooola!-dije.
-¿Cris?-preguntó Blas mientras se dirigía con los chicos al salón.
-En la ducha, ahora sale, aunque tarda una eternidad.
-Ah, vale.
Pusimos la tele y, cinco minutos después, salió Cris, vestida claro.
-¡BLAS!-dijo mientras se echaba en sus brazos.
-Mucho amor por aquí.-dijo Álvaro.
Cris le miró terriblemente mal.
En esto que Carlos dijo:
-Oye, ¿qué bien huele, no?
Todos nos lo quedamos mirando extrañados.
Entonces se giró y se inclinó hacia Cris.
-¡Ey! ¿Qué haces?-dijo esta, intentando empujarlo hacia atrás.
-¡Eres tú!-dijo él-Hueles a chocolate.
-Esto, yo...
Empezaron a hacer el imbécil corriendo por el salón, hasta que Cris llegó al hall, abrió la puerta de la calle y salió corriendo al portal. Carlos no se quedó atrás y salió corriendo también y Choco iba detrás de ellos, ladrando.
En el portal se oía el eco de risas, gritos y ladridos del perro.
Cuando dejaron de oírse, nos asomamos a la ventana, a ver qué había sido de ellos y les vimos ahí debajo.
Carlos había agarrado a mi amiga y esta le soltó una patada que esquivó.
Choco corría alrededor de ellos, ladrando y dando saltos.
-¡COMO ME MUERDAS, TE ENTERAS!
-¿Cuándo dejarán esos dos de hacer el imbécil?-dijo Álvaro.
-Si es que siempre son los mismos.-dijo Dani.
-Si son tontos, son así...
Blas se nos quedó mirando mal.
-¡TE DIGO QUE NO ME MUERDAS!
-¡GUAU, GUAU!
Como Cris se resistía, la acabó cogiendo y la levantó del suelo.
-¡Bájame, tengo vértigo!
Pero Carlos no hizo caso y se dirigió al portal, con Choco ladrando y Cris soltando patadas al aire a diestro y siniestro.
Volvimos a sentarnos en el salón.
Al cabo de unos minutos, Cris volvía al salón por su propio pie.
Carlos tardó un minuto más, frotándose con la mano la mejilla derecha, seguido de Choco.
-¿Qué pasó?-preguntó David.
-Subió las escaleras andando conmigo como si fuera un saco de patatas-dijo ella-Se cansó en el segundo piso. Y entonces, al dejarme en el suelo...
-Sí, sí, no hace falta que lo cuentes, pueden hacerse una idea-dijo Carlos, aún con la mano en la cara.
La risa por aquello nos duró como veinte minutos.
-¿Vosotros no ibais a pasear el perro?-nos dijo Dani a mí y a Carlos.
-Cuanto amor nos tenéis, cuanto amor.-dije, levantándome para coger la correa.
Ellos se rieron bastante.
Cogí mi amada chaqueta de cuero (falso, pero no pasa nada) morada y le puse a Choco la correa.
-¡Vamos Carlos o te quedas aquí!
Él vino corriendo.
-Vamos.-dijo.
Cogí las llaves de casa antes de irnos y... nos fuimos.
-Espero que no me ataquen tus fangileantes como a Cris.
-¿No eres sombrerita?
-No soy nada, soy Sigrid.
Le dio la risa con eso.
-Tengo hambre-dije-Voy a por una bolsa de patatas.
Le deje fuera con el perro (porque Cris me había dicho que, si entraba, se llevaría toda la tienda) y cogí lo prometido.
Salí y... estaba con unas fangileantes.
¿Por qué cuando estaba yo?
-Carlos-dije. Él y las niñas me miraron-¿Vamos?
-Claro.
-No, espera.-dijo niña x.
Yo la miré.
-¿Nos podemos sacar una foto con tu perro?
Yo me quedé a cuadros, ¿mi perro?
-Si, por fa, ya le seguimos en Twitter y todo.
-Oh. Sí, lo que queráis.
Se sacaron mil y siete fotos con el perro, Carlos y el perro, yo (no preguntéis por qué), Carlos y el perro.
-¡Muchas gracias!
Cuando estuvieron lo suficiente lejos, le reñí a Carlos.
-¿Un Twitter? ¿A mi perro? ¿En serio?
Él se rió.
-¿No me vas a pegar?
-¿Cuándo te he pegado yo?
-Bueno... en París me pegabas.
-¿Estamos en París?
-No, pero casi me matas.
-¿Pero no te has muerto, no? Pues ya esta.
Fuimos a un parque de perros y solté a Choco.
-¿Y que tal te va lo de artes?
-Oh, bastante bien.-dije.-Lo tengo aprobado, seguro.
-Bien. Sigue así.
-¿Me lo dice el que dejo filología inglesa porque era aburrido?-dije, sarcásticamente.
-¿Y tú como sabes eso? ¿Te lo ha dicho Cris?
-No, Wikipedia.
-JAJAJAJAAAAAAAAAAAAJA. No pensé que buscases sobre mí en Wikipedia.
-Y no lo hice.-me miró.-Vale, sí, lo hice. Pero es que tengo más clases a parte de arte. También tengo música, que la tengo por optativa. Y claro, si me mandan un trabajo sobre mis cantantes favoritos no voy a poner a Beyoncé, voy a poner a Auryn.
-Pensé que eras Directioner.-dijo, confundido.
-Y lo soy pero es que mi profesor esta cansado de ellos. No te rías, es verdad. Dijo que como le diese otro trabajo de One Direction me suspendía y tú también me gustas, es decir, Auryn.
-Claro.-dijo-¿Vamos ya?
-Si, venga.
Llamé a Choco, que vino al momento y le puse la correa.
-Tranquilo, que lo llevo yo.
-Oh, no eres como Cris.
-Pero si me pregunta que si has hecho dotes de César Millán le diré que si.
-Vale.
De camino a casa me di cuenta de que todavía no nos habíamos comido la bolsa.
-Cómo no nos la comamos ahora, en casa no podremos comer.
-Cierto.-me secundó.
Y abrimos la bolsa.
A Choco le di unas cuantas.
-No le des eso al perro, es malo.
-A ti te doy chocolate y no te pasa nada.-dije.
Me miró tan mal que le dije a Choco que me protegiese.
Eso sí, cuando llegamos a casa, ya no había patatas.
-Tío, cuanto comes.-le dije.
Y era verdad, se había comido la mitad de la bolsa. (Como yo, todo hay que decirlo)
Subimos a casa, y todos estaban en el salón, despatarrados por el suelo.
-¿Hola?-dijimos.
-¡HAS VUELTO!-dijeron Cris y Dani.
Y se tiraron a mis brazos.
-Claro, y a mi nada.-dijo Carlos.
-Es que a ti te tenemos muy visto.-dijo Dani.-A ella no.
Dejé pasar el momento y me acerqué a Choco.
-Bebé, el tito Carlos te ha hecho Twitter, ¡eres famoso!
-¡¿QUÉ HA HECHO QUÉ?!
-Esto, Cris... Tranquilízate.-dijo Carlos.
-Bebé, tranquila, vale. Yo se lo consentí.
-Traidora.-dijo.-Pero te quiero.
Nos reímos mucho con eso.
-¿Hacemos algo?-dijo David.
Pobre, él, David y Álvaro casi nunca hablaban.
-No sé, Cris dirá.
-Cris-
-¿Y por qué tengo que decirlo yo?
-No sé, siempre tienes buenas ideas-dijo David.
-Pues hoy no tengo nada.
Hubo un "Ohhhh" general.
Dani sugirió que por qué no íbamos a la Gran Vía, por hacer algo y nosotros le aplaudimos, nos levantamos del sillón y salimos de casa.
-Cris.
-Dime, David.
-¿Te has caído antes huyendo de Carlos?
-Mm, no, ¿por qué?
-¿Entonces por qué tienes el pantalón roto?
Me miré los vaqueros.
Tenían un agujero en la rodilla izquierda que la dejaba al aire aparte de otras roturas.
Le pegué.
-¡Porque el pantalón es así, bobo!
-Ah, Blas, que me pega.
-Te lo merecerás.-dijo este.
Dani, Sigrid y Álvaro iban liderando la comitiva, después iban Carlos y David y Blas y yo al final.
Yo le tenía agarrado por la cintura con un brazo y su brazo derecho estaba sobre mis hombros.
Sigrid y yo no vivíamos demasiado alejadas de la Gran Vía, así que, tras un paseo, llegamos.
Carlos y yo empezamos a dar la tabarra con que queríamos ir al Fnac a mirar discos y, cuando por pesados nos dijeron que vale, echamos a correr, quisimos entrar a la vez por la puerta, nos dimos un golpe, le empujé, entré yo primero, nos peleamos por las escaleras mecánicas y, cuando ya llegábamos a los discos, me tropecé y me comí el suelo y él se empezó a reír salvajemente y tuvo que pararse y apoyarse sobre un estante.
-Espera Cris, hazlo otra vez, quiero grabarlo...-dijo, sacando el móvil.
-Tú eres imbécil.
Haciendo uso de una amabilidad hacia mí que hasta entonces desconocía, me cogió y me levantó del suelo.
-Gracias-le dije a regañadientes.
-Nada, mujer. Por las molestias, quiero que te compres esto y lo escuches.
Me dio un cd de Falete.
-Creo que prefiero quedarme tirada en el suelo.
Dejamos el cd en la estantería de Rock and Rock y fuimos corriendo a los discos (aunque esta vez no nos caímos).
-Yo creo que este a ti te gustaría-dije, pasándole el cd de "Patito Feo".
-Tus indirectas a veces son un poco directas, ¿no crees?
Me encogí de hombros.
Miramos los discos y, como no nos gustó ninguno (o ya lo teníamos) nos fuimos a buscar a los demás que se nos habían perdido.
-¿Estás segura, segura que no quieres el disco de Falete? Mira que te lo regalo yo.
-No, gracias, de verdad. Muy amable, pero creo que podré sobrevivir sin él.
Les encontramos viendo teles y demás.
Huimos de allí y fuimos al Corte Inglés, para ver más de lo mismo.
Carlos me puso el cd de Falete en la cara.
-Estás destinada a comprarlo.
Se lo quité y se lo tiré a la cabeza.
Por suerte, no le dio a nadie.
Íbamos andando por la Puerta del Sol cuando caí en la cuenta de que no me había traído la cámara para inmortalizar aquellos gloriosos momentos.
Álvaro me dijo que no llorara e hiciera fotos con el móvil. Qué gran hombre y que razón tenía.
Hice fotos hasta que llené la memoria del móvil (si es que siempre tenía la tarjeta viviendo al límite, siempre llena de tonterías) así que Blas me dejó el suyo y seguí sacando fotos.
Se les ocurrió que pasáramos por el 40 Café.
Fíjate que Sigrid y yo no vivíamos muy lejos de allí, pero nunca se nos había ocurrido pasarnos.
-¿Cómo estará Choco?-preguntó mi amiga-Es la primera vez que le dejamos solo en casa.
-Seguro que está bien. Y si no, que Carlos le mande un tweet.-dije yo.
-Vamos a tener que ponerle WA al perro.
Nos reímos de aquello.
-¿Y cómo es el Twitter del perro, Carlos?-pregunté, con curiosidad.
-Es @ChocoOfficiall. Ya tiene ciento veinte seguidores.
-¿Y cuándo le creaste la cuenta?-preguntó mi amiga.
-Esta mañana.
-A este paso en un mes o así nos supera a todos...-dijo Dani y nos reímos.
Me metí en Twitter para echarle un vistazo a la cuenta de Choco.
Su bio era un risa.
"Soy el perro de @Cris_Jbieber y @SigridOneD. Mi tito es @CarlosAuryn. Adoro ladrar, perseguir palos y conseguir chocolate para @CarlosAuryn :D"
Llegamos al 40 Café y, como no habíamos estado nunca allí, nos sentimos algo perdidas.
Mientras ellos saludaban a gente que conocían de allí, Sigrid y yo estuvimos jugando al escondite inglés en una pared, hasta que la gente nos miró muy raro y dejamos de hacerlo. Jo, pero era divertido.
Cuando salimos de allí tras un rato largo, alguien debió de haber dicho que los nenes estaban allí, pues había un grupito de fangileantes esperando.
Sigrid y yo, para evitar posibles conflictos (es decir, que nos pidieran que hiciéramos fotos) nos hicimos las suecas mirando un escaparate.
Ratos después, proseguimos con nuestras vidas.
Al menos, hasta que Carlos nos dejó.
-Tengo hambre.
Dos palabras que decían mucho de él.
Acabamos cenando en un McDonald´s porque él dijo que cuando estaba en Alicante fuimos sin él y que eso no era justo.
Por no discutir con él (porque sería un gasto innecesario de tiempo y palabras) le hicimos caso y allí cenamos.
-Eh, miradme.-dijo.
Así lo hicimos y descubrimos que se había puesto una careta de un Happy Meal en la cara.
Nos empezamos a reír, a Dani se le salió la Coca Cola por la nariz y nos reímos escandalosamente mientras Sigrid le tendía una de sus servilletas, ya que Dani había empapado las suyas.
Tuve que hacerle una foto a Carlos y la subí a Twitter:
"Ante todos ustedes, el hombre Happy Meal, @CarlosAuryn"

Ese tweet se hizo bastante famoso, a decir verdad.
No contentos con todo lo que habíamos hecho aquel día, acabamos tomándonos algo en un bar cercano a casa, donde Sigrid y yo ya habíamos estado alguna vez con mi hermano y sus amigos cuando estos habían venido de visita.
Solían poner música variada y podías hacer un poco el imbécil haciendo que "bailabas", aunque fuera para echarte unas risas.
Al estar un tiempo hablando en la barra y tal, agarré a mi amiga.
-¿Qué haces?
-¡Bailemos!
-Pero mira que te gusta bailar...
-Más bien hacer el tonto, pero sí, básicamente eso. Hoy cada uno me debéis un baile.
-¿Por qué?-protestaron.
-Porque lo digo yo. Y punto. Vamos, Sigrid.
Mi amiga miró a los nenes en busca de ayuda, pero nadie acudió a su rescate, así que nos pusimos a "bailar" y a reírnos. Eso al menos se nos daba bastante bien.
Los chicos también se reían.
E incluso Carlos lo grababa con el móvil.
Al rato, fui a buscar a David.
-Te toca a ti.
-Venga.
David se movía bien y a mí me daba la risa, porque la gente le miraba y claro, así no podía ser.
Volvimos a la barra.
-Carlos, ven.
-¿Qué? No. Ni hablar. No sé bailar.
-Nadie sabe. Vamos, ven.
-Que nooo.
Le agarré del brazo y tiré.
-Te vas a dejar perrear sí o sí.
-¡¿Qué me vas a hacer qué?!
Todos nos reímos de su cara, porque fue mortal.
-No seas tonto, no voy a hacer eso. Yo no soy así.
-Ve porque si no, no va a parar de insistir-le dijo mi amiga.
Suspiró y se dejó arrastrar.
-¡Baila cari!-le gritó Dani.
Y se rieron.
-Pero que no sé bailar, de verdad.
-Ni yo.
-Tú sí sabes.
-Fingiremos que tampoco sé.
Empezó a sonar "Me enamoré" de Xriz.
Y Carlos se balanceó de un lado a otro, como un pingüino y yo me reí, porque el pobre, al menos, lo intentaba.
"Cuando te vi, así, 
tan bonita como si fuera un ángel, 
me enamore y pude ver, 
en su mirada que ella sintió más".
Canté la siguiente estrofa mientras Carlos seguía con su baile del pingüino.
"Y yo voy a besarte, eh, eh.
Mi vida voy a darte, eh, eh.
No te arrepentirás sólo ven conmigo.
Que hoy voy a besarte eh, eh.
Mi vida voy a darte, eh, eh.
Y de nuevo enamorarte".
-Me gusta esta canción-le dije.
"Yo sé lo que te excita, que te haga cositas"
-¿Ah, sí? Pues serás pervertida...¡Ah!-dijo, cuando le pisé un pie.-Serás...
-Y yo voy a besarte, eh, eh, mi vida voy a darte, eh, eh...-canté con los brazos al aire y se río, porque lo que me quedé con la duda de saber lo que era.
Tras eso, fui a por Dani.
-A ti te dejo para el final-le dije a Blas, guiñándole un ojo.
-UHHHHHHHHHHHH.-dijeron todos.
-Sois tontos. ¿Ya no bailas, Sigrid?-le pregunté a mi amiga.
-Si no me sacas a bailar, qué quieres...
-¡Venga, vamos!-dijo David, que la primera vez se lo había pasado muy bien, así que agarró a mi amiga.
Dani era un loco, no paraba de saltar y yo daba palmas para que saltara más y nos daba la risa, así que pronto lo dejamos y le relevó Álvaro.
Intentamos bailar una especie de tango, pero nos pisábamos, y nos reíamos, así que salió un poco mal, pero bueno, ahí estaba.
Cuando este volvió a la barra, yo le indiqué a Blas con un dedo que se acercara.
-Creo que te reclaman por ahí.-le dijo Álvaro.
Mientras venía, vi a Sigrid y a Carlos "bailando".
Digo "bailando" porque estaban haciendo los dos el baile del pingüino.
Me entró la risa al verlos.
Abracé a Blas.
-Ey, al fin es tu turno.
-Me has hecho esperar bastante.
-Ah, pero dicen que lo bueno se hace esperar.
Y, antes de que pudiera contestarme, le besé.
Hasta que apareció Carlos.
-¡Qué tenemos que sacar a Choco!
Puse los ojos en blanco.
-Si fuera tu hijo, no te preocuparías tanto.
-O sí, quién sabe. ¡Pero vamos que hay que sacarlo! ¡Lo que estáis haciendo lo podéis hacer mientras vamos!
Le solté una patada.
Y, por inaudito que pueda parecer, esta no la esquivó y le dio.
-Me vengaré.-dijo.
Y no sé porqué me vino a la mente la idea de que me regalaría el disco ese de Falete.


¡Hola! Soy @Cris_Jbieber y aquí os traigo el 17, escrito con mucho amor, para vosotras, ah. No vi a ninguna de vosotras en el concierto :( Alguna me confirma que me vio, pero no hablamos ni nada. Jooooooooo. Conocí a gente especial y tal, pero bueno, ya tendremos más oportunidades. Por ejemplo, yo voy el 18 de mayo al Primavera Pop. Si alguien va, decídmelo con antelación y podemos quedar en algún sitio o algo. Como veáis.
También quería decir una cosa. Veréis, estoy en segundo de bachillerato (como bien sabréis algunas) y en abril y mayo son todos los días, prácticamente, exámenes. Saco tiempo para escribir, al igual que Sigrid, de debajo de las piedras. Por favor, no nos presionéis para que escribamos. No os vamos a dejar sin capítulo, amamos escribir, no vamos a dejar Endless Road. Subiremos cuando podamos.
Como siempre, ya sabéis que podéis seguirnos en Twitter (@Cris_Jbieber y @SigridOneD), agregarnos en Tuenti (Cris Vila Jb & Coolphotos For You), hacernos cualquier pregunta en Ask ( http://ask.fm/CrisBieberHoranStyles & http://ask.fm/CoolphotosForYou) y, si lees la novela y quieres que te avisemos cada vez que subamos, sólo dinóslo, porque a nosotras no nos cuesta nada (:
Besosss y perdón por esta Biblia que os acabo de escribir.
@Cris_Jbieber
PD: El Twitter de Choco es verdad. Se lo hemos creado. Si queréis seguirle... JAJAJA