domingo, 2 de febrero de 2014

Capítulo 41: Yo te quiero mostrar un fantástico mundo.

-Cris-
-¡Eh, Cris!
-¿Si, Carlos?
Esperaba otra cosa romántica por su parte en plan "ven conmigo que no puedo soportar tu ausencia" o algo similar.
-¡Si te vas a quedar ahí sentada todo el día podrías ir haciendo la cena o traerme algo de comer!
Puse los ojos en blanco.
Últimamente no acertaba mucho con él.
-¡Ve tú! ¡No soy tu criada!
-¡Pero Cris, si es un acto por amor!
-¡Los cojones!
Pasó a plan adorable, haciendo pucheros y poniendo ojitos.
Sabía que eso siempre funcionaba conmigo.
-Ay, está bien.
-Weeeeeeeee.
-No sabes cuánto te odio.
-Pues para odiarme bien que me dices que me am...
Me acerqué al borde de la piscina y le pisé la cabeza para hundirle y callar lo que iba a decir.
Acto seguido me dirigí al interior de la casa y a la cocina.
Oí risas a mis espaldas y a mi primo llamando desesperadamente a Carlos.
Di un par de vueltas en círculos pensando en la cocina de David y mientras lo hacía apareció Carlos tapado con dos toallas (dato a observar, la mía y la suya)
-¿Tienes frío?-le pregunté acercándome y colocándole las toallas, que llevaba puestas de cualquier manera.
-Mucho.
-Eres un friolero.
-Lo sé.
-¿Cómo puedes tener frío incluso en verano?
-No lo sé.
-¿Qué te pasa?
Me miraba fijamente y eso empezaba a preocuparme.
Enarqué una ceja, molesta por su falta de respuesta.
Iba a regañarle por ignorarme cuando me besó. Y no era un beso como los que solía darme, era uno que me decía sin palabras "Te quiero. Aquí. Y ahora, pues se me acaba el tiempo".
Sí, yo también sentía que se nos agotaba el tiempo y demasiado rápido.
Los días parecían horas y las horas segundos cuando estaba a su lado. Todo tiempo con él me parecía poco.
Él soltó las toallas para abrazarme y yo le rodeé con mis brazos, tratando de demostrarle con mis besos que sentía lo mismo.
David entró y se dirigió a la nevera.
-No os liéis en mi cocina, tengo habitaciones de sobra.
-¿Te callas?
-Ya me voy, ya.
Al marcharse David, le aparté.
-Estás helado.
-Ya te dije que tenía frío.
Cogí una de las toallas y se le eché por encima.
-¿Sigues queriendo algo de com...?
Me interrumpí al sorprenderme puesto que me agarró por detrás.
-No te quiero echar de menos porque no quiero estar sin ti.
Parpadeé un par de veces fuertemente para aguantarme las lágrimas y le supliqué en silencio a mi corazón que siguiera en mi pecho y no se saliera de ahí.
-¿A ti no te pasa lo mismo?-me preguntó, abrazándome un poco más fuerte.
Me giré para abrazarle yo también y esconder la cabeza en su pecho, aunque la giré de modo que él pudiera oírme.
-Me pasa exactamente lo mismo, Carlos. Desde el mismo instante en que nos dijisteis que os marchábais, pero no quería que me lo notaras, así que lo he estado escondiendo.
-¿Por qué?
-Porque no quería que te sintieras mal. Tienes que irte porque tienes que hacerlo y yo no puedo retenerte aquí porque entiendo que tengas que marcharte, aunque no soporte la idea.
-Yo no quiero irme, quiero quedarme contigo-dijo, sonando como un niño pequeño enfadado.
Me reí y le revolví el pelo.
-Lo siento, pero no. Tienes que ir. Y no hay más que hablar.
Él iba a decir algo cuando apareció Álvaro.
-¿Habéis visto al cabezón?
-Estoy aquí ¿no me ves?-dijo Carlos.
Él le miró mal.
-¡Tú no! ¡El otro!
-¿Qué ya habéis perdido a mi primo?-dije girándome hacia él con fuego en los ojos.
Álvaro retrocedió intimidado.
-No, no, si estamos jugando al escond...
Se oyó una risa de niño pequeño por ahí.
-¡Ajá!-dijo y salió corriendo.
Carlos y yo nos miramos.
-¿Tanto le gustan los niños?
-Le gusta todo lo que le haga caso.
-Mm ¿interesante? Bueno a ver, buscate algo de comer y vamos con los demás.
Así lo hizo y regresamos a la piscina.
-¿Y mi primo y el barbas?
-Aquí estamos.
-¡Hola, Álvaro! ¿Qué tal te lo estás pasando? ¿Estas personas se portan bien contigo?
Todos me miraron raro.
-Siiii.
-Muy bien, mi amor.
Lo cogí en brazos y vi a Carlos mirar mal al niño.
Me eché a reír, aunque nadie entendió el chiste.
En ese momento me sonó el teléfono.
-¡Móvil!-gritó Dani agitando mi bolso a los cuatro vientos.
Le di el niño a Blas, que pasaba en ese momento por ahí y le hice una seña para que me lo lanzara.
Así lo hizo, lo atrapé y cogí el teléfono.
Por qué no me sorprendió al ver que era mi tía.
-Voy adentro a hablar.
Me estuvo preguntando qué tal el niño y yo se lo estuve contando.
-No te importaría quedártelo esta noche ¿verdad? Hace tiempo, desde que está él, que no voy tranquilamente al cine y...
-Sí, sí, sí. No te preocupes. Aquí está con todos y está estupendamente. No hay ningún problema.
-Muchas gracias, hija. Qué buena eres.
Acordé con ella los últimos detalles, me despedí y colgué. Tras eso, volví junto a mis amigos.
-Que nos lo tenemos que quedar esta noche-afirmé.
-¿A quién se lo dices?-preguntó Dani.
-A quien se lo quiera quedar. ¿Lo quieres tú?
-Bueno, seguro que con Breaker se lleva bien...
-¡El niño no va a ir con tu gato zarrapastroso!
-¡Mi gato no es zarrapastroso, cabezón!
Sara intentó detenerlos a los dos antes de que alguno pudiera salir herido.
-El niño no ha merendado ¿voluntarios?-dije trayendo su potito de frutas y una cuchara.
Carlos, Álvaro y Dani me miraron y extendieron las manos.
-Emm... Estoy confusa-dije mirándoles a los tres.
-Trae, yo lo haré.
Sara me quitó las cosas de las manos, agarró al niño, se sentó con él y empezó a darle de merendar.
Los tres casos perdidos se fueron tras ella, discutiendo por esto y por lo otro.
-S ¿qué haces tanto tiempo en el agua? Te vas a arrugar como una vieja.
-Es que estoy haciendo largos.
-¿Y?
-Es que tengo que superar el récord de Dani...
-¡Pues sigue nadando que aún te queda!-le oí gritar.
-No me digas que te ha metido en esas apuestas raras suyas...
-¡Sí!
Puse los ojos en blanco mientras veía a mi amiga alejarse nadando.
-¿Qué pasa si te empujo?-preguntó una voz a mi espalda.
Me giré y vi a Blas.
-Pues que posiblemente sea la última cosa que hagas en tu vida.
Se rió.
-Sí, es posible que muera tras eso, sí.
-¿Y tú crees que te merece la pena correr ese riesgo?
Sonrió.
-¿Qué es la vida sin un poco de emoción?
Quiso empujarme, pero le esquivé y me agarró. Le intenté gruñir, pero más que un gruñido me salió una especie de gritito tonto que nos hizo reír.
-¡Suéltame!
-Ah, no quiero.
-¡Por fa!
-¿Pretendes que te tome en serio con eso?
-¿Por favor?
-Nah.
Me tiró y, como le tenía agarrado como si mi vida dependiera de ello, se cayó tras de mí. La verdad, a un pelo estuvimos de caernos encima de S, que nos miró horriblemente mal, como si quiera matarnos. Pero solo como si quisiera matarnos, pues en su fondo nos quería mucho. Yo lo sé.
Nos dimos cuenta y dijo que nos perdonaba si la ganábamos en una carrera. No la entendimos muy bien, pero igualmente hicimos unas cuantas con ella, en la que perdimos y ganamos todos.
Salí muerta de frío.
-Carlos, ¿podrías...?
Me tiró la toalla a la cara sin tan siquiera mirarme.
Creo que se había molestado por algo.
Ya que no tenía ninguna pinta de querer cobijarme entre sus brazos me fui con David a ver si con él tenía más suerte, que el pobre últimamente no hablaba mucho y parecía como perdido.
-Daviiiid.
-Dime.
-Carlos de momento no me adjunta y tengo frío ¿puedo sentarme contigo un rato?
-¿Ahora qué le has hecho?
-Nada, de verdad.
-¿Seguro?
Le miré mal.
-¡Sí, claro! ¿Qué no te fías de mí o qué?
-No es eso.
-¿Entonces qué es?
-No importa. ¿No tenías frío?
Me pasó un brazo por los hombros.
-Sí, gracias.
Estuvimos así un rato hablando hasta que Dani y Carlos empezaron a quejarse de que tenían hambre y David hubo de poner rumbo a la cocina.
Suspiré, me peiné el pelo con los dedos como bien pude y me dirigí donde mis amigos.
Álvaro junior me tendió los brazos para que le cogiera. Puede que quisiera mucho a los demás, pero la sangre siempre tiraba.
-¿Estás cansando, verdad cielo?
El niño asintió.
-Mírala, si así parece una madre y todo.
-No me digas eso, S, que sabes que no me gusta.
-Por eso te lo digo.
Le saqué la lengua.
Con el niño en brazos, me dirigí hacia Carlos esperando que lo que fuera que le pasase antes se le hubiese olvidado y me dejase acurrucarme contra él.
No hizo ademán de apartarse, al contrario, me pasó un brazo por los hombros y yo me estreché contra él, aunque procurando no espachurrar al niño.
Últimamente Carlos solía, cuando nos encontrábamos puestos así, meter la mano entre mi pelo y juguetear con él, sobre todo con los caracoles que me salían por dónde las orejas. No me falló y ronroneé al sentir que volvía a hacerlo.
-¿No os necesitan en la cocina?-preguntó Carlos inocentemente.
-Ahora que lo dices...
-David está allí solo...
-¡Necesitará ayuda!
Todos corrieron (o fueron a su ritmo, dependiendo de quiénes fueran) a la cocina, menos nosotros dos y Álvaro junior, que seguía en mis brazos y medio hecho sandwich entre Carlos y yo.
-¿Por qué los has echado?
-No los he echado-dijo, jugando con mi pelo-Solo necesitaba estar a solas contigo.
-Bueno...-dije, mirando hacia abajo.
-Él puede quedarse.
Liberé un brazo de los que sujetaban al niño y le acaricié la cara.
-¿Puedo preguntar qué te pasaba antes?
Oímos risas dentro de la cocina, un grito y después más risas.
Él sonrió amargamente y miró hacia otro lado.
-Nada.
Le cogí de la barbilla y le giré la cara, obligándolo a mirarme.
-Es por lo de antes con Blas ¿eh?
Intentó girar la cabeza, pero no se lo permití, manteniendo el contacto visual.
-Que sabes que te conozco como poca gente en el mundo. No puedes ocultarme las cosas, simplemente, las veo en tus ojos. Y no tienes que sentirte mal por nada. Lamento si hice algo que te molestó, pero me comportó con él como con cualquiera de nuestros amigos.
-No, soy yo quien lo siente. No debería... Bueno...
-Ya está, Carlos. Ya está. Ahora eres tú y solamente tú. Y no hay más que hablar.
-Cuando dices eso, es el fin del tema ¿no?
-Exacto. Bueno, no. No considero el tema cerrado aún.
-¿Ah, no?
-No.
Y le besé, aunque me separé al oír un gruñido del niño.
-Este niño tiene sueño.
-¿Ahora te has vuelto traductor de niños?
Me hizo burla y me reí.
-Creo que voy a decirle a David que en qué habitación puedo acostarle mientras cenamos y eso.
-Vamos.
David nos mandó por ahí y yo seguí a Carlos hasta la habitación indicada. Los recuerdos me golpearon al ver que esa habitación era la misma en la que hace tiempo entré con Carlos y le acabé dando una patada en sus partes por pesado.
Tumbé al niño en la cama y me dejé caer a su lado.
-¿No vas a cenar?-le pregunté a Carlos al verle tumbarse también-Tenías mucha hambre.
-No, ahora iré. Estoy bien.
Esperamos un poco, le colocamos al niño unos cojines a los lados para que no se cayera si rodaba y nos fuimos a cenar.
Los demás acababan de sentarse a la mesa.
-¡Al fin decidís honrarnos con vuestra presencia!-dijo Blas.
-Mm, comida-dijo Carlos.
-Al fin me libro del niño...
-¡Cómo si hubieses estado tú con él mucho hoy!-dijo Álvaro.
-También, pero para mí, poco es ya suficiente.
-¿Podemos comer? Tengo hambre.
-¡Claro!
Estuvimos hablando y comiendo, pasándolo tan bien como cada vez que nos juntábamos todos.
Incluso los niños se atrevieron a cantar algo, aunque en un tono de voz razonable para no despertar a Álvaro Junior.
Sin embargo, quién sabe por qué, el niño se despertó y vino con nosotros.
Dani lo cogió y se lo sentó encima mientras Sara le preguntaba qué tal estaba y si seguía teniendo sueño.
-Sí.-le dijo.
-Ay, ven que te cojo.
-Ahora que lo pienso-dije, rascándome en la cabeza en ademán inocente- No ha cenado.
-¿Qué no ha cenado? ¡¿Pero cómo puede ser?!
-No sé, se me ha olvidado.
-Eres un desastre-me dijo S.
La taladré con la mirada.
-Bueno, bueno. Se le da de cenar ahora y no pasa nada. Tienes hambre ¿verdad?
-Sí-dijo, bostezando.
-Cris ¿dónde tiene sus cosas?
Suspiré y me levanté de la mesa.
-Ahora te las traigo, Sara.
Fui a por la bolsa, rebusqué hasta encontrar el puré que consistiría en la cena (¿cuándo iba a cenar el pobre algo que mereciera la pena?) y se lo di a Sara que fue a calentarlo mientras le dejó el niño a Blas.
Mientras nosotros quitábamos la mesa ella y Dani se entretuvieron dándole de cenar.
-Chocolate-dijo el niño.
Carlos le miró.
-Le he enseñado bien.
-Tesoro, ahora no es hora de comer chocolate-intentó convencerle Sara.
-Juum.
Me reí al escuchar eso.
Acababa de tumbarme en el sillón cuando oí a Carlos llamándome.
-Criiiiis.
-Carlos.
-¿Puedo hablar contigo?
-Ya lo estás haciendo.
-No, no-dijo mirando a Sara, Dani y el pequeño.
-Vale.
Me levanté y le seguí afuera.
Ya había anochecido y la contaminación lumínica de Madrid impedía ver las estrellas.
Una verdadera lástima.
Vi que se sentaba en el borde de la piscina y metía las piernas dentro.
-Bueno, ¿qué...?
-Siéntate.
Me estaba empezando a preocupar. Esto no era normal.
Sin embargo, me senté a su lado y también metí las piernas en el agua.
No decía nada y me impacientaba, poniéndome nerviosa y angustiándome. ¿Es que iba a decirme algo importante y no sabía cómo hacerlo? Puff.
-Si te dijera que vinieras conmigo, ¿vendrías?
La pregunta me sorprendió por no esperármela entre tan largo silencio.
-¿Qué?
-Eso. Que si vendrías conmigo.
-Bueno yo no quiero ser ninguna carga y no sé cómo podría yo...
-¿Vendrías?
Le miré.
-No habría nada que por ti no hiciera.
-Así que vendrías.
-Sí. No sé adónde quieres ir a parar con esto, pero sí, iría.
Él sonrió.
-Entonces vente conmigo, con nosotros. Vente a la gira.
Le miré como si se hubiera vuelto loco. Es decir, yo sabía que estaba loco, pero ¿tanto?
-Estás de broma ¿no?
-¿Acaso no es lo que querías?
Su mirada dolida me hizo morderme el labio inferior.
Él pensaba que se había equivocado conmigo y que yo no quería ir.
-¡Claro que quiero irme contigo!
-¿Y con los demás no?
-Sí bueno, con ellos también.
Se rió.
Adoraba el dulce sonido de su risa.
-Pero ¿cómo quieres que vaya? No puedo ir así como así.
-Habíamos pensando en contratarte como estilista.
Exploté en risas mientras él repasaba su frase intentando encontrar el chiste. Al no dar con él, decidió preguntar.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-¿En serio yo estilista?
-Sí, claro. Consideramos que tienes muy buen gusto al vestir. E incluso si hace falta podrías maquillarnos. Eso también lo haces bien. ¡Y fotografiarnos! Que eso te encanta.
-¿Me lo estás diciendo en serio? Quiero decir, hay gente cualificada y todo eso para ello, ¿por qué yo?
Me puso cuidadosamente un mechón de pelo rebelde tras la oreja.
-¿Y te atreves a preguntarlo?
Fruncí el cejo.
-¿Y eso no me convierte en una enchufada?
Se partió de risa.
-Eres muy divertida.
-¿Y te das cuenta a estas alturas de la vida?
-No,no-dijo, negando con la cabeza- Y no, eso no te convertiría en una enchufada.
-Solo me vais a tener trabajando como una esclava por el salario mínimo.
-Claro, ¿acaso lo dudabas?
Esta vez fui yo quien rio.
-Aunque sea así, por ti lo haría.
-¿Te vienes entonces?
Juro que de sus ojos salieron estrellitas. Lo juro.
-Claro, ¿dónde tengo que firmar?
Me abrazó.
-Mañana te llevo a firmar el contrato. Y tranquila, que el salario está bien.
-Sabes que el dinero no me importa y que voy por ti.
Me abrazó con más fuerza, diciendo algo que no entendí.
Le aparté un poco para besarle cuando, sin esperármelo, me empujó y caí al agua.
-¡Voy a matarte!
Él sólo hizo que reírse y rodar.
- Vamos adentro a secarte, anda.
-Sí bueno. Ayúdame, si tanto presumes de ser un caballero.
-Un caballero siempre está dispuesto a ayudar a una damisela en apuros.
Sonreí al coger su mano. Sabía que aquella mención a la caballerosidad le distraería de mi intención y, para cuando quiso darse cuenta, ya era tarde.
Estaba en el agua conmigo.
Entramos los dos.
-¿Qué pasó?-dijo Blas viéndonos chorreando.
-Se emocionó tanto que se cayó al agua.
Miré a Carlos con odio.
-¿Y tú?
-Yo me emocioné de tal manera que me tiré.
-¡Mentiroso! ¡Me empujaste y te lo devolví!
-Vaya ¿y no he mencionado ese pequeño detalle? Será que se me ha olvidado...
Le pegué en el brazo y nos reímos mientras nos pasaban unas toallas.
-Entonces ¿te vienes?-preguntó Dani.
-Ajá.
-¡Me vas a dejar sola!-dijo S, tirándose sobre mí y abrazándome.
-Eso no es verdad. Tienes a tu prima, a Choco, a Rebe, a mi hermano, a Adri...
-Ah pues es verdad.
Y me soltó.
-¿Y mi primo?
-Se ha dormido y está en el cuarto-me dijo Sara.
-Vale.
Estuvimos un poco más, hablando de esto y lo otro, lo que haríamos y lo que no.
Cuando Carlos y yo estuvimos decentemente secos, él cargó con el niño y lo sentó en el coche y todos tiramos para casa.
-¿Te quedas conmigo hoy?-le pregunté mientras sacaba al niño del coche y se asustaba porque este empezaba a hablar.
-¡Claro!
-¿Eso significa que tengo que dormir yo con el niño?-dijo S.
-¡No!-dije, enrojeciendo.
-Ah, vale.
Subimos todos en el ascensor mientras yo gruñía y el pequeño intentaba cazarle la orejas a Álvaro.
Nos despedimos de la parejita feliz y entramos en casa.
-Hay que sacar a este, que hoy se nos ha hecho más tarde-dije mientras Choco le intentaba morder los pies a mi primo.
-Voy-dijo Carlos, canturreando.
-Pero no tardes mucho que es de noche y eso.
-Ohh, te preocupas por mí. Tranquila, vuelvo en seguida.
Me lanzó un beso y se fue.
-¡Carlos!-le llamó Álvaro.
-Tranquilo, ahora viene. Volverá en seguida.-dije, dándole un beso en la nariz.
-Mm, tengo hambre.
-¿Todavía, S?
-Sí, no sé por qué.
-¡Tú, ponte el pijama y no vayas corriendo a la cocina!
El niño se partió de risa.
Le estaba ayudando al niño a ponerse el pijama cuando oí ladridos por el pasillo y, acto seguido, Carlos y Choco aparecieron en el salón.
El perro, muy contento, vino hacia nosotros y empezó a lamerle la cara al niño.

-Ya estoy aquí.
-Ya te veo, Carlos.
-No me has entendido-dijo, abriendo los brazos-He dicho que ya estoy aquí.
Sonreí, divertida.
-Eres un completo tonto.
-Pero solo porque sé que te gusta.
-Jajajaja.
Olvidando al niño a medio vestir, le abracé.
Álvaro aprovechó ese momento para capturar el mando de la tele y ponerse los dibujos. Qué obsesión tenía el niño, madre.
S apareció y le ayudó a mi primo a ponerse la camiseta.
-Qué vergüenza y aquí el pobre niño medio desnudo... Me da que hoy duermes conmigo, pequeño, porque el plan en el que están esos dos...
-Anda sí claro ¿y qué más?
Le dejamos ver un rato la tele y después le mandamos para mi cama.
Se fue derechito, cosa que nos sorprendió a todos.
Le seguí y casi me cierra la puerta en las narices.
-Nooo. Yo solo.-me dijo.
-¿Qué tú que solo?
-Mimir.
-Se dice dormir, anda. Habla correctamente.
-Yo solo.
Choco se coló por la puerta, Álvaro la cerró un poco más y ahí me quedé yo en el pasillo, excluida de mi propio cuarto.
Volví al salón como un alma en pena.
Me interrogaron con la mirada.
-Dice que quiere dormir solo y me ha echado.
-Qué tío.
-Pues nada, nos tocará dormir en el sillón.
-Qué lata.
-Es lo que hay.
S nos tiró unas delgadas sábanas encima.
-Bueno, que os divirtáis. Mañana hablamos.
Y se encerró en su cuarto.
-¿Y a esta qué le pasa?-pregunté.
-No sé-dijo Carlos, encogiéndose de hombros mientras se peleaba a vida o muerte con una sábana-Pero será mejor que me ayudes o me va a dar algo.
-Anda, trae.
Hicimos la cama, nos despojamos de la ropa y sin pijama (qué remedio) nos acostamos.
-La verdad es que no tengo sueño ¿y tú?-dijo, al rato.
-Nah yo tampoco. Hablemos.
-Sí, que eso es lo que mejor se nos da.
-Y qué lo digas.
-Bueno, ¿y de qué hablamos? ¿De la bella noche que hace hoy, de lo maravilloso que soy...?
-Mm.
-También podemos hablar de que soy lo mejor que te ha pasado en la vida.
-¿Ah si? ¿He dicho yo eso?
-Ah, que era lo que yo estaba pensando.
-Bobo.
Se rió.
-La verdad es que eres muy maravilloso y que sí, aunque no lo haya dicho, estoy totalmente de acuerdo con lo que estabas pensando.
-Creo... Creo que voy a llorar. Qué bellas palabras. Qué bello es todo.
-Jajajajaja pero todo es bello sólo cuando tú estás a mi lado.
Comencé a besarle en el brazo y después fui subiendo hacia su cuello.
-Ay-suspiró-Es una lástima que tengamos compañía y no estemos solos...
Reí sobre su cuello, provocándole cosquillas.
-Cómo eres, de verdad.
-No me digas que no estás pensando en lo mismo.
-Pues... Sí.
-Cómo eres, de verdad, eh. Y luego te atreves a decir de mí y todo.
-Cá-lla-te-dije, acompañando cada sílaba con un beso en el cuello mientras él se retorcía.
-Para, me haces cosquillas.-me dijo riéndose. 
-¿Seguro que sólo son cosquillas? 
-Jajajajaja sí, estate quieta o verás. 
-¿O veré qué?-dije, dándole un pequeño mordisquito. 
-La que vas a liar. 
Rodó para ponerse encima mía y se lanzó a mi cuello, que sabía que era uno de mis puntos más débiles. 
-¡No, no! ¡Estate quieto, por favor! 
-Ah, y ahora qué ¿eh? No, no ahora te lo devuelvo. 
-Noooo. 
Rompí a reír escandalosamente y me tapó la boca. 
-Calla ¿es que quieres despertar a todo el vecindario? 
Asentí con la cabeza en silencio. 
-Jajajajajaja. 
Le atrapé la cara con ambas manos y le atraje hacia mí, hasta que apoyó su frente sobre la mía. Me liberó la boca para permitirme hablar. 
-Te necesito-dije-Ahora. 
-Ahora no puede ser. 
Le puse morritos mientras le tocaba el pelo. 
-Eso es muy frustrante. 
Rió sobre mis labios. 
-Lo sé. Créeme que lo sé. Mira que te dije que fuéramos a mi casa... 
-No me lo dijiste. 
-¿No? Vaya, entonces lo pensé. 
-¡Juum! 
-De todas maneras tenías a tu primo y no te ibas a ir sin él... 
-¿Y mañana? 
-Mañana ya es otra cosa. 
-Entonces quiero que sea ya mañana... 
Me rozó los labios con los suyos, pero sin llegar a besarme, por lo que emití un gruñido de protesta. 
-Y al día siguiente, nos iremos. 
-¿Cuál será nuestra primera parada? 
-Mm, sorpresa. 
-Vamos, que no lo sabes ni tú. 
-No, de verdad es sor... Vale no lo sé. 
Reí y me besó, no sé si para callarme o qué. 
-¿De quién fue la idea de que yo fuera? 
-Mía, por supuesto. 
-¿Y a los demás no les importa? 
-¡Claro que no! Ellos encantados. Dicen que será como estar en París otra vez. 
-Solo que sin S... 
-Y sin ser París. 
Le acaricié la cara. 
-Te agradezco que pensaras en mí para irme con vosotros. Ya prácticamente me había hecho a la idea de que iba a estar sin ti... No. No a la idea de estar sin ti, sino a lo que yo sufriría porque no estuvieras. Y ahora no puedo creerme que me vaya a ir contigo. Es mejor que ir al cielo. 
-Para mí el cielo es cualquier lugar donde tú estés. 
-Así que ¿ahora mismo estás rozando el cielo? 
-No. Ahora mismo estoy en él. 
Otro beso. Sentía su piel desnuda contra la mía, acariciándome. Me encantaba. Tuve que separarme un poco, porque, como él había dicho " ahora no puede ser". 
-¿Qué habrías hecho sino te vinieras? 
-¿De verdad quieres saberlo? 
-Es que siento que no quieres hablar de ello. 
-En verdad no quiero hacerlo... Pero tampoco puedo negarme a nada que tú me pidas. 
-Aún no te he pedi... 
-Pero ibas a hacerlo.-sonreí al ver que asentía-Los primeros días los hubiera pasado muy mal. Estaría vacía por dentro, consumiéndome por los recuerdos. Dejándome llevar por ellos, como si tú aún siguieras allí... Me aferraría a tus fotos, a tu voz en las canciones... A cualquier cosa que pudiera hacerme sentirte más cercano y... También había pensado buscarme un trabajo.
 -Veo que hice bien pidiéndote que vinieras. ¿Un trabajo? ¿De qué había pensado trabajar? 
-Pues no sé, quizá en un Starbucks, como Sara... 
-Tú no puedes trabajar allí, serías su perdición con lo que te gustan los Franppuchinos. 
-Controlaría mi ansia. 
-Ya claro, como que podrías jajajaja. 
Volví a tocarle el pelo. Era algo muy relajante. 
-No creo que hubiera podido sentirme viva de nuevo hasta que volvieras. Sería como si, a tu vuelta, recuperase mi alma de nuevo. No... No podría soportarlo... Un segundo sin ti es una eternidad. 
Le besé, queriendo alejar aquella afirmación, tan verdadera, de nosotros. 
-Entonces no me mantendré ni un segundo alejado de ti-dijo, mordiendo mi labio inferior. 
Nos besamos y nos abrazamos por un rato bastante largo, dejando que nuestros besos, caricias y abrazos hablaran por nosotros. 
Llevábamos un tiempo intentando dormir cuando sentí la inmediata necesidad de decirle algo. 
-Carlos.-le susurré al oído. 
-Me llaman. 
Sonreí. 
Sólo él era capaz de cargarse un momento tan romántico de aquella forma. 
-Moriría mil veces por ti. Sin importarme la manera en que lo hiciera. 
Pasó un segundo y después él se giró para mirarme. 
-Y yo impediría mil veces que lo hicieras. 
Selló sus palabras con un beso. Palabras que quizá ninguno debiéramos olvidar. Quizá en algún futuro fueran importantes. Quizá cruciales para ambos.
Me despertó por la mañana diciendo que nos teníamos que ir a firmar eso.
-¿Tan pronto? Pero si ni S ni el niño se han despertado...
-No es pronto, es que ellos duermen mucho. Venga, arriba.
-Sí, vale, ya voy.
Fui a mi cuarto a buscar ropa y vi a mi primo y a Choco, estirados los dos cuan largos eran, durmiendo en mi cama.
Vaya dos patas para un banco.
Me puse la camiseta de "I kissed Katy Perry and she wrote a song about it", unos shorts y las Converse.
-¿Ya estás?
-Sí, pero oye, ¿qué pasa si el niño se despierta y S sigue roncando?
-Pues que la despierte.
-Eres cruel.
-Ya deberías saberlo.
Tuvimos que coger el coche y tirar para el estudio, donde nos encontramos a David, haciendo el gamba.
Entre los dos me estuvieron presentando gente que conocían y que estaba allí, pero yo, con un sueño de muerte (ni siquiera me había dejado desayunar) no prestaba mucha atención.
Firmé el dichoso papel y Carlos dijo que ya podíamos marcharnos.
Nos dirigíamos de nuevo hacia el coche cuando cayó en la cuenta de que tenía hambre.
-Por culpa de tú y de tus prisas no hemos desayunado-le acusé.
-Bueno, eso tiene fácil arreglo.
Me invitó a desayunar en un Starbucks.
Si es que decidme que no era para amarle.
-Ey-dijo mientras atacaba un muffin de chocolate- ¿No deberías llamar a tu madre?
Le miré sin entender.
-¿Qué tiene que ver mi madre en nada?
-Vamos a ver, si mi hija se fuera a recorrer mundo, al menos me gustaría que me informara.
-¡Ah! Te refieres a eso.
Enarcó una ceja.
-¿A qué sino?
-No sé.
-Pero mira que eres rara.
-Pues también. Tienes razón, luego la llamaré. Seguramente me diga que le traiga souvenirs de todos los sitios a los que vayamos.
-Entonces vas a tener que traerle mucho souvernis.
-Ay, madre. No tengo aún el salario y ya me lo estoy gastando.
Los dos nos reímos.
-Eso me recuerda una cosa.
-¿Mm?
-Me prometiste que iríamos a ver a mi madre.
-Te lo prometí y lo cumpliré. Soy mujer de palabra. Así que cuando tú quieras.
-¿Ya no tienes miedo?
-¡Yo nunca tuve miedo! Qué cosas dices. Es solo que... Bueno. No llevábamos ni dos días y eso.
Sonrió.
-Entiendo.
-¿Vamos a ver mundo? Creí que sólo nos moveríamos por España.
-De momento sí, pero quién sabe. Quizá acabemos haciendo giras mundiales.
-¿Y me llevarías contigo?
-En todo momento.
Por alguna razón mi mente comenzó a reproducir la canción de la película de Aladdin de "Yo te quiero mostrar, un fantástico mundo..." y nos imaginé a Carlos y a mí volando sobre aquella alfombra tan maja.
No pude evitar reírme ante tal panorama.
-Ey, ¿cuál es el chiste? Yo también quiero reírme.
Se lo conté.
-Menuda eres tú jajajaja.
Volvimos a casa.
-Tengo que irme a casa. Me toca hacer maleta, como a ti.
-Jum.
-Pero como no está muy lejos, vente un momento. Hay algo que quiero enseñarte.
-¡Claro!
Cuando llegamos, me planté en medio del salón.
-Bueno, ¿y qué querías que v...?
Me besó.
-Me has engañado.
-Sí y no. Te dije que mañana sí era posible.
Reí y salté sobre él, aferrándole la cintura con las piernas.
-Eres lo peor. Pero me encanta.
Cuando llegué a casa, S casi me lanza a Choco a la cabeza.
-¿Dónde estabas?
-Em, fui a firmar el contrato y eso, ¿por qué?
-Me dejaste abandonada con el niño.
-Pensé que te gustaban.
-Y lo hacen, pero tu primo y Choco son muy pesados.
-Te creo.
Les vi a los dos retorcerse por el suelo.
-Así que tú ocupas tú de ellos.
-¿Quéee? ¿Y tú dónde vas?
-A comprar, ya que nadie lo hace en esta casa.
Acto seguido, se marchó.
Miré a los dos locos.
-Jo.
Llamaron a la puerta y deduje que S se habría dejado el monedero (no era la primera vez, de hecho, yo diría que le habría ocurrido a lo menos, cinco veces)
-¿También se te han olvidado las llaves?-dije, abriendo-Ah, hola Sara. Pensé que eras S.
-La acabo de ver hace un segundo que se metía en el ascensor.
-Sí, va a comprar. O al menos eso me ha dicho.
-Si te lo ha dicho, será porque va a ello. 
-Supongo. Bueno ¿pasas? Me vienes muy bien. 
-¿Ah si? 
-No me hacía mucha gracia tener que hacer la maleta con el perro y el niño haciendo el tonto todo el rato. 
-Pobrecitos, seguro que se portan muy bien. 
-Tú que les ves con buenos ojos. ¡Mira quién ha venido, meloncín! 
-¡Holaaa!
 Dejé a los tres en el salón y me encaminé a mi cuarto, donde abrí el armario y saqué la maleta. La pusé sobre la cama y me dejé caer sobre ella. Qué lata, odiaba hacer la maleta. Recordando la sabia voz de Carlos, cogí el teléfono. Me daba más lata aún tener que llamar a mi madre. No sabía cómo iba a reaccionar ante la idea, aunque el contrato ya estuviera firmado y a mi me diera igual lo que ella opinara. Se sorprendió bastante cuando se lo dije. 
-¿Y seguro que te quieren a ti con lo patosa y desastre que eres? ¿No será que vas a seguirles por tu cuenta y me lo dices para que no me preocupe? 
-¡Claro que no, mamá por Dios! Te digo la verdad. Trabajaré para ellos. 
-Bueno hija, si es trabajo, está bien. Pero pórtate bien ¿eh? Y llama a menudo. Cuídate y no olvides traernos recuerdos de allá donde vayas. 
-Sí, claro, si ya estaba muy concienciada yo con eso. 
Tras despedirnos y repetirme mil veces que me portara bien y no les diera quebraderos de cabeza a los chicos (¿cómo podría yo hacer eso?, le pregunté inocentemente), colgamos y me puse a meter ropa y más ropa en la maleta hasta que llamaron al timbre. 
-¡Voy!-dije, corriendo hacia la puerta-Ah, hola tía. 
-¡Cariño, hola! 
-Álvaro está en el salón. 
Le presenté a Sara mientras Choco, cuya misión en la vida era lamer a todo el mundo, intentaba cubrirla de babas. 
-Oh ¿de verdad?-dijo cuando le conté que me iba con los chicos por trabajo-Vaya, yo qué pensaba ofrecerte trabajo... 
-¿Como canguro?-dije, enarcando una ceja. 
-Es que verás, he encontrado un trabajillo ahí en el barrio y el niño, bueno. Pero no te preocupes, ya encontraré a alguien... 
-¿Y qué tal Sara?-dije, señalándola con la cabeza-Vive aquí arriba, es prima de S y Álvaro ya la conoce. 
-¿Eh?-dijo ella, al oírse nombrada. 
-Que si quieres ser la canguro del niño. 
-¿De verdad? 
-¿Ves?-le dije a mi tia-Has encontrado a la persona ideal. Acordad vosotras los detalles mientras yo sigo peleándome con la maleta. 
Cuando S volvió de comprar, mi tia y mi primo hacía ya rato que se habían ido y Sara me ayudaba con la maleta, ya que no es que yo hiciera muchos progresos. 
-Necesito un descanso... 
-Ese descanso sería perfecto para sacar las cosas de las bolsas. 
-¡Jaaa! Ni en tus mejores sueños. 
-Ya te ayudo yo...-dijo Sara. 
Ellas dos se encaminaron hacia la cocina mientras yo me tiraba en el sillón y empezaba a jugar con Choco, tirándole una zapatilla. Oí a las primas hablando en la cocina y, más tarde, me llegó un inconfundible olor a comida.
No me había dado cuenta de que tenía hambre. 
Comimos las tres y después me eché una siesta en el sillón recordando todos los momentos vividos con Carlos en las últimas horas. Le echaba de menos, no podía esperar a volver a estar a su lado. 
Sonreí pensando que no nos íbamos a separar, que me iba con él. Era lo más romántico que había hecho nunca y que seguramente haría. ¿Y entonces esos malos presentimientos que tenía respecto al viaje? ¿Habrían cambiado ahora que yo iba? 
Llamaron al timbre y S me tiró un cojín para que me despertase y fuese a abrir. 
-¡Qué estaba despierta! 
-Sí, claro. 
La miré amenazadoramente y me dirigí a la puerta, donde me sorprendí al ver a Blas. 
-¿Blas? ¿Qué haces aquí? 
-Venía a ver qué hacemos con la custodia. 
-¿Custodia? ¿Qué custodia? ¿De qué hablas? 
Entonces me fijé en lo que llevaba en las manos. Era el acuario de Tomás. 
-¡Tomás, amor! ¡Cuánto tiempo! Pasa, Blas. 
Se dirigió al salón y Choco se lanzó a comérselo vivo (aunque no sé si a él o a Tomás, recordemos que una vez casi se lo come de verdad) S y Sara le saludaron mientras él intentaba proteger a Tomás. 
-Creo que aquí no puede quedarse. 
-Sí, yo igual. Se acabaría convirtiendo en merienda para perros... 
-Oid que yo estaría aquí-dijo S, molesta. Pero Blas y yo estábamos demasiado ocupados pensando qué hacer con Tomás como para prestarle atención. 
-¿Y si me la dejáis a mí?-dijo Sara. 
Los dos la miramos. 
-¿Y con Paco no va a ser peor?-le preguntó Blas. 
-Él solo come galletas. No tortugas. 
-Pues también es verdad. Toma. 
Y le dio el acuario y una bolsa con la comida. Después, se puso a explicarle cómo debía cuidarla. 
Puse los ojos en blanco. 
-Voy a seguir con la maleta. 
-Ah, pero ¿que no la tienes ya acabada?-inquirió Blas, mirándome con sorpresa. 
-Es que es muy difícil hacerla... 
-Pues date prisa que en un rato nos tenemos que subir a mi casa. 
Miré a Sara como si acabara de hablar en un idioma extinto siglos atrás. 
-¿Y esa cara? 
-Es que no sé de qué hablas. 
-Pero ¿tú lees los grupos de wa o qué?-dijo S. 
-No siempre-reconocí-¿Es que habéis dicho algo? 
-¡Pero bueno! ¿Qué estabas haciendo esta mañana? ¡Lo hemos hablado por el grupo! 
-Ah, por eso el móvil sonaba tanto... 
Recordé mi móvil y el de Carlos sonando en su casa, pero ninguno de los dos le hicimos caso. Estábamos demasiado ocupados el uno con el otro. Luego había pasado de leer los mensajes. 
-¿No los leíste? 
-No, es que eran muchos. 
Suspiraron. 
-Bueno, pues que vamos a cenar en casa de Sara. 
-Ah, muy bien. 
-Así que termina de hacer la maleta. 
-Que siiiii. 
No sin esfuerzo y tiempo, conseguí acabarla y me dejé caer encima de ella. ¡Jesús! Cuánto trabajo. Fui al salón, donde allí seguían los tres, hablando de tal y pascual y vigilando que Choco no cazara a Tomás. 
-¡Ya!-dije, tirándome sobre un sillón.
-¿No te dejas nada? ¿Estás segura?
-No, pero estoy demasiado cansada para ir a comprobarlo.
-Vaya tela contigo.
-Ya, pero bueno. Me aceptáis como soy.
-Qué remedio nos queda.
-Sí, sino Carlos nos pega.
-Como si eso os diera mucho miedo.-dije.
-Pues también. Estos tardan mucho en venir, ¿no?
-Pues sí. Si ya has hecho la maleta, ¿subimos ya a mi casa?
-Sí, claro. Vámonos.
Al subir a casa de Sara nos encontramos a David llamando al timbre. Había estado llamando un ratillo ya y se preguntaba por qué leches no había nadie en casa. 
Nos reímos de él (él también se rió, no éramos unos crueles. Bueno, al menos no tanto) un rato mientras Choco y Paco se recontraban.
-¿Dónde vas a dejar a Tomás?-le preguntó Blas a Sara en tono padre super protector de la vida.
-En un cuarto, ¿te vale o no?
-Me vale.
Ratos más tarde vinieron Dani y Álvaro juntos, que se habían encontrado en el portal y les mandamos a comprar barras de pan, que no había. De paso se llevaron a Choco, que el pobre aún no había salido.
Se fueron corriendo o algo así, muy inmersos ellos en una de sus estúpidas competiciones que sólo ellos (o ni eso) entendían.
Me estaba preguntando dónde leches estaría Carlos. Vale que nunca hubiera sido el hijo de la puntualidad, pero incluso para ser él, se estaba retrasando.
Cuando Álvaro y Dani volvieron (confiaba en que se encontraran a Carlos en el portal o algo similar), de mi querido melón no había ni rastro.
-Esto, chicos-dije-¿Le recordásteis a Carlos que veníamos aquí?
Se miraron los unos a los otros en el más absoluto silencio, que me dio la respuesta.
-¿Y por qué no lo hicísteis?
-¿Y por qué no lo hiciste tú?
-¡Ah, es verdad! ¡Soy lo peor!
Me iba a llorar a una esquina, pero Paco revoloteaba por allí y me dije que mejor que no.
-No hace falta suicidarse por esto, ya se lo digo yo-dijo David.
Le pegué.
Diez minutos más tarde, Carlos se presentaba allí.
-Joder, si es que anda que avisáis con tiempo.
-¡Si lo dijimos antes...!
-Excusas, excusas. Bueno, ¿y en esta casa cuando se come?
Cenamos todos juntos en paz y armonía. Y digo en paz y armonía porque Paco insulto mucho menos de lo normal y solo picó un par de veces a Álvaro. A Carlos solo le insultó y a Dani le robó la gorra.
Mientras cenábamos, riendo y hablando, comentando cada uno una cosa, recordando, hablando de lo que fue y de lo que vendría, nos dimos cuenta de que esa sería nuestra última cena todos juntos hasta dentro de unos días. Que todos empezábamos una nueva rutina, por así decirlo, una nueva vida, aunque fuera temporal.
Algo me decía que mis malos presentimientos no iban mal encaminados y que, aunque yo me fuera con ellos, lo que fuera que iría mal, no se arreglaba con eso.
¿Y si cuándo volviéramos algo no estuviera igual? ¿Y si no estuviéramos los mismos en la próxima cena?
Miré a todos mis amigos, temiendo perder a cualquiera de ellos y mi miraba acabó por detenerse en Carlos que estaba a mi lado, comiendo a dos carrillos, como siempre.
-¿Te pasa algo?
Le sonreí.
Era capaz de leer sin necesidad de palabras.
-Que si te pierdo, me muero.
Se atragantó y tuvimos que darle.
Cuando se recuperó (y yo del susto) retomó la conversación como si esta nunca se hubiera interrumpido.
-Tranquila. No tengo ninguna intención de perderme en ninguna parte en la que no puedas encontrarme.
-No me he enterado.
-La verdad es que yo tampoco. Resumiendo, que no me voy a ninguna parte.
Los dos nos reímos.
Quién me hubiera dicho lo equivocadas que estaban esas palabras.


Hi! Aquí @CrisSombrerita como siempre. ¿Qué os puedo decir que no sepáis ya? Bueno, que lamento haber tardado tanto en subir, pero ya casi tengo vida. Entre la uni y otras movidas... Imposible vivir, y los ratos que tengo para mí, los suelo pasar escribiendo lo que puedo. Así que agradezco vuestra paciencia y bueno, que ya sabéis dónde estoy para cualquier cosa. Gracias por todo.
:)


domingo, 29 de diciembre de 2013

Capítulo 40:¿Sabes? Creo que te quiero.

-Cris-
Carlos me despertó zarandeándome a la mañana siguiente mascullando algo que sonaba como comprar pan para llegar tarde.
O algo similar.
-¿Eh?-dije, medio adormilada.
-Digo que te vayas levantando, que ya es hora y que voy a ir a casa a cambiarme, a coger algunas cosas y compraré pan.
-Sí, sí, sí vale.
Dicho eso, me tumbé de nuevo y cerré los ojos.
-¿Pero quieres despertar, bella durmiente?-dijo, tirándose encima mía como era su costumbre.
Me giré y le miré.
-Ella despertó con un beso de su príncipe azul.
-Qué lástima que a mí me guste más el amarillo.
-Jajajaja.
-Pero quizás funcione igual.
Acto seguido me besó dulcemente y por un largo período de tiempo (que cualquiera diría que me había despertado hace instantes con prisas ¿sabéis?)
-Oidme, que yo no quiero interrumpir nada ni nada de eso, pero...-dijo S, que estaba apoyada en el marco de la puerta, señalando el reloj.
-Ya va, ya va-dijo Carlos incorporándose-Asegúrate de que se levanta, la muy perezosa.
-Oye tú. Menudo fue a hablar.
Él se fue y yo me di una ducha rápida y me vestí con unos vaqueros cortos, una camiseta que ponía "Geek" y mis fieles Converse.
No acababa de ponerme el desayuno cuando Carlos volvió a aparecer.
-¿Y mi desayuno?
-¿Qué tú no habías desayunado ya?
-No, he estado muy ocupado.
-Oh, mi pobre niño. Ahora te lo pongo.
Mientras lo hacía, S y él cuchicheaban entre sí.
-Que sepas que darle pena para que te ponga el desayuno no te va a durar siempre.
-Chst, tú calla mientras dure.
-¿Decís algo que merezca yo saber?-dije, cruzándome de brazos y enarcando una ceja.
-No, no. Qué va.
-Tonterías, ya sabes.
-Ah, bueno. Toma, anda. Y no me des más lástima porque a la próxima te lo pones tú.
-Me ha pillado.
-Es que es muy lista.
-Tú, S, calla y ponte a hacer la comida.
-¿Y por qué yo?
-Pues porque no estás haciendo nada y Carlos y yo tenemos que desayunar.
Mi amiga cerró la boca, resignándose, y miró a Carlos.
-Es que es muy lista.-le dijo este.
-Ya lo veo. Joder Carlos, has comprado barras de pan como para darle de comer a medio pueblo.
-Anda, exagerada.
-S, haz los bocadillos y ya. Hay que ver lo que le gusta a esta mujer protestar...
-¡Habló la inocente!-dijo, dándome una colleja.
Carlos se partió de risa.
Cuando todo estuvo listo lo metimos en una mochila inmensa que tenía S y se la dimos a Carlos para que la llevara.
-¿Y por qué yo?
-Porque eres el hombre de la casa y es tu deber.
-Pues vaya.
- Es lo que hay.
Carlos estuvo como cosa de quince minutos para despedirse del perro.
Nos lo tuvimos que llevar arrastrando.
Abajo ya nos esperaban los demás.
-¡Pero seréis tardones!-exclamó Álvaro alzando los brazos al cielo.
-Tú a callar, señor puntualidad.-le dije mientras le lanzaba a Carlos las llaves del coche para que fuera guardando las cosas en el maletero.
-¿Y si no quiero?
-Uhhhhhh.
-Pues te obligo.
-A ver cómo.
-¡No os peguéis vengaaaaa!-dijo Blas, como siempre, tratando de poner paz.
-Si es que más que nada, porque luego Álvaro no sale vivo de ahí y a ver qué hacemos con Auryn...-dijo David.
-Podríais hablar con Adri, seguro que estaría muy interesado.
-Es una opción, sí.
Álvaro se puso a lloriquear.
-Sé un hombre y defiende tu honor-le dijo S.
-¿Qué hombre?-dijo Carlos.
-¿Qué honor?- inquirió Dani.
Álvaro intentó estrangularlos a los dos.
-Anda, vámonos antes de que esto acabe en desgracia.
Todos asentimos ante el comentario de Sara.
Habíamos quedado con mi hermano, Rebe y Adri en la puerta del parque de atracciones.
Cuando llegamos, ella estaba allí.
-¡Qué puntualidad!-exclamó David.
-Mejor no saques el tema de la puntualidad a relucir...
-¡Hola chicos!
-¡Hola!
Cuarto de hora más tarde, hicieron acto de presencia mi hermano y Adri, echándose mutuamente, la culpa del retraso.
-¡Ha sido él!
-¡Qué va tío! ¡Te dije que bajaras ya que se hacía tarde!
-¡A mí no me dijiste nada, si te estaba yo esperando!
-¡Serás mentiroso!
-¡Chicos, chicos!-dije, metiéndome en medio- Que nos da igual de quién sea la culpa, callaros ya y entremos.
-Vale.
-Cuando se pone así, da miedo-le susurró mi hermano a Carlos.
-A mi me lo vas a decir, que lo vivo cada día...
-¿Habláis de mí o algo?
-Sí, decíamos lo bella que estás hoy.
-Sí, y lo maravillosa que eres siempre.
-Si estábais hablando de la mala ostia que me gasto siempre, podéis decirlo sin miedo y sin peloteos.
Acto seguido, me agarré a un brazo de Sara y eché a andar con aire ofendido fingido.
Entramos al parque y nos paramos en todo el medio.
-Qué calor, por Dios.
-Bueno, ¿adónde vamos?
-Blas, saca el mapa y guíanos.
-Bueno, voy.
-Con él, nunca nos perdemos.
-Se le da muy bien eso de orientarse-le expliqué a Rebe y Adri.
-Ah, eso está bien.
-¿Ya te has orientado?
-Si saber sé dónde estamos, el problema es saber adónde queréis ir.
-Vamos a los rápidos y ya-dijo Alberto-Sin más discusión.
-Pues vamos.
Éramos bastantes, pero entramos todos en una barca de esas.
Nos reímos de mi hermano ya que le cayó un enorme torrente de agua proveniente de un chorro y luego este y la mitad de la barca se rió de la restante cuando una ola nos caló enteros y formó un enorme chaco en la barca.
-Cris, S, cuidado, que si os caéis en el charco, podéis ahogaros.
-Joder Dani, en serio, que la de los chistes malos suelo ser yo.
Nos bajamos y miramos a Blas.
-A mi no me miréis que sólo sé dónde están las cosas.
-Jo, qué frío.
-Anda Carlos si antes te quejabas de que tenías calor.
-Sí, pero eso fue antes de mojarme.
-¡Oh!-dije.
Abrí la mochila que Carlos seguía llevando y le tendí una toalla.
-Preví que esto podría pasarte con lo friolero que eres.
-¿Sabes? Creo que te quiero.
-¿Sólo lo crees?
Mi hermano dio unas palmadas.
-¡Bueno, chicos! ¡No hay nada que ver! Sigamos andando.
Encontramos una montaña rusa, "Tifón" o algo así se llamaba (quizá no, ya sabéis lo pésima que soy con los nombres) y Dani se empeñó en subir.
-Yo debo confesar que estas cosas me dan algo de miedo.
Todos se me quedaron mirando,
-Yo te tenía por una mujer más valiente.
Taladré a David con la mirada.
Carlos me pasó un brazo por los hombros.
Me parecía la cosa más mona del mundo empapado y sujetando la toalla que le cubría.
-Yo te protegeré.
Le sonreí.
Me gustaba cuando me decía eso, porque sabía que lo decía de verdad.
-Gracias. Sé que lo harás.
Luego al final él gritó más que nadie en la atracción y nos partimos de risa.
Nos encontramos con un grupo de auryners y les dejamos un rato para que se hicieran fotos y tal mientras las niñas (como nos llamaban ellos a S, Sara, Rebe y a mí), mi hermano y Adri mirábamos el mapa buscando posibles atracciones a las que podríamos ir.
-A ver, ¿ya habéis decidido ruta?-nos preguntó Dani.
-Pues no, la verdad.
-Echemos a andar y en lo que nos mole, nos montamos.
-Genial.
Pasamos por los autos de coche, vimos que no había cola y corrimos como unos posesos (no había ninguna razón para correr, pero nosotros somos especiales y no nos regimos por las mismas reglas que los demás mortales)
-¿Te montas conmigo?-dijo Carlos poniéndome ojitos.
-¿Tú al volante? Eso me da algo de miedo.
-Te protegeré, ya lo sabes.
Enarqué una ceja.
-¿De qué se supone que vas a protegerme aquí?
-Bueno, es una manera de decir que me portaré bien y seré bueno.
-Carlos, tratándose de ti, eso es absolutamente imposible.
Él se rió.
-Cómo me conoces.
Al ser nuestro turno, él no me dio tiempo a arrepentirme de mi decisión ya que me cogió de la mano y me arrastró hacia uno de los coches más próximos.
Vi que Álvaro y Sara se ponían juntos en otro, S y Blas, Rebe y David y Dani solo, al igual que mi hermano.
-Bueno, pues allá vamos-dijo Carlos, cogiendo el volante.
-Te juro que como me mates, te mato.
El encantador sonido de su risa llenó mis oídos y no dijo nada, pues arrancó.
Le oí canturrear.
Se le veía feliz.
-Ey, pues no lo haces tan mal.
-Pues claro que n...
Dani nos golpeó y exclamó "¡Ajá!", dándose a la fuga.
Y claro está, Carlos se lanzó en su persecución mientras yo ponía los ojos en blanco.
Se llevó por delante a Blas y a S, que se unieron a la persecución, pero para darnos caza a nosotros.
Todo se volvió una locura, todos persiguiéndonos a todos, chocándonos y yo pensando que me tendría que pintar las uñas.
-¿Qué tal tengo el pelo, Carlos?
-¿Me lo tienes que preguntar ahora? ¿No puede ser luego?
-Mi pelo no puede esperar.
-Pero si tu pelo siempre está perfecto.
Ronroneé, contenta.
-Pero ¿ahora cómo está?
Sonrió y me lo acarició.
-Perfecto, como tú.
Le di un beso en la mejilla justo cuando la atracción se acabó.
Tras eso fuimos al tiovivo. Nos parecía un poco infantil, pero no pudimos no montarnos.
Según Blas, era nuestra alma de Peter Pan y los niños perdidos.
Corrí a montarme sobre un caballo, a mi lado estaba Sara sobre un tigre y Rebe, sobre lo que parecía un pato, pero no estábamos muy seguras.
-¡Chicas, vamos por vosotras!
Nos giramos y vimos a Carlos y a Álvaro montados los dos en un carro tirado por caballos con ojos rojos. Daban miedo. Los caballos, digo.
-Pues nada, a ver si nos cogéis.-dijo Rebe.
-¡Uh! ¿Eso es un reto?
-En toda regla.
-¡Vamos!
Se bajaron y corrieron hacia donde estábamos.
De un salto, Carlos se subió a mi corcel y me agarró por detrás.
-Normalmente, los príncipes azules usan caballos blancos.
-Ya te dije que a mí me gusta más el amarillo.

-Y es por eso que estamos montados en un caballo marrón. 
 Los dos nos reímos mientras veíamos a Álvaro haciendo diversos intentos por subirse al tigre y Rebe que le miraba como si decidiendo si ayudarle o no.
 -¿Pero te vas a subir o qué?-le dijo Blas, que iba en un elefante por detrás.
 -Sí, ¡es que esto sube y baja!
 -Uhhh sube y baja. 
Se me quedó mirando.
 -Carlos, controla a esta niña. 
-¡Eh!
 -Tú cállate y sube ya.
 Al final lo logró, no sin esfuerzo.
 Lástima que no acababa de subirse cuando el viaje se acabó.
 Carlos, Rebe y yo nos estuvimos riendo de él un buen rato mientras nos miraba como si quisiera matarnos. 
Pasamos de montar en unos pájaros que volaban de arriba a abajo (le estuvimos a Álvaro con la coña del arriba abajo un rato hasta que nos mandó a la mierda) y corrimos (es decir, nos desplazamos a nuestro paso) a la barca vikinga.
 Carlos nos miró raro.
 -Ahí nos podemos mojar. 
-Vamos, friolero. 
-Mm. 
-Si quieres me quedo contigo y no subimos.-le dije. 
-Nah, no pasa nada. Pero si tengo frío, quizá puedas ayudarme. 
-Encantada. 
Esperamos un rato la cola y después ocupamos todos la barca. Mi hermano, Dani y Álvaro iban los primeros y los demás más atrás, cobardes de nosotros (eso nos decían ellos) Al final se mojaron solo los primeros y los demás salimos intactos.
 -Tengo hambre-dijo mi hermano mientras paseábamos por la zona infantil. 
-¡Qué casualidad! Estaba pensando en lo mismo.-dijo Carlos.
 -Choca. 
Se pusieron los dos a hacer una especie de saludo secreto extraño. 
Rebe encontró una atracción de caballos (habíamos estado hablando en el tiovivo que era su animal favorito) y le vimos en la cara que quería montar. 
Mi hermano, Blas y David pasaron pero todos los demás corrimos a montarnos en uno. 
Carlos me silbó.
 -Eh, Cris. He encontrado uno blanco. 
Y me guiñó un ojo. 
-Jajajaja eres imposible. 
Fui hacia donde estaba y me senté delante. Él me rodeó la cintura con los brazos y tomó las riendas. 
-Hay algo que deberías saber de esta atracción.-le dije. 
-¿Mm? -Hay algo que os va a doler mucho. 
No tuvo tiempo de decir nada, pues el caballo empezó a andar y todos lanzaron un alarido. El caballito te hacía polvo en las partes más íntimas de la vida. 
Cuando nos bajamos, todos los chicos estaban encorvados, lamentándose. Echamos a andar y ellos se quedaron algo rezagados.
 Les esperamos al lado de la estatua de un dragón rojo con gafas. Qué rara me había parecido siempre esa estatua. 
-Bueno ¿y si comemos antes de seguir con la otra parte del parque? 
Todos aplaudimos ante las palabras de Blas. 
Fuimos a un trozo de césped que había en el merendero y ahí nos dejamos caer todos. Comimos y después nos tiramos cuan largos éramos, para descansar un rato. 
Apoyé la cabeza sobre el pecho de Carlos y allí perdí el conocimiento (me quedé medio dormida, traducción) 
Blas dijo que éramos unos sosos y unos aburridos y que se iba a dar una vuelta. 
Un gruñido de todos le respondió. 
-Espera, voy contigo.-dijo Sara, incorporándose.
 -No os vayáis muy lejos. 
-Sí, que os podéis perder. 
-Nah, Álvaro. Con Blas va segura. Yo nunca me he perdido con él.
 -Os perdísteis en la Rioja.
 -Eso fue porque no se fijaba por dónde íbamos, estábamos entretenidos... 
-Vale, se acabó. 
 Los dos cogieron carretera y manta y se marcharon, dejándonos a los demás tirados en el suelo o jugando a las cartas (mi hermano se las había traído) 
-Demos una vuelta por esta parte, así sabremos lo que hay y será más fácil guiar a la manada-dijo Blas. 
-Me parece bien.
 -Qué conformista. 
-Claro. ¿Y qué tal estás? Hace tiempo que no hablamos. 
-Cierto. Estamos cada uno a lo suyo y tal... Bueno, aquí estoy. No puedo quejarme. ¿Tú como me ves?-dijo, parándose y mostrándose ante Sara. 
-Jajajaja yo te veo bien, como siempre.
 -Pues ale, ya está. ¿Y tú qué tal? 
-Oh, yo también bien. ¿No se me ve así?
 -Se te ve genial. Ups, espero que Álvaro no me haya oído, no me gustaría llevarme una colleja.
 -¡Anda ya!
 -El otro día me dio una. No sé qué decíamos Carlos y yo de ti, pero era bueno eh, era bueno y fue y nos pegó a los dos. A ver, a Carlos siempre le da pero ¿a mi? ¿Yo qué hice? 
Sara se partía de risa.
 -Tú sabrás qué hiciste.
 -Te juro que sigue siendo un misterio, porque no lo sé. Espero descubrirlo algún día. ¿Te apetece un helado? Tanto hablar me ha dado hambre. 
Ella le miró raro. 
-Pero mira que sois curiosos todos vosotros. Pero sí, quiero uno. 
-Pues te invito yo, pero no se lo digas a quien ya sabes o...-dijo, señalándose la nuca. 
-Jajajajaja y si le digo que no me invitaste te dará por no ser un caballero.
-Hagamos lo que hagamos, estoy perdido. 
Ambos soltaron una sonora carcajada. 
Por nuestra parte, seguíamos tirados en el trozo de césped donde nos habían dejado. 
-Yo no te quiero decir nada, Álvaro, de verdad, pero a mí me da que esos dos se han fugado y... 
-¿Quieres callarte, so melón? 
-Eso Carlos. No le hagas pensar cosas raras al chaval.-dije. 
-Tú cómo le defiendes ¿eh? 
-Hombre, es mi paisano. 
-Yo también lo soy-dijo Adri. 
Todos le ignoramos. 
-Te recuerdo que esta mañana casi le pegas. 
-No importa. Eso está olvidado. 
-Si te quedas más tranquilo, voy a dar una vuelta a ver si les veo-dijo Dani, incorporándose y estirándose- Necesito estirar las piernas. 
-Eres todo un culo inquieto-le dijo S. 
-Cierto es. ¿Alguien se viene? 
-Yo misma-dijo, levantándose. 
-Yo voy en busca de los baños-dijo Rebe. 
-Yo también-dijo mi hermano. 
-¿Me abandonáis todas y me dejáis sola con tanto hombre?-dije, con fingida angustia. 
-¿Es que tienes miedo?-dijo mi hermano, mirándome con una sonrisa. 
-De ti, mucho. 
-Yo te protejo, ya lo sabes-dijo Carlos, dándome de nuevo con la cabeza en el brazo. 
-Bien, iros todos pues, yo me quedo con mi protector. 
Me di la vuelta, le atrapé y le besé.
-Oye, que nosotros aún seguimos aquí-dijo David.
Les gruñí por lo bajo. 
-Pues nada, seguid con los vuestro.
Carlos se rió sobre mis labios y se separó un poco. Esperaba que fuera para decirme una de esas frases suyas tan empalagosas que tanto me gustaban.
-Me apetece un helado. 
Vale, creo que no. 
-Ams.-dije, empujándole por lo que se me quedó mirando sin entender. 
-¿Qué pasa? 
-Nada. 
Él lloriqueó y Álvaro le puso una mano en el hombro. 
-Ay, joven muchacho. Cuánto te queda por aprender sobre las mujeres. 
-Y me lo dice el que deja que su novia se escape por ahí con... 
-¡Qué te calles! 
-Cris siempre ha sido muy así, de todas maneras-dijo Adri-Tienes que saber lo que quiere y cuándo lo quiere sin que te lo diga. 
-¿Y tú no puedes tener la boquita cerrada?-dije, con mosqueo. 
-Sólo intentaba echarle una mano a Carlos. 
-Mucha complicidad entre hombres veo yo aquí. 
-¿Y qué culpa tenemos si tus amigas te han abandonado? 
-Qué cruel ha sido eso, David.
 Dicho esto apoyé la cabeza sobre Álvaro fingiendo echarme a llorar mientras este me daba unos golpecitos mientras decía "ea, ea". 
-Es toda una reina del drama. 
-Y que lo digas. 
-Os metéis conmigo porque soy la única chica. 
-Pero si yo sólo quería un helado... 
Le gruñí.
-Así vas mal.-le avisó Adri.
-Ya, ya sé cómo voy, ya. 
-Vaya tela. 
Carlos lloriqueó y me golpeó de nuevo el brazo con la cabeza. 
-Oins, si a veces te mataba a tortas, pero te revivía a besos.-dije, abrazándole. 
Álvaro, David y Adri se partieron de risa. 
-Ey, callaros, porque es de las cosas más bonitas que me ha dicho. 
-¡Cómo serán las otras cosas que te diga entonces! 
-Es que Cris no es mucho de cosas empalagosas y tal... 
-Dejemos de discutir lo que le digo o no le digo a Carlos o...-dije, entrecerrando los ojos. 
-¿Estáis molestando a mi hermanita o qué?-dijo mi hermano apareciendo junto con Rebe-Digo, para unirme yo también. 
-Sois lo peor. 
-Pero ya lo sabíamos.-dijo Blas. 
Nos dimos la vuelta y vimos a Sara y a Blas. 
-¡Hombre! Mirad quienes son. 
-Yo quiero un helado. 
-Pues ahí tienes-dijo Blas señalando un punto a su espalda. 
-Genial. 
Y echó a correr (andar rápido) arrastrándome. 
La recompensa de toda esa carrera fue que me invitó a un granizado. 
-¿Me das un poco? 
Sabía que compartir algo con él era igual a salir perdiendo, pero no me importaba. 
-Claro, si tú me das helado. 
-Por supuesto. ¿Qué tal estará Choco? 
-Seguro que bien. Es un perro muy listo, se las apañará. 
-Eso espero. 
Nos reunimos con los demás y nos dimos cuenta de que S y Dani no estaban. 
-Qué genial. 
-Los llamamos y les esperamos en un sitio, tú no te angusties. 
-No, sino lo hago. 
Blas les llamó y quedamos con ellos enfrente de la mina de las arañas. 
-Ya que estamos aquí ¿entramos? 
-Ni hablar-me negué- Ahí dentro está tan oscuro que no puedes ver más allá de tus narices y además hay arañas. 
-Pero son de mentira, no me seas cobarde-dijo Carlos, "el que siempre me protegería" 
-Habló el que en la cabaña estuvo gritando y corriendo en círculos con lo brazos en alto hasta que maté a una araña minúscula. 
Él me miró con ojos dolidos por la traición. 
-¡Me dijiste que jamás lo contarías! 
-Mentí. Y ahora vamos a la atracción. 
-Pero ¿no decías que...?-comenzó Sara. 
-He cambiado de opinión. ¿Venís? 
Nos subimos todos a dos vagones juntos. 
-Guau, si esto tiene hasta pistolas. 
-Claro, hay que matar a las arañas. 
-Qué pasote. 
-Nah, en verdad es una mierda. Ya lo descubrirás. 
Arrancó la atracción y nos metimos en el túnel más oscuro en el que había entrado. 
-Tio, si esto no dispara. 
-Intenté avisar. 
-Qué asco. Pero si no veo nada. 
-¡Qué genial es todo! 
-¿Carlos? ¿Dónde estás? ¡No te veo! 
-Bueno... 
No veía nada y quería agarrar a Carlos, así que empecé a dar manotazos al aire a ver si le encontraba. 
-¡Ah! 
-Ay, lo siento Álvaro. 
Enganché lo que parecía su brazo. Joder ¿dónde coño se había puesto el niño? 
-¡Oh, Carlos! ¡Al fin te encuentro! ¿Por qué coño no respondes cuando te llamo? 
-Pero si estoy aquí-dijo una voz a mi derecha-Llevo aquí todo el tiempo disparándome con David. 
-Sí, yo soy Blas. 
-¡Ah, Blas! Ay Dios mio, lo siento. Yo no... ¿Carlos quieres dejar de dispararle mientras me disculpo? 
 -Vale.
 La atracción fue tan penosa que decidimos ignorarla. Tras eso se montaron en un par de montañas rusas cuyo nombre no soy capaz de recordar (y digo montaron porque yo me quedé en tierra) y otras cosas de aspecto peligroso (a mi todo lo que sea levantar los pies del suelo me parece peligroso) 
-¡Oh, la jungla de Tarzán! 
Nos montamos (ya que estábamos... Además no parecía muy peligroso) en unas barcas y dimos una vuelta por una "selva" que me puso los pelos de punta. 
-Pero no te asustes, Cris, mira, si son de mentira...-dijo Dani estirando un brazo hacia uno de los cocodrilos que asomaban la cabeza por encima del agua. 
-Yo no haría eso por... 
No me dio tiempo a avisarle, puesto que el cocodrilo, mecánico, sacó la cabeza y entrecerró las fauces. 
-¡Su puta madre...!-dijo Dani, dando un salto en la barca. 
Los niños se echaron a reír muy fuerte y la risa les duró todo el viaje. 
Pasamos por delante de la casa del terror. 
-No, no vamos a pasar ahí por si a alguien se le había ocurrido pensarlo. 
-Ah, vale. Todo aclarado entonces. 
Montamos en unos zeppelines y dimos una vuelta entera por el parque, mientras los chicos señalaban los sitios donde no habían montado y nosotras señalábamos a los chicos guapos que veíamos. 
-¡Mirad ese rubio de ahí! Parece mono. 
-Y ese de ahí, el que va con él, está como un tren. 
-Rebe, eso ya no se dice. Está pasado de moda. 
-¿Si? No me digas. Tengo que modernizarme. 
-Y ese chico de la camiseta negra promete. 
-Uhhhh. 
Oímos un carraspeo y nos giramos. Carlos y Álvaro nos miraban a Sara y a mí entrecerrando los ojos, los demás enarcaban una ceja. 
-Me da que os han oído, chicas. 
-Ya claro Rebe como si tú no hubieras dicho nada... 
Les mandamos besitos con la mano hasta que nos perdonaron. 
Cuando bajamos, nos dividimos en dos grupos, los que querían montar en más cosas y los que queríamos pasear y disfrutar de las vistas y tal. Por supuesto, Carlos iba en el primer grupo y yo en el segundo. 
-No quiero separarme de ti. 
-Oh, mi amor, yo tampoco-dije. 
Nos fundimos en un abrazo muy bello y él al instante me separó. 
-¿Qué me has llamado? 
-Me estoy metiendo en el papel, no lo estropees. 
-Vale.
 Y nos fundimos en otro abrazo. 
-Son los reyes del drama, en serio. 
Nos separaron cogiéndonos a cada uno por un brazo y a gritos dijimos que nos reuniríamos pronto. 
Yo me fui con las chicas y con Adri, la resta, querían montarse en todo. Dimos un enorme paseo por todo el parque, haciendo fotos y tal e incluso pasamos por unos puentecillos que había con unas fuentes que te empapabas si pasabas. Capitaneadas por Adri, emprendimos otra vuelta para ver si encontrábamos a los chicos. 
-Sara, estoy cansada. 
-Cris, ya volvemos a casa. 
-Pero estoy muy, muy cansada. 
-Pero si apenas hemos hecho nada hoy. 
-Pero estoy muy cansada. 
-Siempre has sido muy floja-dijo Adri. 
Como respuesta, se llevó una colleja. 
-Pues hace calor, eh. 
-Sí, aunque ya va anocheciendo. 
-Madre, si hasta yo estoy cansada. 
-¡Carlos!-salté de repente, tan de repente que se me quedaron mirando. 
-¿Dónde?-dijeron mis amigas y Adri, escrutando el horizonte con la mirada. 
-¡Allí, miradle!-dije, señalando un punto lejano y a duras penas visible. 
-Dios, pues sí es él porque el de al lado es David. ¿Cómo has podido ver que era él? 
-Él y Cris están conectados así de una manera rara y pueden sentirse a kilómetros a la redonda y cosas como esa-le explicó Sigrid. 
-Fascinante. 
-Simplemente, mi radar le detectó. Le reconocería aunque no fuera él. ¡Vamos! 
Y eché a correr. 
-¿No que estaba cansada?-dijo Rebe viéndome alejarme. 
-Me da que ya no. Anda, sigámosla antes de que se pierda. 
-Pero si es todo recto. 
-Es capaz de perderse. Te lo aseguro. 
Corrí hacia Carlos. Dani le avisó de que venía y se giró, justo a tiempo de abrir los brazos para recibirme, pues antes de llegar hasta él, pegué un salto. 
-Eh, jajaja ¿adónde ibas tan rápido? 
-A ti. 
-Oh. 
-No me fastidies que vais a empezar otra vez con vuestras escenitas a lo Romeo y Julieta...-dijo David poniendo los ojos en blanco. 
-No, no somos ni Romeo ni Julieta...-canté. 
En ese momento vinieron las niñas y Adri. Empezó una conversación enorme de qué habíamos hecho cada uno mientras, guiados por Adri y Blas, empezábamos a dar otra vuelta (que yo deseé que fuera la última) 
Lloriqueé por lo bajo. 
-¿Qué te pasa? 
-Estoy cansada, Carlos. ¿Me puedes llevar un rato? 
-¿No eres una niña muy mayor para eso? 
-Yo qué voy a ser mayor. 
Se partió de risa. 
-Tienes razón. Anda, súbete. 
-Wiii, solo un rato, te lo prometo. 
Me subí a su espalda (la mochila se la habíamos dado a S) y allí me pasé buena parte del paseo. 
-Creo que va siendo hora de ir yéndonos a casa-dijo mi hermano (¡bendito fuera!)-Mi hermana se ha quedado dormida. 
-Mmmm-dije, cuando me sacudió.-¡Estate quieto, payaso, con lo agusto que estoy! 
-No, si ya jajajajajaja. 
Volvimos a los coches tras despedirnos de mi hermano, Rebe y Adri. 
-Álvaro, ¿conduces tú? Que no me apetece. 
-¿Te fias de mí? 
-Claro. 
 -Ohhh. 
Volvimos sanos y salvos a casa. 
-Vente conmigo a casa-me dijo Carlos agarrándome de la mano. 
-Estoy cansada y tendría que ducharme y... 
-Yo te llevaré y te recuerdo que en mi casa hay ducha. Por si se te había olvidado. 
-Mm, vale. Me has convencido. 
Él sonrió. 
-Tengo grandes dotes de persuasión. 
-Lo sé. 
-Jajajaja ¿y tú dónde vas?-preguntó girándose hacia Álvaro. 
-A casa con Sara, ¿dónde te crees sino? 
-Ah. -¡Vamos!-dijo Sara, tirando de él-Que Paco lleva solo todo el día. 
-Cuánta preocupación. 
Nos despedimos en el ascensor de los dos y fuimos a casa, con Carlos a la cabeza. Nada más entrar en casa se abalanzó sobre Choco, a darle mimitos y abrazos. 
-Le voy a sacar mientras te espero-dijo, cogiendo carretera, manta y correa. 
-¿Me abandonas hoy también?-dijo S. 
-Lo siento, ya sabes que los chicos se van ya y quiero pasar todo el tiempo que... -Ya, lo sé, lo sé. Tranquila. 
-¿Te pasa algo? 
-Nah, qué va. Haz lo que sea que tengas que hacer, no le hagas esperar mucho al chaval. 
-Mm, vale. 
Cogí el mismo bolso que usaba siempre para meter mil cosas, lo llené con las primeras cosas que encontré y me lo colgaba al hombro cuando Carlos apareció. 
-¿Lista?
 Asentí. 
-¡S, nos vamos! 
-¡No os deis con la puerta en el culo al salir! 
Los dos nos miramos confusos, pero decidimos no comentar nada. 
Llegamos a su casa y me dejó ducharme primero. Sin secarme apenas el pelo y en pijama me tiré sobre él, que estaba en el sillón, muy entretenido con la tele y el móvil. 
-Te toca. 
-Ah, bien. Qué bien hueles. 
-¡No me muerdas! 
-Es que no cené. 
-¿Quieres que te prepare algo? 
Se me quedó mirando inexpresivo. 
-¿No te fías de mí o qué? 
-Oh, no es eso. Solo me ha sorprendido. 
-Bueno, voy a la cocina antes de que me arrepienta. Y tú tira para la ducha. 
-Vooooy. 
Le curioseé por la cocina a ver qué encontraba e hice lo más sencillo y fácil que encontré por ahí. Cuando acabé, él no había terminado de ducharse así que me tumbé en el sillón y me quedé prácticamente dormida hasta que Carlos me despertó. 
-Ay, tienes ahí la cena. 
-Si tienes tanto sueño, vete a la cama y ahora iré yo. 
-Vale. 
-¿Hace falta que te lleve?-dijo viéndome cómo me levantaba. 
-No, no. No te preocupes. 
Antes de tocar siquiera la almohada, ya estaba dormida, pero abrí los ojos al sentirle. 
-Ya creí que no venías. 
-Tampoco he tardado tanto, anda.
 Le abracé y oí que decía algo más, pero no lo entendí puesto que me quedé dormida de nuevo, hasta que me despertó a la mañana siguiente el sonido de mi móvil.
 Tenía misteriosamente el brazo de Carlos sobre la cara. Lo retiré y busqué mi móvil a tientas. Oí a Carlos refunfuñear. Di finalmente con el teléfono. 
-¿Si?-dije, bostezando. 
-Criiiiiis. 
-¿Álvaro? 
Carlos se incorporó al momento. 
-¿Qué hace Álvaro llamándote? 
-Es mi primo, bobo, no Gango. 
-Ah, vale. 
Se volvió a tumbar y se quedó medio dormido. 
-¿Qué pasa, Álvaro? 
-Carlos. 
-Sí, Carlos está aquí. ¿Qué...? 
-Cris, soy yo. S. -¿Has secuestrado a mi primo o qué? 
-Sí claro, no tengo una cosa mejor que hacer. No, a ver. Ha venido tu tía hace rato y me lo ha dejado aquí en casa, por lo que me preguntaba si ibas a tardar mucho en volver... 
-¿Qué? ¿Y eso?
-No sé, pero creo que el niño se queda hasta mañana. Dice que es muy pesado con eso de ver a Carlos y eso y que ella tiene que hacer unas cosas y que ya que con nosotras se porta tan bien...
Suspiré. 
 -Ya, vale, entiendo. Está bien, en un rato estoy allí. 
-Vale, perfecto. 
Colgué y me dejé caer de espaldas sobre la cama. 
-Carlos-dije, zarandeándole. 
-Estoy despierto y lo he oído todo. 
-¿Te vas a venir? 
-Parece ser que el niño me ama. 
-Sí, bueno. 
-Jajajaja no te pongas celosa. 
-No lo hago. Pues si te vas a venir, venga. Arriba. 
-Vale. 
Desayunamos, nos vestimos y volvimos a casa. 
Álvaro y Choco corrieron hacia Carlos. Fue cómico verle coger al niño en brazos y a Choco dar saltos y ladrar a su alrededor. 
-¿Por qué me pasa esto a mí?-suspiró.
Les dejamos a los tres jugando en el salón y me puse a ayudar a S a tender la ropa. 
-¿Y cuál es el plan para hoy?-pregunté.
-Pues no sé, ayer estuvimos hablando de ir a casa de David y darnos un baño en la piscina y tal. 
-¿Ah si? ¿Hablamos de eso? ¿Y dónde estaba yo? 
-No sé, quizá fuera cuando te fuiste con Carlos a por el helado y eso. 
-Es posible. Entonces ¿se hace o no? 
-No sé, podemos preguntar. 
-Pregunta, pregunta. 
-Dicen que sí, que ese es el plan. 
-Pues si nos llevamos al niño habrá que llevar cosas de esas para que no se ahogue. 
-Quieres decir manguitos. 
-Sí. O una tabla para que se agarre a lo Titanic, qué más da. 
-Sí, y un bañador. 
-No tendrá nada de eso en la bolsa ¿no? 
-Espera, voy a mirar. 
Mi amiga se fue y yo seguí tendiendo. 
Tardó tanto en volver que yo pensaba que me había abandonado para que hiciera la tarea yo sola. 
-No, no tiene. 
-Bueno, pues vayamos a comprárselo. Carlos, vamos a ir a comprarle unas cosas al niño ¿te vienes? 
-Sí claro, aquí me voy yo a quedar. 
Nos fuimos los tres y el niño, que no soltaba a Carlos ni aunque su vida dependiera de ello y este que iba entre contento y "por qué demonios no me quitáis al niño de encima". 
-A ver, vosotros que sois unos expertos-dije mirando a S y Carlos- Vosotros decís qué bañador y manguitos le van más. 
-¿Dónde me has visto tú a mí la cara de experto? 
-Sí, eso. Y además el que sabe de niños es Dani. 
-Sí, llamémosle y preguntémosle. "Eh, Dani, tenemos una duda existencial. ¿Tú qué consideras que es mejor para el niño, manguitos de Caillou o de Pocoyó? ¿O quizá de Peppa Pig?" 
Los dos se rieron tanto que Álvaro y yo nos asustamos. 
-Que elija el niño y ya está. 
Álvaro se decantó por unos manguitos de Scooby Doo y un bañador de Bob Esponja. 
-A David le va a gustar mucho tu bañador-le dijo Carlos. 
Álvaro, feliz, zarandeó su nuevo bañador por el aire.
 Volvimos a casa y Carlos se fue a sacar a Choco junto con Álvaro, que era su sombra, mientras nosotras decidíamos qué hacer de comida.
Se oía a Álvaro reírse, a Carlos gritar y a Choco ladrar en el salón.
-Qué estarán haciendo esos tres...
-Vete a saber.
-Nah, el comedor está muy lejos.
S me miró raro.
Carlos, S y yo comimos spaggetis y Álvaro estaba inmerso en su potito.
-¿Sigues alimentándote de eso? Hijo, así no vas a crecer.-le dijo Carlos.
Álvaro miró el potito y después nos miró a nosotros.
-Álvaro quiere ser un niñio grande.
-Se dice "niño", cielo.
-Y claro que vas a ser un niño grande. Te harás muy grande y serás más alto que nosotros.
-Y entonces nos darás collejas con la barbilla.
Álvaro se rió y S y yo miramos mal a Carlos.
-Así que venga, si quieres hacer eso, tienes que comerte el potito.
-Sí, sí, sí.
Tras comer, me dormí la siesta en el sillón con Choco a mis pies mientras Carlos y S cuidaban al niño, que jugaba con un Spiderman y unos dinosaurios que se había traído.
Carlos me despertó y me dijo que me fuera preparando para ir a casa de David.
Refunfuñando (tengo muy mal despertar) fui a mi cuarto, me puse el bañador y me vestí.
-Bueno, vámonos. Pero una cosa, ¿cómo llevo al niño en el coche sin su...?
S silenció mi pregunta poniéndome en las manos la sillita.
-Veo que mi tía está en todo.
Ella solo asintió con la cabeza.
En apenas un breve rato, llegamos a casa de David.
Menos mal, porque no aguantaba más el cd que Álvaro me había hecho poner (las mejores canciones de Dora la exploradora y sus amigos)
-¡Anda!-dijo David al abrir-¿Y este niño tan guapo?
-David, por favor, vas a sonrojarme-dijo Carlos.
-¡Pero si el decía al niño!
-Ah.
Pasamos.
Sara, Álvaro (qué raro que el señor puntualidad ya estuviese allí) y Dani estaban allí.
-¿Y Blas?-pregunté.
-Ahora viene. Supongo. Ya debería estar aquí.
-Ah.
-¡Anda! ¡Pero mirad quién es!
Álvaro junior se lanzó de cabeza de los brazos a Carlos a encima de Álvaro.
-Cuánto tiempo sin verte, meloncín.
Vino Blas y Dani le echó la bronca por llegar tarde.
Pobre.
-Bueno, pues vamos todos a bañarnos.
-Ven, Álvaro-los dos me me miraron-Toma tu bañador.
-Ah, el pequeño.
-Enséñales lo que mola tu bañador.
-¡Miraa!-dijo, enseñándolo.
-¡Halaaaaa, qué morro! Es de Bob esponja.
-¡Yo quiero otro igual! ¿No había para mí?
-No. Tú eres grande.
Todos nos reímos.
-Ya te dije que a David le gustaría tu bañador.-le dijo Carlos.
-Siii. Yo te lo dejo.
-Uy, pero me da que el tuyo no me vale.
-Porque eres grande.
-Bueno, a mi no me apetece ver al niño desnudo así que toma-le tiré a Álvaro el bañador-y toma- y a Dani los manguitos.
-¿Quieres que los hinfle?
-¿Acaso mi indirecta no era suficientemente directa?
-Sí, señora.
Les dejé a los dos como encargados del niño, junto con Sara que se quedó como supervisora y los demás huimos hacia la piscina.
Álvaro apareció al rato junto con Álvaro junior (digámosle así a partir de ahora, sino es un lío) vestido ese con su bañador de Bob Esponja y sus manguitos.
-Ale, mírale qué guapo está Álvaro.
-Es confuso, porque no sé de cuál hablais.
-Ten por seguro que de ti no.-dijo Dani, apareciendo así de la nada.
-Ven al agua, Álvaro junior-le dije.
Álvaro le dejó en el suelo y el pequeño, se acercó y metió un pie.
-Está fría.
-¡Qué va a estar fría!
-¡Cabezón, ven!-le llamó Carlos.
-¡Carlos!
Y al instante el niño se tiró y empezó a chapotear cerca de Carlos.
-Es íncreible-dije.
Estuve un rato y me salí, pero los cinco y Sara estuvieron bastante tiempo en el agua con el niño, jugando de acá para allá. 
S pasaba un poco del tema, normal.
Ya había tenido suficiente niño en casa.
Mirándoles jugar y divertirse, no pude evitar que se me encogiera el corazón al pensar que, en breve, carecería de estos momentos. Que estos sólo serían posibles en mis recuerdos.
No sabía cuántos días quedaban para su marcha, no quería contarlos.
No quería saberlos.
Tan solo quería dormir cuando se fueran y despertar cuando regresaran. Dormir esperando su regreso para no vivir esos angustiosos días sin ellos y ser despertada a su vuelta por... ¿Por qué no? Por un beso de Carlos.
Sonreí.
Vaya, quién iba a decirme a mí que acabaría por gustarme ese estúpido cuento.
Todos los cuentos tienen un final feliz, pero ¿y si mi vida no era uno de esos cuentos?
Aquella pregunta borró mi sonrisa al instante, porque apoyaba el mal presentimiento que tenía de que, si se iban, nada volvería a ser igual.


Buenas, gentecilla. Como siempre, soy @CrisSombrerita.
Sinceramente, no puedo creerme que, en apenas unas semanas, vaya a hacer un año de que tuve la idea de esta novela y la empecé. Cuando comencé, pensaba que apenas tendría unos cuantos capítulos y que nadie la leería, pero me equivoqué, y me alegro de haberme equivocado hace un año.
Más de 102.000 visitas e incontables personas que leéis Endless Road.
Es simplemente íncreible.
Ha sido todo un año que hemos ido atravesando juntos por medio de capítulos y ha sido un año maravilloso. ¿Cuántos más cumpliremos juntos?
Un beso enorme.
@CrisSombrerita