lunes, 7 de enero de 2013

Capítulo 3: Sombreros pasados por agua.

-Cris-
-Son majos, ¿verdad?-le dije a Sigrid mientras caminábamos.
-Sí.
-Demasiado, diría yo.
-¿Qué quieres decir?
-Que no hay mucha gente como ellos en el mundo.
-¿Y?
-Pues que hemos tenido mucha, mucha suerte. Y eso que tú eres una gafe.
-¡Eh!
Sonreí mientras esquivaba una colleja.
Nosotras éramos así. Nos queríamos mucho y expresábamos nuestro cariño a base de collejas. Había amigas que se abrazaban, pero, ¿para qué? Una colleja es algo mucho más divertido. Sobre todo, porque luego puedes devolverlas.
-Voy a hacer más fotos-informé mientras encendía la cámara.
-¿Más? ¡Nooooooooo! Quiero irme ya al hotel, estoy cansada.
-Oh, venga, vamos. No hemos venido hasta París para estar en el hotel. Ya tendrás tiempo de descansar y, además, allí es dónde vamos, sólo que iré sacando fotos.
-Pero te conozco. Te irás parando cada diez centímetros para echar una foto y así, no llegaremos nunca.
-Uh, es cierto. Qué lástima, pero necesito sacar buena nota en este trabajo. Podría aprobarme el curso.
-Si no te durmieras en clase...
-Eh, a mí me gusta sacar fotos, no aprenderme la teoría. No hay nada que te pueda enseñar cómo sacar buenas fotos, es talento natural.
Ella puso los ojos en blanco y yo me puse con mis fotos.
-Eh, mira, puedes fotografiar eso de allí.
Eran unas cuántas tiendas iluminadas, que podrían parecer una postal.
-¡Voy! Espera un minuto que acabe aquí-dije, ya que tenía una foto en mente.
Apreté el botón justo en el mismo momento en el que Álvaro metía la cabeza en el objetivo y claro, el flash le cegó.
-¡Ah, no veo!-dijo parpadeando y agitando los brazos en el aire.
-¿Álvaro?-pregunté-¿Pero no os habías ido a...?
-Sí, bueno-dijo Carlos, apareciendo de la nada y dándole unos golpecitos en la espalda a Álvaro, que seguía luchando por recuperar la vista- Eso intentamos.
-¿Intentáis...?-preguntó Sigrid.
-Pensamos en lo que dijisteis acerca de que podían secuestraros y pensamos que, ya que íbamos al mismo sitio, ¿por qué no acompañaros?-dijo Blas, también apareciendo de la nada.
-Ya veo.-dijo Álvaro.
-¿Y qué mejor que tres hombres hechos y derechos para acompañaros al hotel?-dijo Carlos.
Les eché una foto.
-Ya tengo título. "Tres hombres hechos y derechos". Con esto, sobresaliente seguro.
Nos reímos.
-Bueno... Pues vamos, si queréis-dijo Sigrid.
Y echamos a andar.
Yo con la cámara todo el rato, haciendo fotos aquí y allá.
-¿Es siempre así?-le preguntó Álvaro a Sigrid mientras me paraba para fotografiar un pájaro bebiendo en una fuente.
-Siempre. Menos cuando no tiene la cámara, pero eso es raro.
-Pues como Carlos con los sombreros. Ayer le viste sin él, pero raramente podrás volver a verlo. Es un fenómeno que se da cada tres o cuatro años.
-Yo siempre metido en la conversación, no importa lo que haga...-dijo el aludido.
En ese momento vine yo a enseñarles la foto del pájaro.
-Y mirad, le pillé echando a volar y se ven las gotas de agua de las alas.
-Ohh-dijeron todos y seguimos andando.
-¡Blas!-dije.
Este me miró y le eché una foto.
Se la enseñé.
-Ey, pues sales guapo de imprevisto.-le dije.
-No le digas eso al chaval a ver si se lo va a creer o algo-me dijo Carlos.
Blas, en vez de contestarle, le dio una colleja al sombrero y este se cayó al suelo.
Carlos se agachó, cogió el sombrero, lo sacudió un poco y se lo puso de nuevo en la cabeza, mirando a Blas con una mirada de odio tan intensa que llegó a darnos miedo a los dos.
Le eché una foto a esa cara y pensé que la titularía "Odio en estado puro".
-Bueno, se acabó el echar fotos por hoy-anuncié.
Sigrid me puso la mano en la frente.
-¿Cris? ¿Estás enferma o algo? ¿Eres tú de verdad?
-Emm...No y sí.
-¿Tú diciendo eso? No eres mi amiga, me la han cambiado por otra.
-Anda ya. Si quieres enciendo la cámara y sigo con las fotos.
-¿Qué dices, qué dices? Esta nueva versión tuya es mucho mejor.
-Si no sigo con las fotos es porque ya no siento el dedo de tanto apretar el botón.
Nos reímos y continuamos.
Llegamos al hotel y nos montamos en el ascensor.
Sigrid y yo nos bajamos en la segunda planta, pero, antes de bajar, les agradecimos que nos hubieran acompañado. Desde luego, habíamos ido mucho más tranquilas con ellos. Dos chicas bajitas como nosotras éramos fácilmente secuestrables. Podían meternos en un bolso, un bolsillo o incluso en un gorro y ya está. Quizá estuviera exagerando un poco.
Nos metimos en la habitación, cambiamos nuestra ropa por los pijamas y nos tiramos cada una en su cama.
-Dios, maldita la hora que dije que vendría contigo a París...-me dijo Sigrid.
-Ah, sabías a lo que venías.
Nos reímos y cogí la cámara.
-Vamos a ver algunas fotos.
-Pero tendrás más de 500.
-No tantas. Casi 200.
-Madre mía...
-Pero no todas son mías, jo. Algunas son de los chicos y esas que hizo David.
-Pues vamos a ver esas.
Me tumbé con ella y estuvimos viendo las fotos.
Primero, vimos las del coche.
Nos reímos mucho con una de David que salía con cara como si le estuvieran matando.
-¿Qué pasó con esa foto?-preguntó mi amiga.
-Creo que fue cuando se disparó el flash en la cara accidentalmente.
Seguimos mirando las fotos y nos reímos mucho.
Quizá, si teníamos tiempo, pudiéramos enseñárselas a ellos también.
Llegamos a las que hice esta noche.
-¿Y esta?
-Esta se llama "Odio en estado puro". Fue cuando Blas le tiró el sombrero a Carlos al suelo.
-Da miedo.
-Sí, pero es una buena foto.
-También.
Nos reímos y apagué la cámara.
Me levanté para apagar las luces y me tiré sobre mi cama.
-¿Hablamos un rato?-pregunté.
-Bueno, vale. ¿Sobre qué?
-¿No crees que son unos chicos estupendos?
Ella se río.
-Sí, lo son.
-Es que aún no puedo creerme la suerte que hemos tenido siendo tú tan gafe. Es como... Si no fuera real.
-Quizá no lo sea.
-Pues si es un sueño, no me despiertes.
-Para sueño, el que tengo yo.
-Jajajaja, bueno, pues durmamos.-le dije.
A la mañana siguiente...
-Cris, despierta.
-No...
-Vamos.
-Pero ahora la que tengo sueño soy yo...
-Ah, se siente.
-Jo... Vale.
Nos levantamos y nos vestimos.
Salimos de la habitación para bajar a desayunar y me puse el sombrero.
-Oh, no. ¿Tú también?-me preguntó Sigrid.
-¿Qué pasa?-dije yo sin entender.
Me señaló la cabeza.
-Ah, pues... Es que son modernos.
-Ya, claro.
-Que sí, que lo son.
-Que sí, sí, vale, lo que tú digas.
Fui por los pasillos con una cara de dormida que no podía con ella, pero, cuando entramos en el comedor y vimos que los chicos estaban por allí, me desperté ipsofacto.
Álvaro fue el primero en vernos.
-¡Buenos días!-nos saludó.
-Buenos días.-le dijimos las dos.
-Estamos allí sentados, ¿queréis venir con nosotros?
-Claro, por qué no-dijo Sigrid.
Cogimos un par de cosas para desayunar y le seguimos hasta la mesa.
Él se sentó al lado de David y nosotras dos en una esquina.
-¡Buenos días!-dijimos todos a la vez.
Todos se me quedaron mirando el sombrero.
-¡Ey! ¡Eres de los míos!-dijo Carlos entonces.
Me encogí de hombros.
-Me gustan los sombreros, eso es todo.
-De los míos, entonces. Choca.
Choqué los cinco con él mientras los demás me miraban como "otra que ha caído en el lado oscuro de los gorros...".
-¿Sabéis qué?-dije-Me caéis bien.
-Y para ello sólo hemos tenido que llevarlas en el coche, invitarlas a cenar y escoltarlas al hotel-dijo Álvaro-Vamos bien chicos, vamos bien.
Nos reímos y hablamos mientras desayunamos.
-¿Y qué vais a hacer hoy?-preguntó Dani.
-Pues...¿Cris?-dijo Sigrid, mirándome.
-Fotos.
-Lo suponía-dijo Blas, por lo que nos reímos.
-¿Fotos de qué?-preguntó David.
-De ti, si quieres posar.
-Uhhhhhhhh-dijeron todos.
Me reí.
-No sé, había pensando ir a Notre Dame. Ahí puedo hacer buenas fotos. ¿Y vosotros?
-Seguir grabando el vídeo-contestó Álvaro.-Ya no nos queda mucho.
-Si queremos grabarlo, tendremos que irnos ya-dijo Blas, mirando el reloj.
Se levantaron.
-¿Nos veremos luego?-preguntó David.
-Si el coche no muere y nos deja tiradas en medio de la carretera... Si, ¿por qué no?-dije, bebiéndome el café.
-Pues, si lo hace, tomad esto-dijo Carlos, tendiéndome un papel.
-¿Qué es esto?-dije, mirándolo.
-El número de Blas, ya sabes. El manitas.
-¿Tú ya estás dando mi número por ahí?-dijo Blas.
-A alguien tendrán que llamar si las pasa eso, Blas y a quién mejor que a ti. Sabes que no se fían de los hombres con bigote grande.
-Anda, tira-dijo este, intentándole dar una patada, que esquivó.
Se despidieron y se fueron.
Sigrid y yo nos quedamos solas.
-Mira-dije, pasándole el papel-Ya no necesitamos el número de la grúa. Tenemos a Blas.
-Pobre chico.
-Es lo que hay-dije, mientras sacaba el móvil y guardaba el número en la agenda.-¿Has terminado ya? Entonces nos vamos.
Subimos a la habitación, cogimos los bolsos, la cámara y el mapa y nos fuimos al coche.
-¿Te sabes el camino?-me preguntó mi amiga.
-Aunque no te lo creas, he estudiado la ruta previamente. Puede que no lo parezca, pero soy inteligente.
-Yo eso no lo discuto. Sólo dudo de tu capacidad de orientación.
-Ah, ahí haces bien. Por eso traje el mapa.
Nos montamos en el coche y emprendimos el viaje.
Al rato, le tiré encima el mapa.
-Indícame, así haces algo.
Me miró con odio, pero no con tanto odio como Carlos ayer.
Me reí.
Dios, esa foto era buenísima.
-¿De qué te ríes?-dijo Sigrid mientras abría el mapa, que era como dos veces su tamaño.
-De la foto de "Odio en estado puro". Me hace gracia. Bueno, ¿por dónde es?
Me indicó, hasta que me encontré de nuevo y pudo guardar el mapa.
-Puff-dije, quitándome el gorro de la cabeza un rato-No sé cómo a Carlos no se le derrite la cabeza. Qué calor da.
-Estará acostumbrado.
-En fin. ¿Algo de música?
-La última vez que dijiste eso, se nos rompió el coche.
-Así llamamos a Blas.
Nos reímos las dos.
-Bueno, ponla.
Puse la radio.
-CAUSE I KNEW YOU WERE TROUBLE WHEN YOU WALKED IN.
-Pues ahora el coche no se rompe, ¿eh?-dije.
-Qué pena.
-TROUBLE, TROUBLE, TROUBLE.
Conseguimos llegar a nuestro destino y nos bajamos del coche.
Quise hacer esa foto de, delante de Notre Dame, pegas un salto y echas la foto.
La mía salió a la primera, pero a Sigrid le costó como seis intentos. Es que siempre le salían los pelos en la cara y claro, así no valía. Yo, como tenía el sombrero, pues...
Una vez dentro, Sigrid me dijo que sería en vano, pero insistí en buscar al Jorobado de Notre Dame. Por supuesto, no di con él y Sigrid se rió.
Comimos por allí y después emprendimos el regreso en coche.
-Y ahora queda el camino de vuelta-dijo Sigrid.
-Sep.
-¿Llamamos a los chicos?
-¿A los chicos o a Blas?
-Llamamos a Blas para hablar con los chicos.
-Tiene sentido, sep. Podemos decirles que nosotras llegamos ya al hotel y que les esperamos allí, que vengan cuando quieran.
-Lo pongo en altavoz, para que tú también oigas y puedas hablar.
-Qué detalle, Sigrid.
Ella se río y puso el móvil en un lugar donde las dos lo escucháramos.
-Cuando lo coja, hablas tú-le dije.
-¿Por qué?
-Porque a ti se te da bien hablar con la gente. A mí echarles fotos.
-A ti te dio Carlos el papel. Tú hablas.
-Me lo dio porque estaba sentada en la esquina y estaba más cerca.
-¿Quién sabe? Quizá no. Hablas tú.
-Pero...
-¿Si?-dijo de pronto una voz proveniente del teléfono.
-¿Blas?-dije yo.
-¿Desde cuándo tiene Blas una voz tan perfecta como la mía?-dijo el teléfono.
-¿Carlos?-dijo Sigrid.
-Exacto. ¿Ves? Ella sabe reconocer la perfección.
-¿Se puede saber qué haces tú con el teléfono de Blas?-dije yo.
-¿Qué teléfono de Blas? Si este es el mío.
-¿Qué? A mi me dijiste que este era el número de Blas...
-¿Ah, si? ¿Y te di el mío? Ay, qué despiste... ¡Ah, no Blas, no me quites el móvil que...!
Se oyeron unos ruidos y después, la voz de Blas.
-¿Si?
-Por Dios Blas, dime que eres tú.-le dije.
-Soy yo.
-Oh, gracias.
-¿Qué pasa, chicas? ¿Se os ha vuelto a romper el coche otra vez?
-No-dijo Sigrid-Pero no será porque no lo hayamos intentado.
Nos reímos.
-¿Qué hacía Carlos con tu teléfono?-pregunté.
-El idiota, como hace siempre.
Se escuchó por detrás hablar a Carlos, pero no entendimos lo que dijo.
-Bueno, no importa-dije-Sólo queríamos deciros que nosotras ya hemos acabado con Notre Dame y volvemos al hotel, que estaremos allí para cuando queráis volver.
-Perfecto, se lo diré a los demás y... Carlos que te calles, qué manía, siempre hablando... No creo que nosotros tardemos mucho en volver.
-Perfecto-dijo Sigrid-Pues nos veremos allí.
Después de eso, colgó y guardó el móvil.
-Por un momento, me creí que era su teléfono y que nos había troleado-le dije.
-Nunca más te fíes de él y ya está.
Nos reímos.
Llegamos al hotel y aparqué el coche.
No había ni rastro de los chicos, asi que subimos a la habitación.
-¿Y ahora qué hacemos?-preguntó Sigrid.
-Tenemos dos opciones. Una es...
-No me lo digas, moriremos en las dos opciones.
-Pues sí. Esperando.
-Podemos hacer tiempo dándonos un baño en la piscina cubierta.
-Bueno, vale. Es mejor que morir esperando.
Nos pusimos los bañadores y cogimos las toallas y un bolso.
Bajamos a la piscina y me tiré sobre una de las hamacas de plástico que había allí.
La piscina estaba prácticamente vacía, había dos o tres personas nadando y, dos hamacas a mi derecha había un hombre gordo en bañador, creo que dormido.
Sigrid dejó las cosas en la hamaca de mi izquierda.
-¿No te vienes al agua?
-Si eso luego, necesito escuchar algo de música.
-Como quieras.
Ella se fue al agua y yo saqué el móvil y los cascos y me los puse.
Cerré los ojos, relajándome.
Llevaba un rato así, perdida en mi mundo, cuando alguien me tocó el hombro y me asusté, por lo que grité y abrí los ojos.
-¡Ahhhhh! ¿Pero qué coñ...? ¿Tú?
A mi lado, de pie, estaba Carlos, en bañador, chanclas y sombrero. Portaba toallas al hombro.
-Sí, yo. Hola, eh.
-Hola. ¿Y los demás?
-Allí-dijo, señalando donde estaba Sigrid-A mí me han dejado encargado de las toallas.
-Así es la vida.
-¿Tú qué haces?
-Tomo el sol.
Miró al techo.
-¿En una piscina cubierta?
-Entonces tomo la luz de los fluorescentes o lo que sea.
-Interesante, sin duda.
Tiró las toallas en hamacas aleatorias.
-¿Puedo?-dijo, señalando la que estaba a mi izquierda.
-Puedes. No es mía.
-Graciassss.
Y se tumbó.
Yo me tumbé de nuevo y cerré los ojos, para relajarme otra vez.
-¿Qué escuchas?-dijo de repente, quitándome un casco.
-¡Eh!
Se lo puso.
-No suena nada.
-Es que hace un rato se me agotó la batería del móvil-dije, enseñándole mi móvil.-Murió cuando más falta me hacía, como el coche.
Se río.
No sé si de mí, del móvil o del coche.
Guardé el móvil y los cascos, ya que de nada servían.
-Mi gorro es mejor que el tuyo-dijo, de repente.
-¿Qué?
-Que eso, que mi gorro es mejor que el tuyo.
-En tus sueños, quizás. ¿En qué te basas para argumentar eso?
-En que es mío.
-¿Y? Eso no es un argumento. Mi gorro tiene glamour. Es de París. No puedes decir lo mismo, ¿eh?
-Ya, pero el mío sigue siendo mejor.
-Mentira.
-Verdad.
-Sabes que no es cierto.
-Sé que lo es.
La discusión por los gorros duró unos minutos, hasta que le quité el gorro de la cabeza y me acerqué a la piscina.
-Niégalo o el sombrero se da un baño.
-¡No! ¡Jamás!
-¿Y esos dos?-oí a Álvaro en la lejanía-¿Qué hacen? ¿Vamos para allá?
-No, deja a ver cómo acaba eso-dijo Dani.
-Sólo dilo, acepta que tu sombrero no es el mejor y ya está.
-No puedo hacer eso, sería mentir.
-Dilo, venga, repite lo que yo digo. Mi sombrero no es el mejor. ¿No lo dices?
Acerqué el sombrero al agua.
-¡Vale, vale!
Se acercó.
-Mi...Sombrero... ¡Es el mejor!
E intentó quitármelo, pero le esquivé cual ninja, me escurrí, le agarré, se escurrió y los dos (o tres, si contamos al gorro), acabamos en el agua.
Cuando sacamos la cabeza, yo aún sostenía el sombrero.
-¿No lo querías? Toma tu sombrero perfecto.
Y se lo puse, totalmente empapado, en la cabeza.
Se oían las risas de los demás a unos metros de distancia.
Se lo quitó, lo escurrió un poco y lo tiró, con precisión, sobre la hamaca.
Cuando volvió a mirarme, descubrió que le estaba poniendo los mejores ojitos que podía.
-¿Por qué me miras así?
-Estoy intentando que no te enfades conmigo por lo que le he hecho accidentalmente a tu gorro.
-Oh, bueno... Quizá necesitaba un baño.
Me reí de eso.
-Como compensación, te hecho una carrera a dónde están ellos y te dejo perder.
-¿Qué me dejas qué?
Pero yo ya había empezado a nadar y no le escuché.
Aún así, él llegó antes.
-JAAAAAAAAA, JAAAAAAAAA.
Se rió de mí al más puro estilo Nelson de los Simpson.
-Eh, no te rías que me he dejado ganar.
-Perdona, pero no. Tú decías que me ibas a dejar perder.
Como era cierto, le saqué la lengua, ya que no tenía argumentos con los que atacarle.
-Ey, sombreritos-dijo Blas-¿Nos explícais qué ha pasado? Si os íbais a tirar de manera tan graciosa, pudisteis habernos avisado para grabarlo, porque no tenía pérdida.
-Cuéntalo tú, ya que tanto te gusta hablar.-le dije.
-Le ha calado-dijo David.
-Pues nada, discutimos por ver quién tenía el mejor gorro. Ella me lo quitó y dijo que, si no negaba que el mío era mejor, se daba un baño, intenté quitárselo y... Bueno, pues eso, ya habéis visto.
-Llegamos alguno de nosotros a hacerle eso al sombrero y es lo último que hacemos en nuestra vida-dijo Álvaro.
-¿Quieres decir que tengo suerte de seguir viva?-le pregunté.
-Sí, por alguna extraña razón, no te ha matado.
-¡No la he matado porque es de los míos, tonto!-dijo, tirándose contra Álvaro e intentando ahogarlo.
Mientras ellos dos jugaban a matarse, nosotros nos pusimos a hablar.
-¿Y qué tal por Notre Dame?-preguntó Blas.
-Oh, bien, bien. Buenas fotos. Tengo algunas vuestras que quizá querráis ver, no tendrán pérdida.
-Pues luego quizá podamos verlas.
-Yo quiero ver las que hice yo-dijo David.
Sigrid y yo nos acordamos de su foto con cara rara y nos reímos.
-¡Ey, vosotros!-dijo Álvaro-¿Una carrera?


¡Ey, hola! ¿Qué tal va eso? Aquí @CrisSombrerita, he escrito este capítulo. ¿Qué tal? Os gusta. Espero que sí, ya que es largo y me ha llevado bastante hacerlo. Para cualquier cosa, aquí os dejo también mi Tuenti: Cris Vila Jb (:
Gracias por leer xx

domingo, 6 de enero de 2013

Capítulo 2: Cosa de secuestros.

-Sigrid-
El gorro de Carlos. Venía por el. ¿No tenía mas o qué?
-Cris, el gorro.
-¡Oh, lo siento! Al final me lo he quedado.
-Despistada.-murmuré.
-¿Dijiste algo?- dijo ella entrecerrando los ojos mientras me miraba.
-¿Yo?-dije haciéndome la sorprendida.- Que cosas tienes.
Los chicos rieron pero yo me gané una colleja.
-¡Ah! ¿Pero que haces?
Ella, como respuesta, sonrió.
-Bueno, no os peleéis.-dijo Blas. Todos rieron.
-Toma, el gorro. Jo, con lo que me gustaba.-dijo Cris, triste, pero con una sonrisa.
Carlos, mientras lo cogía, miró a los demás.
¿Qué se le habría pasado por la cabeza?
-Te lo puedes quedar.
Los demás chicos se miraron, sorprendidos.
-No puedo aceptarlo.-dijo mi amiga.-Me puedo comprar uno donde sea, no te vas a quedar sin gorro por mi.
-¿De verdad?-dijo Carlos.
- De verdad, no puedo aceptarlo.
Carlos sonrió. Seguro que pensaba que mi amiga era, por decirlo de una manera, muy honesta.
-¡Bueno, chicos!-dije dando una palmada.-Nosotras tenemos que subir a nuestra habitación a dejar las maletas para irnos después de compras.- dije ilusionada.
-Esta bien.-dijo David.-Ya nos veremos.
Subimos a nuestra habitación y dejamos las maletas. No nos preocupamos de dejar la ropa en su sitio, lo haríamos después o cuando nos apeteciese.
Cogimos los bolsos y nos fuimos. De tienda en tienda. Todo faldas. No soportábamos las faldas, los pantalones cortos sí que nos gustaban mucho.
No había mucho que nos interesase, la verdad.
Entonces la vi.
-¡Cris, Cris! ¡Mira!
-¿Queeeeeeeeeeeeee?-dijo ella con pesadez.- ¡Oh, oh, ohhhhh!-Y me arrastró.
Era una tienda de sombreros.
-¡Mira, mira!-dijo.- ¡Cómo el de Carlos!
-¿Quién es la loca ahora, eh?-dije riendo.
Se probó el sombrero.
-¿Me queda bien?
-Eh, uh... Te cabe en la cabeza.-le dije.
-¿Y que me quieres decir con eso?-dijo confundida.
Yo guardé silencio.
Se compró el maldito gorro y salió feliz como una niña con un chupa-chups saltando.
-¡Yo no te conozco!-la grité.
-¡Pero si ha molado!
Yo la miré.
-¡El gorro ha molado!
-Ya.
Fuimos a un bar-restaurante cercano y pedimos unas crepes y un café. Estaban muy buenos.
Pedimos un taxi, ya que Cris no había cogido el coche, pero no la gustaba andar.
Llegamos al hotel totalmente cansadas. Nada más llegar nos cambiamos al pijama y nos fuimos a la cama. Demasiadas emociones en un día para alguien como nosotras.
Nos despertamos, bueno, Cris se despertó y saltó encima de mi cama.
-Cris, para.
No paraba.
-Cris, para.
Y seguía.
-¡Cris, que pares!
Paró.
-Vale, vale, ya paro... Jo, que humores.-dijo.
-No tendría estos humores si una que yo me sé-dije mirándola-no saltase encima de mi cama todo el rato.
Ella se rió.
-He pensado que podemos ir a la Torre Eiffel.
-¿Para qué?-dije, aún enfadada.
-Ay, no te enfades.-dijo dándome un abrazo y un beso en la mejilla.
-Vale.
-Decía que podemos ir a la Torre Eiffel para ver las vistas de París.
-Vale, déjame vestirme.
Ella, feliz de que había conseguido su objetivo, que era ir con ella a la Torre Eiffel, me dejó vestirme en paz.
-¡Vamos!-gritaba Cris.
-¡Arg! ¡Que la torre no se va a mover eh!
-Da igual, ¡vamos!-dijo con voz de niña pequeña.
Cogió el bolso, el estúpido gorro y yo el bolso y nos fuimos.
-¡Oh, que bonito es!-dijo suspirando.
-Precioso.-dije.-¿Subimos?
-¡Si, hombre! ¡Con tantas escaleras voy a subir yo, JÁ!
-Pequeña, hay ascensor eh.
-Uh...-se calló un momento.-Ya lo sabía.
Esta vez, la que se ganó la colleja, fue ella.
Llegamos arriba y salió del ascensor lo más rápido que pudo, pero se calló al suelo.
Yo estallé en carcajadas.
Me miró mal, pero se le paso al momento.
-¡Que vistas!-dijo mirando al horizonte.
-Cris, mira abajo.-dije.
Ella se acercó y miro.
-¡Anda, un mimo! ¡Vamos a ver que hace!
Bajamos corriendo.
-¿Por qué no hemos bajado por el ascensor?-dije.
Cris miró el ascensor como bien pudo y me miró a mi. Ambas reímos.
-¡El mimo, el mimo!-dijo mi amiga.
Estuvimos un rato mirando el mimo, hasta que nos cansamos de él.
Nos fuimos del parque y pasamos por un cine. Cris se paró delante de un anuncio del cine.
-Cris, ¿qué pasa?-dije asustada.
-Mira quién esta en portada del cine.
-Auryn.
-Exacto.-dijo.
Se nos pasó la tontería esa del póster y nos fuimos hacia el hotel. Allí teníamos el coche, nos aseguramos de que estaba bien y subimos al hotel. ¿Qué haríamos en París? No teníamos ni idea. Cris estaba empeñada en hacer fotos allí, pero en estos dos días que llevábamos allí, no habíamos hecho ninguna. Cris cogió la cámara y salimos otra vez del hotel.
-Cris, es muy tarde, vamos al hotel.
-No, tengo que hacer las fotos. Es para las clases de fotografía.-dijo tiritando.
-¿Cuántas tienes que hacer?-dije, para ayudarla.
-Tengo que hacer lo menos 30.
-Joder Cris. Podrías haberlo dicho antes.-dije un poco cabreada.-¿Qué tipo de fotos quieres?
-Pues no sé.-me dijo ella.-Fotos bonitas, que nos las vaya a llevar nadie. Pues entonces la Torre Eiffel es una vista preciosa. Subes y ves el horizonte. Vaya, que cursi me ha quedado...
Ambas reímos.
Saco unas 15 fotos. Le quedaron todas muy bien, pero como le dije, podría haberlo dicho antes. Para hacer las fotos decidimos venir aquí.
Fuimos a la parte antigua de París. Cris se quedó maravillada, era una parte de París que, según ella, nadie se había atrevido a ir, porque según libros, habían ocurrido muchos crímenes y daba miedo a la gente.
-Cris, ¿te acuerdas de los aliens de ayer?-dije con miedo.
-Sí...
-¡Por favor, que vengan!-dije gritando.
Me dí cuenta de la soberana tontería que acababa de hacer y me eché a reír mientras Cris tenía en pensamiento dejarme ahí tirada.
-Anda, vamos ha hacer las fotos.-dijo.
Saco fotos de las casas, que estaban deshabitadas, de los árboles, de ella con los árboles. Incluso me dijo que saliese yo también, para el trabajo. Yo al principio no quise, pero después, acepté, ya que Cris casi se pone a llorar.
Se estaba haciendo muy de noche, y cada vez se oían mas ruidos. Yo no iba a abandonar, estábamos allí por las fotos e íbamos a hacerlas.
-¿Qué hora es?-pregunté de repente.
-Las...-dijo mirando el reloj.-nueve y media de la noche.
Yo la miré como si hubiese descubierto ella sola que era de noche.
-Entonces vamos a cenar ya, que tengo miedo.-dije.
-Jo, vale.-dijo.- Al menos ya tengo 26 fotos. Me quedan muy pocas.
-¿Tienes que hacer las 30 justas?
-Si, o más. Si hago más, me sube nota.
-Ah.
Nos dirigíamos al hotel, que teníamos mucho miedo. Nos sentamos en un banco, a parte de que teníamos hambre, estábamos cansadas, algo normal en nosotras.
Entonces vimos a unas sombras que se nos acercaban y nos empezamos a asustar.
Cuando ya estaba justo a nuestro lado, nos pusimos a gritar.
Se encendió la luz de una farola y vimos que era el niño gorro, el niño barbas y el niño ojos, es decir, Carlos, Álvaro y Blas.
Ellos se echaron a reír con todas las fuerzas del mundo, y nosotras, viendo el ridículo que habíamos echo, nos sonrojamos, pero nos reímos hasta llorar.
-Va a ser verdad que sois secuestradores eh.
-¡Cris! No digas eso, pobrecillos.-dije.
-Si es la verdad jo.-dijo ella, poniendo morros.
Los secuestradores, digo, Carlos, Blas y Álvaro, nos miraron, pensarían que estábamos locas y que deberían echar a correr, pero no lo hicieron.
-¿Qué hacéis aquí?-dijo Carlos.
-Aquí, a la niña rizos-Cris me pegó.-se le ha venido a la cabeza hacer fotos de París a las siete de la tarde para un trabajo de la universidad. Hemos ido a la parte antigua, y hemos llegado a este banco asustadas. Entonces, habéis aparecido vosotros, y se nos ha vuelto a venir a la cabeza la idea de que erais secuestradores o algo peor.-dije con miedo en los ojos.
Los tres se echaron a reír.
-Tranquila, prometemos no haceros nada malo.-dijo Blas.
-Bien.-dijimos las dos.
-¿Y a donde ibais ahora?-dijo Carlos.
-A cenar.-dijo Cris.
Ellos tres intercambiaron unas miradas y asintieron.
-¿Os podemos invitar a cenar?-dijo Blas.
-Tío, esa no era mi idea. Mi idea era secuestrarlas.
Le pegué un manotazo en el hombro.
-¡Auch!-dijo.
-Así aprenderás, niño gorro, que no hay que decir nada así, y menos sobre nosotras.
Blas, Álvaro y Cris rieron por cómo le había llamado yo momentos antes.
-Y sí,-dijo Cris.-Podéis invitarnos a cenar.
Nos dieron las manos para levantarnos, pero después nos las soltaron y nos llevaron a un restaurante francés. (De que iba a ser si no estando en Francia...)
-¿Qué queréis pedir?-dijo Carlos.
Le dijimos que queríamos y empezamos a hablar.
-A ver si me aclaro.-dijo Blas.-No os fiáis de los hombres con bigote grande.
Ambas reímos.
-Exacto.
-¿Y para esto media hora?-dijo Cris cuando le dieron la comida.
-Gracias a Dios que no te ha entendido...-dije.
Me miró mal.
-¿Es mía la culpa de que no sepas francés?-dije.-No, ¿verdad? Pues deja de mirarme mal.
El fondo norte de la mesa rió.
Ella se puso de morros. Había ganado la batalla. En seguida sonrió de nuevo, iba a tener una venganza segura.
-A todo esto...-dijo Cris.- ¿Y los dos que faltan? Daniel y... David eso.
-Se han quedado durmiendo.-dijo Blas.-Son unos perezosos.
Todos reímos.
Después de cenar nos fuimos cada uno por nuestro lado.
Entonces le dijo Cris a los chicos;
-¿Y si nos secuestran de verdad?
-Si os secuestran de verdad iremos en vuestra busca.-dijo Blas.
-No sé yo si tenerle miedo a ellos o a los secuestradores.-dije yo.
Todos reímos y nos despedimos.

sábado, 5 de enero de 2013

Capítulo 1: Un coche, un gorro, un destino.

Era un día normal, caluroso para esa época del año y soleado en las afueras de Paris.
Cinco chicos se encontraban en una furgoneta, en una carretera comarcal, después de un día de excursión que habían tenido. Estaban allí para trabajar, pero también se merecían un respiro.
-¿Falta mucho para llegar?-preguntó uno de los chicos que estaban sentados en los asientos de atrás.-Estoy muerto.
-Tú siempre estás muerto-le recriminó uno de los chicos que se sentaban delante-Y sí, falta como de aquí a tres años.
-Qué gracioso eres, Blas.
-Uno hace lo que puede.
El chico puso mala cara.
-Pues vale, despertadme cuando lleguemos.
Y dicho esto se apoyó en el chico que tenía al lado, con toda la predisposición de echarse una siesta.
-¡David, tío! ¡Me aplastas!-dijo este en respuesta y le empujó para quitárselo de encima.
-Carlos tío, ni que tuviera tu cabezón...
-Una cabeza grande significa tener espacio para un cerebro grande. Es por eso que tu tienes la cabeza pequeña.
-Ya se están peleando otra vez-dijo el chico que conducía.
-Sí-dijo Blas, dándole la razón-Son peores que un matrimonio.
-A veces, pienso que lo son.
-¡Cállate Álvaro!-les respondieron los dos chicos a la vez, haciendo que el aludido y Blas se rieran.
-AND ALL THESE LITTLE THINGS!-gritó el chico que estaba al lado de Carlos, que hasta entonces había estado ajeno a la situación de sus amigos mirando por la ventana y absorto en su música.
-Dani, ¿cuántas veces has podido escuchar esa canción?-le preguntó David, mientras esquivaba un par de patadas de Carlos.
-Déjame, me gusta.
-Si yo te dejo, el problema que ¡Ah, tú! ¡Estate quieto!
Le quitó el gorro que Carlos tenía en la cabeza.
-¡Dame el gorro!
-¡Pues te estás quieto!
-YOU´LL NEVER LOVE YOURSELF.
-¡No, dame el gorro!
-¡Qué te lo tiro por la ventana, eh!
-HALF MUCH I LOVE YOU.
-¡No!
-Pero, ¿os queréis tranquilizar ahí atrás?-dijo Álvaro mirando por el retrovisor.-Dani, calla, David, dale el gorro, Carlos... Tú cállate también.
-¡Pero si estaba callado!
-Toma tu gorro, anda.-dijo David, devolviéndoselo.
-Pues gracias.
Todo volvió a la normalidad en la furgoneta.
Aunque no por mucho tiempo.
-Me aburrooooooooooooooooooo-dijo Carlos.
-Pues cómprate un burroooooooooooo-le dijo Dani.
-¿Para qué? Ya te tengo a ti.
-¡Serás...!
Y empezaron a pelearse.
-¿Ya estáis otra vez?-dijo Álvaro-Blas, apunta. Nunca más dejarles a esos tres sentados atrás.
-Tomé nota.
-¡Quiero dormir!-dijo David y acabó la discursión entre Dani y Carlos.
-Eh, Álvaro, mira eso-dijo Blas, señalando un punto por delante.
-Será mejor que paremos, ¿no crees?
-Cris-
-Vamos Sigrid, coge mi cámara y empieza a sacar fotos.
-¿Y por qué no las sacas tú?
-Lo haría, pero sino...¿Conduzco con los pies? Si tú condujeras... Pero no lo haces.
-¿Vas a recordarme toda la vida que yo suspendí el examen de conducir y tú lo aprobaste?
-Mm...-finjí que me lo pensaba-Sí.
-Sabes que no fue culpa mía, fue el señor Mateo, que es un imbécil.
-¿Qué dices? El señor Mateo era un buen hombre.
-Lo dices porque te aprobó por "tu cara bonita".
-Es la envidia la que habla por ti y, si no fuera por mi cara bonita, no estaríamos ahora mismo en Paris, en un coche. Asi que dale las gracias a mi cara.
Ella se rió por no darme una colleja.
-Está bien, haré esas malditas fotos.
-Así me gusta.
Cogió mi cámara y, a través del cristal de la ventana del coche, se puso manos a la obra.
Sigrid era mi mejor amiga. La conocí cuando tenía tres años y estábamos en el parque de abajo de casa. Yo tenía cubos y ella tenía palas. Nos necesitábamos mútuamente si queríamos jugar y, gracias a eso, nos hicimos mejores amigas.
Ambas teníamos dieciocho años y éramos bajitas. Teníamos las dos el pelo largo y rizado, aunque ella lo tenía castaño oscuro y yo muy claro. Sus ojos eran marrones, mientras que los míos eran azules.
Ella estudiaba artes escénicas y sabía cantar y tocar la guitarra. Yo estudiaba filología inglesa y, aparte, me interesaba por la fotografía. De ahí que antes la obligara a sacar fotos.
Compartíamos piso en Madrid, pero nos habíamos venido unos días a Paris para darnos un descanso... Y porque Paris tenía de los mejores paisajes para fotografiar.
-¿Qué tal van esas fotos?-pregunté.
-Oh, bien, bien. Van mejor que tu francés.
-Oh, excuse moi emm... Definitivamente soy más de inglés.
-Sí, no hace falta que me lo jures.
-¿Algo de música?-dijo, toqueteando la radio antigua del coche.
El coche ya de por si era una antigualla, pero era lo mejor que habíamos podido conseguir para desplazarnos por Paris unos cuantos días.
-IF YOU WANNABE MY LOVER YOU...
Las dos íbamos cantado cuando, de repente, del capó empezó a salir humo. El coche andó unos metros más y se paró.
Sigrid y yo nos miramos.
-Iré a ver qué le pasa-dije, mientras me quitaba el cinturón y salía.
-¡Espérate, Cris! ¡El chaleco!
-¡Yo no me pongo eso! Tardo más en ponérmelo que en lo que miro qué pasa.
-Pero...
No oí lo que dijo, ya que estaba fuera.
Ella no tardó ni dos segundos en colocarse a mi lado.
Abrimos el capó y examinamos el motor.
-¿Y bien?-me preguntó Sigrid, enarquando una ceja-Aquí tú eres la experta, tú tienes el carnet.
-El motor ha muerto-sentencié.-Y tengo el carnet, pero no tengo ni idea de mecánica.
-¿Entonces cómo sabes que ha muerto?
-Porque el coche no arranca.
-¡Oh, qué brillante eres!
-Y tú cómo usas el sarcasmo. Bueno, da igual. ¿Tienes el número de la grúa o algo?
-Oh, sí, claro, tengo todos los números de Paris en mi agenda. Pues no. ¿Crees que preví que esto pasaría?
-Ya te dije que no podíamos fiarnos del hombre del bigote que nos lo alquiló. Nada bueno viene de los que tienen un bigote tan grande.
Ambas reímos.
-Y bueno...-dijo ella-¿Y entonces qué hacemos?
-Tenemos dos opciones. O nos quedamos aquí y morimos esperando o echamos a andar y esperamos llegar a la ciudad y morimos en el intento. Tú eliges.
-¿Hay que morir en las dos opciones?
-Es inevitable-dijo yo, cerrando el capó, que aún soltaba humo.
-Prefiero quedarme con el coche.
-Y yo, la verdad. Eso de andar no va conmigo.
-Pues nada, esperaremos.
-Sí, ¿quién sabe? Quizá el motor vuelva a la vida solo. Quizá sólo se haya recalentado un poco y, cuando se enfríe, funcione de nuevo.
-¿Eso también te lo enseñó el señor Mateo?
-Sí, en los cinco minutos en los que yo me quedaba para preguntarle dudas. Ya ves.
Ella puso los ojos en blanco y se apoyó en el coche.
-Yo no haría eso, a ver si va a explotar.
-Pero, ¿no has dicho qué...?
-Pero no es cien por cien oficial que eso sea cierto.
Gruñó y se apartó del coche.
-Me aburro.-dijo, pasados unos minutos.
-Y yo. Voy a hacer fotos.
Cogí la cámara y le eché fotos al coche muerto, a Sigrid posando con el coche muerto y la carretera que parecía no tener fin y estaba completamente desierta.
-¿Sabes? Ahora no nos vendría mal que existieran los aliens.
-¿Por qué?-me preguntó, mientras miraba en la dirección en la que veníamos antes de que el coche falleciera.
-Porque así nos abducirían y, al menos, nos sacarían de aquí.
-No creo que nos haga eso falta. Viene un coche por ahí.
Guardé la cámara y tal y miré en su dirección.
-Pues es cierto. ¿Crees que parará?-pregunté.
-No lo sé. Si tiene buen corazón, quizás.
-¿Y si es un asesino, cómo en las películas? ¿Y si nos mata? ¿O si nos hace algo peor?
-¿Hay algo peor que que nos mate?
Me encogí de hombros.
Cuando el coche se acercó, vimos que era una furgoneta.
Y, en efecto, paró.
-Sigrid, que tengo miedo. Prefiero los aliens.
Ella se rió y yo la seguí, nerviosa.
Se detuvo a un metro de nuestro coche y las puertas se abrieron.
De ellas salieron cinco chicos y uno estuvo a punto de caerse al suelo al salir.
-David, despierta, ya no estás durmiendo.
-No me pude dormir por los berridos que dabas, Dani, tío.
Se acercaron a nosotras.
Lo primero que agradecí es que hablaran español. No hubiera podido mantener una conversación con alguien en francés y seguramente hubiera acabado insultándolo sin querer y nos habría dejado tiradas sin piedad.
-Hola chicas-dijo uno alto con barba y ojos oscuros-¿Algún problema?
Sigrid y yo nos miramos.
Le di un codazo, como diciendo "Habla tú" y ella me dio otro como diciendo "¡No, tú!".
-Emm... El coche...Que se nos ha muerto.
-Qué buen sitio para dejaros tiradas, ¿eh?-dijo el que casi se cayó al salir.
-Pues...Sí, la verdad.
-¿Queréis que le echemos un vistazo?-preguntó otro chico.
-Uy, sí, Blas como tú eres tan manitas...-dijo uno que llevaba gorro.
¿Gorro? ¿Un día como hoy?
-Claro, como quieras, pero está muerto, ya lo verás.-dijo Sigrid, por fin.
Se pusieron manos a la obra con el coche los cinco chicos mientras nosotras, cruzadas de brazos, observábamos a un lado.
Pasado un rato, el mismo chico de antes que se ofreció a echarle un vistazo, nos dio su veredicto.
-Oficialmente, está muerto.
-Bueno... Gracias igualmente-dije yo.
-No podemos hacer nada por el coche, pero podemos llevaros. Cabéis en la furgoneta.-dijo el chico con barba alto.
Sigrid y yo nos miramos.
-Sí, bueno, si no es molest...
-¿Y si nos secuestráis?-dije yo, con absoluta desconfianza.
Después de todo, la gente buena en el mundo escaseaba.
Ellos se rieron de mi desconfianza.
-Lo siento... Pero comprenderéis que es normal que desconfíe.
-Por supuesto, es absolutamente normal y comprensible-dijo el supuesto Blas.
-Pero no vamos a hacer eso. Además, no tenemos cara de secuestradores.
-Seguro que se pensó eso por tu cara, Carlos.
-Que te calles Dani. Mi cara es perfecta. Más que la tuya.
-Uhhhh-dijeron todos.
Aprovechando ese pique entre ellos, Sigrid y yo hablamos unos segundos en los que me convenció para aceptar su oferta. Después de todo, yo también quería que me llevaran. La idea de vivir en un coche viejo en una carretera prácticamente abandonada no era muy atrayente. Pero en mi naturaleza estaba el desconfiar.
Interrumpimos la pelea entre ellos.
-¿Sigue en pie la oferta de llevarnos?-pregunté.
-Claro-respondió el chico barbas.
-Entonces, vamos.
Cogimos los bolsos del coche, lo cerramos y ahí lo dejamos, abandonado.
El chico barba y Blas se sentaron delante, en el medio íbamos Sigrid, el chico al que el del gorro le dijo lo de la cara y yo, y detrás iban el que casi se cayó y el niño gorro.
-¿Y de dónde sois?-preguntó Blas-Porque un español tan perfecto en dos francesas...
-Ah, no, somos españolas.-le contestó Sigrid.
Yo le miré raro.
Aún seguía desconfiando de ellos.
-¿De verdad?
-¡Claro! Vivimos las dos en Madrid. Yo soy Sigrid y esta es Cris, mi mejor amiga.
-Ey-dije yo.
-¿Y cómo entonces no nos conocéis?-preguntó el que estaba sentado a mi lado.
Le miré.
-¿Deberíamos?
-Somos Auryn.-dijo asomando la cabeza el niño gorro.
-Un grupo, ¿verdad?-preguntó Sigrid.
La miré como si me hubiera traicionado. Si sospechaba que eran un grupo, ¿por qué no me lo dijo? Entonces no eran secuestradores.
-Efectivamente-dijo el que estaba a mi lado-Pero ya veo que no os gustamos.
-Ohhhh-dijeron todos a la vez.
-Bueno...-intenté arreglarlo, ya que los pobres nos habían salvado de una muerte segura-No es eso, pero Sigrid está puesta en su música y yo, aunque me gusta, soy más de fotografía y música extranjera. Tendréis que perdonar nuestra ignorancia.
Tras esto, se presentaron.
El que conducía era Álvaro, luego estaba Blas, el que estaba sentado a mi lado era Daniel y detrás, estaban David y Carlos, el niño gorro.
Sigrid siempre había sido más abierta que yo y en seguida se puso a hablar con ellos como si nada, yo, en cambio, saqué la cámara y me puse a trastear con ella.
-Cris, ¿qué haces?-me preguntó mi amiga.
-Quiero inmortalizar este momento, el momento en el que pensé que Auryn eran unos secuestradores.
Echamos fotos.
Al principio las echaba yo, pero luego Sigrid dijo que yo también tenía que salir y yo dije que no, que rompería la cámara, pero de nada sirvió y echamos fotos hasta de los asientos.
Se ve que David, al que le dejamos la cámara, se emocionó un poco.
Mientras él trasteaba con la cámara, Dani miraba cosas en su móvil y Sigrid le contaba nuestra historia a Álvaro y Blas, me giré para ver a David en su papel de paparazzi.
-No, mira, deja pulsado y saldrá mejor.
-Ah, pues tienes razón.
Sonreí.
Como para no tenerla, vivía prácticamente por y para la cámara.
-¿Y tú por qué llevas gorro un día como hoy? ¿No se te calienta la cabeza?-le pregunté a Carlos.
-No sé, me gustan.
-Di que no, que los ama-dijo Dani.
-Sí, más que a ti.
-Uhhhh.
-Antes de que paráramos para ayudaros-dijo David-le quité el gorro y amenacé con tirarlo por la ventana. Casi me mata.
-Pues normal, lo llegas a hacer y vas por la ventana detrás de él.
Nos reímos los cuatro de eso.
-¿Me lo dejas? Para una foto.-le pregunté.
La pregunta le sorprendió, pero se llevó la mano a la cabeza y se lo quitó.
-Sí, claro.
-Por favor, si esto es un sueño, no me despertéis.-dijo Dani-Carlos sin gorro. ¡Corre David, echa foto!
-¡Voy, voy!
-Ah, tú, no me metas el objetivo en el ojo. Toma-dijo, tendiéndomelo.
-Gracias.
Me lo puse.
-¿Qué tal me queda?-pregunté, haciendo poses raras.
-Grande, pero normal, con el cabezón que tiene Carlos...
-Dani, te la vas a llevar.
Nos reímos.
-Mira Sigrid, ¿qué tal me queda?
-Eh, uh... Pues...
-Perfecto, puedes decirlo sin miedo.
-Pues te queda perfecto.
-¿Ves? Lo sabía. Échame una foto, por favor.
Después de esa foto, vinieron unas cuantas más.
Álvaro se estuvo quejando porque en la parte sur del coche había fiesta y ahí, en la suya no.
-¿Sabéis una cosa?-dijo Sigrid-Me alegro que el coche se rompiera.
-¿Si? Pues antes no te alegrabas tanto. Casi me matas. Incluso sugeriste que el coche lo rompí yo.
-Anda, exagerada.
Le saqué la lengua.
-¿Puedo quedarme el gorro un rato más? Es cómodo.-le pregunté a Carlos.
-Oh, sí, claro.
Preguntamos qué hacían ellos por estas tierras y nos contaron que estaban grabando un vídeoclip, pero que ese día se lo habían tomado de descanso.
Una vez en la ciudad, les pedimos que nos acercaran al lugar donde habíamos alquilado el coche para decirle al dueño la suerte que había corrido.
-Muchas gracias por el viaje y por vuestra ayuda, de verdad.-les dijimos una y otra vez antes de bajarnos.
-Gracias a ti por el curso de fotografía-dijo David, haciéndome reír.
Tardamos unos minutos en despedirnos, pero nos acabamos bajando y ellos se acabaron yendo.
-Esto...Cris...
-¿Mm?-dije, mientras le abría la puerta para que entrara.
-Sigues teniendo el gorro en la cabeza.
-¡Ay mi madre! ¡No se lo he dado! Ay, pobrecito...
-Bah, seguro que tiene más. No será una gran pérdida para él.
Le contamos al dueño lo que pasó con el coche y él dijo que lo sentía mucho (nosotras no) y nos dio otro sin cobrarnos. Pues normal.
Conduje hasta el hotel y aparqué el coche en el aparcamiento.
-Menudo día, ¿eh?-dije, mientras entrábamos al hall.
-Ya ves-dijo mi amiga.
Estábamos esperando el ascensor cuando oímos unas voces que nos sonaban.
-¿Vosotras?
Nos dimos la vuelta y ahí estaban. 
Los secuestradores, digo, Auryn.
-¿Vosotros?-dijo Sigrid- ¿Habéis venido a ayudarnos de nuevo? No se nos ha roto ningún coche esta vez.
-No-dijo Carlos-Quería ver qué tal estaba mi gorro.



¡Hola! ¿Qué tal estáis? Aquí @CrisSombrerita os traigo otra novela. 
Espero que os guste y que se los paséis a más auryners xx