domingo, 11 de agosto de 2013

Capitulo 32: More than friends.

-Cris-
Sin embargo, Álvaro no estaba dispuesto a irse sin arreglar las cosas, por lo que volvió a llamar.
-Sara, abre, por favor.
Le costó un par de llamadas de timbre más, pero finalmente esta acabó abriendo la puerta.
Llevaba puesto el pijama y llevaba los brazos cruzados sobre el pecho.
-Tienes cinco minutos para decirme todo lo que tengas que decirme.
Él asintió y ella le dejó pasar.
Paco, que se encontraba en el salón, al verle, se puso a insultar, como ya era costumbre en él.
-Siento lo que te dije, de verdad. No sé qué pasó por mi cabeza cuando dije esas cosas, además sabiendo que... Fui yo el que sintió algo más después de lo sucedido. No sé bien qué, pero...
Se detuvo, sin saber cómo continuar aunque en su mente había ensayado una y otra vez esta conversación.
-Yo siento lo que te dije, es decir, que eras un creído y un imbécil, pero me sentó muy mal lo que me dijiste. Pero, está bien, no hay problema, te perdono y, la verdad, yo también estoy bastante confundida...
Ambos se quedaron en silencio, hasta que Álvaro sonrió y le extendió una mano.
-¿Amigos?
Ella se la estrechó.
-Amigos.
Tras eso, él se levantó del sillón donde se había sentado.
-Será mejor que me marche ya, he agotado los cinco minutos que me diste.
-Era una cifra aproximada, porque te quedes siete u ocho no creo que pase nada...
Él se rió.
-No que, por lo que veo, te ibas a ir a acostar ya. Me iré. Ah, si ¿quedamos mañana para ir a correr?
-Ah, perfecto.
-Yo te vendré a buscar. Ya hablamos. Buenas noches y, de nuevo, lo siento.
En lo que a mí respecta, tras pasar la noche con Blas en casa, volví temprano a casa de nuevo, ya que le había prometido a Sigrid que iría a comprar con ella.
En casa me cambié de ropa mientras S se despertaba y se arreglaba y nos encontramos frente a la portería de Carmen con Sara y Álvaro, que parecía que volvían a ser amigos.
Carlos podría respirar tranquilo por su apuesta.
-¿Adónde vais tan dispuestos?- les preguntó S.
-Vamos a correr, ¿os venis?-dijo Álvaro.
-Vosotros echad a correr que ya os alcanzaremos nosotras, ya-dije.
-No os venís, ¿no?
-Ya vas leyendo entre líneas, paisano, muy bien.
-¿Y si digo que os invito a desayunar después?
-Buen intento, Álvaro, pero jamás me verás correr.
-Qué lástima. Pues nada Sara, tú y yo solos por lo que veo.
Nos reímos y ya nos íbamos a ir cuando Álvaro recordó algo.
-Ah, si, casi se me olvida. ¿Quereis veniros esta tarde al estudio? Podríais verlo y así escuchar alguna canción.
-¿Hay que ir corriendo?
-Mm, no.
-Entonces vale.-dije, conforme.
Él se rió.
-Luego te mando la dirección por wa.
Después de eso, los dos locos de la pradera se fueron corriendo a correr (válgame la rebundancia) y nosotras nos subimos en el coche (que nos costó encontrar puesto que no recordaba dónde lo acababa de dejar aparcado) y nos fuimos a comprar.
Volvimos a casa cargadas hasta arriba.
Yo dejé disimuladamente las bolsas encima de la encimera y me fui a tirar al sillón, para que S colocara las cosas.
La oí gruñir desde la cocina, sabiendo mi estrategia. No era la primera vez que la llevaba a cabo.
Dijo que si ella colocaba las cosas, a mi me tocaba sacar al perro, asi que cogí a Choco y me fui con él por ahí.
Pasamos por el portal de Carlos y no pude evitar hacer una travesura.
Llamé al telefonillo y, cuando respondió, eché a correr, partiéndome de risa y Choco me siguió, ladrando.
Más tarde le mandé un wa para decirle que había sido yo. Dijo que me mataría, pero no me lo tomé en serio y me reí.
Acababa de llegar a casa cuando recibí por parte de Álvaro la dirección y la hora para ir al estudio. También me dijo que si quería avisar a Adri y Rebe podría hacerlo.
Por supuesto, ninguno de los dos se negó, pero iban por su cuenta y nos encontraríamos allí.
Sigrid, Sara y yo fuimos en mi coche (sólo me perdí dos veces, para mí, todo un mérito)
Luego David se reía de mí con eso.
-¿Qué cuantas veces te perdiste, dices?
-Fue culpa de Álvaro, que me dio la dirección pero no un mapa.
-La culpa es de Blas y Carlos que te prometieron un gps y aún lo sigues esperando.
-Ahí va-dijo Carlos- es verdad. Se me había olvidado.
Negamos todos con la cabeza.
Cuando Rebe y, finalmente Adri, se presentaron, pudimos comenzar el tour guiado por el estudio (Carlos iba hablando y nosotros como si nada detrás)
Luego se pusieron a decir que qué iba a pasar sino nos gustaban las canciones, pero dijimos que se callasen y nos dejasen oír sus voces.
Nos miraron raro, pero pusieron una canción en español que, según Dani, se llamaba "Me gusta".
Adri estaba al borde del fangileo máximo y casi se me muere encima cuando nos pusieron otra, esta vez en inglés, llamada "Make my day".
Ahí S y yo nos pusimos a bailar mientras Adri decía que dejáramos de hacer el tonto, que no oía la canción.
Tras escucharlas un par de veces les comentamos lo que nos parecían y que, si todo el disco era así, sería todo un éxito.
Blas y David se miraron.
-Bueno, nosotros nos vamos ya, nos vemos mañana. S, Cris, vamos.
Mi amiga y yo nos quedamos clavadas en el sitio.
-¿Qué vamos dónde?
-Cenamos los cuatro.
Aún sin enterarnos de mucho, nos despedimos de los demás mientras Carlos decía que se organizaran ellos una cena de parejas y Dani dijo que de eso se olvidara.
Mi mente no estuvo en su sitio durante la cena.
Bueno, hay que decir que llevaba bastante tiempo perdida.
No sé dónde estaba.
No seguía las conversaciones y me encontraba en mi mundo.
Quería conectarme, volver al mundo con Blas, S y David, pero por más que lo intentaba, no era capaz de conseguirlo.
Aquella noche volví a casa con Sigrid en lugar de irme con Blas.
Al irme a acostar esa noche supe que algo sería diferente al día siguiente. No supe decir qué, pero notaba que algo nada agradable se me venía encima.
Mis temores se vieron confirmados cuando Blas me llamó a eso de la tarde y dijo que si podíamos quedar para hablar.
Cuando una pareja quedaba para hablar o bien era el fin de la relación o bien se iban a pedir matrimonio. Difícil veía esa última opción, por lo que solo me quedaba una.
Nos encontramos en el mismo Starbucks donde habíamos quedado la primera vez que quedamos los dos solos.
Qué lejano me parecía todo eso.
Él ya me estaba esperando cuando llegué, aunque aún quedaban unos minutos para la hora que dijimos.
Vaya puntualidad la de Auryn.
Tras pedir algo, nos sentamos en una mesa alejada y me le quedé mirando, sin tocar mi bebida.
No tenía estómago para eso cuando iban a dejarme.
-Tú dirás-dije, queriendo acabar con esto de una vez.
Él suspiró antes de empezar.
-Las cosas no han sido igual desde, bueno... Han sido diferentes.
-Lo sé.
-Estás distante conmigo. No me digas que es con todo el mundo, porque te pasa cuando estamos juntos.
Le sostuve la mirada, pero no dije nada.
Esta vez yo no había hecho nada, tenía la conciencia muy tranquila.
-Y si esto va a seguir así, creo que es mejor que se acabe. Prefiero seguir recordando los tiempos del album a seguir creando nuevos recuerdos vacíos.
Vacía.
Qué buen adjetivo para calificarme a mí.
Enarcó una ceja, esperando mi respuesta.
-Está bien, tienes razón. Si tú crees que es mejor así, por mí está bien. Sólo dime que seguiremos siendo amigos tras esto.
-Por supuesto. De eso no tengo dudas.
Decliné su oferta de acompañarme a casa y me encaminé hacia ella con paso lento y monótomo.
Estaba sin Blas, de nuevo.
Y ahora era oficialmente cierto.
Al llegar a casa y mirar el móvil vi que S me había mandado un wa donde decía que se iba con Dani.
Me descalcé y me tiré sobre el sillón, mirando al techo, intentando asimilarlo.
Aunque por fuera no se me veía muy afectada por la ruptura, la procesión iba por dentro.
Había pasado mucho tiempo a su lado y habíamos vivido muchas cosas juntos.
No podía olvidarme de todo eso sin más.
Había sido una parte muy importante de mi vida y, aunque podría seguir siéndolo, no sería de la misma manera.
Una lágrima corrió involuntariamemte por mi mejilla en el mismo momento en el que llamaron al timbre.
Me la sequé con el dorso de la mano y grité que ya iba.
Era Sara.
-Hombre, Sara. ¿Cómo tú por aquí?
-Venía a hablar con las dos.
-Tu prima no está, se fue con Dani. Pero si yo te sirvo, si quieres, pasa.
Así lo hizo y Choco acudió a saludarla.
-Tú dirás-dije, mirando la escena con las manos en los bolsillos.
-Quería daros las gracias por acogerme en vuestras vidas. Sigrid es mi prima y eso, pero tú me acogiste igual que si fuera de tu familia, como también los chicos.
Me encogí de hombros.
-Si lo hicimos fue porque te lo merecías.
Ella se rió.
-Y que sepas que Álvaro y yo estamos deseando que te vengas con nosotros a correr.
-Pues me parece que vais a tener que desear otra cosa porque yo no me veo corriendo.
-Todo es ponerse.
Me dejé caer de nuevo en el sillón.
-¿Te pasa algo? Te noto... Diferente.
-Acabo de cortar con Blas. Perdona si no estoy feliz ni tirando cohetes ni nada de eso, pero no estoy de humor.
-¿Qué? ¿Y eso?
Me encogí de hombros.
-Él también me veía diferente.
Llamaron al timbre.
-¿Abres tú? No tengo humor ni para volver a levantarme.
-Sí, claro.
Por la reacción alocada de Choco, supe quién sería y no me equivoqué.
Carlos y Álvaro aparecieron en el salón tras Sara.
Saludaron animadamente y yo les respondí con un gruñido.
Ni ganas de hablar tenía.
-¿Qué te pasa?-me preguntó mi paisano.
Tanto Carlos como él interrogaron a Sara con la mirada.
-Blas y yo hemos roto.
-Oh, vaya.
Me dio un abrazo.
Carlos se quedó ahí, de pie, sin hacer ni decir nada.
-Yo, esto, debo irme a trabajar-dijo Sara.
-Ve tranquila, estaré bien.
-Te acompañaré.-dijo Álvaro- ¿Te vienes, Carlos?
-No, yo me quedo.
-Bien, ya nos veremos. Y tú sonríe, eh.
-Antes voy a correr con vosotros.
Fue Carlos el que les despidió y les acompañó a la puerta.
Oí cómo estaba se cerraba y después Carlos volvió al salón.
Yo tenía la mirada perdida en el infinito, aunque miraba al suelo y sus ojos estaban fijos en mí.
-Deberías irte, hoy no es un buen día y no estoy de humor.
Dicho esto me levanté del sillón, me encaminé a mi cuarto y me tumbé en la cama.
Esperé oír sus pisadas por el pasillo y la puerta de la calle cerrarse, pero no lo oí.
Al contrario, apareció en la puerta de mi habitación.
Debí de haber supuesto que harían falta algo más que palabras para que se plantera si quiera la idea de marcharse.
No le dije nada cuando se acercó y se tumbó al lado, aunque dejando un espacio.
Yo no le miraba, estaba tumbada sobre un costado, dándole la espalda.
-Si no quieres hablarme, está bien-dijo-Pero no voy a marcharme. Me quedaré aquí, sin hacer nada, a tu lado, como te prometí que haría.
Tras eso, se calló.
Después de unos minutos, me di la vuelta y me acerqué a él todo lo posible, abrazándolo.
Él me puso un brazo por encima y apoyó su cabeza sobre la mía, como hacía siempre.
Sara y Álvaro estaban en casa de esta, ya que ella quería cambiarse de ropa antes de encaminarse al trabajo.
Él la esperaba en el salón, con los insultos de Paco como banda sonora.
Sara hizo acto de presencia en el salón, ya vestida y preparada y Paco la saludó con la palabra que todo el mundo se pensaba que le habíamos enseñado David y yo (¡qué no fuimos nosotros!), es decir, "sexy".
-Bien, ya estoy ¿nos vamos?
-Ah, sí, un momento.
-Dime.
-Quería darte esto.
Le tendió algo pequeño y envuelto y ella le miró extrañada.
Álvaro hizo ademán para que ella lo cogiera, hasta que finalmente lo hizo y lo abrió.
-Oh.
Era la portada de Álvaro del disco, en el cual había puesto una dedicatoria.
"Para mi leeeeenta, gracias por dejarme entrar en tu vida".
-Muchas gracias, de verdad.
Le abrazó, y él hizo lo mismo, por lo que Paco se puso furioso y, tras el abrazo, ella le besó, dejando a Álvaro muy sorprendido.
-Seguimos siendo amigos-dijo ella-Pero me apetecía agradecerte el regalo de una manera especial y esta me pareció una buena manera de hacerlo.
Él sólo sonrió.
-Y ahora, sintiéndolo mucho, debo irme.
-Ah, sí, claro. Te acompaño.
Al salir por la puerta, él le dio un beso en la mejilla mientras Paco les despedia con un insulto más grande que él.
-¿Y esto?
-Es para agradecerte que me perdonases.
-Quizá deberías agradecerme cosas más a menudo.
-En cuanto me des razones para ello.
Carlos y yo seguíamos en mi cama.
No nos habíamos movido, ni tampoco habíamos hablado.
Finalmente (ya sabemos que Carlos sin hablar no puede vivir), él rompió el silencio.
-¿Cuánto tiempo planeas estar así?
-La verdad, me da igual. El tiempo y todo lo demás ha perdido el sentido para mí.
-Eh, no te pongas así. No voy a dejar que te pongas así.
-Entonces vete, ya te dije que no era un buen momento.
-No me voy a ir.
-Entonces déjame ponerme como me de la gana.
Me di la vuelta para no verle.
-¿Vemos una peli de esas del Edward que te gustan a ti?
-No, no quiero.
-¿Y la de los metros sobre el cielo? Me da miedo solo el nombre pero si quieres verla...
-A mi también me da miedo.
-Entonces ¿la vemos o no?
-No, que a ver si luego no vas a poder dormir y me va a regañar Auryn porque te duermes y no vas al estudio.
-Es ridiculo que nos de miedo una peli de amor.
-Más ridículo es tenerle miedo a los patos.
-Ah, cierto.
Me reí.
-No quieres ver pelis ¿verdad que no?
Negué con la cabeza.
-¿Y qué quieres hacer entonces?
-No quiero hacer nada. Estar aqui y que pasen los años o lo que tenga que pasar.
-Pues yo no quiero eso.
No le contesté.
-¿Vas a contarme qué pasó?
-Ya sabes qué pasó. Cortamos. No hay más.
-Eso lo sé, pero no me has dicho las razones que habéis dado para dejarlo.
-Las cosas... No eran iguales entre nosotros. Y por qué seguir fingiendo que aquello era como antes cuando en realidad no lo era.
-¿Y tú estás conforme con ello?
-Era lo que él quería.
-¿Y lo que querías tú?
-Yo ya no sé ni lo que quiero.
Suspiré.
-No quiero verte mal.-dijo.
-Entonces cierra los ojos.
-Aún así, te sentiría.
-No me sientas.
-No puedo hacer eso. Aparte, tampoco quiero hacerlo. Necesito sentirte y si dejara de hacerlo, moriría.
Giré la cabeza para mirarle.
-¿Lo dices en serio?
-De verdad.
-Entonces tenemos un problema, porque a mí me sucede lo mismo contigo.
Retrocedí, buscando su contacto.
-¿Y desde cuando eso es un problema?
Aquello me recordó algo que Blas y yo dijimos hace tiempo y sentí que el mundo se me caía sobre los hombros, pero, al apretarle el brazo a Carlos, esa sensación desapareció.
Era como si él me sostuviera el mundo para que este no me aplastara.
En ese momento oímos a Choco ladrar fuertemente y cómo algo se caía.
Los dos nos miramos.
-Iré a ver qué pasa.
Se levantó de mi lado y se fue al salón.
Yo, temiendo que le pasara algo, fui tras él.
Los dos nos quedamos pasmados al ver a Paco con el mando de la tele, posado en una silla y Choco tratando de atraparle.
-¡Paco! ¿Qué haces aquí?
-Se habrá escapado por la ventana...
Paco, al vernos, soltó el mando de la tele y se tiró hacia mí.
Por supuesto, se me subió al hombro y empezó a darme con el pico en la mejilla.
-Carlos, que se me va a comer.
-No, mujer, solo te está dando besitos con el pico.
-Pues que se deje de besos, me está clavando las uñas. Paco, déjame, hoy no es un buen día.
Me lo quité de encima y le fue a Carlos.
-Oh, mira, somos amigos.
-Cabrón.
-Oh, sí, Carlos, ya lo veo.
Carlos y Paco empezaron a insultarse mutuamente mientras yo le decía que no se pusiera a la altura del loro, hasta que el pájaro se cabreó (hay que ver el genio que tenía) y quiso picarle la cabeza.
Choco, dispuesto a defender a su padre, ladraba y daba saltos alrededor de Carlos.
Y yo miraba la escena pensando que era muy surrealista.
Paco finalmente se escapó por la ventana y le vimos entrar por una ventana en la de Sara.
Carlos estaba enfadado.
Todo por culpa del loro.
-¿Te ha hecho daño?
-No, pero no me cae bien ese pajarraco. Me odia.
-No te odia, simplemente es un loro tonto. Y si te odia, ya arreglaré cuentas con él.
-Jajajaja eso sería digno de ver.
-¿Ya no estás enfadado?
-No estaba enfadado, solo tenía mi orgullo herido.
-¿Qué orgullo?
Me reí.
Choco no se separaba de Carlos, como si supiera que este había sufrido un ataque y no quisiera moverse de su lado por si este se repetía.
-¿Y tú estás bien?- me preguntó.
-Estaré bien. Solo necesito algo de tiempo.
Él asintió.
-Hay que sacarle-dijo, acariciando a Choco-¿Te vienes?
-Te conozco lo suficiente para saber que no tengo otra opción porque sola no me vas a dejar.
-Me conoces bien, así que vamos.
Tras darme unas palmaditas en la rodilla, se levantó del sillón donde estábamos sentados  y fue a buscar la correa del perro, mientras este le seguía, ladrando.
Suspiré, tratando de organizar mis pensamientos.
¿Qué debería hacer ahora con mi vida?
-¡Cris! ¿Vienes o tengo que llevarte a rastras?
-Estaría curioso ver eso-dije, yendo hacia él.
-Si tú quieres...
-Déjalo para otro día, mejor.
Choco nos arrastró hasta su parque, pero Carlos no lo dejó suelto porque ese día había competición de petanca en el parque y había millones de abuelos (hacía mucho que no exageraba, así que aquí estaba haciéndolo de nuevo) con sus bastones, y ya sabíamos que a Choco le volvían loco.
Aunque no le soltó, de la fuerza que tenía, le iba arrastrando y Carlos se agarró a mí, tratando de impedirlo, pero fue en vano, pues nos arrastraba a los dos.
No queríamos ir donde los abuelos por tres sencillas razones: una, Choco les robaría sus bastones, dos, había abuelas por ahí sueltas y eso para Carlos era peligroso y tres, un abuelo me había atropellado y, desde entonces, no me fiaba de ellos.
Cuando ya lo habíamos dado todo por perdido, se nos cruzó una paloma volando y Choco se lanzó en su persecución.
Tras eso, sacamos a Choco del parque mientras él lloraba, como diciendo que le dejáramos más tiempo.
Hoy tampoco era un buen día para él.
Pasamos por delante del Starbucks donde trabajaba Sara y dijimos de entrar a saludarla, pero mientras lo debatíamos justo en la entrada, salió Álvaro.
-Eh, un gango.-dijo Carlos.
-Eh, un imbécil.-le respondió Álvaro.
-Eh, ¿por qué siempre sois así de tontos?- dije yo, y nos reímos.
-¿Ya estás más animada?
-Bueno... Algo sí.
-Y todo gracias a mí-dijo Carlos, al cual el pecho se le hinchaba de orgullo.
Hablamos un rato en la puerta (bueno, nos apartamos un poco para dejar a la gente pasar) mientras Choco daba la bienvenida o despedía con un ladrido a quién entraba o salía del Starbucks.
Después de declinar la oferta de Carlos de un Franpuchinno (me recordaba algo que en ese momento quería olvidar), fuimos a casa.
Carlos respiró tranquilo cuando vio que Paco no estaba.
-Vivíamos mejor cuando no teníamos ese loro en nuestras vidas.
-Ni que tuvieras que vivir mucho tiempo con él, tú le ves ciertos días y a ratos.
-Cierto es.

-Sigrid-
Dani me llamó para acompañar a Breaker al veterinario.
Yo acepté y le dije que viniese a casa mientras tanto.
No habían pasado diez minutos cuando el timbre ya estaba sonando.
Que rápido era el chico, vaya.
Llamó al interfóno y le abrí, dejando la puerta de arriba abierta.
Supe que había entrado cuando oí la puerta cerrándose.
Ya había terminado de vestirme. Me puse unos shorts negros, una camiseta azul y unas converse del mismo color.
-¡Dani!
Le di un abrazo con el que se soprendió pero que me devolvió.
-Vaya, menuda efusividad. ¿A qué se debe?
No sabía que responderle puesto que no sabía el por qué de eso.
-Simplemente estoy contenta de que estés aquí.
Se rió.
-¿Estás lista ya?
-Si me das dos minutos para plancharme el flequillo sería un detalle.-dije, riéndome.
-Los que quieras.
Fui al baño, cogí las planchas y, como le dije, me lo planché y me lp recogí con un par de horquillas. Podía parecer estúpido hacer eso, pero si no lo hacía, estaría incómoda.
Salí, cogí el bolso y metí el móvil y la cartera.
Antes de meter el móvil en el bolso, le mandé un wa a C avisándole de con quien me iba y para qué.
Abrí la puerta y, mientras bajábamos en el ascensor, le pregunté que si le pasaba algo a Breaker.
Me dijo que no, las vacunas y eso que tenía que ponerle.
Me fijé en la portería y vi que Carmen había salido para ver quien era.
Me saludó y yo hice lo mismo.
-Te sigue cayendo mal.-observó Dani.
-Si, es una jodida cotilla.
Debió oirme, porque miré para atrás e hizo una mueca, haciendo que Dani se riera.
Nos metimos en el coche y vi a Breaker dormido en la parte de atrás de éste.
-Ohhh, que monada.
Dani arrancó y fuimos al veterinario, al mismo al que C y Carlos llevaron a Choco y al que Sara y Á llevaron a Paco cuando se perdió y mi prima le adoptó.
Miré a Dani largo rato hasta que se percató de mi mirada, la cual aparte rápidamente.
-¿Qué?-dijo, riéndose.
Le miré, pero no le contesté.
Ni yo misma sabía el por qué le había mirado.
Llegamos al veterinario y salí para coger a Breaker.
En eso se despertó, me miró y me maulló, dándome un lametón en la cara.
-¡Eh!-dije, riéndome.
Entramos y esperámos a que nos tocase.
Cuando nos tocó, le dieron las vacunas y nos dijeron que el gato estaba muy bien y que no tenía ningún problema.
Pues genial, oye.
Salimos de allí, yo con el gato en brazos de nuevo.
Nos montamos en el coche.
-¿Quieres que te lleve a casa?
-Si, por favor.
Me acercó a casa y me bajé del coche.
Él también se bajó.
Le di un beso a Breaker.
-¿Para que te bajas?-le dije.
-Me tengo que asegurar de que llegas bien a casa.
-Serás tonto.
Le di un abrazo.
-No sé como lo haces, pero siempre me lo paso genial contigo, aunque sea en cosas de estas.
-Me alegro.-dijo sincero.
Le volví a dar un abrazo y un beso n la mejilla.
Se montó de nuevo en su coche y me despidió con la mano, cosa que yo también hice.
Subí a casa.
-Cris-
Carlos  se quedó conmigo hasta que vino Sigrid.
La verdad, no hicimos mucho, solo ver unos cuantos capítulos de Sobrenatural.
Él seguía con sus comentarios mientras veíamos los capítulos y esta vez buscaba hacerme reír, cosa que consiguió.
-Mañana nos vemos, enana.
Y, tras eso, se marchó, dejándome aún más vacía de lo que me había sentido aquella tarde.
-¿Qué tal, Cris? Bien ¿no?
-La verdad es que no.
-¿Qué? ¿Y eso?
Suspiré, antes de volver a decirlo.
-Blas y yo hemos roto.
Y tuve que relatar cómo habían sido las cosas y eso.
Sigrid no sabía qué decirme.
-No pasa nada, S. Todo está bien.
Cené algo y me fui a acostar, sin ganas de nada.
S no dijo nada, sabiendo que nada de lo que dijera me haría sentir mejor.
No acababa de tumbarme en la cama y de apagar la luz, cuando me sonó el teléfono.
Era Carlos.
-Dime, meloncín.
-Jajajaja ¿qué tal estás? Estaba preocupado. Cuando me fui, no tenías buena cara.
-Bueno, no me gustó que te marcharas. Por lo demás, estoy bien, ya te lo dije. En unos días, estaré como nueva. Gracias por preocuparte.
-¿No querías que me fuera? ¿Y por qué no me lo dijiste? Me hubiera quedado.
-No sé. No... No sé ni lo que quiero, ya te lo dije. Estoy como si no estuviera. Necesito centrarme, necesito...
-Unos días.
-Sí, eso es.
-No te preocupes. Aunque estés más rara de lo normal y me vuelvas loco, estaré aquí para ti siempre. Lo digo para que te acuerdes.
-¿Te vuelvo loco? ¿En qué sentido?
-En todos los sentidos en los que me puedes volver loco.
Después de hablar largamente con él, pude dormir tranquilamente, pues no recordé apenas lo ocurrido con Blas aquella tarde, sino que repetí una y otra vez en mi mente la conversación que acabábamos de tener.
A la mañana siguiente, iba como un alma en pena por la casa, hasta que Sigrid se cansó de verme deambulando por ahí y dijo que esa tarde saldríamos las dos como hacíamos antes.

Le dije que vale, claro.
Cualquiera se negaba.
Igualmente me hubiera llevado a rastras.
Estábamos tumbadas cada una en un sillón, mirando cómo Choco destrozaba un balón que le habíamos comprado apenas unos días atrás cuando llamaron a mi amiga al móvil.
S se fue a hablar a la habitación (vete tú a saber por qué) pero yo sorda no era y oí que declinaba la oferta de Dani de quedar porque se iba a ir conmigo, que necesitaba animarme.
Eh, que no estaba depresiva ni nada de eso.
Sólo un poco. Lo normal.
Cuando volvió, decidí ignorarlo y le pregunté si había pensando qué íbamos a hacer en aquella tarde "tan nuestra".
-He pensando que podíamos ir al centro comercial.
-Ah, excelente.-dije, imitando al Señor Burns.
Sobre las cinco, cinco y media o cosa así, nos empezamos a preparar.
Sigrid se puso unos shorts negros y una camiseta negra en la que ponía "Keep Calm and call Batman" en letras amarillas y unas Converse grises.
Yo me puse unos shorts azules y una camiseta de manga francesa blanca con rayas azules y unas manoletinas blancas.
Agarramos las dos el bolso, metimos lo indispensable y, tras despedirnos de Choco y decirle que fuera bueno y dejara en paz a Tomás, nos fuimos.
Saludamos a Carmen, que chismorreaba con unas vecinas.
Si hablar de las vidas ajenas fuera un pecado, Carmen ya tendría un pie en el infierno. Espera. Creo que lo es.
Cogimos el coche y no tardamos más que un rato en llegar.
Miramos varias tiendas.
Sigrid vio un vestido que le encantó.
Yo le dije que pasara a la tienda y yo la esperaba sentada en un banco (el cual tenía pinta de muy cómodo) pero me agarró del brazo y me arrastró dentro (cruel destino)
Cabe mencionar que se acabó comprando el vestido.
-¿Y tú? ¿No te compras nada?
Fruncí el ceño.
-Es que nada me gusta.
Vio una camiseta que la enamoró pero conseguí convencerla para comernos un helado en el McDonald´s antes de entrar en dicha tienda.
Por Dios, necesitaba un descanso.
Más que nada, para tratar de aclarar mis ideas.
Ir como un zombie no era cosa fácil.
Estábamos viendo como un niño se indignaba al ver que en su Happy Meal le había tocado una Barbie cuando me llamaron al teléfono.
Era Carlos.
-Estoy en el centro comercial con S. Oh, no, no puedes venir. Estamos de tiendas. ¿Cómo que por qué? Es una tarde para nosotras. Ah, haber nacido chica. Está bien, pero mira que eres pesado.
Le di un golpecito a mi amiga en el brazo, la cual se lo pasaba en grande viendo como el niño le arrancaba la cabeza a la muñeca y se la tiraba a los de al lado.
-Dice Carlos que si puede venir.
-¿Carlos? Bueno, está bien, pero sólo porque sino no te dejará en paz.
-Dice que vale. Aquí te esperamos.
Se oyó algo así como "¡Bieeeeeen!".
Tras terminarnos el helado y ver el desmembramiento de la Barbie por parte de aquel niño, fuimos a la entrada a esperarle.
Él apareció rápidamente por allí, le saludamos, le contamos lo del niño entre risas (se lo contó S, yo estaba muy ocupada mirando el plano del centro comercial) y seguimos de tiendas.
S nos arrastraba de una a otra.
Una vez, nos metió en una tan grande que se perdió.
No, no fuimos nosotros.
Esta vez fue ella.
-¿Y tú qué?-me dijo Carlos-¿No que a ti te gustaban las compras?
Me encogí de hombros.
-Supongo que no estoy de humor.
-¿Sigues igual?
-Ah, pero, ¿es que hubo cambios?
-En fin.
Encontramos a S comparando dos pantalones piratas exactamente iguales.
-¿Cuál creéis que me va a quedar mejor?
Los dos nos miramos completamente rotos.
Pero si eran iguales.
-Ese-dijimos, señalando a la vez el de la derecha.
Ella se nos quedó mirando.
-A veces, dais miedo. ¡Pero bueno, me lo pruebo!
Cogió eso, un vestido rojo claro (¿para qué querría esta mujer más vestidos?) y una camiseta con el hombro al descubierto y se fue volando al probador, perdiéndose otra vez.
Vaya tela con la niña.
-¿Qué te parece esto?
Carlos me plantó prácticamente una falda roja en la cara.
La aparté un poco para verla bien.
Era bonita.
Llevaba, además, un cinturón marrón.
-¿Tú me ves con esto puesto?
-Sino te lo pones, creo que no.
-Me lo voy a probar sólo porque has tenido el detalle de pensar en mí al verla.
-Tú fíate de mí.
Me metí al probador justo cuando S salía de este.
-Teníais razón con el pantalón, eh.
-Y cuándo no tenemos razón nosotros, S de mi alma. Cuándo no.
Me probé la falda mientras les oía hablar a los dos fuera.
Anda que no hablaban alto.
Salí.
-¿Y bien?
Se callaron y me miraron.
-Perfecta.-dijeron a la vez.
-Ahora sois vosotros los que dais miedo.
Me compré la falda y S el vestido y el pantalón.
Tras esa tienda, dejé que Carlos me fuera asesorando en algunas cosas (una vez me tendió un vestido que llevaba el King África ese) y, para él, todo me quedaba bien.
-¡Pero si es que todo te queda bien!
-¿Incluso el vestido ese?
-Em... Sí.
-Mentiroso.
Cansadas ya de tiendas, nos íbamos a ir (todas las bolsas las llevaba Carlos y el pobre iba que apenas podía con su alma) cuando vimos la tienda de animales y, como niñas pequeñas, dijimos de entrar.
Antes de oír su respuesta, ya estábamos dentro.
Carlos iba a entrar, pero había un loro en la puerta y se entretuvo dándole conversación.
Nosotras vimos los gatitos y un perrito pequeño que había que no hacía más que darle patadas al aire.
Volvimos con Carlos, que estaba muy entretenido con su nuevo amigo y nos fuimos.
-Estaría bien repetir las vacaciones de París. Molaría.-dijo Carlos.
-¿A qué viene eso ahora?-le pregunté.
-No sé, me he acordado.
-La verdad que sí, nos lo pasamos genial en esas vacaciones.-dijo mi amiga.
-Normal, estábamos nosotros.
Le miramos y nos reímos.
-Pues podríamos irnos otra vez. ¿Cuándo tenéis vacaciones?-le pregunté.
-Mm, no lo sé. En una semana o así, creo. Pero no me hagas mucho caso, tendría que mirarlo.
-Pero cambiamos el destino. París, no.-aportó S.
-Sí, estoy hasta el gorro del francés,
-Mm... Gorros...
El pobre Carlos entró con todas las bolsas a casa y, antes de que pudiera dejarlas en algún lado, Choco se le tiró encima, loco de contento por verle y por poco no se fueron él, las bolsas y el perro al suelo.
-Trae, anda.
Le quité las bolsas para que pudiera atender al perro y dejé las que eran mías sobre mi cama y las de S sobre la suya.
-Hemos sido muy malas esta tarde, teniéndote esclavizado-oí que le decía Sigrid a Carlos-¿Y si te quedas a cenar para que intentemos compensártelo?
Que se quede. Por favor, que se quede.
-Mm.
En ese momento hice acto de presencia en el salón y, aún sin decir nada, le supliqué con los ojos que aceptara.
Sonreí al leer en los suyos que en ningún momento había pensado en negarse.
-Claro.
-Bien, estupendo. Veré qué hay y qué puedo hacer.
Fue a la cocina, seguida de Choco, que seguramente iba a ver si algo se caía y se lo podía comer.
-Voy a colocar las cosas.
Dicho lo cual, fui a mi cuarto.
Me reí al ver que me seguía, porque me recordó a lo que había visto con Choco hace un momento.
Se tiró sobre mi cama y estuvo a punto de tirarme las bolsas, por lo que le regañé y él se rió.
-¿Qué tal estás?
Suspiré.
-¿Cuántas veces al día me lo vas a preguntar?
-Hasta que me digas que estás bien.
-Estoy bien.
-Hasta que me lo digas de verdad.
-Lo digo de verdad.
-Tus palabras me dicen una cosa y el tono de tu voz otra.
Ains.
Era inútil discutir con Carlos, básicamente porque esta vez él tenía razón.
Iba a responderle cuando oí que sonaba el timbre.
-Como me deshagas la cama, te vas a enterar.-le dije mientras me dirigía hacia la puerta.
Le oí reírse, a saber en qué estado encontraría mi cama a mi vuelta.
No era por nada, es que me daba mucha pereza hacerla cada mañana, como para hacerla otra vez.
Abrí.
Era David.
-S me ha contado lo de...
-Ah, sí. Ya. A ella la encontrarás en la cocina.
-¡David!-dijo Carlos desde mi cuarto cuando este pasó por delante.
-Hombre, Carlos, ¿cómo tú por aquí?
-Me han tenido esclavizado esta tarde, asi que ahora me invitan a cenar.
David se rió.
-Seguro que te dejaste esclavizar, anda.
Se fue a la cocina.
Comprobé que mi cama estaba intacta.
Menos mal.
Terminé de colocar las cosas mientras Carlos no hacía más que hablar.
Cuando vio que había terminado, se incorporó, pues había estado tumbado en mi cama, me agarró y me tiró sobre la cama.
-¿Pero qué haces?-dije, sonriendo.
-Oh, yo nada. Me cansé de estar aquí solo.
Le pellizqué y después empecé a hacerle cosquillas.
-¿Pero no decías que nada de cosquillas en tu casa?-dijo como pudo, entre carcajada y carcajada.
-Sí, a mí no se me pueden hacer, pero yo sí puedo hacerlas.
-Pues entonces vamos a mi casa y así las reglas cambian.
-Ah, no,no,no.
-Qué cobarde eres.
-¿Yo cobarde? ¡Anda!
-JAJAJAJAJAJAJAJA.
-Vosotros, los de las risas, que la cena ya está.-nos llamó S.
-¡Ya vamos!
En la cena no faltó conversación por parte de todos, dado que incluso yo hablé.
Estaba visiblemente más animada y sí, la presencia de Carlos a mi lado influía en mi estado de ánimo.
Ayudé a David a quitar la mesa (a S y a Carlos les tocó fregar, ah, perdieron al piedra, papel, tijera) y mientras los dos fregaban, estuve hablando con David en el sillón sobre lo ocurrido con Blas.
Estaba perdiendo el ánimo que Carlos me había ayudado a recuperar cuando él y S aparecieron.
Ella fue a sentarse sobre la David, pasándole los brazos por el cuello y yo me levanté y me fui al sillón con Carlos, para dejarles ese a ellos.
No pude evitar pensar que eso de tumbarse y hacerse mimitos en ese sillón justamente, era cosa de Blas y yo.
Aquello jamás volvería a repetirse.
Carlos se dio cuenta que algo había hecho un efecto negativo en mí y me pasó un brazo por los hombros en ademán reconfortante y yo se lo agradecí con la mirada.
David y S estaban demasiado perdidos el uno con el otro como para darse cuenta de ese detalle.
Pusimos Sobrenatural, ya nos quedaban pocos capítulos para acabar la primera temporada y, aunque S había visto alguno y David ninguno, rápidamente se engancharon.
Cuando ya se hizo tarde, David y Carlos se miraron, pero, cuando el primero iba a hablar, S lo hizo antes.
-Tú te quedas, ¿no?
-Ah, sí, si quieres, me quedaré.
Chasqué la lengua.
¿Por qué David y Sigrid se habían empeñado en recordarme a Blas?
-¿Y tú, Carlos?
-¿Qué, yo?
-Sí. ¿Te quedas también?
-Ah, pues...
Me miró, mas yo no dije nada.
-Claro, que mi casa está muy lejos.
-¡Anda, mentiroso! ¡Mi casa sí que está lejos!-dijo David, tirándole un cojín.
Le preparamos de nuevo el sillón-cama a Carlos y, esta vez, tampoco hizo falta prestar pijamas de mi hermano.
Cuando nos fuimos a acostar, Choco se quedó con Carlos, que se quedó, como aquella noche que pasamos con mi primo, viendo un rato la tele y S y David fueron al cuarto de esta.
Aunque solía cerrar la puerta cuando S se desvelaba y se ponía un rato la tele o simplemente se la quedaba viendo un rato más por la noche, para que la luz no me despertara ni me molestara, esta vez no lo hice.
Quería saber cuánto tiempo estaba Carlos despierto.
Al final no aguanté más y fui al salón.
Pensé que estaría viendo un simple programa de televisión, pero me equivoqué, estaba viendo un capítulo de Sobrenatural que ya habíamos visto, concretamente, era de mis favoritos.
Estaba tumbado, dándome la espalda.
-Carlos.-le susurré.
Bastó eso para que se diera la vuelta.
-Cris.
-Sí, así me llaman.
Se rió en bajito.
-¿Qué haces levantada?
Me hacía gracia hablar así, en susurros.
-Este capítulo es de mis favoritos.
-Sí, lo sé. Ven a verlo.
Me dejó un sitio y yo me tumbé a su lado.
-¿Por qué lo estás viendo otra vez?-le pregunté.
-No sé, me gusta.
-Jo, haberme llamado para que lo viera yo también.
-¿Lo pongo desde el principio?
-Jajajaja no, ya déjalo, si va a acabar.
Cuando acabó, pusimos otro que no habíamos visto y tras ese, me levanté y apagué la tele y el dvd.
-Eh, yo quería seguir viéndolo.
-Sí, claro y nos amanece y seguimos aquí con Sobrenatural.
-¿Y qué más da si estás de vacaciones?
-Ya, pero tú no. ¿Se puede saber qué te pasa que cada vez que estás por la noche conmigo no quieres dormir o duermes poco?
-Ahora que lo dices, es verdad. Eres tú, que me quitas las ganas de dormir.
-Encima la culpa será mía.
-No va a ser mía.
Me reí.
-¿Te vas a la cama?-preguntó él, viéndome aún de pie en medio de la oscuridad.
Atrapó el móvil y me iluminó con él.
-Mm, supongo que es lo que debería hacer.
-Ah, ¿si? ¿Y eso por qué?
Tenía razón, ya no estaba con Blas, ya no tenía que dar cuentas de lo que hacía o lo que dejaba de hacer, ya solo era cosa mía.
-Porque tú roncas y das patadas.
-¡Pero serás mentirosa!
-Jajajaja si ya lo sé que no lo haces, tonto. Asi que, ¿me dejas dormir aquí?
-Si Choco deja espacio, deja a ver...
Lo empujó fuera de la cama y Choco le miró mortalmente mal.
Me volví a tumbar.
Nos quedamos los dos en silencio, en penumbra, mirando el techo, hasta que le di un golpe con el brazo.
Él me lo devolvió y yo le di un empujón y me reí, él rió y me lo devolvió y así seguimos hasta que Choco pensó que nos estábamos pegando en serio y se metió en medio a defenderme (cosa curiosa, puesto que yo hubiera puesto la mano en el fuego porque Choco habría defendido a Carlos)
Carlos, que menudo estaba hecho, le encantaba hacerle de rabiar a Choco y me tocaba el brazo o así para que este gruñiera e hiciera ademán de morderle, aunque ambos sabíamos que no lo haría y solo estaban jugando.
Finalmente, el perro volvió al suelo y nosotros dos hablamos e hicimos el tonto hasta que yo bostecé y Carlos dijo que a dormir.
A la mañana siguiente nos despertó David poniendo la tele a todo volumen.
Yo me asusté tanto que grité y todo.
David se descojonó de risa y S le siguió.
Trascurrieron unos días, en los que Carlos prácticamente no se separó de mí y yo se lo agradecí infinitamente.
Necesitaba su presencia a mi lado tanto como el aire para respirar.
Él sabía eso porque yo se lo había dicho.
-No sonrías como un tonto.
-No puedo evitarlo, soy tonto.
-No, para nada. No lo eres.
Él volvió a sonreír.
Pasaba el día conmigo.
Sigrid estaba a veces, con David o incluso Dani, pero gran parte se las veces estaba fuera.
Nosotros nos lo pasábamos en grande con Choco y Tomás, a la que un día,jugando de nuevo a ponérnosla encima, la encontramos en la boca de Choco y Carlos tuvo que luchar a muerte por sacársela.
En ese momento decidí que, por mucho que la fuera a echar de menos, Tomás estaría más segura con Blas.
La próxima vez que le viera, se lo diría.
Pasados unos días, quedamos todos en el bar donde ya habíamos estado otras veces, bailando y eso.
Al principio pensé en no ir, ya que Blas estaría allí y no me veía con fuerzas para volver a verle y actuar como si nada, pero Carlos insistió mucho.
-Yo estaré contigo toda la noche y, si quieres irte, me iré contigo.
Me puse una camiseta negra con una falda roja y cogí mi inseparable chaqueta negra de cuero, con unos tacones rojos de S.
Cuando Carlos me vio (estaba esperando en el salón, David estaba al llegar) sonrió.
-Vaya, pero si esa es...
-Sí, es la falda que me recomendaste. No tienes mal gusto. Debería hacerte mi estilista.
Él rió.
-No me importaría serlo.
-Ya te llevaré entonces de compras más a menudo.
En ese momento llamaron al timbre y Sigrid nos gritó que abriéramos.
Fui yo.
David y yo entramos en el salón cuando S salió, diciendo que ya podíamos irnos.
-Wow, qué guapa.-dijo David, dándole un beso en los labios.
En ese momento Carlos se dio cuenta de que eso a mí no me lo había dicho y me susurró, mientras salíamos por la puerta.
-A ti no te he dicho nada porque ya te dije que tú estás guapa siempre, no importa cómo vayas vestida.
Le pellizque.
-Anda, qué pelota eres.
Al reunirnos todos en el bar, descubrí que Rebe también estaba allí.
Dani la había llamado.
Entramos y pedimos algo.
Estuvimos charlando bastante, todos con todos, incluso crucé alguna que otra palabra con Blas, aunque breves y algo tensas.
Las cosas aún entre nosotros no se habían normalizado, pero lo harían con un poco de tiempo.
-¿Hoy no bailas?-dijo Álvaro.
-Mm, claro que sí.
Eché un trago a mi Coca Cola, lo agarré del brazo y me lo llevé a bailar mientras él fingía pedir que lo rescataran y los demás se reían.
Bailar con él era en parte una excusa para preguntarle por Sara y así interesarme por la apuesta.
Madre, ya empezaba a parecerme a Carlos con eso de la apuesta. Demasiado tiempo con él.
-¿Qué tal las cosas con Sara? Bien por lo que veo ¿no?
Él se rió.
-Van bien, bastante bien, diría yo. ¿Y tú qué tal?
-Bien. Carlos me está ayudando bastante.
-¿Pero tú estás bien?
-¿Tú qué crees?-dije, guiñándole el ojo.
Tras él, agarré a Dani y estuve con él bailando, también preguntándole.
Supe que había vuelto a pasar bastante tiempo con la chica en cuestión, pero no había descubierto nada.
Me choqué de espaldas con S.
-Eh, ¿cambio de parejas?
Ella se rió.
-Venga.
-Eh, David. Que te pensabas que te ibas a librar de bailar conmigo.
-Jajajaja.
Álvaro y Sara fueron los siguientes con los que me encontré bailando al ritmo de Me enamoré, de Charly Rodríguez.
Cuando acabó y David volvió con Sigrid, busqué a Carlos con la mirada, hasta que lo localicé y nuestros ojos se encontraron.
Tras eso, sonreí, levanté el brazo y, con un dedo, le invité a que se acercara.
Él bebió un trago, dejó el vaso, le dijo algo a Dani y se acercó a mí.
Mientras se acercaba, empezó a sonar More than friends, de Inna.

"Wo-ah tonight, tonight we could be more than friends 
Wo-ah tonight, tonight we should be more than friends."

[Esta noche podríamos ser algo más que amigos
Esta noche deberíamos ser algo más que amigos]
 Cuando llegó a mi altura, le pase los brazos por el cuello.
-¿Ya pensabas que tú te ibas a librar de bailar conmigo?
Él sonrió.
-No lo pensé ni por un momento.

"From the first time that I saw the look in your eyes, 
I've been thinking about you for all of this time, 
Wo-ah tonight, tonight we could be more than friends."
[Desde la primera vez que vi esa mirada en tus ojos
he estado pensando en ti todo este tiempo.
Esta noche podríamos ser algo más que amigos]
La canción se colaba por mis oídos y mi mente le daba la razón.
Esta noche podríamos ser más que amigos, deberíamos serlo.
Mientras bailaba con él, aislándome del mundo (había que decir que él seguía bailando mal, pero al menos ya no estaba tieso como un palo como la primera vez) hasta que vi a Blas y Rebe, igual, bailando.
-Cuánto...¿Cuánto llevan así?
-Creo que todo el rato, ¿por?
-Em... Necesito que me de el aire.
Crucé la estancia y salí de allí.
Respiré mientras el aire me revolvía el pelo y me lo ponía en la cara.
Noté algo a mi espalda, me giré y vi ahí a Carlos.
-¿Estás bien?
-Sí, claro. Sólo necesitaba un poco de aire.
Carlos sabía lo que me pasaba y, por eso, no siguió insistiendo.
No hacía ni una semana que habíamos terminado y aún no me había hecho a la idea de que ya no le tenía a mi lado de la misma manera, era normal que algo así me molestara, aunque debería aceptarlo y mirar adelante.
-¿Haces algo mañana?
-Mm, lo de siempre, osea nada.
-¿Quieres que hagamos algo?
-¿Algo como qué?
-Aún no lo sé. Podemos improvisar.
-Improvisar contigo da miedo.
Él se rió.
-Entonces, aunque aún no sé qué podemos hacer ¿quedamos mañana?
-Sí, claro. Ya pensaremos algo.
Nos quedamos en silencio, hasta que él lo rompió.
-Parece que se ha quedado buena noche.
-Sí, eso parece.
-La apuesta sabes que te la gano, ¿no?
-Sí, ya más quisieras tú.
-Jajajajaja que sí, ya lo verás. ¿Puedo preguntarte una cosa?
-Claro.
-¿Qué chocolate te gusta más?
Me reí.
-Qué pregunta más propia viniendo de ti.
Hablamos un rato más fuera, hasta que me hizo entrar, porque yo no quería, pero finalmente tuve que volver.
No me despegué de él y Dani lo que quedó de noche. David no hacía más que decir que los rubios pasábamos mucho tiempo juntos, que tramábamos algo.
David veía conspiraciones por todas partes.
Aquella noche, cuando me acosté, en vez de pensar sobre Blas y Rebe, estuve dándole vueltas a lo que a Carlos se le ocurriría para hacer al día siguiente.
A saber. Estaba loco. Podíamos esperarnos cualquier cosa. Dios quiera que fuera algo normal.
Me despertó Choco, saltando sobre mi espalda.
Le gruñí y le regañé, pero se vio poco afectado porque me chupó la cara de un lenguetazo.
Como Sigrid aún no estaba despierta, le dije a Choco que me siguiera y nos tiramos encima suya gritando.
A mí me pegó una colleja, Choco salió corriendo y no le pasó nada.
Chico listo.
Desayunamos y después me mandó a fregar los baños (por qué a mí, con lo que odio fregar cosas) y, cuando acabé, me mandó a planchar.
Estaba en ello cuando llamaron al timbre.
No me sorprendí al ver que era Carlos.
-¿Y esas pintas que me llevas?-dijo a modo de saludo, mirando mi indumentaria.
Pues una camiseta gris grande feilla ¿qué tenía de malo? No iba a ponerme tacones y falda para fregar los baños y arreglar la casa.
-¿No que siempre estoy guapa no importa cómo vaya vestida?
-Y así es.
-Pero mira que eres pelota. Anda, pasa, estaba planchando.
-¿Tú planchando? ¿Y no has quemado nada?
-Por supuesto que no. Soy patosa, pero a tanto no llego.
-Habría que verte.
-Pues siéntate y mira cómo termino.
-Jajajaja vale. ¡Hola, S!
-¡Hola, Carlos!
Estuvieron hablando un ratejo mientras yo me peleaba con uno de mis vaqueros que no quería plancharse, hasta que S tuvo que seguir quitando el polvo y barriendo las habitaciones.
-Pues en verdad no lo haces tan mal.
-Para que veas. ¿Ya se te ocurrió lo que podemos hacer?
-Sí.
-Sorpréndeme.
-Ah, no es mucho, no se me ocurrió nada mejor.
-Si me dices qué se te ocurrió...
-Ah, ya lo descubrirás.
Decidí no insistir, porque como a Carlos le diera por el secretismo, no iba a decir palabra.
Terminé de planchar y coloqué la ropa con Carlos tras de mí.
-¿Te importa? Este es el cajón de mis cosas privadas que no hay ninguna necesidad que veas.
-¿Qué entendemos por cosas privadas?
-Pues mis cosas.
Se me quedó mirando sin entender.
-Mi ropa interior. Ahora vete.
-Ah, mujer, haber empezado por ahi. Y ya que estas, vístete.
-Que sí, fuera.
Le eché, terminé de colocar la ropa y me vestí poniéndome unos pantalones cortos negros con una camiseta que decía "I love you to the moon and back".
Cogí el móvil y la cartera, pasaba de llevar bolso.
-Ya estoy.
Al ir al salón vi a Carlos y a Choco mirándose fijamente, como echando un serio.
-¿Carlos?
Me miró.
-Ah, ya estás. Nos vamos.
-Sí.
Nos despedimos de Sigrid, que nos dijo que fuéramos buenos y nos fuimos.
-¿Adónde vamos?
-No te lo digo que entonces no quieres ir.
Me quedé parada en medio de la calle con los brazos cruzados.
-Pues si no me lo dices no me muevo de aquí.
Él suspiró, murmurando algo entre dientes que sonó a algo así como "que niña más complicada".
-Vamos al retiro, a visitar a tus queridos amigos.
No dije nada.
Ya que el muchacho se había molestado en pensar algo para los dos, no iba a ser yo quién le dijera que ir a ver patos no era precisamente lo que yo entendía por diversión.
Una vez allí tiramos a andar sin rumbo.
Aquello era tan grande que acabamos perdidos un par de veces.
-¿Y este sitio cómo puede ser tan grande?
-No sé, quién lo construyó o algo alomejor le hacía gracia que la gente sufriera perdiéndose aquí.
-Gente como tú y yo ¿no, Carlos?
-No sé si tan guapa pero sí, como nosotros.
Me reí.
-¿Has pensando en traerme aquí por algo en especial?-pregunté con curiosidad.
-Sé que amas los patos y que no te gusta andar mucho.
-Y como sabes que odio los patos y odio andar me trajiste aquí.
-Sí, algo así.
Negué con la cabeza riéndome.
Estuvimos paseando toda la mañana de acá para allá, hablando. Nos acercamos al estanque y Carlos dijo que no me acercara mucho, que temía por mi vida y que si me caía él no me conocía.
-Ah, osea, que si me ahogo, no me salvas.
-Por supuesto que me tiraría, pero sabes nadar.
-Ponte en el supuesto de que no sé.
-Me tiraría, de eso no tengas duda.
-Ohhh.
Él se rió.
Un pato, que me miraba fijamente desde hacía un rato, empezó a acercarse hacia mí con oscuras intenciones.
-Carlos.
-¿Qué? Ah, el pato.
-Vámonos. Vámonos que me asusto.
A él le dio la risa y a un niño de tres años que teníamos al lado también, nos lo quedamos mirando hasta que el niño dejó de reírse y se fue corriendo con su madre.
A todo esto, el pato estaba que ya me cogía.
-¡Fuera! ¡Deja a la niña en paz!
El pato, obviamente, ignoró a Carlos y se fue a por el niño de antes que tiraba gusanitos al agua.
-Mi salvador-dije, mirando al niño.
Carlos, por supuesto, se dio con un canto en los dientes, pero pronto se recuperó y huimos de allí.
Como siempre que salíamos a la calle, nos encontramos con fangileantes, pero esta vez fue más raro aún porque una niña venía con sus abuelos y estos se empeñaron en salir en la foto.
Tras eso, nos preguntaron si sabíamos donde estaba cierta fuente y yo les dije que sí, les indiqué y se fueron diciendole a su nieta que sus ídolos eran gente maja.
Cuando desaparecieron, Carlos se rió.
-¿Y ahora qué pasa?-dije.
-Que les has mandado a la otra punta del parque, la fuente no está allí.
-¿Ah, si? ¿Y cómo lo sabes?
Me señaló algo que estaba a un par de metros de mí.
Me giré para verlo y reconocí la fuente por la que me habían preguntado.
Carlos se rió más.
-Dios quiera que nunca me encuentre solo perdido contigo.
-¿Si? Pues alomejor te sorprendo.
-O quizá no.
Volvió a reírse.
Yo lo dejé pasar por no discutir.
Comimos por allí.
Pensé que jamás habíamos comido o cenado juntos fuera, siempre había sido o en su casa o en la mía.
En lo referente a Sara, tras intentar dialogar con Paco con poco éxito, se había puesto a limpiar toda la casa y eso le llevó toda la mañana.
Tras comer y zapear un poco en la tele para no ver nada, se durmió un rato en el sillón (Paco no se calló en ese rato) y después, leyó.
Llevaba tiempo leyendo (Paco no hacía más que revolotear en círculos por el salón) cuando llamaron al timbre.
Era Álvaro.
-Hombre ¿cómo tú por aquí?
-Hay que educar a Paco, ¿no?
Ella se rió.
-¿Vienes a eso?
-La verdad es que era una excusa para verte muy mala, debí de haber pensando otra.
-Anda, pasa.
Paco, como ya era costumbre en su vida, se puso como loco insultando a Álvaro.
Le ignoraron por un tiempo, porque estuvieron hablando hasta que, entre risas, se pusieron a intentar enseñarle a Paco bellas palabras (como en su día intentamos David y yo)
Después de fracasar miserablemente, les entró hambre y Sara dijo que tenía galletas, aunque no de las de hechas por ella, sino Oreo y chinchaban a Paco enseñándoles las galletas hasta que este se cabreó, agarró un par y se fue volando con su botín.
-Quiero decirte algo.
-Tú dirás, Álvaro.
-He... He estado pensando mucho, ¿sabes? Congeniamos muy bien. A ambos nos gusta, por ejemplo, hacer deporte. Antes el único deporte que hacía era cuando me picaba con Dani, pero tampoco es plan de estarse picando todo el tiempo o solo, pero con compañía es mucho mejor. Me hizo especialmente gracia cuando nos perdimos ese día. Íbamos tan bien hablando que ni nos fijamos por dónde íbamos. Y bueno, qué decir de las cenas esas organizadas por Carl... Digo, por el destino. Fueron, simplemente, de las mejores cenas que he compartido nunca con nadie. Ese día, el de las galletas, aquí, en tu casa sentí algo que descubrí hace poco y es que te quiero.
Tras eso, se quedaron mirándose fijamente unos instantes.
Ella, asimilándolo, él, esperando su reacción que no se hizo de esperar.
A la vez, como si estuvieran compenetrados, sus labios se buscaron y se encontraron.
Paco lo estaba viendo todo desde detrás del sofá, su escondite favorito.
Al separarse, mínimamente pues sus frentes estaban apoyadas la una sobre la otra y sus labios se rozaban al hablar, los dos sonrieron, mirando los respectivos labios del otro, queriendo repetir de nuevo lo que había sucedido hacía apenas un momento.
-¿Sabes? Soñaba en secreto con esto.
-¿Con qué exactamente?-le preguntó ella, sonriendo aún.
-Con comerte la sonrisa a besos.
Ella sonrió aún más y le besó, justo en el momento en el que Paco se salía por la ventana.
Por mi parte, tras comer con Carlos (los dos nos habíamos recreado bastante hablando, cosa normal en nosotros) fuimos a casa porque él me había dicho que habíamos quedado todos en ella para hablar de lo de las vacaciones.
-Anda ¿y por qué no en tu casa?
-Porque en mi casa no está Choco.
Cuando llegamos a casa, ya estaban todos allí menos Sara y Álvaro, cosa que me extrañó, sabiendo la puntualidad de Álvaro.
-¿Y estas horas de venir?-dijo David, señalando el reloj.
-Anda, calla, que si te cuento todo lo que nos ha pasado hoy... Puff.
Él se rió.
-Luego me lo cuentas.
Crucé una mirada con Blas, pero no le dije nada.
Me hice un hueco en el sillón entre David y Dani (me tiré encima de los dos gritando "¡Mi espacio, mi espacio!" hasta que me hicieron hueco) y empezamos a tratar así por  encima la idea de las vacaciones en espera de Álvaro y Sara.
Estábamos debatiendo posibles sitios y lugares cuando Paco se coló por la ventana y se posó en la cabeza de Choco, que estaba tumbado en el suelo, el cual nos miró a todos como diciendo "Eh, ¿qué tengo en la cabeza?".
-Besos.-dijo.
-¿Qué?-dijo Dani.
-Besos.
-Pero ¿y este dónde ha salido?-dijo David.
-El otro día también se coló en casa-recordó Carlos.
Mientras nosotros mirábamos a Paco subido sobre Choco, Sara, arriba, se dio cuenta de la desaparición de su loro.
-Qué más dará ese loro-dijo Álvaro, tratando de abrazarla, pero ella se levantó.
-¡Hay que buscarlo!
-Ains, vale. Vamos a decirles a estos que nos ayuden.
Bajaron a casa y Blas les abrió.
-¿Paco, dices? Si está aquí dentro.
-¿Qué?
Pasaron al salón y vieron a Paco subido sobre Choco.
-¿Pero se puede saber dónde te habías metido?-le empezó a reñir Sara-Te hemos buscado por toda la casa como unos locos. ¿Cómo se te ocurre irte así? No vuelvas a hacerlo ¿me oyes?
Choco giró la cabeza y la miró con pena, como diciendo "¿por qué me estás regañando?" cuando la riña era Paco, que seguía sobre su cabeza.
Paco estaba ahí, como si la cosa no fuera con él, la mar de tranquilo.
Los demás nos partíamos de risa.
-Besos.-le respondió Paco.
-¿Qué?
-¡Ha dicho besos!-dijo Carlos.
-Aparte de César Millán, ¿ahora te dedicas también a traducir loros?
Todos nos reímos de la respuesta de Sara.
-Lleva todo el rato diciendo eso.-dijo Dani.
-¿Se lo habéis enseñado o algo?
-O hablais o vamos a empezar a pensar cosas raras...
Empezamos todos a hablar y a explicar nuestras teorías.
Ellos dos se miraron y se tomaron de la mano.
-Estamos saliendo.-dijo Álvaro.
Todos nos quedamos callados.
Carlos de repente saltó del sillón y nos asustó a todos.
-¡TOMA, TOMA!-dijo Carlos señalándome y haciéndome un gesto como diciendo que me fastidiara-¡TE GANÉ LA APUESTA, TOMAAAAAA!

-¡Carlos! ¡Cállate, no seas bocas!-dije, tratando de taparle la boca con las manos.
Tarde, claro.
-¿Qué apuesta?-preguntó Álvaro, volviéndose hacia nosotros.
Ambos vimos el peligro en sus ojos.
-Oh, oh.
Quisimos huir (muy lejos sabíamos que no íbamos a llegar) pero Dani nos cortó el paso.
-Bueno, Carlos-dije, mirándole-Explícaselo tú.
-Vamos Carlos, sé un hombre.
-Tú calla, David.
Este se rió.
-Ah, pues nada, que Cris y yo apostamos sobre vosotros dos.
-¿Sobre qué exactamente apostatéis?-inquirió Sara.
-En si salíais o no. Ella dijo que no y yo que sí. Y la he ganado.
Le pellizqué el brazo.
-Ah, tú.
Álvaro le dio una colleja y todos se rieron.
-Eh, pobre de Carlos.-dije.
-Creo que tenéis cosas que explicar-dijo el mi paisano.
-Sí, pero... ¿Hablamos de las vacaciones?-dije, tratando de desviar el tema.
-¡Sexy!-gritó Paco.
Las vacaciones.
Quién me iba a decir que estas serían mejores que las de París. Quizá no mejores. Pero sí distintas. Bastante distintas.
Cuánto iban a cambiar las cosas en esas vacaciones.
Y quizá a peor.
Para algunos.


Hi Endless Lovers! Soy @Cris_Jbieber.
Perdonad el retraso, peeeero es que estaba de vacaciones. Escribí en el móvil, eh. Para que veáis que yo descanso no tengo (¿descanso? ¿Qué es eso? ¿Te lo puedes comer?)
Decir también que gracias por (algunas personas) exigir cuándo debería estar el capítulo. Aquí nadie exige. Aquí hay lo que hay y no hay más.
Como siempre, ya sabéis que podéis seguirme en Twitter (@Cris_Jbieber ) así como al Twitter oficial de la novela @Fans_ERN y que podéis seguir el blog bajo la foto del akjskdfhkgthjkgt de Blas.
Gracias por todo.
Sinceramente vuestra,
Cris.

domingo, 28 de julio de 2013

Capítulo 31: A 3 meses sin chocolate.

-Cris-
Aunque habían pasado varias semanas, muy ajetreadas estas, no podía sacar de mi cabeza la última conversación que había tenido con Carlos.
Para empezar, habíamos tenido los exámenes finales.
Apenas veíamos a los chicos, e incluso a Sara.
Ellos estaban inmersos en su disco, nosotras, en los estudios.
Por lo que respecta a Sigrid, pasaba bastante tiempo con Dani (el tiempo que no pasaba estudiando) en su casa, con el gato y eso (supongo), así que cuando David venía a buscarla, charlaba un rato conmigo y luego se iba.
De Sara apenas supe nada, pero creo que vio poco a los chicos. Bueno, creo que oí comentar a Sigrid que había quedado alguna que otra vez con Martín.
Blas y yo también nos vimos poco esa temporada.
Nos llamábamos y a veces se pasaba por casa para verme o echarme una mano con el francés (mis progresos en esta materia eran notables), pero poco más.
En lo que concierne a Carlos, no le vi en ese período.
Y eso, quizás (seguro) fue lo que más me dolió en esos días.
Pero finalmente, como todo, ese perído estresante llegó a su fin, por lo que nos despedimos de tener que ir a la uni todos los días y demás, hasta que de nuevo volviera a empezar (que Dios quiera que no se diera prisa)
Decidimos celebrarlo de alguna manera y quedamos todos en casa de Carlos.
Me puse unos vaqueros rosas, una camisa blanca y mis fieles Converse negras.
-¿Estás lista, S?
-¡Sí, ya voy!
-¿Por qué siempre eres tan lenta?
-¡Si tantas ganas tienes de ver a Blas ve corriendo y ya te alcanzaré yo!
-¡Uy! Yo correr, dice...
-Vamos, que ya estoy.
Nos despedimos de Choco, agarré el bolso y nos fuimos.
"Aunque sepa que eres la persona equivocada, estoy enamorado de ti."
-Cuesta creer que ya hayamos terminado nuestro primer año, ¿no crees?-dijo S, sacándome de mis pensamientos.
-Pues... Sí, la verdad. Se me ha pasado bastante rápido.
-Y encima tenemos novios. Tú siempre decías cuando éramos pequeñas que de mayores seríamos unas viejas solteronas con miles de gatos.
-No lo digas muy alto, que aún estamos a tiempo de serlo. Aunque no me imagino rodeada de miles de Breakers...
Sigrid se rió.
-Sara viene ahora cuando salga de trabajar, ¿no?
-Sí, Cris, sí.
-Vale, mujer, solo preguntaba. Sabes que últimamente no estoy muy centrada.
-Ya te he visto, ya. ¿Te pasa algo?
¿Se lo debía contar?
Verdaderamente no me pasaba nada, sólo se me iba el tiempo... Entre recuerdos.
Íbamos caminando por la acera, a sólo un par de calles de la casa de Carlos y, entonces, me atropelló un abuelo en bicicleta, el cual andaba distraído mirando la calle.
El abuelo y la bici me cayeron encima.
Sigrid se asustó y se puso a gritar como si me hubieran matado mientras yo luchaba por quitarme al abuelo y a la bici de encima.
-S, cálmate, estoy bien.
-Lo siento mucho hija mía, ¿estás bien?-dijo el abuelo, incorporándose-Lo siento mucho, iba mirando la calle y no te vi.
-Está bien, no se preocupe. No creo que me vaya a morir por esto.
Me quitó la bici de encima y, tras unos cuantos perdones más, se fue.
-Estos abuelos de hoy en día son un peligro-dijo S, agachándose para ayudarme a levantarme.
-Y que lo digas-dije, frunciendo el ceño ya que me dolía la cabeza.
Al caer, me había golpeado con el suelo.
Pues nada, un chichón.
-Ah, espera, S. Me duele al caminar.
-¿Qué? ¿Y si te has roto la pierna? ¿Y si te la tienen que cortar? ¡Por Dios!
-S, no me seas exagerada.
-No soy exagerada, soy muy realista. Vuelvéte a sentar.
Me dejó en el suelo y se puso a rebuscar en el bolso.
-¿Qué haces?
-Voy a llamar a los chicos para decirles lo que ha pasado.
-¿Qué? ¡No S, no! Les vas a asustar para nada. Además, que ya estamos ahí, a dos calles. Vayamos a casa de Carlos y olvidemos este incidente. Quiero ir, hace mucho que no voy. Por fa, no les llames.
Ella me ignoró y cogió el móvil.
-Que además la pierna ya no me duele, mira-intenté incorporarme.
No pude.
-Oh, sí, ya lo veo.
-¡A Blas para esto no le llames, eh!
-Uh, tarde.
Unos minutos después, ya estaban los chicos allí.
Blas se agachó a cogerme del suelo.
-Que estoy bien, por favor, no pongáis esas caras. ¿No me véis?
-Dani, ¿tu coche?-dije Blas.
-Ah, claro. Voy por él.
-¡No! Pero, ¿adónde vamos?
-A urgencias. Estaremos mejor si sabemos que no te pasa nada.
Protesté, pero no sirvió de nada.
En el coche de Dani fuimos este, David, Sigrid, Blas y yo y Carlos y Álvaro se pasaron por Sara antes de ir.
Nos reunimos todos en la sala de urgencias antes de que me pasaran.
Dije de pasar sola, no quería ver la cara de preocupación de nadie para que luego no fuera nada.
Le conté al doctor, un hombre joven, que se parecía a Robert Pattirson lo que había pasado y, mientras este me examinaba, la enfermera, que parecía muy amigable, se puso a hablarme y a decir que los abuelos no tenían ningún cuidado ya por los jovencitas.
-Ahora en vez de mirarles el escote se dedican a atropellarlas.
-De verdad, mira que son desconsiderados.
-No sé qué es peor.
-Lo del escote, por supuesto.
Ella se rió.
En la cabeza, aparte de un chichón, no tenía nada y en la pierna decidió hacerme una radiografía.
Yo seguía hablando con Rebeca, la enfermera.
Descubrí que éramos muy parecidas y fácilmente conectamos.
Fíjate a los lugares que tenías que ir para hacerte nuevas amigas.
Finalmente, me dijeron que tenía una esguince, me vendaron y me dijeron que tenía que estar en reposo una semana y tener el pie en alto.
-Y si quieres andar, a muletas. Nada de apoyar el pie.
Rebeca se rió al ver mi cara.
Sin duda alguna, estaba maldiciendo por dentro al abuelo que me atropelló.
Maldita de mi suerte.
Me dieron alguna que otra cosa para que me tomara por la esguince y, antes de irme, le pedí a Rebeca el número para poder quedar otro día y eso.
-No quisiera que, para tener que hablar contigo, me tuviera que atropellar otro abuelo.
Ella se rió e intercambiamos los números.
Una vez en casa, me hicieron sentarme en el sillón y poner el pie en la mesa con un cojín.
-No era así como yo quería celebrar el fin de los exámenes...
-Ah, pues no haberte dejado atropellar por un abuelo.-me dijo Carlos.
Le miré mal.
Me dolía un poco todavía que no se hubiera dejado caer por casa durante aquel período de tiempo.
-Pues ahora te espera una temporada de nuevo encerrada en casa-dijo Dani.
-Joder ahora que podía salir... El mundo me odia.
Pasamos el resto de la tarde en casa, qué remedio nos quedó, mientras yo seguía haciéndome a la idea de que, ya que era libre para salir después de la paliza a estudiar que me había dado, no podía hacerlo debido al pie.
Cuando quería ir al baño, iba a saltos, cojeando, siempre con alguien detrás, ya que no se fiaban un pelo de mí y decían que no les apetecía que me cayera, me abriera la cabeza y tuvieran que volver al hospital ese día.
Choco no se apartó de mí en toda la tarde.
Estaba en el sillón, medio tumbado encima de mí y yo había estado medio tumbada sobre Blas asi que el pobre había tenido que soportar el peso de los dos.
-¿Sabéis lo bueno de esto?-dije.
-¿El qué?
-Que así no tengo que cocinar.
-¡Como si aunque tuvieras el pie bueno lo harías!
-S, gracias por quererme tanto.
-Para eso está Blas ya.
-Te dejó planchá-dijo Dani.
Cenaron en casa y, a la hora de irse, Blas dijo que se quedaba y, al final, David se quedó también.
Álvaro y yo le estuvimos diciendo endivioso un rato, hasta que nos miró mal y le dije a Álvaro que huyera que yo así con el pie no podía.
Estuvimos los cuatro en el salón hasta tarde, viendo películas (esta vez no le dejamos elegir a S, por lo que no vimos pelis de amor exageradamente romántico) y, cuando nos íbamos a ir a dormir, Blas cargó conmigo y me llevó hasta la cama.
-Podría acostumbrarme a esto.
Él se rió.
-Tú con tal de no andar... 
-Qué bien me conoces.
Choco nos siguió hasta la habitación y se tumbó a mi lado en la cama mientras me cambiaba.
-Choco, fuera. Ese sitio no es tuyo.
Conseguí quitarle de la cama y Blas le echó de la habitación.
A ver, si es que era un pesado.
Como su padre.
-¿Es necesario que vuelva a dejarte un pijama de mi hermano? No sé cómo de cómodo estarás con un pijama de invierno cuando ya prácticamente estamos en verano...
-No, no es necesario. Dormiré bien así.-dijo, quitándose la ropa.
-Oh, yo también.
Apagó la luz y se tumbó a mi lado.
Le abracé.
-Han pasado unas semanas desde la última vez que estuvimos así.-le dije.
-Mucho tiempo.
-Sí, y encima, ahora... Estúpido abuelo.
-Jajajaja bueno, no te preocupes. Es sólo una semana.
-Sabes lo impaciente que soy.
-También es cierto.
Le besé y en ello estaba cuando Choco se puso a lloriquear y a arañar la puerta.
Como le ignoramos, al final vino David a abrirle.
-No séais crueles con el perro, que quiere estar con vosotros.
-¿Y por qué no te lo llevas con vosotros?
-Estaba, pero se ha venido aquí. Ocupa mucho espacio en la cama. Bueno, que con vosotros se queda, eh. Hasta mañana.
Cerró para que Choco no escapara y este vino corriendo a tirarse encima.
-Choco, la pierna, por favor. No me la pises. ¡La tripa tampoco, bruto!
Al final se hizo un hueco entre nosotros y tuvimos que dormirnos.
A la mañana siguiente, David y Blas se fueron al estudio y Sigrid se entretuvo limpiando la casa mientras que a mí no me quedó otro remedio que quedarme sentada en el sillón, donde Blas me había dejado con órdenes muy claras de que no me moviera.
Mi madre y mi hermano vinieron a verme, para gran sorpresa mía, pero entonces me enteré que Blas había llamado a mi hermano para contarle lo que me había pasado.
Este chico estaba en todo, yo de mi familia ni me había acordado.
-Toma enana, te traje mis muletas.
-Ah, sí, de cuando te partiste la pierna con el skate.
-Al menos a mí no me atropelló un...
-Sí, vale, soy ridícula, pero eso ya lo sabía.
Alberto se rió.
-¿Por qué no me dijiste que Blas y tú estáis juntos otra vez?
-¿Me informas tú acaso de tus novias, ah?
-No, porque no tengo.
-Aún así, no me contarías nada.
-No me cambies de tema.
-Pues no sé, se me olvidó. Estas semanas han sido... Raras. Y estresantes.
-Jajajaja vale. En todo caso, me alegro. Es buen chico.
-Es mejor que eso.
-No sé cómo pudiste...
-Por favor, no me vuelvas a sacar ese tema ahora.
-Está bien.
Me puse a andar con las muletas por la casa, aburrida, mientras mi madre hablaba, Sigrid respondía y Alberto se fue a sacar a Choco.
Quise ir, pero no me dejaron.
Jopelines.
Se quedaron a comer (había poco en la nevera, así que S y mi madre fueron a comprar algo. Habría ido con ellas, pero tampoco me dejaron. De seguir así, me escapaba) y se fueron entrada ya la tarde, un poco antes de que los chicos aparecieran.
-Ah, qué lástima. Mi madre y mi hermano se acaban de ir. Tenían ganas de veros.
Eso estaba diciendo cuando llamaron al timbre.
-Vaya, parece que me han oído. Ya voy yo.-dije, echando mano a las muletas, pero David me las alejó.
-Tú ahí quieta.
Hice un puchero, pero nada.
Fue S y al minuto teníamos a Adri en el salón.
-¡Hombre, Adri, cuánto tiempo! 
-¿Cómo tú por aquí?
-Oí que había una accidentada y tuve que venir. Cris, ¿de verdad? ¿Atropellada por un abuelo?
-Riéte lo que quieras, pero fue así.
De nuevo, pasamos toda la tarde allí en casa.
Yo insistí varias veces que allí no podíamos estar siempre y que nos fuéramos por ahí que yo iría con las muletas o sentada en la cabeza de Carlos, pero no les convencí.
Adri, cuando se fue, prometió que se pasaría más a menudo por aquí.
-¡A ver si es verdad, eh!
Blas también se quedó esa noche.
-Mañana por la tarde no podré venir.
-Blas, sólo tengo una esguince, nada más. Voy a estar bien.
-Si lo decía porque no puede pasar un día sin que te vea.
-Oh. No pasa nada. Te enviaré una foto.
-Jajajaja cómo eres. ¿Y seguro que estarás bien?
-Sí, no te preocupes. Estará S.
O al menos eso pensaba yo, porque la vi vestida yéndose hacia la puerta.
-¡Eh, S! ¿Adónde vas?
-Ah, ¿no sabías que me iba?
-¿Es que acaso me lo dijiste?
-Te lo dije, pero estabas haciéndote mimitos con Blas en el sillón y veo que ninguno me escucháteis.
-S, sabes que cuando estamos con los mimos, no se nos puede hablar.
-Jajajaja en fin. Me voy.
-¿Y quién cuidará de mí, dime?
-¿No viene Blas?
-No puede.
-Bueno, ya eres mayorcita y eso no es nada grave. Te las apañarás.
-Amigas que huyen con los novios cuando sus amigas más las necesitan en momentos de extrema urgencia. No te hagas fan.
-No seas así, Cris. Quizá te sorprendas. Y además, tienes a Choco.
-Qué bien, que grata compañía.
-Y además, me voy con Dani.
-Qué raro.
-Si te pasa algo, me llamas y ya está.
-Mm, vale.
Y se fue.
-Sigrid-
Dani me llamó y me dijo que si quedábamos por la tarde al día siguiente.
-Claro, ven a casa a las cinco.
 Aproveché para ducharme mientras Dani venía.
Terminé de ducharme y me vestí.
Llamaron al telefonillo y fui corriendo intentando no matarme mientras me ponía mis Converse azules.
-¿Si?
-Sigrid, ¿bajas?
-Dame dos minutos.
-Valep.
Fui al baño y me peiné.
Cogí el bolso, metiendo el móvil, la cartera y mil cosas mas.
Bajé las escaleras y Dani estaba esperando ahí.
-Hey.
Se giró, puesto que estaba de espaldas, me saludó y me dio un abrazo que yo correspondí.
Vi que el coche estaba ahí.
-¿A donde vamos a ir?
-He pensado que, bueno, podríamos ver una peli en mi casa.
-Oh, chupy.-dije, con visible entusiasmo.
Nos montamos en el coche y fuimos a su casa.
Notaba que algo no estaba bien con él, algo le pasaba.
Llegamos a su casa y bajamos del coche.
Casi se me olvida el bolso en él.
Subimos a su casa.
-Puedes mirar ahí-dijo, señalando una estantería-a ver que peliculas hay.
Asentí.
Dios, ¿qué peli podíamos ver? Si es que tenía tantas.
Encontré una que me gustó.
-¿Elegiste?
-Si, esta.-y le enseñé la carátula.
-Uh, la llamada perdida. Ne gusta.
Reí.
-Pero pensé que te gustaban las pelis de amor.
-Nah, es solo para fastidiar a Cris.
Nos reímos.
Cogimos palomitas y pusimos la peli.
Daba miedo de verdad.
En una escena, nos asustamos tanto que tiramos las palomitas y cayeron al sofá.
Nos importó poco pues nos las comimos igual.
Me sonó el teléfono y me asusté.
¿Qué pasa si era como en la peli?
Contesté.
-¿Si?
Nada. Nadie respondía.
Noté como mi amigo se partía de risa con el movil en la mano.
Le miré terriblemente mal, pero me reí también.
Terminó la peli.
No quería irme.
-¿Breaker donde está?
-Perdido.
Me reí.
-Busquémosle entonces.
Al final, después de llamarle veinte veces y poner la casa patas arribas, le encontramos.
Debió de ser que me echaba de menos o algo, porque paso olímpicamente de Dani y fue directo donde mí.
-Ten mascotas para esto.-dijo Dani, con gran dramatismo.
-Oh, déjale, es normal qje quiera estar con su madre.
Me miró.
-¿Su madre?
-Ajá.
-¿Eso quiere decir que yo soy su padre?
Levanté la cabeza, pues estaba mirando al gato y estaba haciendo el gamba en el suelo.
-Eso creo.
Nos miramos y reímos.
-Menudos somos. Luego dices de Cris y Carlos con Choco pero nosotros con Breaker no nos quedamos atrás.
Esta vez el que se rió fue él.
Estuvimos jugando con Breaker hasta que le pregunté.
-¿Qué tal con la chica que crees que te gusta?
No me había gustado decirlo.
-Oh, bueno... bien, creo.
No me había gustado esa respuesta. Para nada.
Estuvimos hablando de mas cosas hasta que le dije que me tenía que ir.
No quieres irte.
-Espero que quedemos mas a menudo.
-Cuando quieras.
Se ofreció a llevarme a casa, alegando que era tarde y que no iba a dejarme ir sola.
Llegamos a casa y nos despedimos como la otra vez, con un abrazo y un par de besos en la mejilla.
Le despedí con la mano.
Subí a casa.
-Cris-
Miré al perro.
-S se va, me deja sola y encima me deja el mierdas de canal de Telecinco que no me gusta. Y deja el mando en la mesa. Choco, cógelo.
El perro me miró.
-Coge. El. Mando.
No hizo nada.
-¡Maldita sea Choco cogiste mi bolso para Carlos coge el mando!
Choco ladró y se puso a perseguirse el rabo.
-No me hagas levantarme a mí, maldito perro...
Oí la llave de la puerta y supuse que sería S, pero me sorprendí al ver ahí a Carlos.
-¡Carlos, gracias a Dios! ¡Eres mi salvación!
-¿Ah, sí?
-Por favor, dame el mando de la tele.
Se rió, me lo dio y la apagué.
-¿Qué haces aquí?
-Vine a ver qué tal estabas.
-Qué bien que hayas venido, me esperaba una tarde de soledad eterna. Blas no podía venir, S se ha ido con Dani y Sara está trabajando.
-Bueno, pues ya me tienes a mí aquí.
-¿Por qué no viniste durante los exámenes? No te vi en ese tiempo.
-Estabas estudiando.
-Hubiera encontrado un hueco para ti.
-Esos huecos eran para Blas.
-Hubiera encontrado otros para ti.
-Ah.
-¿Por qué no viniste?
-Pensé que quizá estaría bien que no nos viéramos en unos días.
-Pues no estuvo bien. Para nada. A veces, es mejor que no pienses, porque si lo haces, malo. Prométeme que no me volverás a hacer eso. Como hiciste cuando te fuiste a Barcelona. No te vayas sin avisar.
Y, aunque avises, no te vayas.
-Está bien, como tú quieras.
-Gracias.
Choco, que hasta entonces no había hecho más que darle besitos, se relajó y se tumbó encima de los dos. Como si pesara poco.
Algo no iba bien conmigo.
Sólo quería apartar al perro de en medio y abrazar a Carlos.
Abrazarlo por horas, meses, años.
-Habláme-me pidió-No me dices nada.
-Mm, es que no sé qué decir...
-Oh, ¿te dejé sin palabras? Es la primera vez que lo hago.
Sonreí, mientras acariciaba a Choco.
-Sí, la verdad. Es la primera vez.
-Jajajajaja. Puedes empezar diciéndome qué tal te va.
-Oh, ya me ves-dije, señalando el pie- Poca acción puedo tener con eso.
-Te atropelló un abuelo, eso es toda una hazaña.
-Será algo que le pueda contar a mis hijos, sí. Y estarían orgullosos.
-Y tanto.
Nos reímos.
Me sentía mejor.
Por alguna razón que desconocía, me había sentido algo nerviosa al principio, pero ahora ya me sentía un poco más relajada.
-¿Y los exámenes y eso bien?
-Sí, ¿acaso tenías dudas? ¿Con lo inteligente y espléndida que soy yo?
-Bueno, es que eso de inteligente... A veces nos haces dudar...
-¿Qué dices?
Se rió.
-Es broma, mujer, pero hacía mucho tiempo que no veía esa cara.
-¿Qué cara?
-La que pones cuando te molestas.
Le pellizqué el brazo.
-¡Ah!
-Si es que si no me molestas no eres feliz.
-Ya, ya lo sé.
Hablamos por un rato, contándonos lo que se nos ocurría.
-¿Vemos una película o algo?
-Vale. Ahí en la estantería tenemos unas cuantas, si quieres echarlas un vistazo.
-Mm, vale.
Se levantó a mirarlas.
-¿A ti te gusta esta?-preguntó, con cara rara.
-¿Cuál?
Me enseñó la portada.
Era 3 metros sobre el cielo.
-¿Por qué lo preguntas?
-Porque como me dijiste que no te gustaban las películas de amor con mucho amor... Aquí sólo veo de eso.
-¿Y tú crees que esa a mí me gusta?
-Hombre, es típica de chicas.
-¿Y yo soy típica?
-No, la verdad.
-Entonces te acabas de responder tú solo. No, no me gusta. A ver, si la tengo que ver y eso, pues vale, pero... Es empalagosa.
Él se rió.
-Pues yo pensaba que si estas pelis no os gustan por la historia, os gustan por el chico.
-¿Mario Casas? ¿En serio?
-¿No te gusta?
-No es mi tipo.
-Es verdad, en qué se parecerá Blas a Mario Casas...
-¡Eh, Blas es mejor!
-Jajajajaja si tú lo dices, te creo.
-Pero mira que eres malo.
-Ah. Pero mírame. Yo soy más guapo que Mario Casas.
-Claro y si tú y yo protagonizáramos la película no estaríamos a 3 metros sobre el cielo, sino a 3 meses sin chocolate.
-JAJAJAJAJAJAJAJA ESA FUE BUENA, EH.
-Como todo lo que yo digo, ah.
-Entonces esta no la vemos.
-No, no.
-A ver qué más hay... Entonces, según lo que me has dicho, Crepúsculo tampoco, ¿no?
-¡Sí! ¡Pon esa, pon esa!
-¿Eh? ¿Pero no me dijiste que...?
-Carlos, por Dios, el amor da igual. Salen vampiros.
-Pero es una historia de amor.
-Vampiros.
-Nada de lo que diga te va a hacer cambiar de opinión, ¿verdad?
Negué con la cabeza.
-Sea, entonces.-dijo, poniéndo la película.
Se sentó después en el sillón, dejando una distancia.
Miré el hueco, queriendo que este no existiera, pero yo no podía moverme.
Carlos se dio cuenta y se acercó, sentándose a mi lado.
-Me sentaré aquí, por si sale un vampiro feo y te da miedo.
-Aquí lo único que puede darme miedo es tu cara y, para tu información, los vampiros que salen en esta película son muy guapos.
-Osea, que fácilmente me pondrían haber dado a mí un papel.
-Pero qué creído te lo tienes.
-A mí lo que tú me dices, si me dices que soy más guapo que Mario Casas pues me vengo arriba.
-No te vayas tan arriba a ver si luego no te voy a poder alcanzar, tonto.
-Pero eso es porque eres una pitufa.
-Cállate y ve la peli, a ver si así aprendes algo.
-¿Cómo qué?
-A ser un Edward, por ejemplo.
-Pero si yo soy mejor que él.
-Ve la película y cuando acabe, hablamos.
Como era de esperar, Carlos no cerró la boca durante la peli, pero eso era algo a lo que me había habituado viendo cosas con él.
-Ese tiene el pelo muy largo. Que se lo corte.
-Es Jacob. Se lo corta en la segunda película.
-Ah. Bella es una patosa. Se parece a ti.
-Ya.
-Vaya vampiros. No muerden a gente.
-Son vegetarianos, Carlos. No quieren hacerle daño a nadie.
-Ya, cuentos chinos.
-No, vampiros modernos.
-Y tan modernos que salen al sol y no se queman. ¿Qué peli me has hecho poner?
-Chst, cállate, que me encanta esta parte.
"-Y así el león se enamoró de la oveja.
-Qué oveja tan estúpida.
-Qué león tan morboso y masoquista".
Para cuando la película acabó, él estaba pensativo y yo estaba completamente echada sobre él.
-Veo que la película te ha hecho pensar.
-Oh, sí, estaba pensando en cuándo vería las siguientes partes.
-Vaya uso del sarcasmo. Entiendo que no te gustara. 
-La película no ha estado mal y no me importa ver contigo este tipo de películas si son las que te gustan. Me gustan estas sesiones de cine contigo.
-No lo sabía.
-Bueno, pues ahora sí lo sabes.
-Me alegra oír eso. De verdad. Porque a partir de ahora vamos a tener muchas sesiones de estas. Pero Carlos, ya no aguanto más en casa. Sácame.
-Si Blas se entera, me mata. Sabes que tienes que estar en reposo y...
-Pues o me llevas o me voy sola, pero aquí en casa ya no estoy más.
-Pues te ato.
-Pues me desato.
-Pues te encadeno.
-Pues no me dejo encadenar.
Nos aguantamos la mirada por unos segundos hasta que él se rió.
-No eres cabezota ni nada. Está bien, vamos. Así sacamos al perro.
-¡Sí! Gracias.
Agarré las muletas y le esperé en el ascensor.
Él vino con Choco.
-Pero ni al parque ni a nada, ¿eh? Solo una vuelta pequeña para que os de a los dos el aire.
-Que sí, Carlos, no te preocupes tanto. Por Dios, qué agonía con Blas y tú. No estoy hecha de cristal, no soy tan frágil.
-Para nosotros, como si lo fueras. Y vamos, antes de que me arrepienta y te deje en casa.
Choco no hacía más que tirar, queriendo ir a su parque, pero Carlos le llevó por otro sitio y Choco no hacía más que mirarle cómo diciendo "¿Qué haces? Pero que no, pero que por aquí no es. ¿Estás tonto?"
-Choco, que no tires, que Cris no puede ir más rápido.
-Déjale, estoy más que acostumbrada a sus traiciones.
Carlos se rió.
-Bueno, entonces, ahora que has visto la película, ¿sigues sosteniendo que eres mejor que Edward Cullen?
-Desde luego, soy bastante más hablador que él.
-Cierto.
-¿Y tú qué opinas?
-No te voy a decir nada, que luego te vienes arriba y yo me quedo abajo.
-Jajajaja es decir, que tú piensas que sí.
-Yo no dije eso.
-Pero lo insinuaste.
-Ah, me pillaste.
-A mí me querías engañar, como que no lo sabía.
Llegamos al portal.
-¿Ya hemos llegado?
-Ya oíste, no debes hacer esfuerzos.
-Pero...
-Me dijiste que te sacara y eso hice. Así que ahora no protestes y arriba, vamos. 
-Vale.
Se quedó conmigo en casa otro rato, discutiendo sobre posibles películas que podríamos ver hasta que vino Sigrid.
-Bueno, me marcho ya, que ya te dejo con alguien responsable.
-¿S responsable? ¿Cómo puedes mentir tanto?
-¡Será posible! Ahora en cuanto me cambie de ropa, te vas a enterar.
-Aquí te espero, si del sillón no me puedo mover...
-¡JA! Es cierto. Ahora vengo.
Se fue a su cuarto seguida de Choco, que ladraba, contento.
-¿Te vas entonces?-le pregunté a Carlos, viendo que se levantaba del sillón.
-Sí, será lo mejor.
-¿Cuándo vas a volver otra vez?
-Mm, creo que vendremos todos mañana por la tarde a...
-Te he preguntando cuándo vas a volver tú, no los demás.
-Ah, yo.
-Sí, tú.
-Mm, no lo sé. Para cuando tú quieras llamarme. Sólo dime "ven" y vendré.
-Así lo haré. Pero ven, eh.
-En cuanto tú lo digas.
-Pero por la ventana no se te ocurra, usa mejor la puerta.
Él se rió.
-Intentaré recordarlo, pero no prometo nada.
-Qué loco. Agáchate, anda. Yo no puedo levantarme.
-¿Y qué me vas a hacer?-dijo, mientras lo hacía y ponía los brazos en el sillón, uno a cada lado, sin permitirme huida.
-Besarte la mejilla.
-¿Es así ahora como lo hacen los vampiros modernos? ¿En la mejilla?
Me reí.
-No, tonto. Así es como se despiden.
-Vaya.
Su frente estaba sobre la mía y mis manos sólo querían agarrarlo para acercarlo más, pero sólo le permití a una que le acariciara la mejilla.
Choco ladró y me despertó como en el sueño en el que estaba, le besé en la mejilla y él se incorporó.
-¡S, me voy, ya nos veremos!
-¡Vale!- gritó esta desde el cuarto.
Se dirigió hacia el hall y, antes de desaparecer por este, se dio la vuelta, me sonrió y me despidió con la mano. 
Yo sonreí enormemente e hice lo mismo.
Tras eso, se marchó y, nada más oír cerrarse la puerta, sentí como un enorme peso en el pecho. 
No acababa de irse y ya le estaba echando de menos. Le necesitaba ahí, en el sillón, a mi lado, hablando, haciéndome olvidarme del resto del mundo, riéndonos. Y aún me había quedado con las ganas de abrazarlo. Eso no era normal, ¿no?
-Cris, ¿estás bien?
Volví al mundo y vi que S estaba sentada a mi lado en el salón.
 -No... No lo sé.
Me eché sobre mi amiga y esta me abrazó.
-¿Ha pasado algo con Carlos? Pero si os he visto muy bien a los dos...
-Ah, no, no ha pasado nada. Ha sido muy bueno conmigo, hemos visto una peli y luego hemos ido a dar una vuelta... 
-¿Qué? ¿Con el pie así? 
-Yo prácticamente le obligué a ello y él accedió pero sólo si era un paseo breve y ha sido corto. Sólo necesitaba que me diera un poco el aire. 
-Oh, está bien. ¿Y qué película visteis? 
-Crepúsculo.
 -Jajajajaja ¿y le gustó? 
-Dijo que no podía esperar a ver las siguientes partes. 
-Menudo es él. 
-¿Y tú con Dani?
 -Pues lo mismo, ahí en su casa, con Breaker y alguna peli. 
-¿Qué tal el gato? Hace mucho que no le veo, a ver si me puedo acercar a casa de Dani uno de estos días. 
-Si eso a la próxima, te vienes conmigo. 
-Vale. ¿Y cuándo vas a ver a David? 
-Ah, sí. Vendrá ahora con Blas. He hablado con él por WA hace unos minutos. 
-Qué bien. 
Intenté sonar convencida de mi entusiasmo, pero no lo conseguí y S me miró.
-Bueno, tendré que ir haciendo la cena para cuando estos dos vengan.
-Vale. 
Llevaba unos diez minutos Sigrid en la cocina cuando llamaron al timbre. Choco fue corriendo a la puerta, ladrando. 
-¡Ya voy!- dijo S, yendo corriendo. 
Oí las voces de David y Blas y la voz sorprendida de S. 
-Pero, ¿qué es eso? 
-Ahora verás. 
Pasaron al salón y les saludé. 
Fue entonces cuando me fijé en que Blas tenía algo entre las manos. 
-Toma, esto es para ti. 
-¿Esto qué es? Ah, pero... Si es una tortuga. 
-Por si otro día no puedo venir, para que no te aburras. 
-Me has regalado una tortuga para que no me aburra en tu ausencia.
-Sí. 
Empezó a darme la risa y David y S se rieron por lo absurdo de la habitación. 
-Cómo eres, Blas. 
-Me dijiste que te gustaban las tortugas. 
-Porque no podrían ganarme en una carrera, pero no pensé que me regalarías una. 
-Eso es lo que tienen las sorpresas, que no te las esperas. 
Mientras David se fue a ayudar a S en la cocina (supongo que fue a eso, quién sabe) Blas se quedó conmigo en el salón viendo a la tortuga haciendo el tonto en su acuario que tenía dos palmeritas. Qué cuco. 
-¿Cómo la vas a llamar?-me preguntó Blas.
-Tomás.
-¿Tomás? 
-Tomás, la tortuga. Me gusta. 
Él se rió. 
-Está bien el nombre.
 Choco metía la cabeza en el acuario, olisqueando a Tomás. 
-Choco, Tomás no es comida. Es un amigo. 
-¿Qué has hecho esta tarde? 
-He estado con Carlos aquí. Vimos Crepúsculo. 
-Jajajajaja. 
De nuevo los dos se quedaron a dormir y por la mañana se marcharon, con la promesa de que por la tarde vendrían a vernos. S se fue a comprar por la mañana y yo me quedé durmiendo en el sillón. 
Por la tarde, como prometieron, vinieron todos a casa. 
Sara se pasó después, al salir del trabajo y tenía un regalito para mi. 
-Para la accidentada, un Franpucchino. 
-¡Bieeeen! Gracias. 
Carlos me miraba con envidia. 
-No me mires así, si quieres, bebe-dije, tendiéndole el vaso.
Se rió y lo cogió. 
-Entonces te quedas sin bebida-dijo Dani. 
-Que va, verás cómo no se lo bebe todo. Sabe compartir.
-¿Qué es eso?-dijo Sara, acercándose a la mesa y mirando lo que casi todos miraban. 
-Es Tomás. 
-Oh, pero si es una tortuga. 
-Blas pensó que Tomás me ayudaría a no aburrirme. 
Aquella tarde Adri también pasó por allí y fangileó junto a los demás con Tomás. 
-Es mi tortuga, aparta tus manos de ella-dije, viéndole a Adri las intenciones de quitármela.
-Que va, yo sólo quería tocarla.
-Ah, bueno. Más te vale. Te estaré vigilando.
Mientras estaban todos ahí pendientes de la tortuga (Carlos estaba tendiéndole la pajita del Franpuchinno a Tomás y, cuando este intentaba morderla, la quitaba, hasta que finalmente Tomás la mordió y se comió la mitad) Rebe me llamó al móvil.
-Quiero hablar por teléfono, que alguien me lleve a mi cuarto.
-Que yo sepa, tienes una esguince, no las piernas rotas. Ve tú-dijo Adri, que, como siempre, era un ser cruel conmigo.
Al final fue Álvaro, que tuvo un detalle y me dejó sentada en mi cama.
Hablamos cerca de un cuarto de hora.
Me llamaba para preguntarme qué tal llevaba la esguince y eso.
Cuando terminé de hablar, volví al salón cojeando, vi que Adri se había sentado en mi sitio del sillón y le eché pegándole con las muletas.
La mañana siguiente fue aburrida, aunque la tarde se presentó mejor.
Blas tampoco podía venir aquella tarde, al menos, no a la hora habitual y Sigrid se iba con David.
Era un buen momento para llamar a Carlos.
-Meloncito.
-¡Pitufina!
-¿Pitufina?
-Sí, bueno, es que eres rubia y enana, como ella.
-¡Oye! ¡Vete al carajo!
-JAJAJAJAJAJAJA.
Me reí también.
-Quería decirte algo.
-Dime.
-¿No lo adivinas?
-Mm.
-Venga, que es sólo una palabra. Y tiene una sílaba.
-Emm... Si no lo dices tú, no tiene efecto.
-Jajajajaja está bien. Ven.
-¡Voy! ¿No me ves allí ya?
-¡No eres Edward, no eres tan rápido!
-Buah, yo a ese le dejo atrás. Ya mismo voy.
-Aquí te espero sin moverme.
-¿Qué película veremos hoy?
-Lo decidiremos cuando vengas.
-Jajaja ya voy. Adiós.
-Hasta ahora mismo, melón.
Le colgué y en ese mismo momento llamaron al timbre.
-Joder, pues sí que es rápido, sí.
Fui cojeando a abrir la puerta.
-Carlos sí que eres ráp... Dani. Pero si eres tú.
-¿Esperabas a otro rubio?
-Sí, pero dudo mucho que Bart Simpson llame a mi puerta.
Se rió.
-¿Buscabas a S? Digo, porque se fue con David.
-En realidad venía a hablar contigo.
-¿Conmigo?
-Sí. ¿Puedo pasar?
-Ah, sí, claro, discúlpame. En tu casa estás, ya sabes.
Pasó, cerré, preguntándome cuánto tardaría Carlos y nos encaminamos al salón.
-¿Te ayudo?-preguntó, viéndome cojear.
-Con que me des la mano para no matarme saltando es suficiente.
Le solté cuando nos sentamos en el sillón.
-Bueno, tú dirás, Danielo.
Choco vino corriendo y Dani le acarició.
-Puff, a ver por dónde empiezo.
-¿Por el principio?
-Es que no sé si esto lo tiene.
-Madre, sí que es complicado.
-Jajajaja un poco, sí.
Le dejé que organizara las ideas.
-Hay una chica.
-Ajá.
-Y hay un problema con ella.
-¿Tiene novio?
-Sí.
-Ya veo.
-Y aparte, estoy algo confundido porque ella antes me hacía caso, luego empezó a salir, bueno, con su novio y me dejó olvidado por un tiempo y ahora vuelve a hacerme caso. Bastante más caso que antes, a decir verdad.
-¿A quién ve más de los dos? ¿A él o a ti?
-A mí.
-¿Y ella sabe que tú...?
-No, no lo sabe. Y no sé qué hacer, porque su novio, bueno, es alguien con quién me llevo bien y no quiero que, bueno... Que pase algo parecido a...
-Blas, Carlos y yo. Ya.
-No quería molestarte.
-Tranquilo, no lo has hecho. Está bien.
-Y eso. No sé qué hacer, no sé si pasa tanto tiempo conmigo porque... Ya sabes o porque me ve como su mejor amigo.
-Es complicado sí, porque podría ser lo que tú dices.
-¿Qué puedo hacer?
-¿Tú no se lo quieres decir a ella?
-Es que si se lo digo y no... Eso podría ser una situación entre los tres bastante incómoda.
-Pero Dani, quién no arriesga, no gana. Con lo competitivo que eres tú, ¿y no sabías eso? Mira, lo que yo haría seguiría quedando con ella. Si ella te busca, es por algo. Quizá en una de esas conversaciones te suelte algo que te indique por dónde va la cosa, como "ains, si es que eres tan buen amigo..."
-¿Y si no lo dice?
-Si no lo hace, que lo dudo porque solemos decir esas cosas, deja que pase el tiempo, queda más veces y díselo. Fácil no es, lo sé, pero no puedes hacer otra cosa en esta situación. Siento no poder serte de más ayuda.
-No, está bien. Lo que me has dicho me ha servido.
-Me alegro. Pero esa chica debe ser muy tonta, ¿no? ¿Qué novio puede tener que compita contigo?
Dani se rió.
-Ay, si tú supieras...
-Pues dime. ¿La conozco?
Llamaron al timbre y me olvidé de todo.
-¿Quieres que vaya yo?-preguntó Dani.
-No te preocupes, así me doy un paseo.
-Jajajaja.
-¿Quién es?
-Carlos, ¿quién si no? Usé la puerta.
Me reí.
-Enseña la patita por debajo de la puerta para que sepa que eres tú.
-Pero si no me cabe.
-Solo tú darías esa respuesta-dije, abriéndole-Anda, pasa. ¿Y por qué no abres con las llaves?
-Porque así te hacía levantar y pasearte.
-Qué mono eres.
-Lo sé. Anda, Dani. ¿Cómo tú por aquí?
-Pues nada, a darle algo de compañía a la muchacha, pero si ahora estás tú, está bien.
-¿No quieres quedarte?-le pregunté.
-No, tengo cosas que hacer. Ya seguiremos con el tema.
-Claro, a ver si se me cura esto-dije, señalándome la pierna-Y puedo pasarme a ver a Breaker.
Se despidió de los dos y se fue.
-¿De que hablábais Dani y tú?-preguntó Carlos mientras nos sentábamos en el sofá.
-Pues de nuestras cosas. ¿Es que tienes que saberlo todo? No seas cotillo.
-Jo, venga, dímelo.
-Buenooo, hablábamos de ti.
-¿De mí? ¿Y qué decíais?
-Que calladito estás muy sexy. Así que ya sabes.
-Oh, qué mentirosa, no decíais eso.
-Jajajaja ya lo sé.
Mientras tanto, el turno de Sara en el Starbucks ya había acabado y esta pensaba en si venir a casa a hacerme una visita.
Iba a salir del establecimiento cuando se topó con Álvaro, que entraba.
-Ah, vaya. No sabía que estabas aquí.
-Sí, mi turno acaba de terminar.
-Pues si me esperas unos minutos, hablamos. Hace días que quiero hablar contigo.
-Está bien, me sentaré por ahí.
Se sentó en una mesa apartada de las demás y Álvaro no tardó en reunirse con ella.
Al principio, no hablaron, después, él tomó la palabra.
-¿Has pensando sobre lo que pasó ese día en tu casa?
-Mm, no, no lo hice.
-Pues yo sí he pensando sobre ello.
-¿Y qué has pensando?
-Pues que eso sucedió porque tú me ibas buscando a mí, ya que estás totalmente pillada por mí.
Sara se quedó bastante sorprendida con cara de "¿y este tío qué está diciendo?".
-Eso no te lo crees ni tú. Eres un creído y un imbécil.
Se levantó de la mesa y sin mirar atrás se marchó.
Álvaro la miró marcharse y no dijo nada, roto como se había quedado.
(...)
-No me vas a decir lo que hablásteis, ¿no?
-Carlos, es que eso te lo tiene que contar él, yo sobre eso no puedo decir nada.
-Vale, no te insisto más.
-Gracias.
-¿Qué tal está Tomás?-dijo, asomándose al acuario de este.
-Oh, le va muy bien. A veces temo por su vida porque cada vez que me descuido Choco tiene la cabeza metida dentro, pero ahí está, siendo todo un superviviente.
-Jajajaja pero Choco hace eso porque siente curiosidad.
-Sienta lo que sienta, que no se coma a Tomás.
-Ya oíste, Choco. Bueno, ¿qué película vemos hoy?
-¿Quieres ver alguna especial?
-¿Me vas a dejar elegir a mí?
-Eh, no te equivoques, yo te dije si querías ver alguna, no que vayamos a ver esa.
-Pero qué mala eres conmigo, de verdad.
-¿Y lo que te gusta que sea así, qué?
Me sacó la lengua.
-¿Y bien? ¿Película?-le dije.
-No sé, no se me ocurre nada.
-De amor no quieres, ¿no?
-Si me la quieres poner... La veré.
-No, ya viste Crepúsculo, vamos a cambiar.
-Miedo me dan tus cambios.
-Quiero ver Los Juegos del Hambre. Y a la próxima nos vemos Harry Potter.
-¡Sí!
-Pues ale, búscame la película entre esas.
-Está bien.
La puso y me dio el mando.
-¿Vas a la cocina a por algo de comer? Tengo hambre.
-¿Y qué te traigo?
-No sé, lo que pilles, o lo que haya. Últimamente es S la que va a comprar, así que a saber qué te encuentras.
-Vale, voy.
Choco fue detrás de él.
-He encontrado esto-dijo él, enseñándome una tableta de chocolate-Y está sin abrir.
-Tú lo que quieres es que engorde.
-Sí, para luego comerte. Me pillaste.
-Caníbal.
-Jajajajaja.
Se sentó a mi lado, abriendo el chocolate y yo le di al play.
Tras eso, empezamos a ver la película y a comer chocolate.
-Me dijiste que aquí no había amor.
-Carlos, amor hay en todas partes. Pero aquí no es el tema principal.
-Más vale.
-Sólo hay un beso. No te angusties.
-Pues sí que hay poco amor, sí.
-Hay más entre tú y Choco que en esta película.
-Guay. Espera, ¿qué?
Me reí de su cara.
-Mírales-dijo, ya que, como siempre, no podía estarse callado ni para ver una película. Como para llevarle al cine-Ellos allí muriéndose de hambre y nosotros aquí, comiendo.
-Que, por cierto, nos hemos comido más de la mitad de la tableta. Dios mío.
-Esto es algo muy normal en mí.
-Y no engordas nada. Ya me dirás tu secreto.
-Ah, cuando tú me digas qué hablaste con Dani.
-Entonces olvídalo. ¿Sabes? Habrías sido un buen Peeta. Al chico tuvieron que teñirle para que llevara esos pelos y el personaje tiene los ojos azules, pero el chico debió de pasar de ponerse lentillas. Podrías haberlo hecho tú.
-¿Y qué sentido hubiera tenido si la protagonista no fueras tú?
-Pues me hubieran cogido, también. Con nuestros grandes dotes de actores que tenemos, eso no es problema.
Ambos nos reímos.
Cuando la película se acabó, la estuvimos comentando.
-¿Te has leído los libros?-le pregunté.
-No.
-Ay, eres un caso. Te los dejaré para que te los leas.
-Vale.
Tras eso, sacamos a Tomás de su acuario.
-Ah, no me pongas a Tomás en la pierna.-protesté.
-Déjale,a ver qué hace.
Tomás subía para arriba.
La cogí y se la puse a él en el brazo.
-Que te suba a ti, no te digo.
-Ah, araña.
-No Carlos, Tomás es una tortuga.
-JAJAJA DIOS EN SERIO ¿CÓMO PUEDES DECIR CHISTES TAN MALOS? JAJAJAJA
Tomás se cayó del brazo de Carlos y se nos perdió en el sillón.
-Dios, que se ha perdido.
-Joder con Tomás. Como para jugar al escondite con él.
Al final lo encontramos detrás de una silla.
No pudimos explicar cómo llegó hasta allí.
Choco nos miraba como diciendo "¡Me habéis remplazado, malditos!".
Miré la hora.
-¿Quién se ofrece para sacar a Choco?
-¡Me presento voluntario! ¡Voluntario como tributo!
-Qué grande eres, Carlos. En serio.
-Seh.
-¿Puedo ir contigo?
-Ah, ya sé por dónde vas. Buenoooo, vale. Pero otro paseo corto.
-Sí.
Y como bien dijo, fue breve pero intenso.
-Mm, esta gente estará al caer. Me deberé ir yendo.
-Oh, no te vayas. Me quedaría sola.
-Tienes a Tomás y a Choco. ¿Qué mejor compañía que eso?
-La tuya.
-Me quedaré si es lo que quieres.
-Vamos a mi cuarto, te daré los libros.
-Si quieres ir dándomelos uno a uno, quizá tarde en leérmelos, ya sabes, el disco y eso.
-No tengo ninguna prisa, me los sé de memoria y, si no me los devuelves, sé dónde vives.
-Uh, eso sonó a amenaza.
-Era una amenaza.
Se rió.
Fuimos a mi cuarto y busqué en mi estantería.
Era algo difícil, ya que daba saltitos, intentando no apoyar el pie.
-Te vas a caer-observó Carlos.
-Mm, no.
Ya rozaba el libro con los dedos.
-Te sujetaré.
Al sentir sus manos sobre mi cintura me sobresalté, agarré el libro y este me cayó en la cabeza.
-Eres demasiado patosa.
-Soy un peligro para mí misma, lo sé. Menos mal que era de tapa blanda.
Se rió.
-Ya me agacho yo, no te preocupes.
-Sí y será mejor que cojas los demás tú.
-Si es que eres una cabezota.
-Lo sé. Es uno de los defectos que me hacen perfecta.
Me miró enarcando una ceja, como si no entendiera, pero no quisiera preguntar por temor a la respuesta.
-¿Me das una bolsa?
-Ah, claro. Tiene que haber en la cocina.
-Pues vamos, flamenco-dijo, tendiéndome una mano.
-¿Flamenco?-pregunté, cogiéndola.
-Sí, porque vas como ellos, con un pie.
-Carlos, de todo lo que has dicho desde que nos conoces esto es, sin duda, lo peor. En serio. Y luego dices de mis chistes.
Se rió y me soltó de la mano para buscar donde le dije que encontraría una bolsa para los libros.
No quería que se marchara, pero no podía decírselo.
Me sentía bien a su lado, ¿qué demonios? Me hacía sentir condenadamente bien.
Cada vez que venía, una parte de mí sufría sabiendo que se marcharía y que debería esperar para volver a verlo, pero que debía de ser así, solos, sin nadie delante, puesto que, frente a los demás, él no era el mismo, ni, por supuesto decía las mismas cosas.
-¿Y esa cara de pena, penita, pena? ¿Temes por tus libros? Me conoces y sabes que soy un poco desastre, pero cuidaré tus libros.
-No, no es eso.
-¿Entonces qué te pasa? ¿Te duele la pierna?
-No, tampoco.
-¿Y entonces?-dijo, dejando la bolsa en la encimera-¿Qué te pasa?
¿Debería decírselo? No, las cosas volverían a liarse. Me miraba, esperando mi respuesta, pensando en las posibles opciones que serían mi problema.
Supongo que podía pensar mil y una opciones y no daría con la respuesta.
Él.
-¿Me lo vas a decir?
Avancé de unos saltitos la distancia que había entre nosotros y le abracé.
Le abracé con todas mis ganas, como si fuera mi hijo perdido hace veinte años y nos viéramos ahora de nuevo.
Él al principio no reaccionó, sorprendido como estaba, pero luego me abrazó también.
Y no sé cuánto tiempo más pasó hasta que oímos la llave de la puerta.
Me separé y sin decirle nada fui al salón saltando.
Él cogió la bolsa y me siguió.
Como siempre, eran David, S y Blas.
-¿Qué haces de pie?-preguntó Blas.
-Ay, Blas, que me dan calambres de estar sentada.
-¡Eh, Carlos! ¿Qué tal?-le dijo David.
-Aquí estoy, vine a por algo de lectura-dijo, enseñando la bolsa.
-Viniste al lugar indicado-dijo Sigrid-Cris tiene una especie de biblioteca.
Se pusieron a hacer comentarios sobre mí (a los que no le di nada de importancia), hasta que Carlos dijo que se marchaba, por lo que se me encogió el corazón, pero no dije nada.
Un par de días después me quitaron la venda y quedé como nueva.
Sigrid y Sara me acompañaron.
Tomás quiso venir, pero no pudo salir del acuario.
Tan feliz estaba que lo primero que hice nada más librarme de la venda fue echar a correr.
-¡No corras tanto a ver si te van a atropellar otra vez!-me gritó Sigrid.
La simple idea me hizo detenerme en seco.
Ese mismo día cenamos todos juntos.
No celebrábamos nada (bueno, Dani decía que celebrábamos que ya no teníamos una coja en el grupo), pero hacía tiempo que no cenábamos juntos y nos apeteció.
Como novedad, había llamado a Adri y a Rebeca (a la que a partir de ahora llamaremos Rebe por los recortes)
El primero vino encantado, contento de ver a los chicos con los que tan rápido había conectado y ella tuvo algo de dudas, diciendo que no les conocía y no quería estorbar, pero al final conseguí convencerla y en seguida fue como una más.
La verdad, esa chica me recordaba mucho a mí. Entonces no podía ser de otra manera que aceptada rápidamente.
Aunque también estaba Martín, cosa que nos había sorprendido a todos, menos a S, que era quién le había dicho a su prima que él también podía venir.
En resumen, en la cena estábamos ciento y la madre.
David, Rebe y Blas charlaban animadamente, Dani estaba perdido en su mundo, Carlos estaba con el móvil, Álvaro le cotilleba, a ver qué hacía, distraído, aunque Adri le hablaba y Sara, Sigrid y yo hablábamos, aunque Martín de vez en cuando se metía en la conversación.
Yo no había vuelto a hablar con Carlos desde la última vez que estuvo en casa, desde el abrazo.
Y aquello no me gustaba.
Tras la cena, fuimos a tomarnos algo.
La gente hablaba entre sí.
Yo estaba con Blas, agarrada a él, hablando con Dani y a la conversación se unieron Rebe y Adri, pero, aunque hablaban y yo también, no sabía de qué iba la conversación, no sabía qué decían, estaba totalmente perdida en mi mundo, mirando al rubio de mi amigo Carlos, que vete a saber qué estaría haciendo todo el rato con el móvil.
Entonces ocurrió algo que nos calló a todos y me sacó de mis ensoñaciones.
Martín, que hasta ese momento había estado hablando con Sara, cogió a esta y la besó.
Ella, como respuesta, le apartó bruscamente y le cruzó la cara de un bofetón.
Martín se la quedó mirando, como si no se lo esperara y ella, dándose la vuelta, se marchó, visiblemente enfadada.
Todos nos quedamos en silencio, intentando asimilar lo que había ocurrido cuando Carlos se levantó y fue tras ella.
Clavé la mirada en su espalda, viendo cómo se iba y esperando que no se marchara, que había pasado toda la noche queriendo hablar con él, queriendo acercarme y, ahora que iba a hacerlo, se iba.
Y me enfadé, me enfadé bastante.
Me enfadé porque no me había hecho caso en toda la noche, había estado con el dichoso móvil, apenas me había mirado y luego era el primero en decirme bonitas palabras cómo "Sólo dime ven y vendré" y cosas así y, encima de que iba a acercarme yo, se marchaba.
Suspiré e intenté relajarme.
No podía dejar que me vieran enfadada. Y menos por esa razón.
Blas me besó la mejilla.
-¿Estás bien? Estás muy callada.
-Ah, sí, es que lo que acaba de pasar y eso... Me ha dejado... Rota.
-Sí, la verdad.
-QUE NO PARE LA FIESTA DON´T STOP THE PARTYYYYY!-dijo Adri, tratando de devolvernos a la normalidad, pero, ¿cómo iba a hacerlo si Sara se había ido de esa manera y Carlos no estaba?
-¿Sabes si algo va mal con Álvaro?
-¿Por qué dices eso?
-Lleva unos días raro... Y míralo.
-¿Quieres que hable con él?
-Si me haces ese favor... Quizá a ti te diga algo.
-Eso no es un favor, Blas, lo hago gustosa.
Me besó de nuevo en la mejilla y me dirigí hacia Álvaro, ocultando mi enfado tras una sonrisa.
-Paisano, ¿algo está mal contigo?
-Ah, hola, Cris.
-No me has respondido.
-Ah, pues...
-Mejor salgamos fuera. Ven, anda.
Le agarré del brazo y lo saqué al exterior.
El aire fresco de la noche me dio en la cara y me revolvió el pelo, pero aquello no disipó mi enfado.
Sin ese niño cerca de mí, algo sí iba mal conmigo.
Dicho niño hacía rato que había alcanzado a Sara, y, aunque no sabía muy bien qué decir, trataba de animarla de la mejor manera posible.
-Si Martín antes me parecía un tío majo, pero, ¿sabes lo malo de él?
-Mm.
-Que respira.
Consiguió sacarle una sonrisa.
-¿Y ahora qué vas a hacer respecto a él?
-No lo sé, de momento, no quiero ni verlo.
-Cosa muy normal y comprensible.
-Ya.
-¿Y ese bofetón que le diste? Digno de Rocky Balboa, eh.
-Qué exagerado eres.
Él se rió.
-De quién se me habrá pegado.... ¿Y si vuelve a llamarte?
-No le responderé.
-¿Y si se presenta en tu casa?
-Le echo.
-Ah.
-¿Por qué has venido?
-Sabes que soy un caballero y con lo que ha pasado y tal, no podía dejarte ir sola.
-Menudo eres tú.
-Ya, me lo dicen mucho.
Volviendo a Álvaro y yo, estábamos fuera, aún sin haber empezado a hablar.
-¿Qué te ocurre?
-¿Cómo sabes si algo me pasa?
-Tenía algunas sospechas pero ha sido Blas el que me pidió que hablara contigo. Yo lo habría hecho de todas maneras.
-Ah.
-¿Vas a decirlo?
-Es...Complicado.
-Y dime qué no lo es.
Sonrió.
-Alguien lo está pasando mal por mi culpa.
-Y te sientes culpable.
-Bastante. Porque lo soy.
-¿Metiste la pata?
-Hasta el fondo.
-Y yo que pensaba que el metepatas del grupo era Carlos...
-Jajajaja.
-Pues yo que tú, hablaría con esa persona lo antes posible. No hay nada que, hablando, no se pueda arreglar.
-Está bien.
-Pecaré de cotilla, pero, ¿conozco a esa persona?
Él sonrió de nuevo.
-Es Sara.
-Cómo lo sabía. Tenía mis sospechas de que pasaba algo entre vosotros. Y me dijiste que no. ¡Me mentiste!-dije, con gran drama.
Pero mira que me gustaba ser dramática, de verdad.
En ese momento, le sonó el teléfono.
-Es Carlos-me dijo.
Ah, genial. Ahora no es ni capaz de llamarme a mí. Genial.
Enfado en aumento.
-No, creo que ya nos vamos para casa, así que si te quieres ir ya... Ah, sí, es que estoy fuera, hablando con Cris. Ajá, vale.
Me tendió el teléfono.-Quiere hablar contigo. Me voy dentro, ¿vale? Ahora hablamos. Y gracias.
Aún sorprendida, le cogí el teléfono y le guiñé un ojo sonriéndole antes de que entrara.
-¿Si?-dije.
Así que ahora sí quería hablar conmigo.
-Lo siento. Me fui de esa manera y no me dio tiempo a despedirme.
-¿Y por qué te fuiste así? ¿Sabes que quería hablar contigo?
-Porque Sara... Espera, ¿estás enfadada? ¿Querías hablar?
-Sí, estoy enfadada y sí, quería hablar.
Se empezó a reír.
-¿Qué te hace risa?
-No recordaba lo mal que llevas que te ignoren.
Le gruñí.
-Lo siento.
-Tú siempre estás sintiéndolo todo.
-Sí, pero... Tuve que ir tras ella. Mira lo que pasó. ¿Cómo iba a dejar que se fuera sola a casa así? Soy un caballero.
-Ya, de la mesa redonda.
-Oh, vamos. ¿Por qué estás enfadada?
-Porque quería hablar contigo y tú has estado todo el día como ausente, con el móvil y apenas me has mirado.
-¿Tengo que comerte todos los días con los ojos o qué?
-Deja de pensar en comer.
Volvió a reírse.
-¿Y qué querías que hiciera?
-No sé...Que me hablaras... O que me hicieras caso... O algo. No me gusta sentirme cómo que un día soy todo para ti y los otros dos días siguientes no existo.
-¿Quieres que vuelva y hablemos?
-No, mejor que no. Ya hablaremos en otro momento.
-Cuando tú quieras.
-¿Qué tal Sara?
-Oh, bien, bueno. Confundida, sorprendida... Ya sabes.
-Ya.
-¿Vienes mañana a casa y hablamos? Me has dejado con la intriga de qué me querías decir.
-La última vez que quise ir a tu casa, me atropellaron. ¿No te dice eso algo?
-Sí, que tienes que ir con más cuidado. Si quieres yo te voy a buscar y te escolto.
-Pues menudo guardaespaldas.
-¡Eh!
-Jajajajajaja.
-¿Vienes entonces?
-Bueno, ya veré. Mañana te llamo y te confirmo.
-Bien. ¿Qué hablabas con Álvaro? ¿Qué hacías con él, ah?
-¡Pero mira que eres cotillo!
-¿Eso tampoco me lo vas a decir?
-No lo sé. Ya veré.
-Vale.
Nos despedimos y tal y le obligué a colgar, porque no quería.
Entré y le devolví el móvil a Álvaro, que se había unido a la conversación de Blas, David, Rebe y Sigrid.
Vi a Dani, tragándose un rollazo impresionante de Adri sobre Gran Hermano o algo similar, seguro, así que acudí en tu rescate.
-¿Sabes, Adri? Álvaro dijo que se necesitaba tu sabiduría por allí.
-¿Eso dijo? Pues allá que voy.
Y se fue, dejándonos solos.
-Gracias por salvarme.
-Un placer, Dani. Han sido muchos años a su lado. Sé cómo funciona este hombre ya. ¿Qué tal estás?
Se encogió de hombros.
-¿Has vuelto a quedar con esa chica?
-Un poco.
-¿Y?
Volvió a encogerse de hombros.
-Nada, ¿no?
-No.
-Vaya. Y...
David se nos acercó y nos puso a cada uno un brazo en el hombro.
-Rubios, que nos vamos.
Aunque no seguimos con aquella conversación, supe que algo con Dani no iba bien. Pero, ¿qué estaba pasando con todos últimamente?
Fui con Blas a su casa y pasé la noche con él.
Me desperté antes que él por la mañana, me vestí y le dejé una nota.
Tras eso, me marché a casa.
Algo no había sido igual esa noche.
Y creo que, la que estaba fallando, era yo.
Nada más llegar a casa, llamé a Carlos para que confirmarle que iba y, cuando me disponía a ir por la tarde, al bajar el portal, me lo encontré ahí, en la puerta.
-¿Por qué me miras así, no te dije que te escoltaría?
-Eres un loco.
-Soy un caballero, ya te lo dije.
-Tú me dices muchas cosas, anda, vamos.
El entrar de nuevo en su casa me trajo varios recuerdos.
Grease, la tormenta, Sobrenatural, las velas... Besos.
-Hacía tiempo que no venía por aquí.
-Cierto es. ¿De qué querías hablar?-dijo, sentándose en el sillón y ofreciéndome un sitio.
-Te sorprenderá, pero... No tenían ningún tema. Sólo quería hablar y...
Me callé antes de decir demasiado.
-¿Y?-me apremió.
-Y estar contigo.
-Ains, qué mona.
Miré para otro lado para que no me viera sonreír como una estúpida.
-¿Me vas a decir lo que hablaste con Dani y Álvaro?
Puse los ojos en blanco.
-Eres pesado, eh.
-Pero eso ya lo sabías.
-Ya.
-¿Y bien? Son mis amigos, estoy preocupado.
-Pues vete preocupando por tu apuesta, porque Álvaro y Sara se enfadaron.
-¿Qué? ¡Dios santo!
-¿Sigue en pie la apuesta entonces?
-Por supuesto. Y voy a ganarte.
-¿Ganarme? ¿A mí? Está por verse.
-Lo verás. ¿Y respecto a Dani? ¿Qué le pasa a ese chaval?
-Asuntos del corazón.
-Si me los explicas, quizá los entienda.
-La chica tiene novio y queda mucho con Dani, entonces este está confundido porque no sabe si es su mejor amigo o algo más. Lo de siempre, vamos.
-Ya.
En ese momento en el que le vi la cara me di cuenta de que, básicamente, había repetido nuestra historia y que lo había dicho como si nada.
-Y ayer en la cena y eso estaba un poco de bajón.
-Pues hagamos algo para animarlo.
-¿Cómo qué?
-Pues qué sé yo, lo más tonto que se te ocurra.
-Eso es muy peligroso.
-Lo sé. Me gusta el peligro.
-¡Ah! Ya tengo algo.
-A ver, dime.
Se lo dije al oído y se empezó a reír.
-Desde luego, es una idea muy tonta. Te hace justicia.
-¡Eh!
-Pero es tan tonta que podría funcionar. Vale, ¿cómo lo hacemos?
Acordamos todos los detalles y quedamos conformes con el plan.
-¿Avisamos a los demás de lo que vamos a hacer?
-Mm-dije, pensándolo-No lo sé. Si lo quieres decir, adelante.
-Bien.
-Ya sabes, te vendré a buscar mañana. No te olvides de llamar a Dani esta noche.
-No se me olvida, tranquila.
-Bien, pues, eh...
No sabía cómo despedirme de él, si otro abrazo o qué.
-¿Qué te pasa?
-Mm, pues...
-¿Eh?
-Nada, joder, que me abraces.
Se rió.
-Qué genio te gastas, mujer.
Y tras el abrazo, me fui a casa, a pensar en el día siguiente y en la tonta idea.
Joder, pues sí que era tonta.
Me empecé a reír sola en casa.
A la mañana siguiente me levanté temprano (temprano para mí era antes de las once), cogí uno de mis bolsos grandes y metí en él algo de comida, la cámara y lo que creí necesario.
Tras eso, me duché, me sequé un poco el pelo pero me lo dejé algo húmedo para refrescarme y me puse unos pantalones vaqueros cortos altos de cintura y a los que se le veían los bolsillos y una camiseta blanca con una cruz grande negra, con mis Vans negras.
Le escribí una nota a Sigrid informándole de mis intenciones y se la pegué en el corcho.
Desayuné algo, me despedí de Choco que ese día le había dado por querer chuparme las piernas, cogí las llaves del coche y me fui.
Mi primera parada fue la casa de Carlos.
Ya me estaba esperando en el portal cuando me detuve frente a este.
Miré el reloj.
Aún faltaban minutos para la hora que acordamos.
Se sentó delante.
-¡Buenos días!
-Jajaja buenos días. 
Fuimos hablando todo el camino a casa de Dani, comentando la tan genial idea.
Este también estaba esperando en el portal, con una cara de incertidumbre que no podía con ella.
Se sentó detrás y nos evaluó con la mirada.
-¿Adónde me lleváis?
-Ah-dijimos los dos a la vez-Es un secreto.
Entrecerró los ojos.
-Lo descubrirás enseguida-le dije yo.
Y vaya que si lo descubrió.
-¿Me habéis traído al zoo?-dijo, mirándonos como si no se lo creyera.
Carlos y yo a duras penas conseguíamos aguantarnos la risa.
-Cris dijo que estabas un poco de bajón, así que queríamos hacer algo para animarte.
-Y se nos ocurrió esto.
-Vaya dos que sois, de verdad. Siempre sois los mismos.
Tras eso, se empezó a reír.
Normal, es que era para partirse.
Una vez dentro nos hicieron pasar por un puentecillo raro y al final un hombre dijo de que nos quedáramos quietos para echarnos una foto.
Posamos porque sino se iba a poner a llorar.
-Bueno, vosotros dos me habéis traído aquí, guiadme-dijo Dani-Aunque con vosotros estoy más que perdido...
-Fue su idea-dijo Carlos, señalándome.
-Como os guíe yo, vais listos.
-Toma, he sido previsor y he cogido esto.
Carlos me tendió un mapa del zoo.
Lo abrí quinientas veces y descubrí que casi tenía mi tamaño de lo grande que era.
-Mm, yo creo que es mejor que caminemos sin rumbo y ya veremos qué nos encontramos.
-Estamos conformes.
Saqué la cámara y fui haciendo fotos a todo.
No a los animales, por supuesto, sino a Carlos y a Dani que juntos eran un caso.
Una de las fotos con la que nos partimos de risa fue con la de Carlos saludando a un oso, el cual también le saluda a él con la pata en alto.
Dani y yo apenas podíamos caminar recordando eso y Carlos decía que para una vez que había sido amable, vamos y nos reímos de él.
Caminando, nos salió un pelícano al paso, ya que había algunos animales que se iban dando paseítos por ahí y yo me asusté.
-Este seguro que muerde, como los patos.
-No creo, Cris.
-Carlos, la última vez que discutimos sobre si algo mordía o no, te acabó mordiendo.
Al final me acabé echando una foto con el pelícano y luego otra de Dani y yo y el pelícano en medio, que posó de una manera muy sensual.
Tardábamos bastante en ver los animales porque a cada paso solíamos echarnos fotos.
Hasta que se me acabaron las pilas.
-No importa, traje más por si acaso.-dije, cambiándolas.
Carlos y Dani me miraron raro, pero no comentaron nada.
Fuimos a ver a los tíos de Breaker (los tigres) y a los de Choco (lobos).
Yo me quería llevar uno de esos a casa pero Carlos me dijo que con Choco ya tenía bastante y me sacó a rastras de donde estaban los lobos.
Yo quería uno.
También había tortugas y le dije a Dani que me ayudara a buscar una novia para Tomás y así estuvimos entretenidos un rato, hasta que Carlos dijo que Tomás era muy pequeño para novias y nos sacó arrastrando de allí a los dos.
Pero quién sería él para decidir por Tomás, vamos a ver.
Le dije a Dani que nos echara a Carlos y a mí una foto con los elefantes detrás y, al pulsar para hacer la foto, el elefante nos troleó y nos echó agua de su estanque con la trompa (alomejor no lo hizo a posta, pero darnos, nos dio)
Dani se partió de risa mientras yo gritaba que tenía mocos de elefante y le decía a Carlos "¡Quitámelos, quitámelos, quitámelos!" y Carlos intentaba colocarse el flequillo.
Dani se rió de eso por lo menos un cuarto de hora.
-Al menos, si queríamos animarle, parece que lo estamos consiguiendo.
-Nuestro objetivo, cumplido.
Nos encontramos con alguna que otra fangileante y se hicieron fotos, en las que también salí yo y una avestruz por detrás (jodefotos podríamos llamarla)
Cuando me cansé de andar, los dos, haciendo el tonto, como siempre, me auparon y empezaron a cantar la canción esa de "La sillita de la reina que nunca se peina..." hasta que me mosqueé, me bajé, busqué el peine en el bolso y me peiné a conciencia.
Antes de irnos a comer (Carlos desde que entramos no había hecho más que decir que tenía hambre) fuimos a ver a los ponys y uno de ellos casi le mete un mordisco a la gorra de Dani.
Después de comer quise echarme la siesta, pero no me dejaron y me llevaron a ver los monos.
-Bueno Dani, tú te quedas aquí, ¿no?-dijo Carlos.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Para que estés con los tuyos.
-¿Eh?
-Carlos tiene razón, Dani. Eres muy mono. Pero no de esta clase.-dije yo.
Carlos se quedó chafado, Dani se rió y me revolvió el pelo, por lo que me volví a peinar.
Viendo a los gorilas había uno chiquitillo que no hacía más que mirarme y golpear el cristal.
-Lo quiero. Lo adoptaré y será mi hijo.
-Y así todos te podremos decir "Vaya, qué hijo más mono tienes".
Dani y yo nos reímos.
-En serio, Carlos, qué malo.
Aguanté sin problemas las serpientes, murciélagos y demás, pero me asusté mortalmente al ver las arañas y demás bichos.
De hecho, les dejé a ellos dentro y yo salí corriendo (andando deprisa) hasta la salida, donde les esperé.
Se rieron los dos de mí un rato.
Vimos también los pájaros y Dani y yo nos pusimos a buscar (hoy nos había dado por emparejar mascotas) una novia para Paco y la encontramos, era ideal, te decía "¡Bienvenidos!" nada más entrar.
Eso sí, el nombre no lo descubrimos, pero la llamamos Pepa.
Finalmente fuimos al acuario y Carlos nos lo dejó muy claro.
-Nada de buscarle novias a nadie más.
Qué autoritario se había vuelto, en fin.
Hemos de decir que perdimos a Carlos en el acuario.
-Como un niño pequeño, ya se perdió. Qué caso de niño es, de verdad.
Lo encontramos viendo a los tiburones.
Los vimos un rato, hasta que nos cansamos y llamé a S para preguntarle dónde estaban.
-Están todos en casa de David, ¿vamos?
Ellos asintieron.
Al salir del zoo, compré la foto de los tres que nos hicieron al principio.
Es que quedó bien y me gustaba.
-Sigrid-
Me desperté y me levanté mientras me desperezaba.
Fui a la cocina y en uno de los armarios había croissants, así que cogí eso.
Fui al salón y puse la tele, la Mtv, porque estaba el vídeo del verano y yo eso nunca me lo perdía.
Miré el corcho de las "cosas importantes" y vi que Cris había dejado una nota diciendo que ella y Carlos iban al zoo con Dani.
Lo dejé pasar.
Al rato vino Choco con la correa en la boca y sentándose delante mío.
-Ah, ahh. Ya entiendo. ¿Quien te ha enseñado eso? ¿Carlos?
Y fue decir Carlos y empezó a mover la cola y saltar de felicidad.
En la mayoría de esos saltos me pisó el pie.
Le dije que esperase sentado a que me visitiese.
Fui a mi cuarto y me pusr unos pantalones cortos rojos, una camiseta blanca con rayas azules y unas vans.
Si, estilo Louis Tomlinson.
Fui al baño y me peiné a conciencia.
Volví a mi cuarto de nuevo y cogí el bolso metiendo el móvil y la cartera.
Le puse a Choco la correa y salimos, dirigiéndonos al parque de siempre.
Le solté la correa y le dejé corretear por ahí.
No me encontraba bien. Estaba fatal.
El que era no lo sabía.
Choco se cansó del parque y me ladró para que volviésemos a casa.
Volvimos y me quedé sin saber que hacer.
Limpié la casa.
Pasaron las horas y estos no volvían.
David me llamó y me dijo que si iba a comer con él.
Yo acepté, claro.
Me volví a peinar y salí para allá.
Llegué a su casa y llamé.
-Hey.
Entré y me dio un beso y un abrazo.
Comimos mientras le contaba que Cris y Carlos e habían ido con Dani al zoo.
-Sí, Carlos me lo dijo ayer. Pero mira que son raros los tres rubios.
Estuvimos viendo alguna que otra película hasta que llegaron Sara, Álvaro y Blas.
Estos dos se salieron fuera a la terraza, para ser que a hablar porque algo no iba bien con Álvaro.
Creo que Cris había hablado con él, debería preguntarle.
Sara se quedó viendo el final de la película con nosotros, y, tras eso, nos pusimos a comentar cómo le iría a los rubios en el zoo.
-Alguna habrán liado, seguro. Si nos llaman desde comisaría, que no nos extrañe.
Nos reímos del comentario de David.
Blas vino pidiendo toallas, que se quería bañar, decía y Sara fue también.
Nos quedamos hablando con Álvaro, contándonos esto y lo otro, hasta que nos salimos afuera, mientras Blas y Sara nadaban de un lado a otro.
Oí que me sonaba el teléfono y que me lo había dejado dentro, así que fui a buscarle.
Era Cris, que me llamaba para ver dónde estaba y le dije que estaba en casa de David y que se viniesen para acá.
Todo el tiempo que estuvimos esperando a que viniesen estuvimos haciendo el imbécil (y cuando no lo hacíamos).
Nos fuimos al salón y al rato sonó el timbre de nuevo.
Abrimos (abrió David, nosotros nos quedamos en el sofá del salón) y vi como Cris entraba y, sin pensárselo dos veces se sentó (tiró) en el sillón.
-Cris-
-Todos saben adónde fuimos, ¿no? ¿Y la razón también?
-Sí, yo me encargué de avisarles a todos.
-Bien.
Nada más entrar en casa de David y saludarles a todos, me tumbé cual larga era (que no es mucho) en un sillón, reventada.
-¿Estás bien?-me preguntó S.
-¿Tú sabes lo que me han hecho andar esos dos?
-Con lo poco que te gusta a ti andar...
-Pero si te llevamos un rato a la sillita de la reina-dijo Dani.
-Sí, esa que nunca se peina.-dijo Carlos.
-¡Qué mi pelo siempre está divino!
Buscamos un cable para la cámara (llevaba en el bolso) y se pusieron a ver las fotos en la tele.
La de mojados por el elefante triunfó.
Mi cara de asco y la expresión de Carlos de "¿qué coño está pasando?" era un show.
Cenamos algo también en casa de David (las fotos no se acababan nunca) y, después, llevé a Dani, S y Carlos a casa y yo me fui con Blas.
Álvaro llevó a casa a Sara en un incómodo silencio y, cuando quiso decir algo, esta ya había salido del coche y había entrado al portal.
Suspiró, repasó mentalmente lo que quería decirle y salió del coche.
Subió y, dudando de si le iba a abrir, llamó al timbre.
Sara abrió.
-Sara, escucha, yo...
No pudo continuar, le dio con la puerta en las narices.
Como bien había dicho yo, ¿qué estaba pasando con todo el mundo?


Jelou Endless Lovers! ¿Qué tal vamos? Aquí @Cris_Jbieber , para variar, subiendo este cap. Poco tengo que decir, salvo lo de siempre, que podéis seguirme en Twitter (@Cris_Jbieber , así como al Twitter oficial de la novela @Fans_ERN), preguntarme cualquier cosa en ask (CrisBieberHoranStyles) y que podéis seguir al blog bajo la foto taaaaaaaaaaaaaaaaan cuqui del taaaaaaaaaaaaaaaan cuqui de Blas :3
Sin más que decir, hasta el próximo cap y, sinceramente vuestra (?
@Cris_Jbieber