martes, 27 de mayo de 2014

Capítulo 43: Cumpleaños ¿feliz?

¿De verdad los días duran 24 horas? Para mí parecía que apenas duraran unas cuantas. En serio. Los días se me pasaban volando, sin que apenas me diera cuenta y fuera consciente de ello.
Y así fue como me di cuenta de que al día siguiente volveríamos a casa (en verdad me di cuenta gracias a Dani, que lo gritó en alto), que volvería a ver a mi perro, a mis amigas y sí, a mi familia también.
-¡Y te harás más vieja!-añadió Álvaro.
-Cállate, abuelo.
-¡No soy tan mayor!
-No, es verdad. Solo que podrías ser mi padre.
-Que te den, niña.
Le ofrecí una bonita perspectiva de mi dedo corazón.
Esa era la parte que menos gracia me hacía de volver a casa. Que era mi cumpleaños pasado mañana. Arg. Era de esa clase de personas que odiaba su cumpleaños porque odiaba las sorpresas y toda esa clase de rollos.
Pero bueno, volver a casa, aunque fuera por unos días, estaría bien.
Antes del último concierto antes de ir a casa y tener un par de días de descanso, vi a los chicos hablando en corro.
No es que me extrañara, pues lo hacían mucho, solo que me intrigaba qué decían cada vez que hablaban así.
Me encogí de hombros. Y a mí qué. Tenía otras cosas en las que pensar antes que cotillear conversaciones ajenas.
De pronto me llegó un wa de Carlos.
"Mueve el culo hasta aquí".
Le miré mal desde la distancia. Encima me robaba las frases.
-¡A ver! ¿Para qué se me requiere aquí?
-Es que eres una chica.
-No, Dani ¿en serio? ¿Te has dado cuenta ahora o te lo han tenido que decir?
-Jo que no quería decir eso...
-¿Y tú por qué estás que muerdes?-dijo Blas.
-Bah, yo no muerdo. A ver, decidme.
-Lo que Dani quería decir es que como eres una chica, sabrás de cosas de chicas.-aclaró Carlos.
Aunque aclarar, lo que se dice aclarar, tampoco es que lo hiciera mucho.
-Sí, bueno o lo intento. Venga, ¿cuál es el problema?
Álvaro me contó lo de la llamada de Martín.
-Así que, ¿tú qué crees que significa eso?
-¿Me estáis pidiendo opinión a mí sobre esto?
-Sí, claro y además tú conoces a Sara.
-Y eres chica.
-De estas cosas vas sobrada.
-Sois tontos, pero os quiero igual. A ver... Mira, sinceramente no pienso que signifique nada. Sara nunca me ha hablado de Martín, o al menos no demasiado, por lo que no marcó demasiado su vida. ¿Mi opinión? Que Sara sí marcó la suya. ¿Qué significa esto? Que Martín es un pesado y no acepta un "ya no estás en mi vida" de ninguna manera. Pero no creo que tengas que preocuparte, Álvaro. Es como si aparece el heavy con el que salí hace unos años y me llama, ¿Carlos qué le iba a decir? Pues hola...
-No, no le diría eso...-dijo este.
-Calla. Pues eso. Porque ese tío aparezca, Carlos no debería sentir amenazada nuestra relación. Lo mismo con la tuya. No hay peligro.
Se me quedaron todos mirando.
-Se te dan bien estas cosas-dijo David.
-Parece que sí. Bueno, espero haber ayudado. Si queréis algo más, decidme. Sigo a mis cosas.
-¿Qué saliste con un heavy?-dijo Carlos persiguiéndome-¿Y yo sin saberlo?
-Es que no tienes por qué saberlo todo.
-Pero yo quiero saberlo...
Me reí.
-Ya te contaré.
De vuelta a casa, me dormí un rato en la furgoneta.
Dani se puso a decir que dormida tenía cara de mongui y me hizo una foto para discutirlo.
Cuando me desperté, tuve que darle la razón, aunque estuve sin hablarle bastante.
-De verdad, la única chica que hay y me tratáis fatal.
-Pobrecilla, joder, tratádmela bien que solo tengo una...-dijo Carlos.
-Eso me ha llegado muy profundo.
Una vez de nuevo en mi casa, apenas podía creerlo.
-Cuánto te eché de menos-dijo S.
-Y yo a ti-dije tratándome de quitar al perro de encima.
Estuvimos las dos hablando y hablando mientras Choco estaba echado encima mía, como si con todo su preso pretendiese que no huyera.
Desde luego, por un rato lo consiguió.
-Voy a ir a ver a mi familia. Si se enteran que he vuelto y no les he ido a ver, me matan.
-¿Y por qué no te esperas a mañana? Ya sabes que...
-Sí, ya sé que día es mañana y por eso mismo prefiero ir hoy. Estaré en un rato, no quiero tardar mucho.
-¿Va Carlos contigo?
-No, él supongo que está en casa. Hay que dejarle su espacio también, no quiero agobiarle.
-Entiendo. ¿Quieres que te acompañe?
-Como quieras. Iremos en tren, supongo. Tu prima tiene mi coche.
-Es verdad. Me da pereza ir hasta la estación y Choco tiene que salir en un rato...
-Cómo eres, de verdad. Vuelvo en un rato.
Agarré la bolsa de souvenirs que le había comprado a mi madre y salí por la puerta.
Salía por el portal cuando me encontré con Sara.
Tras saludarnos y eso, le conté dónde iba.
-Si quieres te llevo yo, que tengo que ir a buscar a tu primo.
-Ah, pues perfecto.
-Claro y así hablamos.
Subió a por unas cosas y yo la esperé hablando con Carmen, que me abordó ansiosa de cuchicheos. Me preguntó adónde había ido todo este tiempo y qué había sido de todos los chicos que venían con nosotras.
Menos mal que Sara bajó rápido y me rescató.
-Se me hace raro ver cómo conducen mi coche-dije sentándome en el asiento del copiloto.
-¿Quieres llevarlo tú?-me ofreció Sara.
-No, tranquila. Me gusta que me lleven.
-Te estás volviendo una señorona.
-No lo sabes tú bien.
A más o menos mitad de camino decidí preguntarle sobre el tema Martín de manera sutil.
-Y bueno, ¿has vuelto a saber de Martín?
-Álvaro te ha contado algo ¿no?
-¿Cómo lo sabes?
-Dudo de que te acordases de su nombre si quiera...
-Bueno, da igual. Sí, me ha contado lo de la llamada y eso.
-Ya.
-El pobre necesitaba consejo.
-Y como tú eres tan sabia...
-No pero era la única chica allí que te conocía.
-¿Y qué le dijiste?
-Que no tenía nada de qué preocuparse. ¿O tiene que hacerlo?
-No, no tiene que hacerlo.
-Ya lo sabía yo.
Sara me dejó en casa y marchó a por mi primo, cuya casa no quedaba muy lejos.
Mi madre me comió a besos y mi padre me dio unos golpecitos en la espalda, tal era su costumbre. Cuando llegué, mi hermano no estaba, pero vino al rato cuando mi madre observaba, feliz, cada uno de sus souvenirs.
-¿Te portas bien? ¿Comes mucho? ¿Te tratan bien? ¿Cómo van las cosas con Juan?
-Carlos mamá, se llama Carlos.
-Ya te lo había dicho yo-dijo mi padre con orgullo.
-Ah pues eso, da igual.
-Y sí, no te preocupes. Todo va divinamente.
Alberto sacó entonces el tema de mi cumpleaños y juro, de verdad, que me dieron ganas de estrangularlo.
-¿Vas a celebrarlo mañana?
-No, mamá, no creo...
-¿No vas a hacer nada con tus amigos?
-No hay nada planeado, no sé...
-¿Y si hacemos una cena todos juntos?
-Mm, no sé yo...
-Bueno con lo que sea, me dices.
-No la veo muy convencida-dijo mi padre.
Mis padres empezaron a hablar sobre eso y mi móvil comenzó a sonar.
Carlos, mi salvador.
-Ey que dónde estás que estoy fundiendo el timbre de la puerta y aquí no hay nadie.
-¡Deja el timbre ya!
-Vale. ¿Dónde decías que estabas?
-Estoy en mi casa.
-No eh, aquí no te veo y acabo de entrar...
-¡En mi casa de Torrejón!
-¡Ah joder! Es que no te expresas...
-Es que me gusta vacilarte.
-Lo veo. Bueno ¿y cuándo vienes?
-No lo sé, Sara me ha traído pero no sé si me podrá llevar y si cojo el tren tardaré un buen rato...
-Le voy a decir a Dani si puede ir a buscarte.
-Pobre chico, ¿le vas a hacer desplazarse hasta aquí?
-Pues claro.
-¿Y si no quiere?
-Voy andando.
-Mira que lo dudo...
-Y yo, pero solo un poco. Voy a llamarlo. Ahora te veo.
-Hasta ahora. Te quiero.
-Y yo.
Ronroneé de la felicidad.
En el salón mis padres seguían debatiendo sobre lo de mi cumpleaños. Ay, por favor. Los cumpleaños deberían estar prohibidos. Así se evitaban cosas como esta.
-Bueno, da igual-dijo mi madre-Sino te vemos mañana, lo mejor será que te demos tu regalo ya.
-¿En serio tenéis algo para mí? Pero si sabéis que paso de estas cosas...
-La costumbre es la costumbre. Voy a por ello.
Al final me acabó gustando que mis padres me regalaran algo, al menos, ese año. Tres camisetas preciosas y unos pantalones cortos.
-Jo mamá, por una vez has acertado.
-Alguna vez tenía que ser la primera.
Todos nos reímos.
Incluso el moñas de mi hermano tenía algo para mí.
-¿Una colonia con desodorante?
-Y crema para después de la ducha.
-¿Me estás diciendo indirectamente que huelo mal o algo?
-Y yo que quería ser sutil...
Estuvimos comentando mis viajes y demás cotilleos del barrio hasta que Dani me mandó un wa diciendo que ya estaba allí.
-Bueno, me tengo que ir ya.
-¿Y cuándo vas a volver?
-Intentaré pasarme un rato antes de volverme a ir, pero no lo sé. De todas maneras, seguiremos en contacto.
Me despedí de mi familia y me fui.
Abajo, un par de metros más allá del portal, estaban Dani y Carlos, apoyados en el coche, hablando.
-No me lo puedo creer, ¿tú también has venido?
-Si te oyeran, las malas lenguas podrían decir que no te alegras de verme.
Sonreí y le golpeé en el brazo.
-Gracias por venirme a buscar.
-De nada, mi vida corría peligro si no venía...-dijo Dani.
-Exagerado.
-Bueno anda, vámonos. Me apetece descansar un poco.
-¿Qué? ¿Qué dices? ¿No nos vamos de marcha hoy?
-Pues no Carlos, pues no.
-Jo. Bueno si yo también quería descansar.
-Menudo eres tú. Bueno, ¿y qué es de los demás?
-Álvaro se fue a ver a su madre y los otros dos en su casa, supongo que descansando. Lo que nosotros deberíamos hacer.
-Y lo haremos, ¿os venís a casa?
Como supuse, ninguno de los dos rechazó mi ofrecimiento.
Sigrid les dio un tremendo abrazo a los dos y Choco, de la alegría de ver a su padre de nuevo, mordió su manta y la hizo trozos. A ver con qué jugaba ahora ese perro tan tonto.
-Bueno, como que vosotros hacéis la cena ¿no?-dijo Carlos tirándose en el sillón.
-Pues sí, yo creo que vosotros dos deberíais ir haciendo la cena. Hay hambre-dije deslizándome al lado de Carlos en el sillón y cogiendo postura, adaptándome a su cuerpo.
-Aquí lo que hay es un morro tremendo-dijo Dani.
-Oigo hablar pero no huelo la cena.
Me reí de lo que Carlos dijo mientras los dos se marchaban derrotados a la cocina.
-Hoy no te vas a quedar, ¿no?-le susurré.
-S me mataría como le robase un solo día más a su amiga del alma.
-Pero no todos los días su amiga del alma cumple años.
-Me arriesgaré a secuestrarte mañana.
-¿Me lo prometes?
-Te lo prometo.
Ronroneé y empecé a hacerle cosquillas. Choco se pensó que le estaba atacando y se tiró encima de nosotros, ladrando.
-¡Callad a ese perro!-gritó Dani.
Como si eso fuera posible, ¿sabéis?
Al final, empezó a oler a comida y Choco, atraido por el olor, se fue a la cocina.
Carlos y yo jugábamos a los anuncios (iba perdiendo de una manera vergonzosa) cuando Sigrid vino y nos dio los cacharros para poner la mesa.
-Jolines ya que los traes, qué te costaba ponerlos tú...-dijo Carlos y S le pegó en el brazo.
La di yo también.
-¡Ahhh, tú!
-No le pegues más, ¿me entiendes?
-Pero si antes...
-Me da igual.
Fui a la cocina a por más cosas.
-¿Y a esta qué mosca le ha picado?- inquirió mi amiga.
-Cumplir años le debe de pasar factura.
-Claro, para que tú pagues el recibo-dije apareciendo de nuevo en el salón con los vasos.
-Mira que has hecho chistes malos, pero ese es horrible, eh.
Cenamos mientras Choco lloriqueaba por debajo de la mesa, esperando que, por algún despiste, algo se nos cayera. Me daba que Sigrid le había estado dando comida de la mesa durante mi ausencia.
La verdad no tenía mucha hambre. Me notaba rara y no tenía ganas de nada. Siempre me había sentido así en mis cumpleaños y eso.
-Contigo voy a ganar peso, siempre me como tus sobras-dijo Carlos quitándome el plato.
-Eso tiene fácil solución, no te las comas. Aunque muchas sobras tendrías tú que comer para engordar algo.
-Oh, vaya gracias.
Como estaban cansados (normal, yo también) los dos no tardaron en irse.
-Pero mañana estaré el primero por aquí, ¿eh?-dijo Carlos alborotándome el pelo con una mano.
Hice ademán de morderle y la retiró.
-Vale, eso espero.
Sigrid y yo estuvimos hablando en el salón hasta que vio que me caía de sueño.
-Anda, tira a dormir que menuda cara tienes...
-Una muy bella, ¿no?
-Jajajajajaja serás tonta.
En menos que cantaba un gallo ya estaba metida en mi cama. Daba gusto volver a estar en ella después de tanto tiempo.
Ay, no me apetecía nada el día de mañana. Odiaba cumplir años, de verdad lo odiaba.
Sigrid se apoyó en el marco de mi puerta mientras yo bostezaba.
-Que sepas que es bien el tenerte otra vez por aquí.
-Mm, sí ¿verdad?
Choco se subió a la cama y empezó a empujarme para que le hiciera sitio. Entre él y Carlos vaya martirio para dormir tenía.
-Jajajaja sí y bueno que...
Me sonó el teléfono y lo cogí.
"MUCHAS FELICIDADES LOVE. HE SIDO EL PRIMERO ¿A QUÉ SI? DIME QUE SIIII..."
-Creo que se te han adelantado, S.
-Joder, no puede ser, si yo estoy aquí y él no.
-Es Carlos, ya le conoces.
-Flipo. Bueno, felicidades y esas cosas. Hasta mañana.
Y se marchó.
Pensaba que se iba a quedar conmigo esa noche, pero parecía que no tenía esa intención. ¿La pasaría algo? Aún recordaba lo que Dani me había dicho...
Bueno, ya le preguntaría. Ahora, desde luego, estaba muy cansada, tenía sueño y tenía que responderle a Carlos.
"MUUUCHAAAS GRACIAS :) SIII HAS SIDO EL PRIMERO, SIIII :D..."
Gruñí entre sueños, Choco se estaba moviendo demasiado y me iba a despertar. Maldito perro, ¿tan difícil era encontrar una postura cómoda? Jolines...
-Joder Choco para ya...-dije, golpeándole.
-¡Ah!
Abrí un ojo.
Que yo supiera, Choco aún no había aprendido a hablar. Aún. Con Carlos era posible que aprendiera y todo.
-¿Carlos?
A tientas empecé a tocarle la cara y el pelo.
-Sí, sí, soy yo. No hace falta que me dejes tuerto para comprobarlo.
-Ah, vale. ¿Qué hac...?
-¡FELICIDADES!
Suspiré.
-¿Y vas a estar así todo el día?
-Todo, enterito.
-Mm-dije, achuchándole-¿Y si dormimos hasta mañana y dejamos que este día pase?
-Noooo.
-¿Por qué no?
-Porque mañana ya no será tu cumple y no nos lo pasaremos tan bien.
-Si me da que os lo pasaréis todos mejor que yo.
-Qué va, no digas eso. Anda levántate y abre tu regalo.
-¿Qué me has traído algo? Carlos sabes que no hacía falta...
-No ha sido molestia ni nada.
-Como sea algo caro, te vas a enterar.
-No, no. Tranquila. Venga levántate y sube la persiana.
-Ains, voy.
En cuanto lo hice, me partí de risa.
Llevaba un lazo amarillo  (o un intento de lazo) atado en la cabeza.
-¿Qué se supone que significa esto?
-¿Es que no vas a abrir tu regalo? Que viene con envoltorio y todo.
Me reí.
-Mm, quizá más tarde.
-Pues jo.
Me tiré encima suya y empezamos a hacer el tonto (eso se nos daba muy bien) hasta que Sigrid entró en el cuarto.
-No me digas que otra vez se me ha vuelto a adelantar el mismo... ¿Pero tú qué haces aquí?
-¡Sorpresa, S!
-No, si sorpresa me has dado, sí... Felicidades, Cris.
Quizá debiera haberme dado cuenta en ese momento que algo no iba bien, pero estaba demasiado ocupada mordiéndole a Carlos un brazo para que me dejara levantarme que no me percaté en esos instantes.
Aunque ya debería de haberme dado cuenta antes.
-¡Ay, tú!
-Déjame levantarme para que le de un beso y eso a la niña, hombre.
Refunfuñó por lo bajo, pero me dejó libre.
-Ay, mi niña... Muchas gracias-dije abrazándole.
-De nada. Ya es costumbre, son muchos años seguidos felicitándote.
-¡Y los que te quedan!-dije, riendo.
-Eso por supuesto.
-Mm, hay algo de hambre. ¿Vamos a la cocina y...?
-No, no, qué dices, qué dices-dijo Carlos intentando levantarse- Vístete que te invito a algo.
-Pero...
-No hay peros ni peras. Vamos, S.
Y me cerraron la puerta en la cara.
-Pero, ¿y a estos qué mosca les ha picado? En fin...
Cogí algo de ropa y me encaminé al baño.
Me di una ducha y me puse unos shorts de cintura alta con un cinturón y una camiseta de manga corta de rayas.
-Cuarenta y dos minutos y treinta y siete segundos...-dijo Carlos mirando el móvil al encontrármelo en el pasillo.
-No me digas que has cronometrado cuánto tardo en ducharme...
-Pues sí-dijo, enseñándomelo.
-Cada día me sorprendes más.
-Pero eso es bueno, ¿no? Anda, vámonos.
-Sí, claro. Adiós, perrito tonto-dije, agachándome a acariciar a Choco-¡Adiós, S!
-¡Adiós!
Choco nos siguió hasta la puerta y, cuando le cerramos lloriqueó como diciendo "¿pero adónde van estos sin mi?".
-Pobre, ¿y si nos lo llevamos?
Le miré enarcando una ceja.
-Nah, bueno, ya le veremos luego.
Me encogí de hombros.
Quién entendía a Carlos.
-¿Adónde me llevas?
-Pues yo tenía pensado dar una vuelta y después ir al Starbucks. Somos gente de costumbres.
-Pues sí, tienes razón. Me gusta.
-Ya lo sabía yo.
Andamos bastante, la verdad (respecto a lo que solíamos andar nosotros, sí, era bastante) y, en una de estas en las que miré el teléfono, que no paraba de sonar y vibrar, se paró delante de una tienda.
-Pues nada, estoy por apagar el cacharro este...
-Pobre gente, encima que te felicitan.
Gruñí.
-Espérate un momento aquí.
-Claro.
Tan entretenida estaba con el móvil que ni miré adónde iba ni nada.
-Ale, ya estoy.
-¿Se puede saber qué traes ahí?
-Tú cierra los ojos y déjate hacer.
-Em, no.
-Que sí venga, tranquila.
Suspiré, no era cabezota ni nada.
-Venga, vale.
Cuando abrí los ojos y me miré, me había colocado una banda que decía "¡Feliz cumpleaños!"
-¿Pero estás loco? ¿Tengo que llevar esto por la calle?
-Jajajaja claro, ahí está la gracia.
-Menos mal que no has comprado una diadema de esas chorras o algo...
-Mmm, había. ¿Quieres?
-¡NO!
-Jajajaja vale.
-Ay Dios, qué vergüenza.
-Venga mujer, que esto sólo es una vez al año.
-No, si ya veo que te lo estás pasando bien, ya.
-Sep. Y ahora venga, que te invito a desayunar.
-¿Casi a la hora de comer?
-Y luego comemos también, claro.
-Tú con tal de zampar...
-Qué bien me conoces.
-Sara-
Miré el reloj con nervisiosmo.
Qué impuntual se estaba volviendo este chico y eso que le llamaban "el puntual" del grupo.
Suspiré y acaricié a Paco, que se rascaba como podía un ala.
Tenía ganas de ver a Álvaro, aunque las cosas hubieran salido como salieron la última vez que nos vimos. Quizá habría que hablar de ello, pero, ¿cómo? Yo desde luego no tenía ninguna gana de sacar el tema y dudaba de que él sí...
Ding-dong.
Ahí estaba.
El corazón me latía con fuerza en el pecho mientras me levantaba e iba a abrir.
Nada más abrirle, me besó.
Era agradable empezar así.
-Perdona, me he retrasado un poco.
-Ah-dije, apartándome- Así que esto ha sido para disculparte...
Volvió a besarme.
-No, ha sido porque te quiero.
Sonreí.
-¿Y el segundo?
-Ese porque te he echado de menos.
-¿Y el tercero?
-¿Qué ter...?
Le besé yo a él.
-¡Gilipollas!
Cómo no, Paco estaba ahí haciendo de las suyas.
-Ya me ha saludo a su manera-dijo Álvaro, suspirando.
-Ya le conoces, Paco en su línea.
-Tenía la esperanza de que hubiera cambiado algo en mi ausencia, pero no... Bueno, ¿pero puedo pasar?
Toda esta escena se había desarrollado él en el felpudo y yo dentro de casa.
-Oh, sí, claro.
Una vez que pasó, nos sentamos en el salón a hablar un rato, aunque sin tocar el espinoso tema que había pensando antes. Me centré en contarle cómo había sido cuidar al primo de Cris ese día.
Paco no se estuvo quieto en ningún momento y de vez en cuando nos revoloteaba por las cabezas, insultaba o se le apoyaba encima.
Era muy gracioso verles juntos.
-Bueno, va siendo hora de cenar...-dijo mirando el móvil.
-¿Se te han pegado las indirectas sobre la comida de Carlos o qué?-dije, riéndome.
-¿Qué dices? Si se las pegué yo a él.
-Permíteme que dude eso.
-No te lo permito.
-Pues lo voy a hacer igual.
-Pues vale.
Le pegué con un cojín.
-Ah qué bonito y ahora me agredes.
-Pero lo hago con cariño.
Fui a besarle pero Paco se metió en medio y me dio con el ala en la cara.
-¡Paco!
-Jajajajajaja ¿ves? Y luego dices que es un santo...
-Ya, pues de eso nada.
Se piró y se metió en la cocina, recordándome lo de la cena.
-De la cena te encargas tú, ¿no?
-Anda, ¿y eso?
-Es que yo tengo que ir a ducharme, mira qué pelos...
-¿Qué les pasa? Yo les veo bien.
-Nada, no lo entenderías.
-Bueno, venga, vale. Pero no tardes, eh.
-A ver quién tarda más.
-Pues tú, claramente. Siempre tardáis una vida en ducharos.
-Uy eso es que tú no me conoces a mí con el tema de las duchas...
-Mucho hablar pero no oigo correr el agua.
Volví a la cocina en menos de cinco minutos, con el pijama ya puesto y todo.
-¿Qué decías?
-Imposible...
-¡Ja!
-¿Ese pijama es nuevo?
Me miré, tratando de recordar qué pijama me había puesto. Unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes con el mensaje "Be my lover".
-Em, no. Lo tengo ya desde hace tiempo.
-¿Ah, sí? Pues yo no te lo había visto nunca.
-Quizá porque es un pijama de verano y es para cuando hace calor, me lo pongo cuando hace calor.
-Oye pues tiene sentido.
-Pues claro, tonto. Anda, ¿te ayudo en algo?
Tras echarle una mano (o unas cuantas), cenamos en el salón mientras él me contaba anécdotas de la gira.
-Álvaro, ¿no hay algo de lo que querrías que hablásemos?-me decidí a preguntar.
Era inútil evitar el tema si tarde o temprano íbamos a tener que tratarlo.
-Así que has hablado con Cris.
Yo asentí y él suspiró.
-¿Qué pasa con Martín?
-Con Martín no pasa nada, no ha vuelto a llamarme desde esa última vez en la que tú le respondiste. No he vuelto a saber nada de él.
-¿Entonces a qué venía esa llamada?
-Ni lo sé, ni me importa. No quiero saber nada de Martín.
-Pues ya somos dos.
Le miré y nos reímos.
Aclarado el tema y los dos mucho más tranquilos y tras recoger la mesa, nos tumbamos los dos en el sillón, dónde seguimos hablando, besándonos...
Oí un ruido en el salón y abrí un ojo.
¿Qué habría sido eso?
Bostecé y miré el reloj.
¡Mierda! Sino me daba prisa iba a llegar tarde.
Álvaro tenía el brazo sobre mi cintura y dormía plácidamente. Con cuidado para no despertarlo le coloqué el brazo y me levanté.
Fui al salón para descubrir que Paco había tirado al suelo su comedero.
-Te voy a matar, con las prisas que llevo hoy y encima tú lías esta...
Me miró ladeando la cabeza, como diciendo que él era un angelito y no había podido ser.
Lo limpié todo, me vestí corriendo, desayuné algo rápido y me fui a la carrera al Starbucks.
Me estaba volviendo tan impuntual como Álvaro, maldita sea.
Llegué por los pelos.
Pasada ya media mañana aparecieron por allí Carlos y Cris.
Vaya dos patas para un banco.
Ella tiró a sentarse en una mesa y él se acercó a la barra.
-¡Oh! Qué casualidad encontrarte a ti aquí.
-Sí claro como si no supieras que trabajo aquí, ¿no?
-Estoy aprendiendo a usar el sarcasmo, me da que de momento no se me da muy bien.
Reí.
-En fin, ¿qué queréis? Que ahora os lo llevo yo y de paso la felicito.
-Sino lo haces, mejor para ella. Créeme, está que muerde.
-Pobre.
Concretamos unas cuantas cosas, tomé nota de lo que me dijo y se lo llevé.
-Y esto para la cumpleañera...¡Felicidades!
-Querrás decir la que se hace vieja...
-¡Anda! Pues si tú eres vieja, ¿Carlos y yo qué somos siendo más mayores?
-Más viejos aún.
-¡Ey!-dijimos Carlos y yo a la vez, haciéndola de reír.
-Y bueno, ¿qué tal?-pregunté cambiando de tema.
-Bueno, Carlos me ha obligado a salir con este calor...
-Así nos da el aire-dijo el otro.
-¿Qué aire? Si hace un bochorno...
-El caso es quejarse.
-¿Y has visto con qué banda me hace salir a la calle?
-Si es muy bonita.
-Sí, sí, tú ponte de su parte.
-Cris-
Como no había mucha gente en ese momento, Sara se quedó con nosotros mientras desayunábamos.
-¿Y ahora qué vais a hacer?-preguntó.
-¿Ahora? Daremos vueltas hasta ver dónde comemos...
-¿Te puedes creer?-dije mirando a mi amiga-No acaba de desayunar y ya está pensando en la comida...
-¿Qué le voy a hacer si me gusta comer?
-No, si ya, no hace falta que lo jures.
Cuando acabamos, nos despedimos de ella y nos fuimos, como él había dicho antes, dando una vuelta a ver dónde se le antojaba al señorito comer (que mucho decía que me dejaba elegir a mí pero no)
Fui canturreando.
-¿Estás contenta?
Asentí.
-Sí. No parece un cumpleaños, sino un día normal.
Él sonrió, aunque en ese momento no entendí el verdadero motivo de su risa.
El resto de los chicos, por su parte, junto con Sigrid y el perro subieron a casa de Sara, donde Álvaro seguía.
Hay que decir que cuando Dani y Blas llegaron (fueron los primeros), él aún seguía durmiendo.
-Anda que...
-A callarse.
-¿Qué horas son estas de seguir durmiendo?
-Que os den en serio.
-Si nos dieran en broma...
Cuando Sara llegó, ya estaba la comida prácticamente hecha.
-Qué gusto da venir a casa y que huela así de bien.
-Y claro que esté tan bien acompañada no, ¿no?-añadió Dani.
-Eso también.
Comieron todos en el salón.
Paco esta vez estaba más pendiente de perseguir a Choco por la casa y ver dónde iba y qué hacía que de insultar, por lo que se podría decir que tuvieron la fiesta en paz.
Sara comentó que Carlos y yo habíamos pasado por el Starbucks y habíamos estado hablando con ella.
-Ala es verdad, tengo que felicitarla...-dijo Álvaro.
-Primero quítate las legañas de los ojos.
Álvaro fulminó a Blas con la mirada, pero este siguió comiendo a su rollo.
-Sino lo haces no creo que pase nada, cómo iba la señora de mosqueada por tener el móvil petado...
-Pues ya esta tarde.
-¿Créeis que se huele algo sobre esta tarde?-dijo S.
Sara se rió.
-No, qué va. No tiene ni idea, ni se lo imagina.
-Pobre, ya veréis su cara. Con lo poco que le gustan las sorpresas y los cumpleaños...
-Nos va a mandar a todos a la mierda, así de claro.
Después de comer y hasta media tarde estuvieron ultimando preparativos hasta que llegó mi hermano y parte de los chicos se fueron con él a por comida y demás, mientras Sara, Sigrid y Blas fueron a casa de Carlos.
Por nuestra parte, Carlos se empeñó en que le llevara al centro comercial.
-¿Pero para qué quieres ir? ¿Hay algo que quieras comprar?
-No, pero podemos pasear por allí y no hará calor.
-Mm, chico listo. Venga, vamos.
No tardamos nada en coger el coche y plantarnos allí.
Acabamos comiendo en el Foster´s Hollywood donde, viendo mi banda, me dieron un globo.
No pude concretar el tiempo que Carlos se tiró riéndose por eso.
-Creo que me han tomado por tu hermana pequeña o algo...
-Uy sí, como nos parecemos tanto... Anda estate quieta que te voy a hacer una foto.
-¿Vas a inmortalizar de verdad este momento para la eternidad?
-Pues claro. Este momento merece ser recordado.
Me resigné y dejé que hiciera las que le viniera en gana. Era inútil resistirse a él.
Después de comer nos tumbamos en un banco a reposar y seguimos andando.
Entramos en varias tiendas de ropa pero, como ese no era mi día y estaba mohína, no me gustaba nada.
Optamos por entrar en la tienda de animales, donde había dos gatos peleándose. Cada uno apostamos por uno (él por el marrón y yo por el blanco) y no nos movimos de allí hasta que la pelea finalizó (acabó en empate. Un gato gris más grande se cansó y de dos zarpazos les separó)
Nos pateamos de arriba a abajo el centro comercial hasta que Carlos miró el móvil y asintió en silencio.
-Creo que hoy estoy andando contigo lo que no he andado en mi vida...-dije.
-Tienes razón. ¿Y si vamos a mi casa y recuperamos la vieja costumbre de ver algún capítulo de Sobrenatural?
-Me parece muy buena idea, la verdad. Hemos tenido la serie muy abandonada.
-¡Se nos va a olvidar!
-¡Noo!
Fuimos a su casa y me dejó pasar delante.
-Las damas primero...-dijo con una reverencia.
-Muy caballeroso estás tú.
No veía nada.
-Carlos, ¿por qué no has dejado abierto para que la casa se ventile? Mira que er...
-¡SORPRESA!
Del susto salté para atrás y pisé a Carlos.
-Pero, ¿qué...?
Los chicos, Sigrid, Sara, Puche y mi hermano salieron de repente, cada uno de un sitio y a Dios gracias subieron las persianas.
Se pusieron a cantar el cumpleaños feliz y yo me quedé en shock, mirándoles, asimilándolo todo.
-Wow chicos, la que habéis liado por mi culpa, ¿eh?
-Pero serás tonta.
-Anda, abrazo colectivo. Muchas gracias por todo.
Nos abrazamos todos como pudimos (Dani se quedó fuera y se tiró encima para meterse también)
-Y nosotros que pensábamos que nos ibas a mandar a la mierda...
-¿Qué? ¿Y eso? ¿Tenéis un concepto tan borde de mí? ¿Qué hice para ganármelo?
-Que como no te gustan estas cosas pues...
-¡Nada, nada! Estoy muy contenta de ver lo que habéis organizado y...
-¡Comida!
Carlos se tiró sobre su propia mesa y se puso a zampar a dos manos.
Era íncreible lo que podía llegar a comer este chico.
Me estuvieron contando cómo lo habían preparado todo y Álvaro se empeñó en ponerme un gorrito bobo de esos de fiesta y, aunque no me dejé y no me estuve quieta, hasta que no me lo puso no paró.
-¿Y tú qué haces aquí?-le dije a mi hermano-¿A ti no te vi ayer?
-Pues sí, pero oí de esto y aquí estoy. ¿Cómo me iba a perder yo algo así?
-Mira que eres...
Pasado un buen rato (y tras haber dejado la mesa vacía) todos se pusieron a decir "¿dónde está la tarta?".
Negué con la cabeza.
Ni de eso me libraba.
Me hicieron sentarme a la mesa y Sara la trajo.
-¿La has hecho tú?-le pregunté.
Ella asintió.
Tras el (para mí) incómodo momento de la tarta llegó el incómodo momento de los regalos.
-Oh, no. No me digáis que habéis tenido el valor para regalarme algo.
-El valor, dice.
-Que ya verás como te va a gustar todo mucho.
-Cómo sois, de verdad. Si no os teníais que haber molestado.
Sigrid me regaló diversas prendas de ropa y un vestido. Como ya me conocía bastante bien, había acertado completamente en el estilo. Puche me regaló una funda nueva para la cámara que prácticamente tenía ya olvidada.
-Esto de parte mía y de Carlos-dijo Blas dándome un paquete.
Me reí.
-Como sea lo que yo creo, os vais a enterar.
En efecto, lo era. Un GPS.
-No me lo puedo creer, al final era verdad.
-¡Pues claro!
-Así no te perderás más.
-O al menos no tanto.
Les miré mal, aunque acabé sonriendo.
Después de parte de todos me regalaron un finde semana en un balneario a las afueras de Madrid.
-¡Vaya! Muchas gracias. Qué bien me conocéis, con lo que a mí me gusta el agua... Mm, me pregunto a quién me llevaré.
Se oyó a Carlos gimotear por ahí.
-Como sino fuera obvio jajajajaja. Bueno, chicos. En serio. Muchas gracias por todo.Esto es muchísimo más de lo que esperaba y...
-¡Espera, espera no corras tú tanto!-me dijo David.
-Que aún falta uno.
-Toma.
Me dieron algo de tamaño considerable que me puse, como pude, sobre las piernas.
-¿Y esto? Ay madre, miedo me dais...
Al abrirlo, me quedé asombrada.
Era un enorme marco de fotos con miles de recortes de fotos de nosotros, de todo este tiempo juntos. Desde la primera foto hasta la más actual que podíamos tener. Y estábamos todos. Incluso Choco aparecía en alguna.
-Esto es impresionante y os ha debido de llevar mucho tiempo. ¿Cómo...?
-Ah, ahí está la sorpresa.
Les miré, sonriendo.
-Es íncreible. Todo esto lo ha sido. Muchísimas gracias.
-¡Otro abrazo colectivo!-dijo Dani, adelantándose (supongo que para no quedarse otra vez fuera)
Seguimos allí bastante rato, charlando y debatiendo sobre dónde iba a colgar el pedazo de marco.
-Bueno, bueno, que tenemos que seguir la fiesta en otro lado y se nos va a hacer tarde.-dijo Carlos, cogiéndome del brazo.
-Pero, ¿adónde me llevas?
-A cenar.
-Madre mía, ¿con todo lo que has comido hoy y estás pensando en cenar?
-Venga mujer es un día especial.
-Vale, está bien.
-Y vosotros lo quiero todo limpio y recogido para cuando vuelva, ¿eh? Anda, vamos.
-¡Si hombre!
Les dejamos allí y algo se pusieron a recoger, pero no creáis que mucho.
-Qué pereza.
-Pues sí...
-¿Hacemos algo ahora? Vámonos a tomar algo por ahí o algo.
-Me parece bien.
-Mm, a mí no me apetece mucho, estoy algo cansada-dijo Sara.
-Ah pues nos vamos a casa-dijo Álvaro.
-No, no, tú vete si quieres.
-Pero ¿cómo v...?
-Si quieres ir, ve, de verdad. Yo espero en casa.
-Joven Álvaro-dijo Blas poniéndole una mano en el hombro-A ver cuando aprenderás que las mujeres son muy cabezotas y que jamás podrás ganarlas en un duelo verbal.
-¿Y tú cuándo dejarás de ser tan tonto?
Al final Dani y Sigrid se acabaron yendo por un lado, puesto que les apetecía dar mejor una vuelta y Blas, Álvaro, David, Puche y mi hermano fueron por otro lado.
Por nuestra parte, paseábamos y debatíamos dónde podíamos cenar.
-A ver, por ser la del cumple, te dejo elegir a ti.
-Menos mal, porque hoy lo has elegido todo tú...
-Bueno, pues ahora te toca elegir a ti.
-¿Y si te digo que me apetece McDonandl´s?
-¿En serio? Te diría que eres una cutre...
Le di un codazo.
-Ay, pero oye que si te apetece te apetece, yo te entiendo...
Allí estuvimos y después le dejé que me invitara a un helado y a un batido (se me antojó todo) en una terraza cerca de casa.
-Me sales barata tú.
-¡Pero si el que más comes eres tú!
-Pues también es verdad.
-Pues claro y además siempre comparto todo lo mío contigo.
-Eso también es verdad. Pásame de eso.
Poniendo los ojos en blanco, le pasé el batido.
-¿Sabes? Ha sido un día muy especial. Osea, quiero decir, no me esperaba nada de esto. No he pedido nada, pero me habéis dado mucho más de lo que habría pedido. Y todo ha sido fantástico. Ese marco...
-Fue idea mía.
-¿Tuya? ¿Y eso?
-No en vano te estuve viendo hacer cierto album de fotos.
-Entiendo.
-Pensé que te gustaría.
-Acertaste.
-Al principio pensé hacerlo sólo de fotos nuestras pero cuando les comenté a los demás la idea se emocionaron y quisieron poner fotos de todos. Qué acopladores.
-Déjales, pobres.
-Ahora es inmenso. ¿Ya sabes dónde lo vas a poner?
-Pues...
Me sonó el teléfono.
-Mm. Es Dani.
-¿Y ese qué quiere de ti? ¿Para qué te llama?
-Yo qué sé, aún no se lo he cogido.
-Pues corre, que ese enseguida cuelga.
Así lo hice.
-¿Si?
-¿Por qué no me dijiste que Sigrid se iba?




¡Hola! Aunque parezca íncreible, aquí ando de nuevo. Querría decir unas cuantas cosas. La primera es que muchas gracias por haber sido tan pacientes y haber esperado el capítulo. Sois geniales. He estado muy agobiada con los exámenes, trabajos y demás, también decir que si se supiera todo lo que hay detrás de Endless Road daría para hacer otra novela. Lleva mucho trabajo. Más del que os podáis imaginar. Pero compensa.
También deciros (cosa muy importante) que he cambiado el user de mi Twitter, ahora es @CrisSombrerita. Como ya sabéis, podéis preguntarme cosas o lo que queráis ahí o en mi ask:@CrisBieberHoranStyles.
Recordad que podéis seguir el blog bajo la foto de Blas. ¡Ánimaos! Cada vez somos más :D
Por último, decir que ahora que están aquí las vacaciones (para algunos, para otros aún queda un poquito, ¡ánimo!) podré escribir y subir con más frecuencia.
Muchas gracias por todo :)
@CrisSombrerita



martes, 25 de marzo de 2014

Capítulo 42: Problemas en el paraíso.

-Cris-
La cena transcurría tranquila y agradablemente.
Todos comíamos (algunos a dos manos. Carlos y Dani habían hecho alguna ridícula apuesta y tragaban patatas fritas a puñados) e incluso Paco apenas insultaba, como si supiera que este era un momento muy mágico que no debería romper. Estaba posado en el respaldo de la silla de Sara y observaba a Choco maliciosamente al ver que su amigo rogaba comida y nada le caía.
Sin embargo, su suerte pronto cambió pues Carlos le deslizó una patata frita por debajo de la mesa.
-No le des comida-dije, regañándole-Que luego se pone gordo.
-Uy, sí, como está tan tremendo...
-Le mimas demasiado.
-No le hagas caso-le susurró al perro-Solo está celosa.
-¡Lo he oído!-dije, dándole una colleja.
Todos nos reímos mientras Carlos se ponía una mano en la nuca y ponía cara de dolor.
-Hacía mucho que no te llevabas una de esas-le dijo David.
-Como en los viejos tiempos-añadió S-Estabas todo el día recibiendo golpes.
-Esa es una buena razón por la que prefiero los tiempos actuales a los viejos...
Paco le daba cabezazos a Sara en el hombro, hasta que esta se cansó y le dio un trozo de pan.
-Toma, cansino.
-Y, bueno, ¿qué vais a hacer vosotras en nuestra ausencia entonces?-preguntó Dani.
-No sé-dijo S-Sinceramente, no me había parado a pensarlo. Supongo que debería buscarme algo para hacer...
-¿Algo cómo qué?
-No sé. Cualquier cosa. Ya pensaré.
-Pues Sara sí que tiene cosas que hacer, ¿verdad?-dije, sonriéndola.
-Sí, aparte de seguir en el Starbucks ahora tengo que cuidar de tu primo.
-Qué valiente eres. Yo no podría.
-Ains, sabes que me encantan los niños y tu primo es tan rico...
-¿Y cómo que nosotros no sabíamos nada de eso?-dijo David, que luego decía que no era cotillo, pero vaya que si lo era.
-Es que se ha decidido esta mañana.
-En teoría el trabajo era para mí. Mi tía sentía que me fuera con vosotros porque le hubiera gustado que cuidara al niño. ¿Yo? ¿De canguro temporal? ¡Jaaaa!-dije.
-Sí, la verdad es que eso no hay quien se lo crea...
Asesiné a Dani con la mirada, pero creo que no se dió cuenta.
-Así que Cris, sino te importa-dijo Sara agarrándome del brazo e interrumpiendo mi asesinato visual- ¿podrías dejarme tu coche? Si tengo que estar yendo a buscarlo y traerlo o lo que sea, lo necesitaré. Le pondré gasolina y lo cuidaré.
-Oh, claro que sí. Bajo un momento a por las llaves-dije levantándome de la mesa.
-Te acompaño.
Carlos intentó levantarse, pero le puse la mano en el hombro y le senté.
-Creo que sé dónde queda mi casa.
-¿Estás segura? Mira, que tengo mis dudas, eh.
Apreté los puños por no soltarle una somanta de palos y bajé corriendo a casa, cogí las llaves y regresé.
-Toma, aquí las tienes.
-¡Muchas gracias, Cris!
-Ni lo menciones-dije, quitándole importancia con la mano.
-Hablando de mencionar-dijo Carlos-¿Nadie mencionó el postre antes?
-Aún no hemos acabado de cenar-observó Álvaro.
-Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para el postre.
-Tiene razón, iré por él.
Carlos se puso a aplaudir y me sacó una sonrisa.
Era feliz.
Pero lo fue más cuando vio lo que Sara traía.
Casi se ahogó de la felicidad.
-Tarta de chocolate. Debimos suponerlo.
-Bueno, a ver ¿quién quiere un trozo?
La mano de Carlos cortó el aire al levantarla tan rápidamente.
-Que tú querías ya lo daba por sentado.
-Siiiiiii.
Entonces Paco, cansado de que nadie le hiciera caso, empezó a revolotear peligrosamente cerca de la tarta, por lo que Carlos le indicó a David con la cabeza que eso no podía permitírsele y que le echara.
La comunicación no verbal entre los chicos estaba muy desarrollada.
David, queriendo complacerle, empezó a dar manotazos al aire con la esperanza de que Paco se diera por vencido, pero no obtuvo el efecto que esperaba. No, al contrario. Paco se le lanzó a la cara.
Sara le dejó repartir a Blas mientras castigaba a Paco en la cocina.
Tras el postre y algún cubatilla y bebida achispada con la que brindamos una y otra vez por todo lo que se nos ocurría, llegó el terrible momento de la despedida.
Sara y S empezaron a despedirse de todos mientras Carlos jugueteaba y olía mi pelo.
-¿Y tú qué?
-¿Yo, qué?
-Supongo que te irás a tu casa hoy ¿no?
-Sí, tengo que terminar de guardar las cosas y eso... Y deberías estar con tu amiga esta noche.
-Entonces... Nosotros también debemos despedirnos.
-Eso parece.
-Qué eterna se me hará la noche sin ti acostado a mi lado.
-Calla, no lo quiero pensar.
Nos abrazamos dramáticamente, como si en vez de unas horas separados lo fuéramos a estar años.
-Anda que... Estos dos...
-¡Dejad de haced el tonto, anda!
-No hacemos el tonto-nos defendí.
-Ya, claro.
Carlos me dio un beso en la cabeza mientras mirábamos mal a nuestros amigos.
Tras una muy larga despedida, en la que incluso me despedí de Sara con un fuerte abrazo y su promesa de informarme sobre Tomás, la dejamos allí con Álvaro (ellos también querrían despedirse) y nos marchamos todos a casa.
Una vez en casita, me dediqué a repasar una y otra vez la maleta para asegurarme de que lo llevaba todo. Cuando estuve segura (más o menos, siempre que te vas de viaje te da la sensación de que te olvidas algo) me puse el pijama, fui al cuarto de mi amiga y me tiré sobre su cama, con tan mala suerte que le aplasté un pie.
-¡Ay!
-Lo siento.
-¿Qué haces aquí?
-Venía a dormir contigo, pero vale, sé cuando no me quieren, me voy.
-Anda, no seas tonta.
-Me temo que eso no es posible.
Ambas nos reímos y Choco nos miró ladeando la cabeza, como sino hubiese entendido el chiste.
-¿Entonces me puedo quedar en tu cama o no?
-Sí, claro. Pero sólo si te levantas a apagar la luz.
-Qué chantaje más sucio. Pero vale.
Así lo hice y me tumbé corriendo antes de que Choco me quitara el sitio, que ya sabemos que es muy dado a ello.
Estuvimos las dos hablando, riendo y recordando hasta tarde. Cuando me sonó el despertador del móvil, no podía creérmelo del sueño que tenía.
-Esto no está bien-refunfuñé mientras lo apagaba antes de que despertase a mi amiga.
Me fui a duchar y no acababa de salir cuando oí el timbre.
-Pero quién coño será a estas horas...
Me envolví en la toalla y corrí hasta la puerta antes que pudieran volver a pulsar el timbre y despertar a mi amiga.
Iba a abrir cuando la puerta se abrió sola. Me eché para atrás para esquivar un golpe en la cara con la puerta y por poco me escurro en un charco de agua que estaba haciendo por culpa de mi pelo empapado.
Iba a acordarme de la madre del que fuera cuando una cabeza rubia asomó por la abertura y, tras ella, el resto del cuerpo.
-¡Hombre, Cris! ¿Cómo tú por aquí?
-¡Pero tú eres tonto! Si tienes llave ¿para qué llamas?
-Para que no te asustases y supieses que era yo.
Me di con la mano en la cara.
Aquel chico del que estaba profundamente enamorada no tenía remedio y tampoco daba síntomas de tenerlo alguna vez.
-Es igual, no importa. Pasa y cierra, anda.
-¿Te estabas duchando?
Me giré para mirarle y enarqué una ceja.
-No, he salido así en toalla y empapada para recibirte con gusto.
-Ah, pues gracias. Me ha encantado el detalle.
-¡A ver cuándo tienes tú uno igual!-le dije mientras me metía en el baño.
Oí su risa desde allí y algo parecido a una respuesta, aunque no le entendí bien. Miedo me daba.
Habíamos quedado en que vendría pronto, pero me había sorprendido. Esperaba al menos haberme duchado para cuando viniera. Y me había despertado a la hora, no me había demorado en la cama.
Tras terminar de arreglarme y vestirme, fui a la cocina, donde oía a Carlos y a Choco.
Le abracé por detrás, mojándole un poco la camiseta ya que no me había secado el pelo.
-Cuánto te había echado de menos...-le susurré.
-Y yo a ti. Por eso vine antes.
-¿Ah, si?
-¡Claro! Además quería desayunar contigo.
-¿Seguro? ¿O querías ver a Choco?
-Mm... No me hagas elegir... Sabes que os quiero a los dos...
-Tonto. Si querías desayunar ¿no podrías haberlo ido haciendo?
-Pues... Sí. Pero ya me conoces.
-Sí cosi, sí. A estas alturas de la vida ya te conozco-dije, sacando dos tazas.
-¿Qué decís de conocer a quién?
Una S somnolienta estaba en la puerta, bostezando.
Suspiré y saqué otra taza.
Parece que iba a ser un desayuno de tres.
-¿Qué tal has dormido?-le preguntó Carlos.
-Mal-dijo ella, dejándose caer en una silla y apoyando los brazos y la cabeza en la mesa-He dormido con ella.
-¿Y?
-Me ha dado unos codazos que para qué...
-A mi nunca me pega cuando dormimos.
-Por supuesto que no lo hago Carlos, porque yo nunca lo hago. Se lo está inventando.-dije.
-¡No es verdad!
-Habrá sido Choco, S, porque yo soy muy pacífica durmiendo. Y toma, desayuna y calla.
Tras desayunar los tres dejé a S recogiendo en la cocina y fui a repasar de nuevo todo para ver sino me había olvidado de nada.
-Creo que lo tengo todo-dije, asintiendo.
Carlos me agarró la mano.
-Falto yo.
Le sonreí.
-No, bobo. A ti te llevo el primero. Aquí.
Me señalé el corazón.
S pasó por nuestro lado y gruñó algo así como "cansada de empalagosismos...".
En fin.
-Tenemos que irnos-dijo Carlos.
-Sí, vale.
Arrastrábamos las maletas hasta la puerta cuando llamaron al timbre.
Carlos abrió.
-Un poco más y nos vamos sin ti ¿dónde estabas?
-Jo, qué prisas tenéis-dijo Álvaro desde la puerta.
-¿Don puntualidad llegando tarde? El mundo está cambiando.-dije tratando de levantar mi maleta del suelo.
-Que te den, chica.
-Mientras no seas tú...
-Jajajajajajajaja.
Nos despedimos de S (yo con más pesar que nadie puesto que rara vez me había separado de ella) y nos marchamos.
Quién iba a saber la de cosas que iban a cambiar a nuestra vuelta.
-¡Ay! ¡Qué bien! Estar en una furgoneta así me recuerda tanto a París...
Todos asintieron. Tenía razón, aquello era muy parecido a aquel viaje a París.
Salvo por algunos detalles.
-Como a mí no quisisteis llevarme...-dijo Magí.
Conocía desde hace poco al manager de los chicos, pero me caía bien. Era divertido y me gustaban esa clase de personas.
-Disculpa, pero estabas allí.
-Sí, eso. Estabas allí pero no te apuntabas a las cosas que hacíamos...
-Te perdiste por tu voluntad toda la acción.
-¿Por qué no me dijistéis que iba a cometer el error más grande de mi vida?
-¡Te lo dijimos!-gritaron todos.
Reí.
-Hala, yo no sabía eso.
-Tenéis a la pobre Cris en la ignorancia.
Nos pusimos a recordar todo lo de París y así contarle a Magí lo que se perdió y las partes que yo no sabía.
Y en verdad era muy parecido, solo que Álvaro no iba al volante y no se quejaba de que ninguna fiesta se hiciese sin él, David no estaba con mi cámara haciendo más y más fotos, Dani no cantaba "Little things", Carlos no buscaba sombreros por el coche, Blas no saludaba a los coches y yo no tenía la mano de Carlos aferrada a la mía y no sonreía de igual manera. Algunas cosas eran mejor ahora. Mucho mejor.
Aunque no para todos.
Miré de reojo a Álvaro, que estaba muy pensativo. Me ponía en su situación, yo misma había estado a punto de quedarme allí como S y Sara sino hubiera sido por Carlos, yo también me habría visto obligada a estar alejada de la persona que quería. Y le entendía aunque mi situación no fuera la suya.
Carlos y yo habíamos hablado un poco del tema y dijimos que encontraríamos la manera de animarlo, después de todo, nos sentíamos responsables de él y de Sara. Aunque no negábamos que entre ellos ya había algo, había sido la tonta apuesta de Carlos y sus intentos por ganarla los que les habían acabado definitivamente juntando.

Miré a Carlos,el cual miraba distraídamente por la ventanilla.
Sí,definitivamente comprendía a Álvaro y haríamos lo que fuera por ayudarle.
-Bueno, pues yo tengo sueño.
Y, dándole unos golpecitos al hombro de Blas para acolcharlo, David apoyó la cabezá sobre él mientras bostezaba.
-Te dejo que te duermas sobre mi pero solo si me prometes que no se te va a caer la baba.-le dijo Blas, bromeando, pero en el fondo preocupado por si esto ocurría.
-Caérseme la baba no sé, tampoco estás tan bueno, pero...
Y, tras decir eso, le dio un buen lamentón en el brazo.
-¡Ah tio joder! ¡Qué asco!
Todos nos empezamos a reír mientras Blas y David discutían.
-Carloooooos-dije dándole unos cabezazos pequeñitos en el brazo.
-Dime.
-¿Me dejas tu móvil?
-¿Y el tuyo?
-En mi bolsillo, pero yo quiero el tuyo...
-Menuda eres tú, anda, toma.
-Wiiii gracias.
Él solo sonrió mientras cogía su móvil y me apoyaba sobre su brazo.
-Seeeeh.
-Dani jolín que no grabes un vídeo, qué pesado.
-Pues si tú no quieres no salgas, qué quieres que te diga.
-¡Pues no me apuntes con eso, quiero dormir!
-Eso es mi móvil. Venga, saluda.
-Que te zurzan.
-Vaya saludo.
-¿Y qué más quieres?
-Buenoooo ya se metió el barbas de por medio. Cómo no.
Sonreí viendo la discusión que se montaba.
Este viaje iba a ser muy especial, qué digo este viaje, todo este sueño que estaba viviendo era, e iba a seguir siendo, muy especial y sorprendente.
Pero lo que yo no sabía por aquel entonces es cuánto de sorprendente iba a ser y, en ocasiones, no precisamente las sorpresas iban a ser agradables.
[...]
Muchas veces me preguntaba, e incluso le preguntaba a los chicos, cómo podían soportar ese estilo de vida. ¡Pero si es un continuo no parar! Y ahora yo estaba viviendo eso también. Cuando Carlos me dijo que no pensara que íbamos a tener tiempo para hacer turismo, no pensaba que estuviera tan en lo cierto. Ir a una ciudad, hotel, prueba de sonido, hotel, concierto, hotel y otra vez camino de otra ciudad. Por suerte, juntos nos lo pasábamos genial y siempre nos pasaba algo.
Durante los viajes habíamos cogido la costumbre de repartirnos en parejas y ver quién saludaba a más gente (Blas nunca se cansaba de decir que ese juego se lo habían inventado S y él y Dani siempre le decía que ese juego ya existía desde tiempos inmemoriales)  Álvaro y David siempre solían ganar y Blas y Dani acababan super picados con ellos.
Por mi parte, me empleaba a fondo en ser buena estilista, aunque tampoco había mucho que hacer, prácticamente cada uno tenía su ropa y solo tenía que asesorarle un poco. Además, solían ponerse el mismo conjunto para cada concierto, pero ellos siempre me decían que estuviera a la caza de nueva ropa para ellos o de nuevos conjuntos. Yo no sé si ellos sabían que yo, aunque fuera mujer y ellos me hubieran visto yendo bastante de compras, simpatizaba poco con la ropa. Sin embargo, así lo hice y nos hicimos con unas cuantas camisetas para Blas y unos pantalones para Carlos, que estaba hartita de que siempre se pusiera los mismos grises.
-¡Es que son muy cómodos!-se quejaba.
En eso le entendía. Yo tenía unos vaqueros de los que me daba una pena tremenda tener que separarme en verano porque hacía demasiado calor para llevarlos, pero después no había quién me los quitara.
Durante las pruebas de sonido me dedicaba a ir de aquí para allá mientras los escuchaba, hablando con el equipo y demás. Me consideraban maja, aunque un poco patosa, porque no hacía más que caerme. A veces, cuando terminaban de probar sonido subía con ellos al escenario y me hacían cantar o hacíamos tonterías ahí arriba, tales como concurso de volteretas (en las que siempre ganaban Álvaro o Dani) o carreras de croquetas.
Al acabar las pruebas de sonido, si ese día no había mucho trabajo o una entrevista extra por ahí, salíamos un rato. Era el único momento del día en el que podíamos hacer "turismo" y tampoco teníamos mucho tiempo. Aprovechábamos ese tiempo para caminar por el lugar en cuestión y yo para comprar souvenirs (alguno que otro para mi madre, tampoco os penséis que muchos) Pero nos pasaba de todo a nosotros.
El primer día que hicimos eso, Carlos se empeñó en que él y yo nos fuéramos por ahí de paseo. La verdad, nos apetecía estar un rato solos, nos pasábamos todo el día con nuestros amigos o con el equipo y, aunque estábamos en confianza, hay ratos que te apetece pasarlos solo. Blas dijo que nos íbamos a perder, pero Carlos se empeño en que no y que nos íbamos solos y, sin dejarnos ni a mi ni a Blas replicar, me cogió de la mano y nos fuimos.
Y, efectivamente, nos perdimos.
Por suerte preguntando se llega a todas partes (me tocó a mí preguntar. Carlos, herido en su orgullo, no era capaz de hacer mucho) y conseguimos llegar sanos y salvos con los demás.
Además hablaba mucho con mi gente. Todos los días llamaba a Sigrid, a Sara (a la que de verdad obligaba a ponerme a Tomás al teléfono) y a mi familia. Les contaba tantísimas cosas que, a los pocos días, ya había agotado mis minutos de ese mes y tenía que ir mendigando teléfonos de Auryn para llamar.
Pero no todo era felicidad en el paraíso. Me mosqueaba un poquillo cuando veía a Carlos rodeado de tantísima niña.
Todas tan majas y tan guapas y todas alrededor de él, abrazándolo y demás.
Entendía que fuera su trabajo y lo respetaba, pero el amor no entiende sobre obligaciones laborales y, cuando solían verse en esas situaciones, solía  esconderme por ahí lloriqueando como un perrito abandonado hasta que Carlos venía a buscarme y ale, como si nada hubiera pasado.
-Reconoce que te mola tenerlas a todas esas por ahí rondándote.
-Me gustaría mucho más si fueras tú.
-Pues duérmete y sueñalo, porque no pienso girar a tu alrededor dando grititos.
-¿No? ¿Estás segura?
-No he estado más segura en mi vida.
-Bueno pues espérate aquí que creo que si apreto un poco el paso quizá alcance a esas chicas de antes y...
-Y un cuerno,ven aquí.-dije, atrayéndolo hacia mí -Ellas podrán girar a tu alrededor y gritar y decirte lo que sea, pero hay algo que sólo puedo hacer yo.
-¿Ah si? ¿El qué?
-Esto.
Y le besé.
Sin embargo, no era la única con problemillas. Había otra persona que los tenía peores. Aunque hacía todo lo posible porque no se le notase, Álvaro estaba apagado. Se le notaba y eso que siempre habíamos dicho que era un gran actor, pero claro, una cosa es actuar y otra es tratar de ocultar lo que te sucede por amor. Y en esas se encontraba él. Apenas se enteraba de las cosas, andaba más perdido de lo habitual e incluso un día dijo que alomejor se afeitaba y a todos nos dio un patatús.
Hasta que un día me harté de verlo así y se me ocurrió una idea (una dolorosa)
Calculé bien el tiempo aquel día y, horas antes de la prueba de sonido de aquel día, fui a la habitación de Álvaro y llamé a la puerta.
Me abrió Blas.
-¡Hola!
-Hola, em ¿qué haces vestida así?
-Da igual, ¿has visto a Álvaro?
-Sí, claro, está dentro.
-Bien.
Le encontré tirado en la cama, mirando al techo.
-Ey.
-Ey.
Le cogí una pierna y lo tiré de la cama.
-¡¿Pero estás loca?!
-Algo así. Ponte el chandal o lo que sea y vamos. Te espero fuera.
-¿Qué dices? Pero ¿adónde vamos?
- Vamos a correr un rato. Te espero fuera.
-¿Tú corriendo?
No le respondí y salí.
Miré el reloj.
¿Dónde demonios se había metido Carlos? Se fue con Dani a no se donde y me dijo que estaría en cinco minutos. Debí de saber que ese niño nunca calcula bien el tiempo.
Suspiré.
Bueno, ya aparecería. Por su bien.
Una puerta se abrió a mi espalda y Álvaro, listo para correr, salió.
-No entiendo muy bien de qué va esto...
-No tienes que entender nada, solo correr.
-Mírala qué graciosa.
-Lo sé.
Salimos del hotel y echamos a correr cuando oímos a Carlos gritando por detrás.
-¡Pero no os vayáis sin mí joder!
-¡Coño si es que no aparecías!
-¡Pero si estaba detrás vuestra todo el rato!
-¡Calla y mueve el culo hasta aquí!
Carlos llegó hasta nosotros medio ahogado.
-Joder... Ya estoy...
-Pero no entiendo nada... Si vosotros no corréis nunca ¿de qué vais hoy?
-Anda calla y echa a correr-dijo Carlos, empujándole.
Nos pusimos a correr los tres pero Carlos y yo nos ahogábamos y nos parábamos todo el rato.
-Estáis en muy mala forma.
-Ya lo sabemos, eh.
-¿Vosotros hacéis algo de deporte?
-Bueno, no sé si cuenta el...
-Cállate, Carlos-dije, dándole una colleja.
Le dijimos a Álvaro que tirara y que ya si eso le alcanzaríamos nosotros.
Y eso hizo, echó a correr abandonándonos a nuestra suerte (lo estoy dramatizando)
-¿Por qué me diste?
-Porque me daba miedo a ver qué ibas a decir.
-Nada malo...
-Anda calla. ¿Tú crees que le hemos animado?
-Espero no haberle desanimado viéndonos correr...
-¿Pero qué dices? Si yo lo hago genial.
-Tú tan divina como siempre.
-No lo dudes ni un poco. Anda, vamos.
Corrimos un poco a ver si dábamos con el barbas, pero nada. Se había esfumado completamente.
-¿Crees que le volveremos a ver?
-Bueno, puede. Oh mira, un banco.
Y nos dejamos caer sobre él, más doloridos que si nos hubieran metido una paliza.
-¿Y si no aparece qué hacemos? Sara nos va a matar...
-Eso es preocupante, sí, pero más preocupante es que hacemos esta noche si no aparece.
-Pues cogéis a Magí, le ponías una peluca y eso y ale.
-¿Tú crees que daría el pego?
-¿Sinceramente? No.
-Sara-
Nos encontrábamos a mitad de semana y, para variar, el despertador sonaba demasiado temprano para ser verano. En los veranos debería estar prohibido madrugar.
Ya hacía bastante (había perdido la cuenta de los días, no quería ni pensarlo) que los chicos y Cris se habían marchado y yo no podía echarlos más de menos, en especial a Álvaro.A pesar de llevar poco tiempo juntos, nos complementábamos muy bien y lo quería mucho.
Ese día me levanté y me fui a preparar el desayuno junto a Paco, que fiel a sí mismo, se puso a insultar, aunque por suerte, no a mí. Al terminar, recogí todo y me fui directa a vestirme para ir al Starbucks a trabajar. Mucho estaba durando en aquel sitio, tenía entendido que aquellos contratos no eran muy longevos.
Desde que se fueron mi vida se basaba en trabajar en la cafetería por la mañana y por la tarde en cuidar al primo pequeño de Cris, Álvaro. A mi prima apenas la veía y solo tenía como compañía a mi pequeño loro y la pequeña tortuga de Blas y Cris, que siempre le daba por escaparse de su acuario.
Terminé de arreglarme y me marché a trabajar andando, ya que, por suerte,estaba relativamente cerca. Una vez allí, saludé a mis compañeros, preparamos la cafetería y  nos pusimos a trabajar. Apenas había empezado el día y ya quería que este terminara.
En el descanso a media mañana intenté hablar con Álvaro, pero no me cogió el teléfono. Por las horas que eran, seguro que estaba durmiendo, lo conocía demasiado bien. 
No sé que nos pasaba pero desde que se había ido hablábamos muy poco, porque cuando yo podía hablar Álvaro estaba ocupado, y si no al revés. Intenté no rallarme por eso y volví a trabajar. Mi turno terminaba a las 14 y, cuando llegó esa hora, no podía creérmelo.
Me marché corriendo a casa para comer y coger el coche de Cris para ir a Torrejón a por el pequeño Álvaro. 
Una vez ya en el coche de nuevo nos encaminamos a Madrid. Subimos a mi piso para que jugase un rato con Paco y Tomás, mientras yo ponía la lavadora que por suerte ya me funcionaba y arreglaba la casa.
Tenía sueño y estaba por echarme una siesta aunque la hora ya se hubiese pasado, pero niño, perro y loro no hacían más que ruido y montaban escándalo.
Fui a ver a qué se debía tal alboroto y cuán grande fue mi sorpresa al ver que el pequeño Álvaro había sacado a Tomás del acuario y jugaba a tirárselo a Choco para que este lo recogiera y Paco revoloteaba por encima de la escena, nervioso.
Decidí poner fin a aquello y llevármelo ya a una piscina pública cercana que había a la que ya habíamos cogido la costumbre de ir todas las tardes.
Cogimos las cosas, nos cambiamos, metí a Tomás en su acuario, nos despedimos de Paco y nos marchamos. Cuando llegamos, dejamos las toallas y nos quitamos la ropa para entrar en el agua. Le puse a Álvaro crema y los manguitos y nos metimos a la piscina. Estuvimos jugando muchísimo tiempo hasta que oí que me llamaban al móvil.
-Álvaro, vamos a salirnos un rato, que nos vamos a quedar arrugados como unos garbanzos.
El niño puso mala cara.
-No me gustan los garbanzos.
-Por eso mismo, vamos a salirnos.
Cuando llegamos a las toallas, la llamada se había cortado.
Resignada, pensando que si era importante ya volverían a llamar, le di de merendar al niño.En ello estaba cuando volvieron a llamarme y sonreí al ver el nombre en la pantalla.
-¿Cómo lleva Willie Fogg su viaje?- solté nada mas descolgar.
-Mira que eres tonta.
-Oye, que te cuelgo ehh- respondí seria.
-No, no por favor que necesitaba escucharte. ¿Cómo estás?- Álvaro sonó sincero y yo sonreí.
-No te voy a colgar, sonrisitas. Estoy bien, aunque bastante ajetreada entre el trabajo y el niño. Y te echo muchísimo de menos Álvaro, no sabes cuánto. - le dije aguantándome las lágrimas.
-Eii, ya verás como pronto nos vemos. Y yo también te echo mucho de menos.
-Esta bien, te tomo la palabra.
El niño me pidió el yogurth y se lo di.
-¿Te cuento que han hecho Carlos y Cris para animarme? Se han venido a correr conmigo y no han durado ni cinco minutos.
-Jajajajajaque majos. ¿Y qué has hecho con ellos?
-Muy majos ellos. Me han dicho que siguiera yo y que ya me alcanzarían y yo he seguido corriendo. He ido mirando de vez en cuando para atrás y no les he visto en ningún momento. Para mí que me han abandonado.
-Jajajaja como me hubiese gustado estar allí.
-La verdad es que ha sido un momento muy gracioso. ¿Dónde estás hoy con el enano? Porque se escucha mucho jaleo por ahí.
-Normal que se oiga jaleo, estamos en la piscina y ups.
-¿Qué pasa?- me preguntó preocupado.
-Tranquilo. El peque que se está poniendo perdido de yogurth, parece que no ha comido en su vida.
-Ahh me habías asustado.- me dijo Álvaro más relajado.-Limpíale al pobre, no le dejes así.
-¿Por quién me has tomado? ¡Por supuesto que lo iba a hacer!
Le oí reírse.
Seguimos hablando por un buen rato.
-Bueno, será mejor que vaya a buscar a estos dos.
-Sí, vale. Ya hablaremos.
-Te quiero.
-Yo también.
Le colgué sintiéndome mucho mejor.
-Hola pequeño, ahora nos vamos a casa. Que te veo cansadísimo, ¿verdad?
El niño asintió y nos dirigimos a su casa. Deje al pequeño y me volví a la mía. 
Me detuve en un semáforo en rojo y me puse a pensar en la conversación que había tenido con Álvaro hace un rato.
Cruzó por delante del coche entonces una persona a la que creí reconocer.
Esta me miró e hizo un gesto con la mano.
¿Un saludo?
¿Podía ser ese Martín?
No estaba segura, estaba pensando en otra cosa cuando le vi y no me fijé bien.
En fin, qué más daba.
Entre en casa e iba a ir a ducharme cuando oí el teléfono.
¿Y si era él otra vez?
No, no era Álvaro, pero el nombre que aparecía en la pantalla de mi teléfono me sorprendió aún más.
Carlos.
-Cris-
-Creo sinceramente que nos ha abandonado.-dijo Carlos.
-Sí, yo también.
-Ya hace rato que se fue.
-¿Quieres que vayamos a buscarlo?
-Solo conseguiríamos perdernos nosotros.
-Pues sí, tienes razón.
Me estiré y sentí todo el cuerpo dolorido.
-Me duele todo el cuerpo, en serio.
-Yo no dije que estuvieras bromeando.
Le pellizqué el brazo.
-¡Ah, coño!
-Essssa boca.
Me miró mal y le sonreí inocente.
-Menos mal que se te ha ocurrido a ti la idea y no a mí sino...
-Ey, vamos. Algo había que hacer por ese hombre. Y esto no es mucho. De hecho, no creo que sea nada. Yo le entiendo. Casi me pasa igual.
-Pero no te ha pasado porque soy un novio maravilloso y te he traído conmigo.-dijo pasándome un brazo por los hombros.
-Como eres tan maravilloso, ¿me harías un masaje esta noche?
-Buenooooo, pero no te acostumbres.
-¿No? ¿Seguro?
-Buenoooo no sé.
-Sabes que me mimas demasiado y eso te gusta.
-Eres imposible.
Me reí.
-¡Y eso te lo decía yo a ti!
En ese momento vimos aparecer a Álvaro por ahí.
-¡Estáis aquí! Menos mal, me sentía solito.
-Bueno, ¿qué te ha dicho Sara?-dije levantándome del banco.
-¿Qué? ¿Cómo sabes qué...?
-Por esa sonrisa de tonto en la cara. Te va delatando.
-Es muy lista-le susurró Carlos a Álvaro ante la cara de incredulidad de este.
-Pues claro, con quién creéis que estáis tratando, je.-dije.
-Qué creída es, madre.
Le gruñí a Carlos.
-Anda, volvamos mientras os lo voy contando.
-¡Bien!-exclamamos los dos.
Llegamos al hotel y nos despedimos de Álvaro.
-Ey, que muchas gracias por esto, de verdad.
-Oh, no fue nada. Si te hemos ayudado, genial.
Entramos en la habitación.
-¡Me pido ducharme antes!- dije corriendo hacia el baño.
-¡Jo no es justo!
-Ahhh pues sé más rápido.
-Jo.
En eso que empezó a sonarme el teléfono.
-Oh, me llaman.
-Ya lo oigo.
-Es S.
-¿Entonces me puedo duchar yo antes?
-Sí. Pero rapidito, que luego tengo que ir yo.
-Si te duchases conmigo nos sobraría el tiempo...
Le miré y acabé sonriendo.
-O nos faltaría. Otro día.
-Te tomo la palabra.
-Tómame lo que quieras-dije guiñándole el ojo y buscando la llamada de S, que con todo esto me había colgado.
-Uhhh, eso puede ser peligroso.
-Me arriesgaré, grr. ¡Hola S! ¿Qué tal?
Escuché la puerta del baño cerrarse y poco después, el agua de la ducha corriendo.
-Bueno. Esto no es lo mismo sin ti. De vez en cuando veo a mi prima y el perro se suele pasar todo el día allí en su casa porque yo me he apuntado a clases de guitarra y me paso el día allí.
-¿En serio te has apuntado? ¡Siempre has querido aprender a tocar! ¿A qué se debe?
-Ahora tengo mucho tiempo y nada que hacer. Quería mantenerme ocupada.
Me mordí el labio.
La voz de mi amiga sonaba triste y muy apagada.
-¿Y qué tal se te da?
-¡Muy bien! Ya he aprendido a tocar el principio de "Little Things" y todo...
-No le digas eso a Dani que sabes que le da algo.
-¡Cierto! ¿Y tú qué tal?
-Yo muy bien. Todos me tratan muy bien, disfruto con lo que hago y estoy con Carlos. ¿Qué más puedo pedir?
-Tienes una suerte que lo flipas.
-Según Carlos lo que tengo es un novio maravilloso que, casualmente, es él mismo.
-Jajajajaja ¡qué tonto es! ¿Y ahora qué está haciendo?
-Se está duchando, hemos ido a correr.
-¿Vosotros corriendo? Perdona pero no me lo creo.
-Pues créetelo que no hemos hecho fotos pero es verdad. Ha sido por Álvaro, para animarle y eso.
-Ah, entiendo.
-¿Y Sara qué tal está?
-¿No hablas tú con ella?
-Sí claro, pero hay cosas que por teléfono no se pueden ver, ya me entiendes.
-Pues la veo poco y eso, pero os echa mucho de menos a todos. Y a Álvaro pues claro que lo echa de menos, mucho.
-Bueno... Ya queda menos para vernos todos otra vez.
-Sí, ¡qué ganas!
-¡Criiiis, te toca!-gritó Carlos desde el baño.
-Tengo que dejarte, S. Es mi turno.
-¡Claro! Ya hablamos.
Me despedí de mi amiga y me dirigí al baño.
-¿Se puede o me voy a llevar una sorpresa?
-No, pasa si yo ya he acabado.
-Mm, no llevas la camiseta.
-Es para que me admires.
-Jajajaja mírate qué pecho lobo tienes.
-¡Hola mi amor! ¡Yo soy tu lobo!-cantó, haciéndome reír.
-Cómo eres...-dije, abrazándole.
A pesar del calor del baño, él estaba fresquito, así que me gustó la sensación.
-¿Qué te ha contado S?
-Pues nada-dije, besándole el pecho- lo de siempre. Que nos echan todos mucho de menos y que volvamos ya.
Me abrazó y ronroneé.
-Suenas como una paloma en celo, no como un gatito.
-Tonto, sabes que no. Pero seguiré practicando para que sea perfecto.
Fui a por mis cosas y regresé al cuarto de baño.
El agua al principio salió un poco fría y solté un gritito, pero luego me adapté.
Estaba tan contenta por haber ayudado a Álvaro, por haber hablado con S, por querer tanto a Carlos y por todo en general que me puse a cantar sin darme cuenta.
En ello estaba cuando Carlos llamó a la puerta.
-¿Estás cantando?
-¡No!
-Pero si te he oído.
-¡Mentiroso!
-¡Sigue que lo estabas haciendo muy bien!
-¡Mentira, lo hago fatal y estaba destrozando la canción!
-¡Ajá! ¿Ves cómo si cantabas? ¿Quién es el que miente ahora?
-¡Eres un tonto!
Se rió y sacó el teléfono del bolsillo.
Buscó un número, lo pulsó y se llevó el teléfono a la oreja mientras una escuchaba una canción que me estaba inventando en el momento sobre los dos, sabiendo que él me oía.
Me dí prisa, tampoco quería tardar mucho. Ya tenía fama de tardona en la ducha y quería deshacerme de ella.
Cuando salí Carlos me estaba esperando fuera, muy pensativo.
-¿Te pasa algo?-le pregunté.
-No, claro que no. Solo pensaba en tu canción.
-Si quieres te la vuelvo a cantar aunque suene como cien gatitos siendo atropellados a la vez...
-Cien, ni uno más ni menos jajajaja Sí, cántala otra vez.
-Mm, a ver si me acuerdo...
Tarareaba la cancioncilla mientras ellos cantaban otra muy distinta en la prueba de sonido.
¿Qué demonios le pasaba a Carlos? Seguro que se pensó que habría logrado engañarme, pero no era así. Le conocía mejor que a mí misma y estaba preocupado por algo. Mm. Luego debería investigar por ahí.
Cuando acabaron, como otros días, me llamaron al escenario y Dani me dio un micrófono.
-Canta la canción de los cien gatitos atropellados.
Taladré a Carlos con la mirada.
-Así que ya lo has ido contando por ahí...
-Es que es muy bueno, había que contarlo jajaja.
-Jo pero me da vergüenza.
-¿Vergüenza? ¿Con nosotros?-dijo David.
-Pero si ya te hemos oído cantar y no lo haces tan mal-dijo Blas.
-Ya, pero que la letra de la canción es muy...
-¿Erótica?-añadio Dani.
-Pégale tú anda Blas, que estás más cerca. ¡Empalagosa, tonto! Anda que menudas cosas piensas.
Dani esquivó el golpe y empezamos a animar a Blas para que le diera.
Mientras, alguien se escurrió tras Álvaro, le puso las manos en los ojos y le susurró algo al oído.
Él se giró, agarró a Sara y empezó a darle vueltas mientras se reían.
Todos nos miramos.
¿Sara? ¿Allí?
-¡Cris!
De repente lo vi todo negro y, cuando abrí los ojos, estaba en el suelo.
-Jolín, S, qué daño... Te me has tirado encima.
-¡Jo, lo siento!
Se quitó de encima y me ayudaron a levantarme.
-¿Qué hacéis aquí?-preguntó Blas.
-Buenoooo-respondió S, ya que Sara estaba muy ocupada en su reencuentro-Alguien nos llamó y nos dijo que estaríamos por aquí y bueno... Estaba a un rato de coche, hemos venido en el de Cris.
-¡Has sido tú!-dijimos todos señalando a Carlos, que estaba tan contento él.
-Pues sí, he sido yo. Podéis decirme sin miedo que me amáis.
David le dio una colleja.
Fuimos al camerino hablando de esto y lo otro, se pasó Magí por allí y se unió a la fiesta que teníamos montada.
Cuando los chicos tuvieron que empezar el concierto nosotras seguimos a Magí y nos pusimos donde solíamos ponernos siempre.
-Jo tías pues anda que decís nada de que veís.-dije.
-¡Si es que nos ha llamado esta tarde! Creo que te estabas duchando.
-Pero será mamón... ¡Y anda que me cuenta a mí nada!
-Querría que fuese una sorpresa, supongo.
-Qué tío. Si es que siempre está igual con estas cosas.
-Dímelo a mí-dijo Sara.
-A vosotros siempre os la está jugando.
-Y de momento, le sale bien.
-Jajajajaja espero que no tenga más sorpresas guardadas.
-No por Dios, calla.
Estuvimos ahí bailando y haciendo el cabra hasta que acabaron y volvimos a los camerinos, como era mi rutina habitual.
Me entretuve hablando con Blas sobre las dos camisetas nuevas que tenía y unos conjuntos que se me habían ocurrido. Sí, vale, tampoco era una conversación crucial en la vida, pero eh, estuvo bien.
Por lo que oí S le estaba comentando algo sobre el concierto a Dani y Carlos estaba pegando la oreja a una conversación entre Sara y Álvaro.
Pero qué tío, jolín. Si es que no podía ser con él.
A la hora de volver al hotel nos enteramos de que Álvaro no se venía con nosotros, que se iba con Sara y que se volvería mañana antes de irnos.
-Sé bueno-le dije yo dándole unos golpecitos en la espalda.
-Seguro que sí, ¿verdad?-dijo Carlos dándole algo.
-Pues claro, como si yo no fuera bueno siempre.
-Mm eso lo voy a dudar con tu permiso.
Nos reímos, se despidieron los tres y ya se iban cuando Carlos gritó.
-¡Y quiero mi casa igual que como la tengo ahora!
De vuelta al hotel, una bombilla se encendió en mi cabeza.
-¿Le has dado las llaves de tu casa?
Mientras, a un ratito en coche de allí...
-Bueno, S, ya nos veremos, ¿no?
-¡Sí claro Álvaro! A ver si venís ya pronto.
-Unos días nada más.
-¡Bien, adiós! Tú y yo ya nos vemos mañana.
-¡Claro, S! ¡Hasta mañana! ¿Por qué dices que tenemos que ir a casa de Carlos?
-Es que se me ha olvidado algo allí.
-¿Y no puedes ir en otro momento?
-Es que ya que estoy aquí...
-Cierto.
Aparcó no lejos de la puerta.
-Venga, sube y baja, te espero aquí.
-¿Qué? No, venga, ven conmigo.
-¿Por qué? ¿Te da miedo?
-Mucho, anda, ven.
Al final la acabó convenciendo y subieron los dos.
-Bueno, busca eso que quieres y...
La besó.
-Ya lo he encontrado.
Volvió a besarla y ella comprendió.
-No se te había olvidado aquí nada, ¿no?
Él negó con la cabeza, divertido.
-Sólo quería pasar algo de tiempo contigo sin ese loro tan odioso.
-Mi loro no es odi...
De nuevo volvió a besarla y, al ponerla contra la pared, Sara le dio al interruptor de la luz con la mano y dejó a oscuras el salón.
-Ey, fiera, para-dijo ella, riendo.
-Mmm, no.
Sara vio un hueco y corrió a la puerta, riéndose, recordando una vez en que sucedió aquello mismo entre los dos. Y como acabó.
-¿Adónde ibas?-dijo Álvaro, atrapándola.
Ella hizo ademán de escaparse, pero no puso mucho empeño.
En el fondo no quería huir de sus brazos.
Se dejaron caer en el sillón y, entre una caricia, una palabra dulce y otra caricia, se dijeron todo aquello que la maldita distancia no les había dejado.
-Cierra los ojos.-le dijo ella.
-¿Para?
-Ah, es una sorpresa.
-Mm, vale.
Sara se acercó a él lentamente y rozó sus labios con los de Álvaro, en lo que él pensaba que era un beso.
Pero no.
Ella rió y corrió a huir, aprovechando su ventaja.
Y, como ya era costumbre, él la atrapó.
-¿De qué te ríes?-le dijo, divertido.
-Esta es la cama de Carlos.
-Hoy no.-dijo, besándola.
Y aquella noche recuperaron todos los besos, las caricias y el tiempo que, de nuevo, la distancia no les había permitido tener.
Sara sintió que la acariciaban y que alguien depositaba un beso en su mejilla.
Eso y el dulce olor que percibía, la animaron a abrir un ojo.
-Ey, al final ya te despiertas.
Lo cerró.
-¡Noooo, despierta!
Rió y abrió los dos.
-Buenos días.
-¡Buenos días! Ah, no sabes lo mal que lo he pasado.
-¿Sí? ¿Y eso?
-No sabía si dejarte dormir y seguir viéndote así o despertarte y poder compartir contigo más tiempo. 
-Bueno, ya me he despertado y no tienes que decidir nada-dijo, besándole en la mejilla.
-Tienes razón, gracias. Tengo algo para ti.
-¿Si?
-Sí, pero tienes que ir a la cocina.
-¿Eso que huele son croissants?
-¡Nooo hasta la cocina nada!
En la mesita que Carlos tenía en la cocina él le había preparado café con leche, zumo de melocotón, croissant a la plancha listos para ser untados y tostadas con tomate y aceite.
-¿Todo esto lo tenía Carlos en casa?-preguntó, asombrada.
-Más quisiera él, todo esto he bajado a comprarlo yo.
-¡Ains, gracias!-dijo abrazándole y colgándose de él.
-De nada pero, ¡corramos o se enfriará!
-¡Noo!
Mantuvieron una agradable conversación durante el desayuno. A ella el detalle le había encantado y no paraba de repetirlo.
-Bueno, voy a vestirme para llevarte de vuelta.
-¿Seguro que no te importa? Podría coger el...
-Ni hablar, nada de eso. No me importa en absoluto. Quiero estar hasta el último segundo contigo.
Dicho esto, se fue a vestir para que él no replicara más.
Álvaro estaba recogiendo la cocina cuando oyó que sonaba un móvil.
Era el de Sara.
Iba a avisarla cuanod vio quién llamaba.
Martín.
Lo cogió.
-¿Sara?
-No, soy Álvaro.
Segundos de silencio.
-¿Aquel tío que...?
-Sí, sí. Aquel.
-Mm ¿puede ella ponerse?
-No, no puede.
-Ah. Bueno. La volveré a llamar, si eso.
Y colgó.
En ese momento apareció Sara.
-Bueno, ¿qué? ¿Nos vamos? ¿Y esa cara?
-Acaba de llamarte Martín. Y sí, vámonos. Ya me contarás por el camino.
[...]
-Sí, le di las llaves, ¿por?
-¿Para?
Me pasó un brazo por los hombros.
-Ay, hija. Qué inocente eres.
-Qué te den.
Le mordí el brazo y me fui con Dani, que andaba el primero.
Habíamos salido a dar una vuelta por ahí y tomarnos algo.
Acabamos tomándonos un helado en la terraza de una heladería, disfrutando de una cálida noche de verano.
-Cómo te lo montas, macho. Sólo a ti se te ocurren cosas así.-dijo David.
-Algo había que hacer por aquella pobre alma en pena.
-Ha sido una buena idea, sí.-apoyó Blas.
Mientras Blas, Carlos y David comentaban la visita de las chicas, le di un codazo a Dani, que estaba callado sin decir nada.
-¿Te pasa algo?
-¿Eh em? No, no.
-Disculpáme, pero a lo mejor no sabes algo. Como mujer tengo un sexto sentido para estas cosas y no falla nunca.
-Menuda eres tú.
-Lo sé, muy maravillosa.-dije, haciendo un movimiento de melena.
Él rió.
-¿Has hablado con S hoy?-me preguntó de repente.
-Sí, un poco ¿por?
-¿Y no te ha dicho nada?
-Nada, ¿en plan qué?
-No sé, algo.
-Mm no, nada fuera de lo normal, ¿por?
-A mí me dijo que tenía algo que decirnos, pero que ya nos lo diría.
-Mm, qué raro. Pero bueno, si eso ha dicho, ya nos lo dirá.
-Sí, claro.
Sin embargo, aquella información me dejó pensativa.
Aquella noche le perdoné a Carlos el masaje, pero le dije que no escaparía de él.
Y, fiel a su palabra, Álvaro apareció a la hora acordada, poco antes de marcharnos.
Aunque feliz y sonriente, había algo que no andaba bien con él.
Cuantísimos problemas se nos estaban avecinando. Y los que no veíamos.
Ninguno nos esperábamos lo que iba a pasar a continuación, lo que era inminente y nadie podía evitar.
Ojalá algunas cosas nunca cambiaran.




¡Hola! Como siempre, aquí estoy yo, @CrisSombrerita . Lo primero es decir que siento muchísimo la tardanza en subir. En la uni entre exámenes, trabajos, tareas y academias y tal... No paro, pero bueno, eso ya se ha acabado weeeeee y puedo volver a la rutina como siempre. Espero que, tras haber tardado, este capítulo compense. También deciros que os agradezco muchísimo el haber sido tan pacientes y haber esperado. Muchísimas gracias. Muchas gracias también a todas esas fieles lectoras (y lectores, que sé de algunos que también me leen) y a las que día a día, se no van uniendo a este Endless Road tan particular y que tantas alegrías me ha dado.
De nuevo, muchísimas gracias por todo.
Un beso, @CrisSombrerita.